"Porta Oberta a l´invisible"

 
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Instituto Cervantes de parís. 2016

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Con la colaboración de / Ooganisé en collaboration avec: ROBERT FERRER I MARTORELL “PORTE À L´INVISIBLE” ROBERT FERRER I MARTORELL

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Con la colaboración de / Ooganisé en collaboration avec: Director / Directeur: Víctor García de la Concha Secretario General /Secrétaire général: Rafael Rodríguez-Ponga Director de Gabinete de Dirección / Directeur du Cabinet de Direction: José María Martínez Directora de Cultura / Directrice de Culture: Beatriz Hernanz Instituto Cervantes de París Director / Directeur: Juan Manuel Bonet Gestora Cultural / Responsable des Activités Culturelles: Raquel Caleya Administradora /Administrateur: Soledad García Instituto Cervantes de París 7, rue Quentin Bauchart 75008 París Tel. 00 33 1 40 70 92 92 http://paris.cervantes.es NIPO: 503-16-032-7 Catálogo Textos /Textes: Joan Manuel Bonet Diseño /Graphisme: Aníbal Guirado / Ramon Giner Impresión / Impression: Bahía Ingústria Gráfica D.L.: PM 790-2016 Agradecimientos / Remerciements: A Aina Albo Puigserver por estar siempre a mi lado, a Lina Davidov y a Juan Manuel Bonet por hacer realidad este proyecto robert ferrer i martorell “porte à l’invisible” 3 Instituto Cervantes de París Del 10 de Junio al 22 de Julio de 2016

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4 un artista del espacio / J U A N M A N U E L B O N E T Robert Ferrer i Martorell, valenciano de 1978, y mallorquín de adopción, ha sido el artista elegido por el Instituto Cervantes para confiarle su espacio expositivo, en este final de temporada 2015-2016. Como al final de la pasada sucedió con El Tono, artista callejero francés que ha desarrollado gran parte de su carrera en España, de lo que vuelve a tratarse es de que un creador de nuestro tiempo se enfrente a nuestra sala de exposiciones, proponiendo una intervención en ella. Paralelamente, la galería Lina Davidov, sita en el histórico boulevard Saint-Germain, especialmente receptiva a la escena artística española, y que desde que lo fichó en 2010, es una de las que ha estado más atenta al quehacer del artista, propone la cuarta de las individuales que le ha dedicado hasta la fecha: una selección de algunas de sus piezas recientes de pequeño formato, es decir, de relieves y cajas de metacrilato ante las cuales se entiende que su trabajo es de raíz geométrica, pero que esa geometría es compatible con la libertad y con la poesía. Formado en la Facultad de Bellas Artes de su ciudad natal entre 1998 y 2004, Ferrer i Martorell empezó a exponer en 2000. En su tierra lo ha hecho en la Llotgeta, en Mallorca en Joan Oliver Maneu, en Madrid en ese sitio tan vivo que es Espacio Valverde, que además lo está llevando a ferias internacionales… Esta instalación, titulada, algo metafísicamente y también cabría decir que algo kleeianamente –aquello de “tornar visible lo invisible”, etc-, Porta oberta a l’invisible, no es ni mucho menos la primera de este artista. Las ha presentado en su isla adoptiva, y en Madrid, y en Valencia, y cabe recordar en ese sentido que ha salido airoso del reto de enfrentarse a espacios venerables, por ejemplo, en 2011, Can Prunera, en Sòller, o modernos, por ejemplo, al año siguiente, el Atrio de los Bambúes del Palacio de la Música de Valencia. Variante de nuestro título cervantino es el de la muestra en la galería, donde ha querido ser todavía más conciso: Porte à l’invisible. (En 2015, su exposición en el mencionado Espacio Valverde, se titulaba Fragmentos de lo invisible). Al poco tiempo de acordar con él el principio de una instalación en nuestra sala, recibimos de Ferrer i Martorell un proyecto detalladísimo, con infografías. Aunque algunos detalles los ha modificado sobre la marcha, en el calor de la acción y manifestando una libertad que necesita para no caer en dogmatismo alguno, me sorprende que haya relativamente pocas diferencias entre proyecto, y obra acabada. El único otro de los artistas con los cuales he trabajado, al cual recuerdo tan metódico en su modo de enfrentarse a un espacio, es el pintor suizo Helmut Federle, aunque en ese caso no estamos hablando de un instalador, sino de alguien que lo que estudia al milímetro es el encaje de sus cuadros en el espacio expositivo que se le propone ocupar. Podríamos muy bien haber planteado el presente catálogo, a partir de las infografías, pero de común acuerdo hemos decidido retrasar un poco su salida, para poder utilizar en él algunas de las bellas fotografías, tomadas por él mismo, de la propia instalación. 5

