El Morador - Junio 2016

 

Embed or link this publication

Description

Royal Arch magazine

Popular Pages


p. 1

El Morador nº 2 Tamuz de 2546. Junio de 2016. Año II Revista del Santo Arco Real Supremo Gran Capítulo de España 1 de El Morador nº 2

[close]

p. 2

El Morador Revista digital del Supremo Gran Capítulo de España de los Masones del Santo Arco Real de Jerusalén Junio de 2016 Edita Supremo Gran Capítulo de España Consejo de Redacción Óscar de Alfonso Ortega, Primer Gran Principal Lawrence Howard, Segundo Gran Principal Graham Simons, Tercer Gran Principal Ian Scambler Wilson, Gran Escriba E. Robert Leslie Munday, Gran Canciller Alberto Moreno Moreno, Asistente Gran Director de Ceremonias Director José Manuel Merello y Álvarez, Asistente Gran Director de Ceremonias ÍNDICE Editorial Pág. 3 La dovela clave Pág. 4 La piedra angular Pág. 8 La esfinge y los cuatro estandartes Pág. 12 El arco catenario Pág. 22 Noticias del Supremo Gran Capítulo de España - Capítulos de España Pág. 42 - Asamblea Anual 2016 Pág. 50 - Nuevos Templos Pág. 53 Bibliografía y colaboradores Pág. 54 Dirección electrónica: revistaelmorador@gmail.com Ilustración cubierta: callejón en la ciudad vieja. Jerusalén. 2 de El Morador nº 2

[close]

p. 3

EDITORIAL El Capítulo ideal debe tener la forma de un arco catenario, como el que encuentran los Moradores (Sobrestantes) en la Cámara Abovedada (es decir, una cúpula formada por las curvas llamadas catenarias). Y cuando los Compañeros permanecen en la peculiar posición en la que comparten y comunican la Palabra Sagrada están imitando esa misma forma. De la fortaleza de ese modelo arquitectónico, mayor que la de cualquier otro, podemos aprender la necesidad de salvaguardar nuestros Misterios de la profanación por medio de un secretismo absoluto. Podemos inferir también nuestra firme adhesión al orden social y a ese espíritu de unidad que ha proporcionado siempre la mayor fuerza y estabilidad a nuestra Orden, la cual ha sobrevivido al desafío de los estragos del tiempo. Del mismo modo que en el arco catenario todas las curvas tienden hacia la piedra angular, conectando y manteniendo unida toda la estructura, los miembros del Capítulo deberían cerrar filas y prestar el debido respeto a la autoridad, ya sea en la vida civil o masónica. La Piedra Clave y las dos dovelas adyacentes simbolizan a los tres Principales, pues del mismo modo que únicamente se puede acceder a nuestros secretos arrancando esas piedras, para obtener el conocimiento completo de la Orden del Santo Arco Real debemos pasar por las tres Cátedras. Esperamos ayudar a nuestros lectores a darse cuenta de que hay mucho más en nuestra Orden de lo que el ensayo ocasional de nuestro ritual les ha llevado a pensar. Quizá debiéramos exaltar únicamente a hombres capaces de apreciar nuestras ceremonias, y deberíamos ser capaces de evitar una declamación mecánica cuando tengamos que ocupar una Silla. El origen de la Masonería es mucho más natural de lo que se nos ha dado a entender, y aunque el Arco Real sea la forma más pura de Masonería, hasta hace poco no ha habido un intento serio para adentrarse en nuestro Grado Supremo, al cual consideramos como tal, como si fuera poco, ¡desde 1738!. 3 de El Morador nº 2

