Revista Terral - Número 22

 

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Número 22 de la revista cultural Terral

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Revista Terral nº22 –Editorial-Sumario- Editorial www.revistaterral.com Estimados lectores Tras el paréntesis vacacional de la revista Terral, continuamos con nuestra publicación, y afrontamos el número 22 con un índice variado de colaboraciones que espero disfruten. Vengo observando con indignación cómo se pervierte la palabra en distintos ámbitos, políticos y de información, sobre todo. Con qué descaro mienten algunos, y cómo se desdicen en apenas unos minutos, otros dulcifican sus mensajes para apaciguar a unos, o salvarse de la quema por ellos provocada. Y ¿para qué?, me he preguntado. ¿Para conservar a toda costa las prebendas? ¿El buen nombre, aunque acabes enfangado hasta el cuello? ¿Por obediencia partidista, aunque tengas que pasarte la existencia reptando…? La mentira es el pecado capital presente, aunque ya viene de lejos. Paco Ibáñez tiene uno de los significados mejores de la palabra en sus recitales poéticos sobre Gabriel Celaya: “La poesía es un arma cargada de futuro”. “Maldigo la poesía concebida como un lujo Cultural por los neutrales Que llenándose las manos se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de los que toman partido Partido hasta forrarse”. En nombre del Equipo de redacción y en el mío propio les deseo feliz lectura. Luchemos por una campaña de limpieza y dignidad de las palabras. Nuestra mejor arma de futuro. Lola Buendía López– Directora de la Revista Terral - ISSN 2253-9018

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Revista Terral nº22 –Editorial-Sumario- Sumario Terral 22 ©Todos los derechos reservados - ISSN 2253-9018 Edición: Lola Buendía López – Enrique Bodero Moral Equipo de redacción: Ramón Alcaraz, Enrique Bodero, Lola Buendía, Erena Burattini Diseño de portada: Enrique Bodero Imagen de portada: Fragmento de El jardín de las delicias (El infierno musical) Jheronimus Bosch (El Bosco) La exposición del V centenario (Museo del Prado) Editorial y maquetación: Lola Buendía – Juan Canales Colaboradores en este número: Cine: Ramón Alcaraz – ¿Sabías que Walt Disney no fue congelado? Ricardo J. Gómez Tovar – El hombre que se amotinó contra H. Bogart Opinión/ Reflexiones: Carmen Cantillo - ¡LO QUE QUIERO ES TU VOZ! Erena B. Burattini – Que sí… que no… Mar Solana –Los ángeles no cogen vacaciones Crítica literaria: Ángel Silvelo – Microrrelatos a medida. De Miguel Ángel Molina Ricardo Guadalupe – Por quién doblan las campanas, de Ernest Hemingway Anna Rossell - Cartas de Kafka. Un Autorretrato Poesía: Coordina: Aurora Gámez Enríquez (ALAS)

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Revista Terral nº22 –Editorial-Sumario- Poetas: Francisco Morales Loma– Sensi Budía –Alice Wagner –Isabel Romero–Antonio García Velasco –Fuensanta Martín Quero – Puri Teruel–Albert Torés Relatos: Andrés Ortiz Tafur – Almería Esperanza Liñán – Valores sin caducidad Ser escritora: Mar Solana – La lupa y la máquina de escribir Flamenco: Rafael Silva Martínez – Sobre el origen de la denominación “Flamenco” (VI) El viajero: Pepa Jiménez Calero – Praga, la belleza hecha ternura Lola Buendía – Los mendigos de Asís Arte: José Manuel Velasco - Arte para recomendar José Antonio Martín y Salvador Palomo –Nosotros La otra realidad: Mariano J. Vázquez Alonso– Carl Gustav Jung. El buceador del Inconsciente Diseño web: Juan Canales Molina