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Básicamente, Ferrer i Martorell es un geómetra, pero un geómetra… lírico. Lo cual permite poner en relación su poética, especialmente la que opera en sus relieves y cajas, con la de Miró o la de Mompó, otros dos pintores de destino balear, al segundo de los cuales hemos presentado no hace mucho en este Cervantes, aunque en la muestra que le dedicamos no figurara ninguna de sus piezas de plexiglás. Partiendo de la ortogonalidad, Ferrer i Martorell desemboca en planteamientos más orgánicos, incluso, por momentos, podríamos decir que gestuales, de ahí que en nuestra mente, ante el tipo de piezas a las cuales acabo de aludir, surgieran los nombres del más pintor de los surrealistas, y del más “aire de la calle” y Jour de fête de nuestros abstractos de la generación del cincuenta. “Miembro de la cofradía de los artistas amigos del aire” he llamado en otro lugar a Ferrer i Martorell, pensando en su inscripción en una tradición que es la de las construcciones de Gabo o de su hermano Pevsner, la de los móviles de un gran amigo de Miró como fue Calder, la de los plásticos traslúcidos de Vantongerloo o de Moholy Nagy, la de las escenografías de Noguchi, la de los neones monumentales de Fontana, la de los penetrables de Soto… En creadores como estos, y está claro que la lista podría alargarse mucho más –hasta llegar, por ejemplo, a las obres febles de Antoni Llena, de lo mejor que dio el conceptual catalán-, geometría y organicismo no son términos contrapuestos… 6 Una palabra a la cual Ferrer i Martorell es especialmente aficionado, es la palabra EXPANSIÓN. Su trabajo con el espacio –el espacio como si fuera un “material” más-, su manera de plantearse Ritmos en el espacio, es un trabajo riguroso y sensible, de modulación de todos los ingredientes que coadyuvan al resultado final. La luz es otro de los “materiales” –creo que se entiende que vuelva a insistir en las comillas- de predilección de Ferrer i Martorell. A menudo los títulos de sus muestras y de sus instalaciones, se han referido a ella La palabra LUZ a los poetas les tienta casi en demasía: algunos parecen espolvorearla un poco al tuntún. Los pintores suelen ser más estrictos, y la suelen manejar en sentido figurativo: evocación de luces contempladas en la naturaleza. Pero no hay que olvidar la capacidad de los artistas cinéticos, que no son exactamente pintores ni tampoco exactamente escultores, para incorporar a sus creaciones la luz real, y de un modo especial la luz eléctrica, es decir, artificial, y en ese sentido en clave hispánica hay que recordar, durante la pionera década del cincuenta, las Cajas de luz, con sus bombillas y todo, de un inolvidable pintor y escultor alicantino que aprendió mucho en el París fifties, Eusebio Sempere. A este, por cierto, hizo una referencia muy admirativa su paisano en nuestro salón de actos, en el coloquio previo a la inauguración, citándolo como uno de sus ídolos. Y de paso mencionó también con elogio a Pablo Palazuelo, otro creador inolvidable, geómetra por libre de la misma generación que el anterior, y también parisiense de adopción, en su caso durante bastantes más años. En nuestra sala, Ferrer i Martorell se ha planteado una instalación que la contempla como un todo, como un contenedor a intervenir, y efímera como suelen serlo casi todas las instalaciones creadas específicamente Serie: Porta a l´invisible Papel, metacrilato y nylon sobre tablero contrachapado 50 x 40 x 16 cm 2016 7