[close]

p. 4

La dovela clave Aquella frase que estaba en el frontispicio de entrada de la escuela platónica: "Que nadie entre aquí si no es geómetra", podría estar perfectamente en la entrada del templo masónico pues, como dice Guénon, las enseñanzas que en esa escuela se impartían no podían "ser comprendidas verdadera y efectivamente más que por una imitación de la actividad divina, lo que en lenguaje masónico equivale al cumplimiento de los planes trazados por el Gran Arquitecto o Gran Geómetra del Universo”. Ya que la arquitectura constituye una de las bases principales de los símbolos masónicos, la piedra tiene en ellos abundante representación. Entre ellas simboliza todas las obras morales y todo lo material de la inteligencia que se emplea para los fines masónicos. La clave es la dovela central de un arco, o una bóveda. Suele ser de mayores dimensiones que las demás dovelas, y a menudo está decorada, pero no por razones funcionales sino estéticas. 4 de El Morador nº 2

[close]

p. 5

Piedra clave del Centro de Arcos del Crucero de Santa María de Sirga. Palencia. España. La clave, al igual que las dovelas, se sustenta debido a la forma de éstas piezas, pues sus caras laterales, cortadas en ángulo, transmiten lateralmente parte de las tensiones, equilibrándola, y evitando que se desplomen bajo una carga vertical. La tensión horizontal de la dovela inferior se transmite al muro o a otro arco, y la vertical al muro o a un pilar. La última pieza que se coloca en la construcción de un arco es la clave. Hasta que ésta no se encuentra colocada en su lugar es necesario apear (sostener) las dovelas del arco, puesto que se encuentra inestable. Para ello se utiliza una cimbra, una estructura auxiliar que sirve para sostener provisionalmente el peso de un arco o bóveda, así como de otras obras de cantería, durante la fase de construcción. Suele ser una cercha de madera. Esta estructura, una vez montadas las dovelas y la clave, se desmonta en una operación denominada descimbrado. La escuadra y el compás se refieren a los misterios de la cosmogonía, que son los misterios de la Tierra y del Cielo, y también del hombre como síntesis nacida de la unión entre ambos. Pero en el simbolismo masónico la escuadra, que sirve para trazar figuras rectilíneas, y por tanto 5 de El Morador nº 2

[close]

p. 6

vinculadas a lo terrestre, está puesta en relación con los tres primeros grados (los que conforman la "Square Masonry"), mientras que el compás, que sirve a su vez para trazar las figuras circulares, y por consiguiente vinculadas a lo celeste, está más bien en relación con la Masonería del Arco, y en los grados de otros Ritos masónicos de alguna manera semejantes a ella. La escuadra está directamente ligada con la construcción y la obra de la cosmogonía, en la que también intervienen la perpendicular (o plomada) y el nivel. Esta es la razón de que el distintivo del Venerable de una Logia (llamado en los antiguos rituales el Maestro de la Logia, porque él es el representante de dicho grado tanto en una Logia que trabaja en grado de Aprendiz como de Compañero) sea una escuadra, que es la unión precisamente de la perpendicular y el nivel; esto es, de la vertical y la horizontal, y cuya interacción genera permanentemente la vida universal. Sin embargo, el compás está más bien vinculado con el "acabamiento" y perfección de dicha obra, perfección que desde luego ya está implícita en el grado de Maestro, pero que adquiere su desarrollo completo en el grado del Arco Real. En este sentido, y como dice Guénon, "si el grado de Maestro fuera más explícito, y también si todos aquellos que son admitidos estuvieran verdaderamente cualificados, es en su interior mismo que estos desarrollos deberían encontrar su lugar, sin que sean necesarios otros grados nominalmente distintos de aquel". Que esos otros grados sean necesarios hoy en día para cumplimentar toda la enseñanza iniciática contenida en el grado de Maestro en nada disminuye el significado simbólico de lo que este grado en el fondo representa, que es, como antes hemos dicho, la restauración del estado primordial, o del "hombre verdadero" como se dice en el taoísmo, el cual no es sino el reflejo del hombre transcendente, esto es, del propio Gran Arquitecto del Universo. Tengamos en cuenta que la restauración de ese estado es al mismo tiempo la recuperación de la "Palabra perdida", que es el fin que persigue todo el trabajo masónico, y que esa recuperación no es otra cosa que restablecer la comunicación con el "Centro Supremo" o la Tradición primordial, "porque esta Tradición no es sino una con el conocimiento mismo que está implicado en la posesión de este estado”. Tal vez todo esto lo veamos con mayor claridad si lo trasladamos al simbolismo constructivo, que es el modelo del que la iniciación masónica extrae lo esencial de su enseñanza. Y para hacerlo, nada mejor que acudir a aquellos artículos de los Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada que han sido reunidos bajo el título general de "Simbolismo constructivo", y de esos artículos concretamente los que son denominados "El simbolismo de la cúpula" y "La piedra angular", puesto que en ellos se señalan ciertos aspectos simbólicos del ritual del Santo Arco Real. En efecto, es llegado al grado de Maestro que en el simbolismo constructivo se corresponde con la piedra fundamental situada en el centro mismo del plano cuadrangular del templo (cuadrángulo que simboliza a la Tierra), que se produce el pasaje de la "escuadra al compás", o del "cuadrado al círculo”; esto es, de la Tierra al Cielo, el cual está representado por la cúpula semiesférica, situada 6 de El Morador nº 2