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Revista Terral nº22 – Cine - Cinexplicable Ramón Alcaraz García www.tallerliterario.net ¿Sabías que Walt Disney no fue congelado? Walter Elías Disney murió en el año 1966, a la edad de 65 años, y fue enterrado en el cementerio de Glendale (California). Fumador empedernido, falleció por un cáncer de pulmón, y se extendió el rumor de que había sido criogenizado para esperar que los avances de la ciencia permitieran revivirlo. Recientemente he visto la película Salvando a Mr. Banks (Al encuentro de Mr. Banks), que recrea la curiosa relación de Disney con la autora de Mary Poppins. Doy por hecho que se toman licencias y que algunas escenas son muy cinematográficas, quizá no del todo verídicas; pero me pareció muy interesante descubrir todas las dificultades que hubo para poder llevar adelante ese proyecto. Algo a lo que los niños de todo el mundo permanecieron ajenos, cautivados por la magia de la fantasía. De esta película entendemos que muchos sucesos de la vida llevan un trasfondo desconocido. Y también cómo el cine “fagocita” a las personas reales, y las relega al olvido. ¿Quién se paró a pensar que no fue Disney quien se inventó el personaje de Mary Poppins?, ¿quién quiso saber algo sobre su verdadera autora?, ¿quién quiso buscar y leer las otras historias que escribió sobre esta niñera, y que jamás se llevaron a la gran pantalla? Esa autora se llamaba Helen Lyndon Goff, y firmaba como P.L.Travers para no desvelar que tras su nombre había una mujer (lo cual le dificultaría publicar, algo que también hicieron otras escritoras, como J.K. Rowling). Escribió cuatro

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Revista Terral nº22 – Cine - libros de Mary Poppins, además de poemas y otras obras, y recibió la Orden del Imperio Británico en 1977. La película, además, nos permite ver cómo la infancia es tan relevante en la creatividad de los autores, y que subyace siempre en lo que escribimos y en la forma de expresarnos. Pero volvamos con Walt Disney, a quien por encima de todo yo lo considero un gran empresario. Fue un dibujante con una gran visión de futuro, en un campo (el de la animación) en donde había mucho trabajo y todo por descubrir. El mismo Walt Disney, como persona, también ha sido absorbido por marca Disney, unida a la imaginación, a la creatividad y al entretenimiento. Hijo de granjeros, nació en Chicago en 1901. Poco después, su familia se trasladó a una pequeña localidad de Misuri, donde Walt vivió su infancia rodeado de campo, naturaleza, animales y trenes: todo un paraíso para un niño. En 1918 quiso seguir los pasos de su hermano Roy y enrolarse en la marina para combatir en la Primera Guerra Mundial. No fue aceptado porque era muy joven. Entonces falsificó su certificado de nacimiento para poder entrar en el cuerpo de ambulancias, que admitía chicos a partir de 17 años. Aunque fue aceptado, nunca llegó a entrar en combate. Tras finalizar la guerra, inició la creación de diversas empresas y negocios, relacionados con la publicidad y la animación, hasta que decidió mudarse a Hollywood. Vendió su cámara y allí se presentó con 40 dólares y un cortometraje que había hecho de Alicia en el País de la Maravillas, convencido de que debía olvidarse de la animación y dispuesto a dedicarse a dirigir películas con personales reales. Como ningún estudio le dio trabajo, envió su corto de Alicia a una distribuidora, que se interesó por encargarle proyectos que mezclaran animación e imágenes reales. Ese fue el inicio de otra empresa, que puso en marcha con su hermano Roy. Sin embargo, fue engañado por la distribuidora y no solo se quedaron con los derechos de su personaje, el conejo Oswald, sino también con el equipo de dibujantes que había formado. Ese fue el inicio, tras apartar a Disney, de Looney Tunes, tan conocida de los niños de los años 60 y 70 (que finalizaba con su