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8 Serie: Porta a l´invisible Papel, metacrilato y nylon sobre tablero contrachapado 50 x 40 x 16 cm 2016 para una sala de exposiciones. Interviene y transforma varias de sus paredes, tanto en la planta baja, como en la entreplanta. Además, hace flotar en el espacio de la sala, a modo de dibujo en el espacio, una serie de diminutos cuadrados de PVC colgados de hilos casi invisibles, cuadrados móviles –sombra de Calder- que marcan un camino de escape hacia la escalera, donde se integran en lo que podríamos contemplar como una columna virtual en ascensión. El resultado de la intervención en las paredes es de una buscada elementalidad. Riguroso y a la vez libre, en él se combinan ortogonalidad, y organicismo, o lo que es lo mismo, líneas rectas, y curvas. PVC y planchas metálicas dialogan armónicamente. El PVC es curvado y tensado por hilos de nuevo casi invisibles, en un juego que por momentos hace pensar en una suerte de trabajo de despojamiento, de quitarle la piel a la pared… Todo esto trae a mi memoria el título de su muestra de 2013 en la galería de Lina Davidov: Dévoilant la matière. Trabajo este de ahora a mitad de camino entre la pintura, y la escultura, o para ser más exactos, el bajorrelieve. Trabajo con algo de schwittersiano, por el lado Merzbau, y no hay que olvidar que el de Hannover operaba en el quicio entre Dadá y constructivismo. Trabajo con algo de ruso, por el lado de los Proun de Lissitzky o de los arquitectones de Malevich, y estoy citando a dos artistas cercanos a Schwitters, y en los cuales fue todavía más fuerte que en él la tentación de la arquitectura. Trabajo con vocación de quedarse, y ciertamente uno se imaginaría muy bien alguna de estas piezas monumentales de Ferrer i Martorell, permanentizada, convertida en muro: sobre todo la de mayores dimensiones, la que el espectador se encuentra a la izquierda al entrar, para mí la más fascinante y la más impresionante, casi con algo de puerta micénica, y también la más ortogonal, pero en la cual, como en todas las demás, la ortogonalidad está en diálogo con las líneas curvas, y lo monumental, con un trabajo más dibujístico, esos trazos verticales, flotantes, que son como el eje de la construcción… De luminoso acabo de calificar el contenedor expositivo que hemos puesto a disposición de Ferrer i Martorell. Efectivamente la luz es utilizada y modulada por él con gran inteligencia [ELIMINAR: para producir sus piezas]. Aquí estamos hablando de luz natural, la que entra por la amplia cristalera de nuestra hermosa sala. En algunas partes de la misma se combina esa luz con la que proyectan unos focos, necesarios sobre todo en la entreplanta, y sobre todo al final del día. La palabra LUZ es una de las más recurrentes en los títulos que pone el artista a sus piezas, a sus instalaciones, a sus muestras. Si La llum de l’horta parece sugerir una lectura paisajística, de evocación del fértil paisaje que rodea a su Valencia natal, otro título, Rastres de llum, invitaría a contemplar las cosas en clave más genérica. Volvemos a una cierta figuración con La memòria de la llum, y con Llum en extinció, títulos ambos de neto matiz crepuscular, que me recuerdan otros dos, Llum que s’apaga, y sobre todo, L’horabaixa, elegidos en su día por un pintor de una generación anterior, José María Sicilia, post-minimalista que tras largos años aquí en París, terminaría eligiendo la Isla de la Calma como su tierra adoptiva. Pero al final lo que reina en el caso de Ferrer i Martorell es El silencio de la luz. 9

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Un tercer y último “material” –últimas comillas, lo prometo- en juego en esta instalación, es el color. Si en tiempos Ferrer i Martorell gustaba de jugar sobre todo con los tres primarios, tan programática y eficazmente reivindicados en el alba de la modernidad por Mondrian, ahora el rojo y el amarillo han desaparecido del mapa, y con ellos esa jovialidad mironiana que apreciamos en otras fases anteriores de un artista que hoy aspira a todavía mayor pureza. Todo queda pues reducido aquí al diálogo entre el azul, el negro, y el blanco. Con neto predominio de este último. La poética de Ferrer i Martorell, más cercano que nunca, sí, al blanco, es por supuesto una poética miesiana, es decir, una