El último rescate

 

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Description

Demo del libro de plan lector "El último rescate", por Jesús Osorio.

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Consejo editorial Miguel Ángel Luna García Federico Díaz Tineo Máximo Sagredo Sagredo Gerente Editorial Giuliana Abucci Infantes Jefe Editorial Nelly Suárez Castro Editora María Rosa Malpartida Martínez Corrección de estilo María Rosa Malpartida Martínez Coordinadora de Arte Jeannie Urbano Gutiérrez Coordinadora de Preprensa Eva Salas Lozano Ilustración de carátula Susana Venegas Gandolfo Diseño de carátula Jeannie Urbano Gutiérrez Diagramación Gladys Núñez Alvarez Primera edición 2015 © Derechos de autor reservados: Jesús Osorio © Derechos de arte gráfico reservados: Asociación Editorial Bruño © Derechos de edición reservados: Asociación Editorial Bruño Av. Arica 751, Breña Ap. 05-144, Lima, Perú Telefax: 202-4747 www.editorialbruno.com.pe ISBN: 978-9972-1-1614-8 Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú N°: 2015-04366 Proyecto Editorial N°: 31501051500375 Tiraje: 2500 ejemplares Esta obra se terminó de imprimir en abril 2015 en los talleres gráficos de la Asociación Editorial Bruño, Av. Alfonso Ugarte 1860, Ate, Lima 3, Perú Prohibida la reproducción, comunicación pública y/o cualquier forma de distribución, comercialización y demás actividades relacionadas con el contenido de esta obra -sea de forma total y/o parcial, con independencia del medio y/o soporte material que la contenga- sin contar con la autorización previa y expresa de Asociación Editorial Bruño.

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A quienes lograron darme la satisfacción de ser parte de sus vidas. A quienes el destino se los llevó apresuradamente. A mis queridos alumnos, que el tiempo no dejará que los olvide. A Edson Chávez, más que un amigo, un hermano. Que Dios los guarde en su gloria.

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Índice La mala noticia........................................................ 7 Un año antes de la tragedia.................................... 13 La despedida........................................................... 23 La tragedia.............................................................. 33 El último rescate...................................................... 59 Un sello de amistad................................................. 77

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1 La mala noticia Aquella mano plegada por el frío, un poco temblorosa, yacía aferrada fuertemente a mi pie derecho, quería zafarme, quitármela, pero sentía que me necesitaba. ¿Qué quería de mí? Ayuda, asustarme quizás o tal vez mi vida… ¿Qué era? Aún no lo sé… Aquella madrugada fue espantosa, el susto fue tal que al despertar no quería seguir durmiendo, pues temía que el sueño se repitiera otra vez. Eran las 4:48 a. m., y el espanto, el terror de aquel sueño, hizo que no duerma más. Pensativo y ya calmado 7

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encendí el televisor. Sabía que cualquier canal en ese momento era bueno. Recuerdo que los minutos pasaban lentos. Me sentía algo confundido. La atmósfera parecía distinta, algo estaba mal. El ambiente cargado de recelo, como si esperase el anuncio de una mala noticia. Traté que ese día sea el mejor y así olvidar ese horrible sueño. Al llegar a mi nuevo centro de trabajo, el colegio San Ezequiel, mi hogar desde ahora, me esmeré en cada clase como si fuera la última, y vibraba con cada lectura intensa, bromeando las veces que eran necesarias para captar el interés total de la clase y elevando la voz para que no se excedieran con las bromas. Eran alumnos nuevos para mí y no iba a ser fácil adecuarlos a mi forma de enseñar. Terminamos con una práctica y al parecer les fascinó la clase. Ya eran las tres de la tarde. Me encontraba camino a casa, pero aún el ambiente se sentía sombrío. ¡Algo pasa, pero ¿dónde?, ¿cómo?, ¿cuándo?! Las preguntas rondaban mi pensamiento y las 8

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la mala noticia respuestas se acercaban a las puertas del sepulcro, donde no se oye nada. ¿Cómo demoraban aquellos minutos?, pero ya había pasado una hora más. Cuatro de la tarde. Me volqué sobre mi cama, y por un momento pensé en mis alumnos de mi ex colegio: “¿Cómo estarán mis alumnos que dejé en primer año B, de aquel colegio San Andrés?”. Sé que la decisión de retirarme después de tres años fue difícil, pero era lo mejor para mí, y como dicen por ahí: “Por mi mejoría, mi casa dejaría”. Quise conciliar el sueño recordando todo lo que pasé, lo que viví en aquellos años de iniciación, y los párpados pesados caían sobre mis ojos anunciando la llegada de una fantasía, de un sueño, y cuando ya estaba a punto de perderme en aquel mundo de ilusión, aquella mano ya olvidada me sujetó fuertemente el pie. Quise despertar y no podía, ya estaba inmerso en el sueño, atrapado en aquel mundo, y la mano prensada hacia mí. No sabía cómo salir y el terror fue mayor cuando sentí otra mano sujetar el mismo pie, pero esta vez más arriba del tobillo, aproximadamente por la mitad del peroné. Quise moverme y no podía, lo aterrador era 9

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que mientras más intentaba moverme, esas manos me apretaban tan fuerte que sentía sus dedos uno a uno estrujar mi piel. Mi cuerpo inmóvil, petrificado por el miedo, sentía mi alma agitarse. Entendí que todo esfuerzo era inútil. En ese momento recordé a mi madre decir algún día que tuvo un sueño similar, solo que las manos que sintió le estaban ahorcando y lo que hizo para zafarse era respirar tranquila y rezar el Padre Nuestro. Eso fue lo que hice y empecé a rezar, ya calmado pude mover mis dedos y la presencia de aquellas manos se iban disolviendo en latidos pausados del corazón… Desperté, ya era cerca de las seis de la tarde y decidí salir a caminar y tomar el fresco aire del anochecer, pero aquello no se pudo concretar: el teléfono sonaba. Era una llamada. Mi esposa tomó el auricular y de inmediato me dijo: “Es para ti, parece que es un padre de familia”. —Aló, buenas noches —dije cruzando los dedos, pero creo que ni los huairuros, ni patas de conejo, menos aún la cola de zorro, pudieron haber cambiado la suerte, una que ya estaba echada. 10

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la mala noticia —Aló, profesor Osores, habla el papá de Omar. Disculpe que lo moleste, pero no sé si ya está enterado de lo sucedido en el colegio. —No, nada aún, pero ¿qué ha pasado? —Pude entender que la hora de la mala noticia había llegado. —Han muerto tres de sus alumnos y el instructor Ernesto Chávez. —¡Qué…, pero qué está diciendo! —Así como lo oye, profesor. Se fueron a un trabajo de campo, luego se metieron al mar, no vieron la bandera roja, vino un oleaje y se los llevó —hizo una pausa mientras buscaba un poco de aire para poder respirar. Parecía algo confundido, su voz se tornaba resquebrajada, el llanto era inminente, pues tenía en aquel viaje a su hijo mayor que se salvó—. Mi hijo estuvo allí, profesor. —Lloró un poco, luego prosiguió—. Gracias al cielo que no le pasó nada, pero ha quedado perturbado por lo acontecido. —¡Cálmese! —le decía mientras mi mente recorría uno a uno los posibles integrantes de aquel viaje. 11

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Impreso en los talleres gráficos de Asociación Editorial Bruño Av. Arica 751 Breña Ap. 05-144 Lima Perú Telefax: 423 7890 • 424 2272 424 4134 • 425 0282

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