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Revista Terral nº22 – Cine - famoso “eso es to…, eso es to…, eso es todo, amigos”). En 2006, 78 años después, la compañía Disney recuperó los derechos sobre Oswald. Tras aquel golpe, Walt creó un nuevo personaje: el ratón Mickey, en torno al cual también hubo polémica en cuanto a si la autoría había sido de él o del dibujante Iwerks. Seguramente Mickey no habría sido nada como cine mudo; pero la llegada de un nuevo sistema de sincronización de sonido logró que fuera un gran éxito, y el inicio del imperio Disney. No fue un camino fácil, como todo lo que supone partir desde la nada. En menos de 100 años, desde aquella primer pequeña compañía que creó Walt con su hermano Roy, Disney Producciones ha pasado a generar unos ingresos anuales cercanos a los 40.000 millones de dólares, con 18 parques de atracciones, 8 estudios, 12 canales de televisión y 39 hoteles; y adquirió en 2006 los estudios de animación Pixar. Siempre se quiso dar la imagen de Disney como creador y dibujante de todos los proyectos, pero tras ellos había un equipo de excelentes creadores y dibujantes, entre ellos, el olvidado Ubbe Ert Iwerks. Mucho se puede hablar sobre el trasfondo de las películas de Disney y su influencia sobre los niños que durante el siglo XX crecieron bajo la sombra de sus historias. Es el mismo trasfondo que subyace en Salvando a Mr. Banks; porque algo curioso que nos enseña esta película es que Mary Poppins no llegó para ayudar a los niños, porque el mundo que se construyen los niños es siempre más hermoso que la realidad.

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Revista Terral nº22 – Cine - Cine EL HOMBRE QUE SE AMOTINÓ CONTRA HUMPHREY BOGART Ricardo J. Gómez Tovar En el Hollywood clásico habitaron dos actores llamados Van que comenzaron su carrera y alcanzaron posteriormente el estrellato en los estudios de la Metro Goldwyn Mayer durante la década de los 40. Uno de ellos fue Van Heflin, aquel hombre modesto, de físico algo rudo y poco agraciado, que dio lo mejor de sí mismo en westerns tan conocidos como El tren de las 3:10 o Raíces profundas. El otro fue Van Johnson, actor recordado por su sempiterna expresión risueña que el 25 de agosto pasado habría cumplido 100 años. Charles Van Dell Johnson (1916-2008) adquirió fama rápidamente debido a su prestancia y a la saludable imagen que proyectaba en pantalla del boy next door, el joven norteamericano típico. Su ascendencia sueca explica el cabello rojizo y la complexión pecosa característicos que tanto furor hicieron entre las adolescentes de la época, y que le granjearon el apodo de The Voiceless Sinatra. Como ídolo de las bobby soxers, Johnson llenó el vacío que dejaron galanes como Robert Taylor y Clark Gable cuando se incorporaron a filas durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, un accidente automovilístico ocurrido mientras se dirigía al estreno de la película La llama sagrada, en 1943, dejaría a Van con una placa metálica en la frente y la incapacitación para alistarse en el ejército. Todo sucedió cuando Johnson todavía se encontraba rodando Dos en el cielo (A guy named Joe), primera versión de la historia romántico-fantástica popularizada por Steven Spielberg en Always, décadas después. Curiosamente, en este film, el personaje de Spencer Tracy, un piloto que muere en el transcurso de una misión y debe ejercer de ángel de la guarda de Johnson, adquiere emotivas concomitancias con la realidad. De hecho, Van pudo terminar la película gracias a la insistencia de Tracy en que la filmación se detuviera hasta que Johnson se recobrara de su convalecencia, gesto que el joven actor nunca olvidaría.

