Revista Terral - Número 21

 

Embed or link this publication

Description

Número 21 de la revista cultural Terral

Popular Pages


p. 1



[close]

p. 2

Revista Terral nº21 – Editorial-Índice - Editorial www.revistaterral.com Acudo al folio en blanco con las trágicas noticias de un nuevo atentado. “Ahora ha golpeado al corazón de Europa”, escucho en las noticias. Y añado: "y de nuevo, a hombres y mujeres que nada tienen que ver con los entramados de la política, ni con la firma de tratados que solo alcanzan a definir la enfermedad, pero que no aciertan con el diagnóstico ni con la medicina.” En lo concerniente a nuestro país –tras este paréntesis vacacional–, preparémonos para los acuerdos y desacuerdos a los que nuestros políticos nos tienen acostumbrados, y que, me temo, seguirán protagonizando con imprevisibles como la lluvia primaveral. Concluyo esta triste editorial, uniéndome, junto al equipo de Terral, al sentimiento de dolor que aflige a tanta gente que ha visto destrozada su vida por la sin razón de la barbarie, del fanatismo, de la intolerancia, de la inacción… ¡Ojalá pueda empezar la próxima editorial con la esperanza de que otro mundo sea posible! resultados tan La persona que no está en paz consigo misma, será una persona en guerra con el mundo entero (Mahatma Ghandi) Lola Buendía López– Directora de la Revista Terral - ISSN 2253-9018 www.revistaterral.com

[close]

p. 3

Revista Terral nº21 – Editorial-Índice - Revista Terral Número 21 ©Todos los derechos reservados - ISSN 2253-9018 Edición: Lola Buendía López – Enrique Bodero Moral Equipo de redacción: Ramón Alcaraz – Enrique Bodero – Lola Buendía – Erena Burattini Diseño de portada: Enrique Bodero. Imagen de portada: Main. Grabado. Autor: Dante de Virginy. http://dantedevirginy.com/ Editorial y maquetación: Lola Buendía – Juan Canales Colaboradores en este número: Cine: Ramón Alcaraz – ¿Sabías que la actriz Bette Davis pidió trabajo anunciándose en prensa? Ricardo J. Gómez Tovar – La sombra de Nick Charles Ángel Silvelo – Carol, de Todd Haynes: La mirada del otro y el deseo en un mundo infeliz Opinión/ Reflexiones: Erena B. Burattini – Misceláneas de Chile Crítica literaria: Ricardo Guadalupe – El Rey de La Habana, de Pedro Juan Gutiérrez Anna Rossell - Renovarse o morir. Lenguaje cinematográfico y holocausto

[close]

p. 4

Revista Terral nº21 – Editorial-Índice - Poesía: Coordina: Aurora Gámez Enríquez (ALAS) Poetas: Manuel Gahete –José Sarriá–Pilar Quirosa Cheyrouze–Rachida Gharrafi- Nisrin Ibn Larbi–Sali Fares–Oldubai–Aurora Gámez Relatos: Isabel Jiménez Romero – El lugar más bonito del mundo Mar Solana – Fortepiano Francisco Martos – Noche de reyes Ser escritora: Mar Solana – Los personajes de un escritor: Los Malos (III) Flamenco: Rafael Silva Martínez – Sobre el origen de la denominación “Flamenco” (V) El viajero: Pepa J. Calero – Tromso, Noruega. La puerta del Ártico Emy Luna – Un paseo por la sierra de Monchique. El Algarve, Portugal Arte: José Manuel Velasco - Arte para recomendar La otra realidad: Mariano J. Vázquez – Figuras históricas del esoterismo (III): “El enigmático conde de Saint – Germain” Diseño web: Juan Canales Molina