poética post-minimalista del “less is more”, pero es también una poética del fragmento, de la ingravidez, de la fragilidad. Su obra, que se abre en muchas direcciones, y que si la repasamos a fondo –por ejemplo vía su muy bien planteada página web- resulta de una gran diversidad formal, debe ser puesta en relación, además de con la de los “amigos del aire” a los cuales he hecho referencia casi al comienzo de mis palabras, con la de otros creadores sutiles, capaces de conferirle temblor poético al trabajo de la geometría. Ahí podríamos hablar, por ejemplo, de alguien al cual uno ha alcanzado a conocer aquí, cuando se acercaba a centenario: Luis Tomasello. O de un italiano silencioso que venía de la metafísica y se encontró en su camino 10 con el ejemplo albersiano: Antonio Calderara. Hablábamos Ferrer i Martorell y yo, en nuestro salón de actos, de artistas que le han marcado. Ya he dicho que en la conversación salieron Palazuelo, y Sempere. Además, mencionaba yo el hecho de que por su modo de combinar geometría y organicidad, lo veo –ya lo escribí en mi texto de 2013- como un hermano espiritual de ciertos geómetras brasileños, y él me contestó hablándome de su fascinación por la obra de uno de ellos, Macaparana, reciente expositor en la galería de Denise René de la Rive Gauche, es decir, a siete portales de la sala de Lina Davidov. No he visitado todavía el taller palmesano de Ferrer i Martorell; lo conozco, sin embargo, por fotografías tomadas por él mismo, en alguna de las cuales por cierto juega un papel fundamental la luz natural. Sí he estado, en cambio, en el piso alto de Macaparana en la Paulista, y en su vecino estudio en una callecita cercana a la gran arteria de la megalópolis brasileña. Macaparana y Ferrer i Martorell tienen bastantes cosas en común, empezando por su amor por el dibujo en el espacio, y por el orden que reina en sus respectivos laboratorios de constructores-soñadores. Del de Ferrer i Martorell, que también es capaz de trazar un retrato íntimo del caos (Portrait intime du chaos se tituló su primera individual en París), salen obras de belleza [QUITAR: tan] esencial como las que ahora ha expuesto en la galería de Lina Davidov, y en él se gestó, vía maquetas y vía las antes aludidas infografías, el proyecto que tan eficazmente ha realizado en nuestra sala, y que documentan sus propias fotografías en este catálogo. 11 Serie: Porta a l´invisible Papel, metacrilato, aluminio y nylon sobre tablero contrachapado 111 x 110 x 21cm 2016

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12 Serie: Porta a l´invisible Papel, metacrilato, aluminio y nylon sobre tablero contrachapado 61 x 80 x 16 cm 2016 UN ARTISTE DE L’ESPACE Robert Ferrer i Martorell, valencien de 1978, et majorquin d’adoption, a été l’artiste choisi par l’Instituto Cervantes pour lui confier son espace d’expositions, en cette fin de la saison 2015-2016. Comme à la fin de la précédente cela nous est arrivé avec El Tono, street artist français qui a développé une grande partie de sa carrière en Espagne, il s’agit non pas d’exposer des oeuvres déjà existantes, mais de confronter un créateur à notre salle, de le faire intervenir dans elle. Parallèlement, la galerie Lina Davidov, située sur l’historique boulevard Saint-Germain, spécialement attentive à la scène artistique espagnole, et qui depuis qu’elle la découvert en 2010, est l’une de celles qui s’est occupé le plus activement de son travail, propose la quatrième des expositions personnelles qu’elle lui a consacré: un choix de ses pièces récentes de petit format, c’est à dire de reliefs et de boites en métacrilat devant lesquelles l’on comprend que son travail est de base géométrique, mais que cette géométrie est conciliable avec la liberté et avec la poésie. Formé à la Faculté des Beaux-Arts de sa ville natale entre 1998 et 2004, Ferrer i Martorell comença à exposer en 2000. Là-bas il l’a fait à la Llotgeta, à Majorque chez Joan Oliver Maneu, et à Madrid dans ce lieu si vivant qu’est Espacio Valverde, qui en plus le présente dans des foires internationales. Cette installation, dont le titre, Porta oberta a l’invisible, a quelque chose de métaphysique