[close]

p. 7

lógicamente en la parte superior del edificio, en cuya sumidad se encuentra la clave de bóveda, sobre la que se dispone la piedra angular. Ésta, debido a su forma, no halla su ubicación en el templo hasta que finaliza la construcción misma, a la que la piedra angular literalmente corona al situarse en su ápice o punto más alto, es decir, en su cenit. La piedra angular es, como dice Guénon, el símbolo de la Unidad metafísica, de la que toda la construcción depende y de la que no es sino un reflejo, como lo es la propia manifestación universal del Principio in-manifestado. De esa clave de bóveda parte un eje o pilar invisible hacia el centro mismo del templo, donde se encuentra la piedra fundamental (que corresponde al altar en la simbología cristiana), la cual aparece, en efecto, como el reflejo de la piedra cimera, proyectándose a su vez en las cuatro piedras situadas en cada uno de los ángulos de la base, las que sostienen y sobre las que se apoya toda la construcción. Esta se levanta toda entera alrededor de ese eje, que es verdaderamente el símbolo del Eje del Mundo, y es él el que posibilita que una vez llegado al centro o altar se produzca ese pasaje o "exaltación" (así se llama exactamente la ceremonia de admisión al grado del Arco Real) que conduce hasta la clave de bóveda, que como su propio nombre indica, es una "clave" o "llave" que abre la "puerta estrecha" por donde se produce la salida definitiva de la construcción cósmica hacia los estados supra-individuales y metafísicos, y con ellos a la Identidad Suprema y a la Liberación, objetivo, si así pudiera decirse, de todo el proceso iniciático. 7 de El Morador nº 2

[close]

p. 8

La piedra angular En la tradición cristiana, el simbolismo de la piedra angular se basa en este texto: “Piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en piedra de ángulo” (Salmo CVIII, 22; San Mateo, XXI, 42; San Marcos, XII, 10; San Lucas, XX, 179), o, más exactamente, “en cabeza de ángulo” (caput anguli). Lo extraño es que este simbolismo casi siempre se comprende mal a consecuencia de una confusión que se hace comúnmente entre esa piedra angular y la piedra fundamental, a la cual se refiere este otro texto más conocido: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16, 18). Tal confusión es extraña, pues desde el punto de vista específicamente cristiano equivale de hecho a confundir a San Pedro con Cristo mismo. La piedra fundamental es aquella que se pone primero al comienzo mismo de la construcción de un edificio (y por eso se llama también primera piedra). Según el ritual operativo, esta primera piedra es, según hemos dicho, la del ángulo nordeste; las piedras de los demás ángulos se colocan posterior y sucesivamente según el sentido del curso aparente del sol, es decir, en el sudeste, sudoeste, noroeste. ¿Cómo, pues, podría ser rechazada durante la misma construcción? Para que sea así, es preciso, al contrario, que la piedra angular sea tal que no pueda encontrar aún su ubicación. En efecto, según veremos, no puede encontrarla sino en el momento de acabarse el edificio íntegro, y así se convierte realmente en cabeza de ángulo. 8 de El Morador nº 2