[close]

p. 5

Revista Terral nº21 – Cine - Cinexplicable Ramón Alcaraz García www.tallerliterario.net ¿Sabías que la actriz Bette Davis pidió trabajo anunciándose en prensa? Y no, esto no sucedió cuando empezaba, sino en sus últimos años de vida. Su nombre en realidad era Ruth Elizabeth Davis. Ha sido considerada la segunda mejor actriz de la historia del cine, detrás de Katherine Hepburn. También fue la primera mujer presidenta de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos. Nació en 1908, descendiente de familia de ascendientes ingleses, galeses y franceses. Se puso Bette por la novela de Honoré de Balzac titulada La prima Bette. Su infancia fue muy dura, sus padres se separaron cuando ella tenía 7 años y fue internada 6 años con su hermana en un severo internado, hasta que su madre se las llevó a Nueva York. Su vocación como actriz nació por influencia de Rodolfo Valentino y Mary Pickford; pero sobre todo cuando con 18 años asistió a la representación de la obra teatral El pato silvestre de Henrik Ibsen, que despertó por completo su vocación. Se presentó a pruebas y actúo con pequeños papeles en algunas películas, hasta que obtuvo un papel en La oculta providencia. Después, vio su oportunidad en papeles que rechazaba la mayoría de actrices, los de personajes de mujeres antipáticas, atormentadas, perversas, perturbadas…. Ganó dos

[close]

p. 6

Revista Terral nº21 – Cine - Oscar, con las películas Peligrosa y Jezabel: 1935 y 1938. Siempre dijo que a las estatuillas las llamaban Oscar por un comentario suyo, cuando dijo que la parte trasera de la figura se parecía a su entonces marido Harmon Oscar Nelson; pero sobre eso sigue habiendo debate. Superó la participación en 100 películas, además de 50 papeles en televisión, y eso que en cine rechazó muchos. Fue famosa su enemistad con Joan Crawford, especialmente a partir de la película ¿Qué fue de baby Jane? Como el marido de Crawford era un alto ejecutivo de Pepsi Cola, Bette exigió que le instalaran una máquina expendedora de coca colas. En la escena de la pelea, a Crawford le tuvieron que poner puntos de sutura; y se vengó cargándose de pesas en los bolsillos en la escena en que Bette la tenía que arrastrar. A Crawford le dedicó algunas frases, entre ellas: “Uno nunca debe decir cosas malas sobre los muertos, sólo se deben decir cosas buenas... Joan Crawford está muerta, ¡qué bien!". Pese a su fama de “malvada” en sus películas, y su rivalidad con Crawford, fue una gran persona en la vida real. Durante la Segunda Guerra Mundial, frente al inmovilismo y la falta de implicación de algunos magnates de las productoras, vendió bonos de guerra, visitó fábricas de armamento y animó a los trabajadores y a las tropas. En solo dos días recaudó más de 2 millones de dólares en bonos. Además, fue cofundadora de lo que se llamó la Cantina de Hollywood, un antiguo club donde se animaba a los militares con la presencia de estrellas del cine y cantantes. Realizó una gran labor hasta que finalizó la guerra, e inspiró la película del mismo nombre, La cantina de Hollywood, interpretada también por ella misma. En 1980 recibió la Medalla al Servicio Civil del Ejército, uno de los

[close]

p. 7

Revista Terral nº21 – Cine - más grandes reconocimientos que un civil puede obtener. También obtuvo otros muy importantes, entre ellos nada menos que la Legión de Honor de Francia. Tuvo el valor al inicio de su carrera para enfrentarse nada menos que a la Warner Bross, incumpliendo un contrato que ella calificó de “esclavitud”. Rodó en Londres dos películas incumpliendo su contrato y huyó a Canadá para evitar las citaciones judiciales, por eso la Warner llevó su demanda a los tribunales del Reino Unido. Durante el juicio, recibió el apoyo de la prensa inglesa. Bette volvió a Estados Unidos endeudada y sin ingresos, pero libre las “películas mediocres” de la Warner, que se vio obligada a darle grandes papeles. A partir de 1949, inició una carrea independiente de gran éxito. Fue la primera actriz en tener 10 nominaciones a los Oscar. Fue una persona de altibajos, con una vida muy intensa tanto en lo personal como en lo laboral. En un momento de declive, puso el siguiente anuncio en prensa: "Se ofrece actriz con 30 años de experiencia en el cine y todavía animosa. Con dos Oscar". Suyas son otras frases célebres: “He llegado a la cumbre a fuerza de mucho arañar, e incluso habría recurrido al asesinato para conseguirlo". "Hollywood siempre me quiso para que fuese bella, pero yo luché por el realismo". "Yo fui el Marlon Brando de mi generación". "La televisión es maravillosa. No sólo nos produce dolor de cabeza, sino que además en su publicidad encontramos las pastillas que nos aliviarán". "No me retiraré mientras siga manteniendo mis piernas y mi caja de maquillaje". Y en su epitafio dice: “Lo hizo a la manera difícil”.