et aussi l’on pourrait dire que de kléeien –“rendre visible l’invisible”, etc-, n’est pas, loin de là, la première de l’artiste. Il en a présenté dans son île d’adoption, et à Madrid, et à Valencia, et en ce sens il faut rappeller qu’il est sorti vainqueur du défi de dialoguer avec des espaces vénérables, par exemple, en 2011, Can Prunera, à Sòller, ou modernes, par exemple, l’année suivante, l’Atrium des Bambous du Palais de la Musique de Valencia. Variante de notre titre cervantin est celui de l’exposition à la galerie, où il a voulu être encore plus concis: Porte à l’invisible. (En 2015, son exposition du mentionné Espacio Valverde portait le titre Fragmentos de lo invisible). Peu après nous être mis d’accord avec lui sur le principe d’une installation chez nous, nous reçumes de Ferrer i Martorell un projet très détaillé, avec des infographies. Quoique il aie modifié quelques détails en cours de route, dans la chaleur de l’action et en manifestant une liberté dont il a besoin pour ne pas tomber dans le dogmatisme, il est assez surprenant de vérifier qu’il y a relativement peu de différences entre le projet, et l’oeuvre achevée. Le seul autres des artistes avec lesquels j’ai travailé, dont je me souviens comme de quelqu’un d’aussi méthodique dans sa façon de se confronter à un espace, c’est le peintre suisse Helmut Federle, quoique dans son cas il ne s’agit pas d’un installateur, mais de quelqu’un qui étudie au milimètre près la place de ses tableaux dans l’espace qu’on lui propose d’occuper. Nous aurions pu concevoir le présent catalogue à partir des infographies, mais d’un commun accord nous avons décidé d’en retarder un peu la sortie, pour pouvoir utiliser les belles photographies, prises par lui même, de l’installation. 13

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Foncièrement, Ferrer i Martorell est un géomètre, mais un géomètre… lyrique. Ce qui nous permet de mettre en rapport sa poétique, spécialement dans ses reliefs et ses boites, avec celle de Miró ou celle de Mompó, deux peintres au destin baléar, le second desquels a été présenté il n’y a pas longtemps au Cervantes, quoique dans l’exposition que nous lui avons consacré ne figurait aucune de ses pièces de plexiglas. Partant de l’ortogonalité, Ferrer i Martorell débouche sur des propositions plus organiques, par moment nous pourrions dire que presque gestuelles, et c’est pour cela que devant des pièces comme celles auxquelles je viens de me référer, sont apparus dans notre mémoire les noms du plus peintre des surréalistes, et de notre abstrait de la génération des années cinquante le plus “air de la rue” et Jour de fête. “Membre de la confrérie des artistes amis de l’air”: ainsi j’ai défini autre part Ferrer i Martotell, pensant à son inscription dans une tradition qui est celle des constructions de Gabo ou de son frère Pevsner, celle des mobiles d’un grand ami de Miró comme Calder, celle des plastiques translucides de Vantongerloo ou de Moholy Nagy, celle des scénographies d’Isamu Noguchi, celle des néons monumentaux de Fontana, celle des pénétrables de Soto… Chez de tels créateurs, et il est clair que la liste pourrait s’allonger beaucoup –jusqu’à arriver, par exemple, aux oeuvres faibles d’Antoni Llena, parmi les meilleures choses qu’a donné le conceptuel catalan-, géométrie et organicisme ne sont pas 14 des termes qui se contreposent. Un mot que Ferrer i Martorell aime spécialement, est le mot EXPANSION. Son travail avec l’espace –l’espace comme s’il s’agissait d’un matériau de plus-, sa façon de proposer des Rythmes dans l’espace, est un travail rigoureux et sensible, de modulation de tous les éléments qui mènent vers le résultat final. La lumière est un autre des “matériaux” –je crois que l’on comprendra que j’insiste à nouveau sur les guillemets- préférés de Ferrer i Martorell. Souvent les titres de ses expositions et des installations, se réfèrent à elle. Le mot LUMIÈRE tente presque trop les poètes: certains semblent en saupoudrer leurs textes un peu trop au hasard. Les peintres sont d’habitude plus stricts, et en parlent au sens figuré : évocation de lumières contemplées dans la nature. Mais il ne faut pas