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Al andar se hace camino

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Al andar se hace camino Ciudad de México 2016

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Un logro compartido Con la llegada de un nuevo aniversario de la fundación del Colegio y en virtud de la im­ portancia que representan 75 años de historia, en esta ocasión se optó por realizar una obra colectiva que mostrara lo que somos hoy y lo que hacemos hoy en el Madrid. Ha sido un esfuerzo grato, creativo y muy intenso, porque escribir en colectivo implica escuchar y acordar mucho, escribir, leer, volver a escuchar y reescribir en un logro que a la mitad del camino parece inalcanzable, pero que felizmente se concreta en este hermoso libro. Hoy estamos muy orgullosos de compartir la vasta y rica actividad de nuestro querido espacio educativo y cultural con los hechos y las historias que se cuentan. Relatar lo que hacemos ha sido una experiencia enriquecedora que nos llevó a vernos desde dentro y vali­ dar que aquí hay un proyecto educativo relevante, instalaciones y recursos privilegiados y sobre todo personas comprometidas, preparadas y talentosas para la tarea que decidieron emprender y que ha significado tanto en nuestras vidas. Muchas cosas han pasado en el último lustro, no sólo en el Colegio, también en la ciu­ dad de México y en el mundo. Hacer un alto en el camino y vernos unos a otros en nuestro crecimiento profesional y personal, ver cómo han aprendido y cambiado para bien nues­ tros niños y jóvenes, ver que nuestra tarea se está cumpliendo día a día es un gran motivo que se suma a la celebración. Éste es un manifiesto de lo mucho que ofrecemos como Cole­ gio hoy, de lo mucho que nos ha dado nuestro origen y del potencial enorme que podemos desarrollar en el futuro que se construirá muy pronto, mañana mismo y del que se dará constancia a partir de la próxima entrega de esta historia. Para leer este libro hay que tener en cuenta que se centra en las dos grandes áreas que son propias de nuestro propósito como institución educativa: enseñar a aprender y acom­ 6

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pañar con los mejores entornos tutoriales y de servicios a nuestros niños y jóvenes. Así, en la primera parte se aborda el cómo enseñamos las ramas académicas, se hace a través de un continuo que se hilvana desde la entrada de nuestros pequeñitos a Preescolar hasta el egre­ so de nuestros jóvenes en el Bachillerato, a lo largo de esos años las chicas y los chicos se van construyendo y asumiendo madrileños por los cuatro costados. La segunda parte da cuenta de todo lo que se involucra en acompañar el aprendizaje, esa gran red de valores y prin­ cipios, de seguridad y cuidado indispensable para el desarrollo de personas íntegras y un buen aprendizaje. Cada relato se acompaña de imágenes que hablan por sí mismas y hacen siempre referencia a lo que se describe en el texto, son imágenes recientes que ilustran todo lo que pasa cada día en este espacio de libertad y creatividad, de emoción y descubrimiento, de pensamiento y búsqueda del bien común. Las dos partes son complementarias e indis­ pensables, son el camino que se teje y vamos construyendo al andar, cada uno dejando su estela de trabajo y vida. Nadie puede volver a pisar su senda, no hay vuelta al pasado para nadie, pero si hay trascendentes y memorables evidencias del proyecto a lo largo de su his­ toria, prácticas y modelos que apreciamos y son invulnerables al paso del tiempo. Formar parte del equipo de personas que hace esto posible todos los días es un honor y un orgullo. El comité editorial, del que tuve el enorme agrado de formar parte, agrade­ ce a través de estas líneas la excelente colaboración de todos lo que destilaron su talento creativo, narrativo para contar con tanta calidez y calidad el diario acontecer, también al equipo de fotógrafos, revisores y dirección artística, coordinados por la diseñadora y editora del libro. Agradecemos también a los dos presidentes de la Junta de Gobierno que avalaron este logro en su proyección y entrega, y muy especialmente a Jorge F. Hernández por el bellísimo prólogo. A los que estén acercándose por primera vez al Colegio o a aquellos que lo hacen nue­ vamente a través de esta obra, esperamos la disfruten en todo lo que implica su lectura y lo hagan tanto como hemos disfrutado hacerlo los que la escribimos. Para seguir contan­ do esta historia sigamos juntos construyendo el presente rememorando el buen pasado y apostando siempre por un mejor futuro. Rosa Ma. Catalá Rodes 7

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Una gran comunidad, el Colegio Madrid Con la publicación de este libro el Colegio Madrid da inicio a las celebraciones de su 75 Aniversario. En él se muestra que el Colegio hace honor a sus orígenes y que, con el paso del tiempo, ha evolucionado para seguir siendo una Institución actualizada y abierta al cambio de las nuevas propuestas pedagógicas. El Colegio Madrid fue fundado por el exilio republicano español como una institución educativa sin fines de lucro, laica, respetuosa de todas las creencias, independiente de cualquier partido político, comprometida con el desarrollo de México y se ha consolidado a lo largo de estos años como una de las instituciones educativas más relevantes y de ma­ yor prestigio en nuestro país. Inició sus labores el 21 de junio de 1941 con siete grupos mixtos, que abarcaban desde preescolar hasta 6º de primaria, atendiendo a los niños de manera gratuita, incluyendo libros, ropa y comida. En poco tiempo se fue enriqueciendo con la asistencia de niños mexi­ canos cuyos padres tenían ideas afines y así, a través del tiempo, se desarrolló la amalga­ ma que fundamenta la educación en nuestro Colegio. El 17 de marzo de 1947 el gobierno de la República Española en el exilio estableció en Nacional Financiera un fideicomiso, con el objeto de garantizar que los muebles e inmue­ bles del Colegio Madrid fuesen destinados únicamente para fines docentes y se constituyó un comité técnico responsable de dirigir los destinos del Colegio, integrado por personali­ 9