[close]

p. 8

Revista Terral nº21 – Cine - Cine LA SOMBRA DE NICK CHARLES Ricardo J. Gómez Tovar http://www.ricardogomeztovar.blogspot.com/ Decía Paul Valéry que “lo negro no es tan negro”. Esta aseveración se revaloriza tras el visionado de cualquiera de las películas que integran la serie La cena de los acusados (The Thin Man), brillante de las adaptación cinematográfica andanzas del detective creado por el novelista Dashiel Lejos del Hammett a principios de los años 30. violentísimo panorama que ofrecían las películas de gángsters pre-código más populares del momento, como Scarface, El enemigo público o Hampa dorada, la llegada a las pantallas de La cena de los acusados en 1934 introduce una nota de alta comedia en las bases argumentales del cine negro, sin que de ello se resienta el enredo policiaco que se plantea a los espectadores. El tándem detectivesco que forman Nick y Nora Charles, interpretado con perfecta química de celuloide por William Powell y Myrna Loy, un encantador matrimonio que se desplaza continuamente entre San Francisco y Nueva York para resolver casos criminales, la mayor parte de ellos mientras se encuentran de vacaciones, resulta de una eficacia irresistible gracias a su intercambio de diálogos chispeantes y su afición a degustar

[close]

p. 9

Revista Terral nº21 – Cine - Martinis y otros cócteles en suntuosos decorados art Déco. Pero los acaudalados Charles no están solos en sus quehaceres de investigación. Les acompaña en todo momento un perro de raza Terrier llamado Asta a quien tratan como un miembro más de la familia, y que se encarga de aportar el toque de diversión familiar que diferenciaría a la serie de la “negrura” vertida en otras producciones del género. La tercera entrega, Otra reunión de acusados (1939), añadiría una grata sorpresa a la trama: la irrupción en escena de Nicky, el retoño nacido del matrimonio de sabuesos, quien vendría a confirmar definitivamente el sello “para todos los públicos” que la Warner Bros quería imprimir a estas aventuras policiacas sin precedentes. El éxito de La cena de los acusados daría origen a otras 5 entregas protagonizadas por la “divina pareja”, la última de ellas estrenada en 1947 con el título La ruleta de la muerte (Song of the Thin Man). Todas ellas contaron con la estilizada dirección de W. S. Van Dyke, excepto las dos últimas, que firmaron Richard Thorpe y Edward Buzzell con no menos notables resultados. Tampoco debe caer en el olvido la estupenda serie de TV homónima (titulada en español Ella, él y Asta), basada en los personajes del film original, que la MGM emitió entre 1957 y 1959 con protagonismo de Peter Lawford y Phyllis Kirk, y en cuyo episodio piloto aparecía el famoso robot Robby del clásico de ciencia ficción Planeta prohibido. El estilo interpretativo del actor William Powell, con su elegancia relajada, su sonrisa jovial y su divertido bigotillo, se ajustaría como un guante a las características del personaje concebido por Hammett. Un ex detective de renombre, casado con una esposa rica, que, a pesar de dedicar buena parte del metraje de la película a trasegar bebidas alcohólicas, nunca pierde esa lucidez que consigue revelarle finalmente, para asombro de la policía, la identidad del culpable en los complejos casos de asesinato que se le presentan. Hay quien dijo acertadamente de Powell que era el “Astaire de los diálogos”, y a juzgar por la ligereza con que soluciona entuertos en plena era del jazz, da la sensación de que obedece a movimientos coreografiados. Por su parte, Myrna Loy, apodada la “Reina de Hollywood”, y con quien Powell rodaría hasta 14 películas, prestaría sus agraciadas facciones a la heredera de la alta sociedad que se las ingenia como puede para no quedarse al margen de las actividades de su marido, muchas veces no exentas de verdadero peligro, mientras