[close]

p. 9

La piedra fundamental puede ser llamada adecuadamente, en cierto sentido, una piedra de ángulo, según se lo hace habitualmente, puesto que está situada en un ángulo o en una esquina del edificio; pero no es única como tal, pues el edificio tiene necesariamente cuatro ángulos; y, aun si se quiere hablar más particularmente de la primera piedra, ésta en nada difiere de las piedras de base de los demás ángulos, salvo por su situación, y no se distingue ni por su función ni por su forma, puesto que no es, en suma, sino uno de cuatro soportes iguales entre sí. Podría decirse que una cualquiera de las cuatro piedras de ángulo refleja en cierto modo el principio dominante del edificio, pero no podría de ninguna manera ser considerada este principio mismo. Por otra parte, si realmente de esto se tratara, ni siquiera podría hablarse lógicamente de la piedra angular pues, de hecho, habría cuatro; aquélla, pues, debe ser algo esencialmente diferente de la piedra de ángulo entendida en el sentido corriente de piedra fundamental, y ambas tienen en común solamente el carácter de pertenecer al mismo simbolismo constructivo. La piedra angular tiene una forma especial y única que la diferencia de todas las demás; no sólo no puede encontrar su lugar en el curso de la construcción, sino que incluso los constructores no pueden comprender cuál es su destino; si lo hicieran, es evidente que no la rechazarían y se contentarían con reservarla hasta el final; pero se preguntan “que harán con la piedra”, y al no dar con respuesta satisfactoria deciden, creyéndola inútil, arrojarla entre los escombros. El destino de esa piedra no puede ser comprendido sino por otra categoría de constructores, que en ese estadio no intervienen aún: son los que han pasado “de la escuadra al compás” y, por esta distinción, ha de entenderse, naturalmente, la de las formas geométricas que esos instrumentos sirven respectivamente para trazar; es decir, la forma cuadrada y la circular, que de manera general simbolizan, como es sabido, la tierra y el cielo; aquí, la forma cuadrada corresponde a la parte inferior del edificio, y la forma circular a su parte superior, la cual, en este caso, debe estar constituida, pues, por un domo o una bóveda. En efecto, la piedra angular es real y verdaderamente una clave de bóveda. Pero todavía más importante, desde el punto de vista de los textos concernientes a la piedra angular en la tradición judeocristiana, es la consideración de la palabra hebrea que significa ‘ángulo’: esa palabra es pinnáh, y se la encuentra en las expresiones eben pinnáh, ‘piedra angular’, y ro’sh pinnáh, ‘cabeza de ángulo’; y resulta particularmente notable que, en sentido figurado, la misma 9 de El Morador nº 2

[close]

p. 10

palabra se emplee para significar ‘jefe’: una expresión que designa a los ‘jefes del pueblo’ (pinnôt ha-’am) está literalmente traducida en la Vu l g a t a p o r anguli populorum (I Samuel, XIV, 38). Ello también se asocia a la idea de extremidad, pero más en particular en lo que concierne a la extremidad superior, es decir, al punto más elevado o sumidad. Todas estas vinculaciones no hacen, pues, sino confirmar lo que hemos dicho sobre la situación de la piedra angular en la sumidad del edificio: aun si hay otras piedras angulares en el sentido más general de esta expresión, sólo aquélla es en realidad la piedra angular por excelencia. Y no hay solamente esos cuatro arkàn o elementos básicos, sino además un quinto rukn, el quinto elemento o quintaesencia (es decir el éter, el-athîr); éste no está en el mismo plano que los otros, pues no es simplemente una base, como ellos, sino el principio mismo de este mundo; será representado, pues, por el quinto ángulo del edificio, que es su sumidad; y a este quinto, que es en realidad el primero, conviene, propiamente la designación de ángulo supremo, de ángulo por excelencia o ángulo de los ángulos (rukn el-arkàn), puesto que en él la multiplicidad de los demás ángulos se reduce a la unidad. La piedra angular, tomada en su verdadero sentido de piedra cimera, se designa en inglés a la vez como keystone, como capstone (que a veces se encuentra escrito también capestone), y como copestone (o copingstone); el primero de estos términos es fácilmente comprensible, pues constituye el exacto equivalente de nuestra clave de bóveda (o de arco, pues la palabra puede 10 de El Morador nº 2

