Tierra es solo tierra. Patria, la libertad

 

Embed or link this publication

Description

Novela

Popular Pages


p. 1



[close]

p. 2



[close]

p. 3



[close]

p. 4

TIERRA SÓLO TIERRA. PATRIA, LA LIBERTAD Constanza Gómez Rubio Rodolfo Gómez Cerda Novela 2014 Primera Edición, Octubre de 2014 ISBN N° 978-956-358-151-5 Derechos Intelectuales (DIBAM): Inscripción N° 245.311 © Constanza Alejandra Gómez Rubio Diseño: Patricio Tapia Ahumada - Email: enderello@gmail.com

[close]

p. 5

CONSTANZA GÓMEZ RUBIO RODOLFO GÓMEZ CERDA TIERRA ES SÓLO TIERRA. PATRIA, LA LIBERTAD NOVELA 2014

[close]

p. 6



[close]

p. 7

INDICE PRIMERA PARTE Encuentros y esperanzas Somos los campesinos y hoy somos los soldados El otro frente: lucha contra la desesperanza El camino que no se volverá a pisar Las perdidas 9 11 15 39 49 55 SEGUNDA PARTE La vida nueva: los desafíos del futuro Familia: los nuevos dolores Navegaciones y regresos Las ilusiones perdidas La última y difícil relación El puerto final 61 63 73 85 91 99 105

[close]

p. 8



[close]

p. 9

TIERRA SÓLO TIERRA. PATRIA, LA LIBERTAD PALABRAS LIMINARES Esta novela tiene mucho de historia y esta historia, mucho de novela. Ninguna es más que la otra ni, como en la vida misma, puede decirse dónde está lo real y en qué lugar ha dejado arrinconada la ficción. Lo cierto es que después de una guerra, la reconstrucción de existencias supone recoger aquello que fueron las ilusiones perdidas y juntarlas con las nuevas esperanzas, que no son, por cierto, objetos o cosas que puedan mirarse como concreciones de la realidad. Más aún cuando debes partir derrotado, dejando atrás todo lo que te pertenecía, aunque fueran sueños e ideales que pensabas podrían transformarse en una vida mejor. Pero tienes la juventud y la fuerza de los veinte años que te empujan a sobreponerte al dolor de lo que pierdes, que si fuiste capaz de encontrar el amor a pesar de la guerra, entiendes que el largo camino que has emprendido y que te llevará a un lugar recóndito e ignoto tendrá algún día su fin, porque con la mujer serán capaces de crear una familia y rescatarán lo que aún no se ha perdido en ese peregrinar. Y lo harán por sobre el sentimiento de derrota, de las pérdidas y de las angustias que se acumularán en sus vidas. Y en la lucha por la supervivencia que emprenden será el trabajo honesto, esforzado y la firme conciencia en que la opción por la República representó lo que querían para vivir, y que su lucha fue y será siempre justa, lo que hará del país al cual llegan la patria que les dará la libertad que perdieron. Santiago, septiembre de 2014. 7

[close]

p. 10



[close]

p. 11

TIERRA SÓLO TIERRA. PATRIA, LA LIBERTAD PRIMERA PARTE Y una mañana todo estaba ardiendo y una mañana las hogueras salían de la tierra devorando seres, y desde entonces fuego, pólvora desde entonces, y desde entonces sangre. (Neruda: Explico algunas cosas) 9

[close]

p. 12



[close]

p. 13

TIERRA SÓLO TIERRA. PATRIA, LA LIBERTAD ENCUENTROS Y ESPERANZAS Malditos los que un día no miraron, malditos ciegos malditos los que no adelantaron a la solemne patria el pan sino las lágrimas, malditos uniformes manchados y sotanas de agrios, hediondos perros de cueva y sepultura. (Neruda: Madrid, 1936) El espacio se llenó con quienes iban llegando y a pesar de los esfuerzos de los gendarmes por contener a la muchedumbre y de las instrucciones de las voces que salían de los altoparlantes, se lograba poner orden y mesura en lo que cada cual hacía. Los empujones y la ansiedad con que se iba de un lado a otro, en medio de gritos que buscaban hombres, mujeres y niños, hasta que lograban encontrarse, llegaban a las lágrimas y al abrazo de felicidad que no reparaba en nada, sino que se entregaban a la inmovilidad que absorbía en los cuerpos la angustia y desesperación que parecían disiparse con ese abrazo. Recién entonces lograban atender las instrucciones que daban por los altavoces. Ya calmada la ansiedad, fueron buscando sus nombres en los listados que estaban en los mesones ubicados en una especie de galpón en el muelle, donde eran atendidos por los encargados de entregarles la documentación requerida para embarcarse. El lento proceso, la toma de fotografías en grupos para acelerar el trámite y entregar el documento de identificación, les dio tiempo para contarse las separaciones y ausencias y una vez cumplidos los requisitos, iniciaban el anhelado avance por las escaleras que los llevaría a la cubierta del barco. Ella gritó su nombre y él, por la que le correspondía subir, la vio y 11