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10 dades mexicanas y españolas: Manuel Martínez Báez, Jorge L. Tamayo, Jesús Silva Her­ zog, Antonio María Sbert, Bernardo Giner de los Ríos, Mariano Ruiz Funes y José Giral Pereira, quien lo encabezó durante los primeros años. En la década de 1970 el Colegio Madrid recibió otra vez en sus aulas a los hijos de exi­ liados. Esta vez fueron los hijos de exiliados de Argentina, Chile y Uruguay, acogidos por México, que una vez más abrió sus puertas de manera generosa a quienes se vieron obli­ gados a abandonar sus hogares cuando la vida democrática de sus respectivos países fue brutalmente aplastada por férreas dictaduras militares. Anticipándose a la posible muerte del dictador Francisco Franco y a la consecuente modificación en las relaciones oficiales entre el gobierno mexicano y el español, el Gobier­ no de la República Española en el exilio decidió legar el Colegio Madrid a la nación mexi­ cana, para lo cual transformó al Colegio en una Asociación Civil y le cedió gratuitamente a la nueva Asociación todos los derechos fiduciarios. El 17 de enero de 1974 se dio por termi­ nado el fideicomiso con Nacional Financiera, se constituyó el Colegio Madrid Asociación Civil como persona moral, apta y jurídicamente capacitada para continuar y desarrollar la obra cultural y educativa del exilio republicano español al servicio de la comunidad mexicana y se conformó una Asamblea de Asociados como depositaria de este proyecto. Pasaron a ser socios fundadores de la nueva Asociación quienes formaban parte del Comité Técnico en ese momento: Jesús Silva Herzog, Jorge L. Tamayo, Manuel Martínez Báez, Antonio María Sbert, Francisco Giral, María Luisa de Castro, Eugenio Muñoz Mena, Mercedes Pereña y Carmen Meda, y se incorporaron nuevos socios como Jesús Silva-Her­ zog Flores, Jorge Tamayo López-Portillo, María Cristina Barros, Antonio Junco y Francisco Xavier Garfias. A partir de esa fecha, el gobierno supremo de la Asociación reside en la Asamblea Ge­ neral de Asociados, integrada por un máximo de cuarenta miembros, la cual elige entre ellos a una Junta de Gobierno, delegando en ella las responsabilidades de política econó­ mica, de administración, supervisión y apoyo a la Dirección General. La Junta de Gobierno se renueva cada tres años y rinde cuentas a la Asamblea.

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Entre quienes han detentado esta responsabilidad cabe destacar la labor realizada por el Lic. Jesús Silva Herzog, el Dr. Adolfo Martínez Palomo y el Lic. Jorge Tamayo López-Por­ tillo, que dirigieron la Junta de Gobierno en momentos críticos para el Colegio, como fue­ ron la construcción y mudanza a las actuales instalaciones en Tlalpan o la reconstrucción de las mismas después del terremoto de 1985. Al conmemorarse estos primeros 75 años es para mí un honor poder celebrar el cami­ no que el Colegio Madrid ha creado y andado. En él se han formado miles de alumnos den­ tro de las ciencias, las humanidades y las artes. Muchos profesores han acompañado con cariño a estos niños y jóvenes inculcándoles responsabilidad, pensamiento crítico, amor por la justicia y aceptación del diferente. Yo fui uno de los muchos que tuvieron la fortuna de formarse bajo la sombra de ese ár­ bol feliz, desde el preescolar hasta la preparatoria, en el grato ambiente de aquel edificio porfiriano del que los alumnos hacíamos correr infinitas leyendas. Como ex alumno, como profesor y como miembro de la Asamblea y de la Junta de Gobierno, a lo largo de más de seis décadas me he mantenido en estrecho contacto con el Colegio. Todavía hoy me precio de estar bajo su sombra. A todos los que formamos parte de esta gran comunidad del Colegio Madrid, la lectura de este libro nos brinda la posibilidad de aprender del pasado, reflexionar sobre nuestro presente y planear el futuro para que el Colegio Madrid siga siendo una institución edu­ cativa de vanguardia, preservando al mismo tiempo los valores de equidad, respeto, tole­ rancia y democracia que desde su fundación han constituido la base fundamental para la educación de nuestros alumnos. Espero que el Colegio cumpla muchos años más con la seguridad de que sus alumnos y sus egresados en la medida de sus posibilidades han contribuido, contribuyen y contribui­ rán a hacer de nuestro País un lugar mejor, tanto para los que tuvimos la fortuna de nacer aquí como para los muchos que han encontrado en México un generoso refugio después de un exilio doloroso. FRanCisCo José BaRnés de CastRo 11