[close]

p. 11

aplicarse en realidad a la piedra que forma la sumidad de una arcada tanto como la de una bóveda); pero los otros dos exigen algo más de explicación. En capstone, la palabra cap es evidentemente el latín caput, cabeza, lo que nos reconduce a la designación de esa piedra como la cabeza del ángulo; es, propiamente, la piedra que acaba o corona un edificio; y es también un capitel, el cual es, igualmente, el coronamiento de una columna. Empero, antes de llegar a ello, nos falta elucidar una cuestión accesoria: acabamos de decir que la piedra cimera puede no ser una clave de bóveda en todos los casos y, en efecto, no lo es sino en una construcción cuya parte superior es en forma de cúpula; en cualquier otro caso, por ejemplo el de un edificio coronado por un techo en punta o en forma de tienda, no deja de haber una última piedra que, colocada en la sumidad, desempeña a este respecto el mismo papel que la clave de bóveda; lo mismo ha de decirse del caso especial del pyramídion. Debe quedar bien claro que, en el simbolismo de los constructores medievales, que se apoya en la tradición judeocristiana y se vincula con la construcción del Templo de Salomón como su prototipo, consta, en lo que concierne a la piedra angular, que es una clave de bóveda; y, si la forma exacta del Templo de Salomón ha podido dar lugar a discusiones desde el punto de vista histórico, es seguro, en todo caso, que esa forma no era la de una pirámide; son éstos hechos que hay que tener necesariamente en cuenta en la interpretación de los textos bíblicos referentes a la piedra angular. Obra de Jorge Méndez Blake 11 de El Morador nº 2

[close]

p. 12

La esfinge de Gizeh y los cuatro estandartes Introducción . El presente trabajo fue principalmente inspirado en la relación que tiene la Orden Francmasónica con las antiguas civilizaciones que brillaron en el pasado y que son las que heredaron la ciencia y la sabiduría por los siglos de los siglos. Un claro ejemplo de ello es la civilización asentada en la planicie de Gizeh. La Gran Esfinge de Gizeh es una enorme escultura que se encuentra en la ribera occidental del río Nilo, en la ciudad de Gizeh, a unos veinte kilómetros al sudoeste del centro de El Cairo. Los egiptólogos estiman que fue esculpida c. siglo XXVI a. C., durante la dinastía IV de Egipto (2500 antes de nuestra era). Los egipcios la llamaban Abu el-Hol (Padre del Terror), derivado de la expresión copta bel-hit, que se aplica a quien manifiesta su inteligencia en los ojos y que traduce la denominación egipcia hu o ju que significa el guardián o vigilante. Según los egiptólogos, la Gran Esfinge se realizó esculpiendo un montículo de 12 de El Morador nº 2

[close]

p. 13

roca caliza situado en la meseta de Gizeh. Tiene una altura de unos veinte metros por 57 de longitud, midiendo el rostro más de cinco. La cabeza se dice que representa al faraón Kefrén, teniendo el cuerpo la forma de un león; sin embargo, los actuales estudios realizados por distintos científicos, entre ellos geólogos, astrólogos, paleontólogos, antropólogos e historiadores, determinan que dicha esfinge data de más de 11.500 años antes de nuestra era, y que su morfología era completamente distinta a la actual, puesto que con las reiterativas restauraciones fue cambiando su morfología en el tiempo y perdiendo el significado real de la esfinge. Muchos entendidos indican después de haber efectuado un detallado estudio que la esfinge representaba una cabeza humana con cuerpo y garras de león, patas traseras de buey o toro y era un ser alado, con dos alas a los costados que podían emerger semiabiertas, siendo representativo como un todo de la avanzada ciencia astrológica que poseían los componentes de esta civilización antidiluviana. Esta teoría está por ejemplo refrendada por Samael Aun Weor, esotérico de nacionalidad mejicana, conocido mundialmente por sus avanzados estudios de la mente en relación al espíritu, a tal grado que se autocalificaba como iniciado en los antiguos misterios egipcios. Desarrollo. La esfinge representa lo que se llama un tetramorfo, un ser o ente que engloba a cuatro entidades: el hombre, el toro, el león y el águila. Nótese que se menciona toro, y no buey como en varios de nuestros rituales y libros dedicados al estudio de la Orden. Esto es debido a que el buey es 13 de El Morador nº 2