[close]

p. 14

Constanza Gómez Rubio - Rodolfo Gómez Cerda agitó sus brazos. Una vez una vez en cubierta, después que los distribuyeran en los espacios señalados para mujeres y hombres, volvieron a encontrarse en el abrazo que trataba de recuperar el tiempo de separación y estrechados por las esperanzas y en medio de otros cuerpos que se apretaban contra la borda, fueron sintiendo el lento desplazarse del barco por el río, iniciando un viaje del cual no sabían su destino, pero sí que albergaba en lo desconocido una vida mejor que la que habían tenido hasta ese día. Llegado el amanecer y pasada la emoción de la partida, ella le entregó un pequeño paquete y le dijo: -Si hemos de comenzar una nueva vida, que sea sin esa mugre. Cuando él regresó a su lado, arrojaron las prendas viejas al mar. Era la única manera de alejarse de los piojos. Entonces tuvieron tiempo para hablarse y reabrir el camino que recién iniciado, hubo de cerrarse con la separación de tantos meses a que los obligó la salida de España. El reencuentro que al comienzo parecía imposible se fue haciendo a través de los días, desde que él leyó en uno de los diarios que llegaban al campo de concentración, en medio de otras muchas llamadas, su nombre y el de ella que preguntaba por noticias de él. Y comenzaron las cartas esperanzadas, los relatos de las penurias de la reclusión, las palabras de amor anhelantes del día de la libertad. Reconstruían el día aquel en Berga, cuando el paseo diario servía para matar el tiempo, que parecía haberse detenido después de tanto andar y esperar por nada, sabiendo que todo había acabado, pero las decisiones no pasaban por uno y las órdenes no llegaban. Ya no caían bombas y donde estaban tampoco se oían disparos. Nada provocaba confusión y el mañana no se pensaba como posible porque no había planes para él. Caminar aparentando una normalidad que no lo era hacía más llevaderas las tardes vacías, como esa en que repitiendo la costumbre pueblerina bajaron al paseo por la calle mayor. Eran pocos para lo que tiene que haber sido en los tiempos idos, pero igual se iba y venía por la acera con paso lento mientras se conversaba de algo, de recuerdos, de lo que era allá, entonces, 12

[close]

p. 15

TIERRA SÓLO TIERRA. PATRIA, LA LIBERTAD pero nada de lo de hoy ni mucho menos del mañana. En ese ir y venir fue el encuentro. No de frente, sino que al contrario, ella sintió pequeños tirones en las borlas del jersey que llevaba sobrepuesto cubriendo sus hombros y espalda y creyendo que se caía, lo recogía con pequeños tirones hacia arriba, hasta que se dio cuenta que la causa era el juego que, con risa contenida, llevaba un joven de uniforme, a quien sorprendió en el momento en que nuevamente tiraría del tejido. -Oye, tú, qué haces -fue la primera frase que le dijo. De respuesta recibió una sonrisa que se mostró en un rostro delgado y en una mirada de ojos verdes. Así empezaron a caminar por la calle mayor y hablaron de ellos, del lejano pueblo en Andalucía de él y de la ciudad de Oviedo, más cercana para ella; de su uniforme de miliciano del Quinto Regimiento, y de la labor en la enfermería en el hospital que hacía ella. Y se repitieron las tardes hasta que tuvo que partir, nuevamente, a otro lugar, a otro pueblo, aunque ahora cerca de lo que empezaría a ser un destino tanto o más desconocido como la propia guerra. No tendría que caminar meses para llegar a él, como había acontecido desde que partió de su casa: ahora, al menos, estaba el tren y las cartas serían el medio que estaría al servicio de él mismo; podría decirle a ella lo que a otras escribió por encargo de milicianos; hablaría de un corazón de adolescente enamorado en plena guerra, que cuando España es cortada por la mitad piensa que ahí acaba su vida; le contaría de su niñez de monaguillo, de su vida escolar en un internado de curas, de cómo la lejanía de su casa le ha pesado, sin poder imaginarse lo que será el resto de su existencia, ni que estaba por comenzar otra vida que se levantaría sobre las ruinas que esa guerra dejaría también en la de ella. -Nos vamos a Puigcerdà -le dijo. No sé hasta cuándo, pero no te preocupes. Hay correo a diario que viene en el tren, así que te escribiré. No me olvides. -Tampoco tú. Te esperaré. 13

[close]

Comments

no comments yet