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Revista Terral nº22 – Cine - A partir de entonces, la carrera de Van se mantuvo imparable hasta mediados de los 50. El hombre que no pudo ir a la guerra sirvió estoicamente en todos los cuerpos militares estadounidenses, eso sí, siempre bajo el estandarte de la MGM. Treinta segundos sobre Tokio, Sublime decisión, La comedia humana, Todos a una, Fuego en la nieve o Escuadrilla heroica fueron algunos de los títulos que le vieron combatir contra el enemigo alemán o japonés, según lo exigiera el guion. Pero el ídolo de las matinees también vivió hermosos romances vestido de uniforme, como demuestran High Barbaree (1946) y Milagro bajo la lluvia (1956). En la primera, que adaptaba la novela homónima de Charles Nordhoff, autor de la celebérrima Rebelión a bordo, compartía protagonismo con la radiante June Allyson (actriz con quien coincidiría en otras películas, formando la pareja next door más popular de la postguerra) y era un piloto naufragado en mitad del océano que sobrevive recordando la isla soñada de High Barbaree, el lugar mítico del que su tío marino (interpretado por el genial Thomas Mitchell) le hablaba desde que era niño. Por su parte, Milagro bajo la lluvia retomaba la imagen de simpático soldado campechano que Johnson había cultivado más de una década atrás para enriquecerla con toques de romanticismo mágico. Su partenaire fue esta vez la especialista en melodramas Jane Wyman y el film incluyó numerosas escenas al aire libre rodadas en pleno Central Park. No obstante, las dotes artísticas de Van Johnson no se limitaron al campo militar hollywoodiense. Como bien reconocía, la MGM fue su alma mater y le dio oportunidad de ampliar su espectro de personajes en géneros como el musical, el drama, la comedia o el cine negro, siempre que no se alejaran demasiado del prototipo que el público se había formado de él. Así, Van terminó su contrato con la Metro por todo lo alto con dos producciones en technicolor que figurarían entre lo más selecto de su filmografía, La última vez que vi París y Brigadoon, ambas de 1954. En la primera, encarnó al escritor hedonista Charlie Wills, que se enamora de Elizabeth Taylor el día de la liberación de París en la adaptación del relato de Scott Fitzgerald Babylon Revisited, a las órdenes de Richard Brooks. Lirismo y nostalgia impregnan las imágenes de esta película con la que Van se estrenó como escritor en la ficción. Para Brigadoon, uno de los mejores musicales de la historia del cine, Johnson sacó lustre a sus habilidades como bailarín y le dio la réplica al gran Gene Kelly en una inolvidable película que situaba a ambos en un pueblecito escocés que sólo despierta una vez cada 100 años de su misterioso letargo. El divertido personaje de Van prefería el ambiente mundano de Manhattan a la quietud del extraño lugar donde el tiempo parece haberse detenido. Este maravilloso musical donde resuenan los ecos de Shangri-La fue uno de los hitos del cinemascope de 1954 y contó además con la dirección de Vincente

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Revista Terral nº22 – Cine - Minnelli y la presencia de la simpar Cyd Charisse. Aquella no fue su única aportación a un género donde se movía como pez en el agua, pues anteriormente había intervenido en títulos como En aquel viejo verano, junto a Judy Garland, o Serenata en el Valle del Sol. Ese mismo año, Johnson remataría su triplete de obras maestras apareciendo en la legendaria El motín del Caine, ya para Columbia Pictures, donde encarnaría con una seriedad inédita en su registro al segundo de a bordo Maryk, que se ve obligado a relevar a su neurótico capitán de barco (Humphrey Bogart) en uno de los motines más famosos del Séptimo Arte. Para entonces, había quedado ya definido el estilo interpretativo de Johnson, una combinación de naturalidad, honradez y afabilidad corroborada por las declaraciones de sus parejas cinematográficas, como la célebre Esther Williams, con quien rodó un quinteto de coloridos musicales. La ausencia de divismo de Van tal vez procediera de su personalidad más profunda y le ayudó a crear complejas caracterizaciones en dos de sus mejores películas, Vivir un gran amor y A 23 pasos de Baker Street, ambas producidas fuera del territorio familiar de la Metro. La primera adaptaba la novela de Graham Greene The End of the Affair y presentaba a Johnson como el escritor que protagoniza un atormentado romance con una mujer casada (Deborah Kerr) durante el blitz londinense. También en la capital británica sucedía la acción de A 23 pasos de Baker Street (1956), un film de suspense donde Van encarnaba magistralmente a un escritor ciego empeñado en resolver un caso policiaco tras escuchar cierta conversación en un pub. A pesar de su declive a finales de los años 60, Van Johnson no dejó nunca de trabajar en el mundo del espectáculo. Sus veinte años de estancia en la MGM le prepararon para afrontar los retos del celuloide más exigente y le hicieron sentirse parte de una familia que tal vez le faltó en la vida real. En cualquier caso, la carrera de este gran actor nacido en el diminuto estado de Rhode Island, aunque visitante de lugares imaginarios como el brumoso Brigadoon o la costa de High Barbaree, reafirma la eficacia del star system que le vio nacer.