[close]

p. 10

Revista Terral nº21 – Cine - muestra una actitud permisiva ante los (inofensivos) flirteos de Nick o enseña su lado más snob cuando aquel le presenta a sus viejos amigos, casi todos ellos relacionados con el mundo del hampa. Y es que Nick se codea con las altas esferas, pero prefiere contar con la cooperación de personajes de dudosa reputación a los que envió a la cárcel tiempo atrás y que, actualmente arrepentidos o en vías de arrepentimiento, se muestran ansiosos de prestarle sus servicios al otro lado de la ley. El hedonismo del matrimonio Charles, a quien vemos mezclar una sucesión de burbujeantes combinados mientras no cesan de recibir visitas, bienvenidas o no, armadas con pistolas cargadas o botellas de champán, en su lujoso ático de Manhattan es un poderoso “negrura”, antídoto la contra la por otra las provocada consecuencias del Crack de 1929. Su glamuroso estilo de vida y el ocurrente sentido del humor que hilvana todas sus conversaciones ejercerían, además, una palpable influencia en posteriores experimentos de parejas detectivescas, como las series televisivas McMillan y esposa, con Rock Hudson y Susan Saint James, o Hart y Hart, con Robert Wagner y Stephanie Powers, que estuvieron en antena en las décadas de los 70 y 80. La sombra de Nick y Nora Charles sigue siendo alargada transcurridas más de ocho décadas desde su debut. Si os encontráis en Manhattan y paráis un taxi, tened bien abiertos los ojos. Puede que salga de su interior un simpático Terrier seguido de sus dueños: el hombre del bigotillo y la mujer de nariz respingona y sombrero chic.

[close]

p. 11

Revista Terral nº21 – Cine - Cine CAROL, DE TODD HAYNES: LA MIRADA Y EL DESEO EN UN MUNDO INFELIZ Ángel Silvelo Gabriel Una de las válvulas de escape de la naturaleza humana es el deseo, ese incómodo compañero de viaje que nos dibuja líneas en nuestro interior sin pedírselo, y que nadie entiende más que uno mismo. Ese gen inspirador de la felicidad y el tormento, de la lujuria y la pasión, del cielo y el infierno, se puede sustentar en múltiples manifestaciones, y una de ellas es la mirada; una mirada que es un perfecto cómplice del juego de lo invisible, pues invisible es el deseo, sobre todo, en un mundo infeliz en el que ya casi nadie entiende de aquello que no es obvio y banal. El deseo se convierte así en un territorio virgen donde poder explorar nuestra propia libertad, y ahí, donde cada uno de nosotros debe enfrentarse a sí mismo para llegar a conocerse mejor, es donde surge la inestabilidad de nuestros sentimientos y el miedo a romper esos hilos que, nos mantienen unidos, a un universo tan frío como desalentador. Todd Haynes conoce todo esto muy bien, pues sustenta su película, Carol, en la mirada y el deseo en un mundo infeliz. La sociedad americana de principios de los cincuenta no se caracterizaba, precisamente, por ser un espacio de libertades, aunque caminaba poco a poco hacia esa universal proclama de los derechos civiles que, a pesar de su importancia, aún no ha conseguido derribar una buena parte de sus barreras raciales

[close]

p. 12

Revista Terral nº21 – Cine - y sociales. Esta circunstancia, como tantas otras, está presente en Carol de una forma muy sutil —si exceptuamos los comportamientos del marido de Carol—, pues Todd Haynes ha tratado de llevar al cine la novela de Patricia Highsmith mediante leves pinceladas donde lo más importante es sugerir a imponer, en contraposición con la atmósfera exterior que lo circunda todo, porque Carol, es la invitación a un viaje de experiencias interiores basadas en la intensidad de aquello que no se dice, de ahí, la importancia de las miradas; un juego donde Rooney Mara gana por goleada a Cate Blanchett. Carol es un juego inocente, pero sólo en apariencia; un juego donde además subyace una vez más el concepto de viaje como sinónimo de huida, pues es fuera de nuestro hábitat cotidiano, donde somos más propensos a manifestar esa necesidad de libertad en un mundo cerrado por los convencionalismos, y, que todavía, en la década de los cincuenta, no estaba preparado para asumir la carga moral que entonces conllevaba aceptar la relación amorosa entre dos mujeres. En este juego soterrado del deseo sin más, Todd Haynes ha adoptado la decisión de mostrárnoslo bajo la omnipresente lupa de los primeros planos de dos actrices que ejecutan muy bien ese doble reflejo que representan, la seductora (Carol), y la exploradora de nuevas sensaciones (Rooney), pues en ningún caso estamos ante un juego de sumisión, sino más bien de necesidad de encontrarse a sí mismas, en ambos casos. Para ello, Haynes utiliza el poder de una fotografía granulada y casi obsesiva en el rodaje de los interiores, con la que intenta reflejar esa nebulosa de una luz que se posa sobre los personajes como una manta de papel cebolla. Esa forma opresiva de expresión, se realza todavía más por la contraposición que supone la intensidad de la luz con la que están rodados los exteriores, como si Haynes, jugara con el espectador de