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Identidad y reinvención 12 Menudo problema escribir a propósito del Colegio Madrid al celebrar sus 75 años. Decía Ortega y Gasset que el espacio entre una generación y otra son 15 años, y estos tres cuartos de siglo resultan ser el tiempo para cubrir exactamente cinco generaciones. El chozno es el hijo del tataranieto, que encaja perfectamente en estos cinco escalones generacionales los cuales constituyen el pasado de una comunidad vigorosa, cambiante, creativa, que ha sabido actualizarse, refrescarse, reinventarse y mirar hacia adelante con inteligencia y optimismo. Hoy estamos —generacionalmente hablando— ante los choznos de los que ingresa­ ron hace 75 años al Colegio Madrid. No hubiera sido posible que el Colegio haya permane­ cido, trascendido y evolucionado durante 75 años sin la profundidad de sus raíces y sin la revitalización y actualización constante de su visión. El Colegio Madrid tiene una historia riquísima: es una comunidad diversa, plural, to­ lerante, en actualización continua que se ha labrado una identidad propia que le sirve de sólido punto de apoyo para seguir creciendo, fortaleciéndose y enfrentar con éxito los nuevos y cambiantes retos educativos de la sociedad actual. Uno de los múltiples frutos del exilio republicano en México fue la creación del Colegio Madrid. Me atrevería a decir que el Colegio, en sus orígenes, fue un ejercicio extraordina­ rio de reinvención de aquel exilio valiente, visionario, emprendedor y muy trabajador. Hay dos conceptos que pueden dar luz en esto: Identidad y Reinvención. La Repúbli­ ca Española fue un ejercicio extraordinario de reinvención y además encierra un germen

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fundamental de identidad que dio lugar e hizo posible a esta escuela y a esta gran comuni­ dad educativa que llamamos Colegio Madrid. La identidad que proviene de la historia. La identidad que construye una hermandad generosa y solidaria. La identidad del esfuerzo y el trabajo. Yo cursé desde preprimaria hasta la preparatoria en el Colegio Madrid y me convertí en ex alumno a partir de 1976. Cuando ingresé al Colegio, en los años sesenta, poco des­ pués de los Juegos Olímpicos de Tokio, la oferta educativa en la Ciudad de México no tenía la variedad que tenemos ahora. En aquel entonces una escuela laica y mixta parecía sufi­ cientemente innovadora, y así con el espíritu libertario de mi padre y la influencia siempre locuaz y divertida de Manuel Ulacia —gran amigo de mis padres—, empezó el camino de mis hermanos y mío en el Colegio. Entre muchas otras cosas, el Madrid representa para mí un puñado de amigos entra­ ñables con los que compartí momentos inolvidables que se asentaron en mi adn. Nombres que me vienen al vuelo como Mario Rebolleda, Paco Montellano, Javier Brosa, José María Martín Lunas, Margarita Segarra, Marta Ruiz y muchos más, hacen aterrizaje forzoso al pensar en el Madrid de entonces. Actualmente en la sociedad del conocimiento no es suficiente tener conocimientos: es necesario saber producirlos, adquirirlos o reinventarlos. Hay que ser consciente de ello: saber lo que se sabe, para saber lo que se ignora. El gran reto hoy es reinventarse y eso es posible gracias al ejercicio de la imaginación, al trabajo y al esfuerzo. En suma: a la educación. JaiMe del Río Castillo 13

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Sombra de un árbol feliz Una niña del Madrid dijo que le habían dejado de tarea subir a la azotea de su casa para hacer la Luna y conozco a un niño —ahora octogenario— que al repasar su vida acostumbra decir que en este Colegio le enseñaron la vida. He celebrado de lejos a los no pocos alumnos que empezaron en sus aulas a iluminar nuevos senderos de distin­ tas ramas de la ciencia y muchos jugadores de varias generaciones al hilo que inicia­ ron en la cancha del Madrid hazañas futbolísticas que siguen intactas de sobremesa. Cuentos y caligrafías, asambleas de pluralidad democrática desde edades tempranas, murales pintados y una compartida solidaridad constante ante el dolor ajeno, la nece­ sidad común y el esfuerzo ejemplar son algunas de las virtudes que no sólo distinguen al Colegio Madrid, sino que lo convierten en algo mucho más que escuela. Es una comunidad transgeneracional y policultural, cuya raíz trasplantada desde el mejor rostro de España floreció en todas las caras de México, como si la generosa sombra de un madroño se multiplicara en todos los colores que se comen y cantan. Para las primeras generaciones no sería difícil congelar en su recuerdo al Colegio Ma­ drid en forma de una entrañable casa, un castillo encantado en lo que fuera un pue­ blo absorbido por una ciudad que poco a poco se fue abriendo en círculos concéntricos hasta la ronda de las nuevas generaciones que quizá evoquen al Madrid no como la ciudad que le da nombre, sino como el largo y ancho país que recorren los alumnos 15

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