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Opinión Revista Terral nº22 – Opinión - Carmen Cantillo Valero ¡LO QUE QUIERO ES TU VOZ! Naturalización del silencio femenino en el cine de animación Imagen: Úrsula: “Lo que quiero es tu voz” (La Sirenita, 1989) disponible en: http://goo.gl/TkCzqg Hablando mucho enfadas a los hombres Se aburren y no dejas buen sabor Pues les causan más placer las chicas que tienen pudor ¿No crees que estar callada es lo mejor? ¡Vamos! No lograrás tu meta conversando Escúchame y no te equivocarás Admirada tú serás si callada siempre estás Sujeta bien la lengua y triunfarás, ¡vamos, tú! Pobre alma sin sol, ¿qué harás? ¡Piénsalo! No me queda mucho tiempo Hoy tengo un trabajo atroz Lo que quiero es tu voz --------------- Éste es un fragmento de la canción “Pobres almas sin sol”, donde canta Úrsula, la bruja del mar, en la película animada de Disney, La Sirenita. Ariel está dispuesta a dejarlo todo por tal de formar parte de su príncipe azul. No le importa modificar su aspecto o incluso perder alguna de sus facultades (su voz) para conseguir su ideal, pero esta ilusión no está enfocada hacia sí misma, en llegar a ser o en su propio ser, sino en anularse como

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Revista Terral nº22 – Opinión - persona. Ariel no será lo que es hasta ahora (sirena), ni tampoco será algo distinto (humana), sólo será una parte de otro ser, de un hombre. (Cantillo, 2010). Esta canción es una muestra del enmudecimiento que la industria cinematográfica infantil somete a sus personajes femeninos. Este mutismo es una tónica que se repite en todas las princesas Disney, ya sea de forma tácita o explícita, se condena a estos personajes al silencio, a la vez que se erigen como representantes de un velado magisterio que transmite unos claros signos de sumisión femenina. Estas figuras inocentes actúan como “máquinas de enseñar" que se apoyan en el registro del aislamiento comunicativo de la mujer. Sus personajes son silenciados sin tener en cuenta que el silencio puede tener un coste psicológico enorme en los individuos, al crear sentimientos de frustración y aislamiento. Aunque estas historias están cuidadosamente narradas para que penetren en las mentes infantiles y sean absorbidas sin apenas percibirlo, se introducen en el imaginario infantil como una muestra más de dominación masculina, ya que las palabras (o su ausencia, como es el caso) forman el lenguaje que contribuye a la aceptación de la realidad; es decir, se sigue naturalizando la cosmovisión androcéntrica como representación del orden social, donde el lenguaje es patrimonio masculino y el silencio es femenino. Estas asimetrías impuestas, desde los ámbitos de la fantasía suponen que... La abnegación, la resignación o el silencio han sido virtudes negativas aprendidas de forma diferencial por niños y niñas del currículum oculto y manifiesto de la pedagogía androcéntrica, de tal forma que llegan a ser asumidas como pertenecientes al orden natural de las cosas. (Correa en Aguiar y Farray, 2007, p. 29). En este sentido, encontramos que una de las principales formas de controlar el poder consiste en prohibir el acceso a la palabra. El cine, por ejemplo, ha utilizado el silencio femenino para establecer los espacios propios de cada género, convirtiendo la “cultura del silencio” en un paradigma adoctrinador utilizado para propagar la ubicación de la mujer en la sociedad. Es por ello que la energía creativa de la narrativa cinematográfica consolida la jerarquía de los seres humanos universales y difunde unas realidades culturales particulares que se considerarán como naturales. En la literatura, del mismo modo que en la cultura popular se valora el arquetipo de la mujer enigmática y silenciosa por encima de la irritante mujer charlatana, que cuando aparece lo hace como un personaje chistoso que aporta comicidad a la narración. Por otro lado, en el terreno cinematográfico, existen contradicciones en los discursos femeninos, ya que estos representan a la vez la voz de la mujer sumisa y la de la hembra