oublier la capacité qu’ont les artistes cinétiques, qui ne sont pas exactement des peintres mais pas non plus exactement des sculpteurs, d’incorporer à leurs créations la lumière réelle, et d’une façon très spéciale, la lumière électrique, c’est à dire artificielle, et en ce sens dans le domaine hispanique il faut se souvenir, pendant la décade pionnière des années cinquante, des Boites de lumière, avec leurs ampoules et tout le reste, d’Eusebio Sempere, un peintre et sculpteur alicantin inoubliable qui apprit beaucoup de choses à Paris. Notre artiste, originaire de la même région, fit une référence très admirative dans notre auditorium, lors du colloque préalable à l’inauguration, en le citant comme l’un de ses idoles. Au passage il fit aussi l’éloge de Pablo Palazuelo, un autre créateur inoubliable, géomètre à sa guise appartenant à la même génération que le précédent, et lui aussi parisien d’adoption, dans son cas pendant de plus longues années. Serie: Porta a l´invisible Papel, metacrilato, aluminio y nylon sobre tablero contrachapado 17 x 25 x 25 cm 2016 15

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16 Serie: Porta a l´invisible Metacrilato, aluminio, PVC y nylon 90 x 115 x 35 cm 2016 Dans notre salle, Ferrer i Martorell s’est proposé de faire une installation qu’il contemple comme un tout, comme un conteneur à intervenir, et éphémère comme le sont presque toutes les installations créées spécifiquement pour une salle d’expositions. Il intervient et transforme plusieurs des murs, aussi bien en bas, que sur la mezzanine. En plus il fait floter dans l’espace de la salle, comme un dessin dans l’espace, une série de minuscules carrés de plastique accrochés à des fils presque invisibles, carrés mobiles –l’ombre de Calder qui marquent une voie de sortie vers l’escalier, où ils s’intègrent à ce que nous pouvons contempler comme une colonne virtuelle en ascension. Le résultat de l’intervention sur les murs est d’une élémentalité voulue. Rigoureux et à la fois libre, s’y combinent ortogonalité, et organicisme, ou ce qui revient au même, lignes droites, et courbes. PVC et planches métalliques dialoguent armonieusement. Le PVC est courbé et tendu par des fils à nouveau invisibles, dans un jeu qui par moments nous fait penser à une sorte de travail de dépouillement, d’enlever la peau au mur… Tout cela me fait me souvenir du titre de son exposition de 2013 chez Lina Davidov: Dévoilant la matière. Travail celui de maintenant à mi-chemin entre la peinture, et la sculpture, ou plus précisément, le bas-relief. Travail un peu à la Kurt Schwiters, du côté Merzbau, et il ne faut pas oublier que l’artiste de Hanovre opérait au seuil entre Dada et constructivisme. Travail avec quelque chose de russe, du côté des Proun de Lissitzky ou des architectons de Malevitch, et je cite deux artistes proches de Schwitters, et chez qui fut encore plus forte que chez lui la tentation de l’architecture. Travail à vocation de permanence, et certes on imaginerait très bien l’une de ces pièces monumentales de Ferrer i Martorell, permanentisée, convertie en mur : surtout celle de plus grandes dimensions, celle que le spectateur rencontre à gauche en entrant, pour moi la plus fascinante et la plus impressionnante, avec quelque chose presque de porte de Mycène, et aussi la plus ortogonale, mais dans laquelle l’ortogonalité dialogue avec les courbes, et le côté monumental, avec un travail plus de dessin, ces traits verticaux, flotants, qui sont comme l’axe de la construction… Je viens de qualifier de lumineux le conteneur que nous avons mis à disposition de Ferrer i Martorell. En effet la lumière est utilisée et modulée par lui avec grande intelligence. Ici nous parlons de lumière naturelle, qui entre par la grande baie vitrée de notre belle salle. Dans certains coins de celle ci cette lumière se combine avec celle que projettent des spots, nécessaires surtout à la mezzanine, et surtout à la fin de la journée. Le mot LUMIÈRE revient fréquemment dans les titres que l’artiste met à ses pièces, à ses installations, à ses expositions. Si La llum de l’horta, c’est à dire, La lumière de la huerta, semble suggérer une évocation du fertile paysage qui entoure sa Valence natale, un autre titre, Rastres de llum, c’est à dire Traces de lumière, inviterait à contempler les choses de façon plus générique. Nous revenons à une certaine figuration avec La memòria de la llum, c’est à dire La mémoire de la lumière, et avec Llum en extinció, c’est à dire Lumière en extintion, titres tous les deux de nuance crépusculaire, qui me rappellent deux autres, Llum que s’apaga, c’est à dire Lumière qui s’éteint, et surtout L’horabaixa, c’est à dire, très aproximativement, L’heure finale, choisis il y a quelque temps 17