[close]

p. 14

la denominación que se da al animal que ayudaba o colaboraba en las tareas de carga, remolque y trabajo arduo que tenía el agricultor o campesino de la antigüedad, el que para lograr su mansedumbre lo inutilizaba sexualmente retirando la bolsa escrotal del toro para convertirlo en buey, y de acuerdo a nuestros textos, los cuatro estandartes de oriente representan las cuatro divisiones más importantes del ejército de Israel, por su bravura y coraje en el campo de batalla, que son: el león de la tribu de Judá, el toro como potencia fecundante de la tribu de Efraín y el águila y el hombre, como representantes de la unión de las otras diez tribus descendientes de Israel. Este hecho nos impulsa a meditar acerca de la relación que existía entre estos estandartes con el Egipto antiguo. Todas las estatuas y representaciones divinas halladas en la época muestran seres alados, polimorfos, mutantes, representantes de los más poderosos animales predadores y respetados por las antiguas culturas egipcia, minoica, indostaní, macedonia, etc. La aplicación de este hallazgo a la ritualística, y principalmente a la presencia en el Capítulo de los cuatro estandartes en el Oriente, con una ubicación idónea, y que vistos desde el punto de anuncio o anunciación son: el hombre, el buey, el león y el águila, rodean o protegen al estandarte principal que es aquel que tiene el delta encerrado en un círculo, encontrando dentro del delta la triple tau que es el símbolo característico del Capítulo. Este quinto y más importante estandarte blanco se encuentra franqueado por las dos divisiones más imponentes del ejército Israelita. Sin el ánimo de profundizar más en la tau y su significado que es tema para otro trabajo, podemos indicar que la misma desciende de la cruz ansada presente en los jeroglíficos egipcios en las manos de Isis y Osiris, alegoría religiosa de Adán y Eva, o para nuestra cultura Manco Kapac y Mamma Ojcllo. Esta cruz tau viene representada en tres, porque el tres se encuentra presente en absolutamente todo simbolismo egipcio, y ni qué decir del simbolismo del Real Arco. Son tres taus, tres pirámides mayores como tres principales, no similares ni del mismo tamaño o jerarquía; tres pirámides menores como tres moradores presentes en el occidente en oposición a los principales, y se podría mencionar mucho más. La tau o cruz ansada, llamada ANKH por los egipcios, era considerada un amuleto o inmortalidad colocada en la frente de Aarón por Moisés, 14 de El Morador nº 2

[close]

p. 15

nombrándolo sumo sacerdote. Esta cruz fue desperdigada por todo el orbe, siendo adoptada por casi todas las religiones milenarias: indoistas, druidas, celtas, cristianos, coptos, etc. por citar algunos. Era la representante del Dios Thot Egipcio. Es por todo ello que el estudio de la esfinge está totalmente asociado al de las pirámides, esas grandes construcciones que fueron analizadas con las más avanzadas tecnologías con las que cuenta actualmente el hombre y que todavía no se puede determinar cómo fueron construidas, en cuanto tiempo ni por quién. El estudio de éstas da lugar a pensar que son el recordatorio heredado de antiguas culturas antediluvianas, la perfección con la cual están construidas, sus dimensiones y la aplicación de la proporción áurea mediante el número Pi, su relación con los polos, su perfección de localización en medio del orbe terráqueo. La explicación de la cuadratura del círculo está dada por la pirámide de Keops, la mayor de las tres, y todas conjuntamente en el cauce del Nilo, son una imagen milimétricamente representativa del 15 de El Morador nº 2

[close]

Comments

no comments yet