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Revista Terral nº22 – Opinión - vigorosa, dejando ver “lo femenino” a través de los silencios de un discurso contradictorio y no como una realidad esencial. Estas narraciones nos introducen en una historia donde la mujer es una proyección de los propios fantasmas masculinos, donde la imagen de “lo otro” postulada por Simone de Beauvoir no se emite como la de un sexo diferente e independiente, sino como una proyección hacia fuera de sus instintos reprimidos. En la figura de Ariel (La Sirenita, 1989) encontramos un personaje fílmico transformado en pantalla muda que refleja los propios temores masculinos, en imagen de una masculinidad terrorífica en que la cola (miembro viril) es reemplazada por unas piernas y su singularidad como sirena (mujer independiente) deviene sumisión del falo castrador. Ariel se transforma en una sirena silenciosa, y un eje mudo que la exhibe indefensa ante el hombre, puesto que, al no hablar, permite el libre juego del deseo masculino. Es significativo este silencio impuesto por Disney al personaje de la sirena, ya que según la leyenda, las sirenas no eran silenciosas, sino que seducían a los hombres con sus cantos mortales. Así, al privar de voz a la sirena se niega la posibilidad de la independencia de la mujer y la figura muda de una sirena revela la función de signo imaginado por y para el hombre (Cantillo, 2015). Por tanto, tendremos que cuestionarnos la repercusión de este silencio infligido que se naturaliza en la mujer y la condena a no ser… persona, pues, como decía Paulo Freire, “la existencia, en tanto humana, no puede ser muda, silenciosa [...] existir, humanamente, es “pronunciar” el mundo, es transformarlo [...] los hombres [y las mujeres] no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la reflexión” (2005, p. 71). FUENTES: Cantillo, C. (2010). Análisis de estereotipos sexistas. Perpetuación de roles de género en la filmografía de Disney: de la ingenua Blancanieves (1937) a la postmoderna Tiana (2009). (Trabajo Final del Máster Educación y Comunicación en la Red). UNED. Madrid. Disponible en: http://goo.gl/TkCzqg Cantillo, C. (2015). Imágenes infantiles que construyen identidades adultas. Los estereotipos sexistas de las princesas Disney desde una perspectiva de género. Efectos a través de las generaciones y en diferentes entornos: digital y analógico. Tesis Doctoral. Madrid: Uned. Correa, R. I. (2005). Mujer, ¿La sal de la tierra, la luz del mundo? En Aguiar, M.V. & Farray, J.I. (2007). Sociedad de la Información, Educación para la Paz y Equidad de Género. La Coruña: Netbiblo. Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI.

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Opinión Que sí… que no… Erena B. Burattini Revista Terral nº22 – Opinión - A pesar del maduro verso verde que te quiero verde de Lorca, muy verdes están las uvas. Por los unos y los otros o quizá por los hunos que a su paso borraron hasta el espíritu democrático de los romanos, seguimos sin entendernos. Como los perros del hortelano, tanto la izquierda como la derecha ni hacen ni dejan hacer. La gran mayoría, meros observadores, flotamos en el vapor de la indolencia. Entre síes y noes se dirime la cuestión. No hay acuerdo, no. Lo que sí observamos es el estridente coro de ranas que chapotean en el fango. El bel canto nacional que da de comer a los medios e idiotiza al oyente que ha perdido la capacidad de sorprenderse. Una temática variada para montar un vodevil a la española. Cuando saltó el caso del atractivo deportista que rompió la imagen del perfecto príncipe azul nos quedamos sin habla por varios días. Siguen croando tantas ranas desde entonces que podríamos estar parapléjicos: ministros con cuentas en paraísos fiscales que niegan la verdad y luego son premiados, un gobierno que confunde el siglo XXI con el pasado olvidando que estamos en la era de la información. Explican razones rocambolescas de ciertas medidas o

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Revista Terral nº22 – Opinión - decisiones que en seguida los periodistas desmienten en base a información documentada..., y ellos se quedan tan anchos. Especímenes elevados a la categoría de ciudadanos ejemplares que hoy están en prisión, otros en vías de estarlo, etc., etc. Ni siquiera ha faltado un bufón-espía para el vodevil, el pequeño Nicolás que de pronto dejó de ser noticia. ¿Será que hay mucho que esconder detrás? De lo que no cabe duda es de la buena puntería del PP que hizo diana en el 25 D aunque al final no le sirviera de nada, y ahora prefieren recular. Nos machacan en nombre de la crisis para lo que nos ofrecen el antídoto de la austeridad, mientras los corifeos nadan como nunca en la abundancia. Cabe preguntarse, y esto es lo triste, ¿estamos tan domesticados por el sistema que somos incapaces de reaccionar, de encontrar una salida? ¿Quo vadis, España?

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