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par un peintre d’une génération précédente, José María Sicilia, post-minimaliste qui après de longues années ici à Paris, finit par choisir l’Île du Calme comme sa terre adoptive. Mais à la fin ce qui règne dans le cas de Ferrer i Martorell, c’est Le silence de la lumière. Un troisième et dernier “matériau” –derniers guillemets, je le promets- à l’oeuvre dans cette installation, c’est la couleur. Si il y a quelques annés Ferrer i Martorell aimait surtout jouer avec les trois primaires, si programatiquement et éfficacement revendiquées par Mondrian, maintenant le rouge et le jaune ont disparu de la carte, et avec eux cette jovialité mironienne que nous apprécions dans des phases antérieures d’un artiste qui aujourd’hui aspire à encore plus de pureté. Tout est donc réduit ici au dialogue entre le bleu, le noir, et le blanc. Avec évidente domination de ce dernier. La poétique de Ferrer i Martorell, plus proche que jamais, oui, du blanc, est bien entendu une poétique à la Mies van der Rohe, c’est à dire une poétique post-minimaliste du “less is more”. Mais c’est aussi une poétique du fragment, de l’apesenteur, de la fragilité. Son oeuvre, qui s’ouvre en beaucoup de directions, et qui si nous la révisons à fond –par exemple grace à sa page web, très bien conçue- est d’une très grande diversité formelle, doit être mise en rapport, en plus d’avec celle des “amis de l’air” auxquels j’ai fait référence presque au commencement de mes paroles, avec celles d’autres créateurs subtils, capables de conférer un tremblement poétique au travail de la géométrie. À ce propos nous 18 pourrions parler de quelqu’un que j’ai connu ici, quand il approchait de son propre centenaire : Luis Tomasello. Ou d’un italien silencieux qui venait de la métaphysique et trouva sur son chemin l’exemple d’Albers : Antonio Calderara. Nous parlions, Ferrer i Martorell et moi, dans notre auditorium, d’artistes qui l’ont marqué. J’ai déjà dit que dans la conversation apparurent Palazuelo, et Sempere. En plus je mentionnai le fait que par sa façon de combiner géométrie et organicité, je le vois –je l’ai déjà écrit dans mon texte de 2013- comme un frère spirituel de certains géomètres brésiliens, et lui me répondit en me parlant de sa fascination pour l’oeuvre de l’un d’entre eux, Macaparana, qui a exposé récemment chez Denise René Rive Gauche, c’est à dire à sept portails de Lina Davidov. Je n’ai pas encore visité l’atelier de Ferrer i Martorell à Palma; je le connais, cependant, grace à des photos prises par lui même, dans certaines desquelles la lumière naturelle joue un rôle fondamental. J’ai par contre visité l’appartament, haut perché, de Macaparana sur la Paulista, et son atelier voisin dans une ruelle proche de la grande avenue de la mégalopole brésilienne. Macaparana et Ferrer i Martorell ont beaucoup de choses en commun, à commencer par leur amour du dessin dans l’espace, et par l’ordre qui règne dans leurs respectifs laboratoires de constructeurs-rêveurs. De celui de Ferrer i Martorell, qui est aussi capable de tracer un Portrait intime du chaos, comme il titrait sa première exposition personnelle à Paris, sortent des oeuvres d’une beauté essentielle comme celles qu’il expose chez Lina Davidov, et c’est aussi là bas qu’est né, via des maquettes et via les infographies auxquelles j’ai fait allusion, le projet que si efficacement il a réalisé chez nous, et qui est documenté par ses propres photographies dans ce catalogue. proceso de trabajo 19

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