[close]

p. 13

Revista Terral nº21 – Cine - cara a resaltar las habilidades de un hábil fotógrafo, lo que unido a su forma de narrarnos la historia, donde el flashback es su mejor arma, hacen de Carol una experiencia diferente, pues estamos ante una película en ocasiones lenta y de cortos diálogos para la forma de entender el cine en la actualidad, lo que la convierten en un rara avis de la industria de Hollywood, cada día más pendiente de las catástrofes y las muertes colectivas sin sentido. Sin embargo, el gran hecho anecdótico que planea sobre Carol está directamente relacionado con la autora del mismo, Patricia Highsmith, pues esta historia de amor entre dos mujeres, está basada en un hecho real que le aconteció a la propia autora de la novela en su juventud, y que bajo el seudónimo de Claire Morgan, publicó esta novela por primera con el título de El precio de sal —vendiendo un millón de ejemplares de la misma—, no siendo hasta treinta años más tarde, cuando se volvió a editar con el título de Carol, revelándose en su epílogo las verdaderas razones de su anonimato inicial. Además, se dice que era el único libro de Patricia Highsmith en el que no había un muerto, pero no es así, pues a los tres meses después de su publicación, murió la mujer coprotagonista de esta historia lésbica. Sea como fuere, la adaptación cinematográfica de Carol, es la necesidad de encontrar el deseo en un mundo infeliz; un deseo sustentado mediante un profundo juego de miradas que siempre nos invitan al misterio y al desconcierto, como la búsqueda de la propia libertad.

[close]

p. 14

Revista Terral nº21 – Opinión - Opinión Misceláneas de Chile Erena B. Burattini Cada año viajo a mi tierra, Chile, para escaparme del frío del invierno, lo que solo consigo a lo largo del día: el clima es continental y por las noches las mínimas estivales son similares a las mínimas malagueñas invernales aunque en Santiago las diurnas sobrepasen los 30º. En la sureña Región de los Ríos donde nací, a unos 850km de la capital, llueve menos que antes por el cambio climático, donde con temperaturas inferiores a 30º el calor se puede hacer insoportable, con unas noches bastante gélidas debido a la gran variación térmica. Por supuesto que no solo esto es Chile, esa larga y estrecha franja de tierra, que por el norte arde de calor y por el sur tirita de frío. Leo la prensa chilena, escucho comentarios y me siento como en casa, España: el tema de la corruptela, los privilegios sanidad, de en los fin, políticos, estos la problemática de la educación, de la temas recurrentes, son los mismos solo que a menor escala. No hay tanta riqueza para desviar con disimulo. De aeropuertos sin aviones, ni de autopistas solitarias no he oído, pero sí se da el caso de un puente convertido en monumento de interés turístico en la sureña ciudad de Valdivia. Un puente levadizo, que debía evitar los atascos de entrada a la ciudad rodeada por ríos, al tiempo que dejar paso a los barcos de la naviera cercana. La constructora española Azvi, debió terminarlo hace dos años, pero ¡ay!, qué despiste, los dos brazos del puente fueron puestos al revés, más otros errores tan sutiles como éste. Discovery Channel

[close]

p. 15

Revista Terral nº21 – Opinión - se enteró de este grave error de ingeniería y aprovechó para filmar un documental dando a conocer urbi et orbe esta bochornosa situación. A la espera de que las demandas cruzadas entre Ministerio de Obras Públicas y la constructora se resuelvan, los brazos del puente permanecen alzados al cielo como pidiendo clemencia. Eso sí, la fruta chilena sigue sabiendo a gloria: las sandías de Paine, jugosas y dulces como la miel; los melocotones y las fresas me devuelven a mi juventud cuando los frutos de la tierra no habían sido intervenidos todavía. Siendo una ciudad pequeña, con un desarrollo económico limitado, Valdivia se destaca por sus actividades culturales y científicas, campos que al parecer no son rentables, al menos de momento. Cuenta con un Centro de Estudios Científicos (CECs) independiente, sin fines de lucro, dedicado al desarrollo, fomento y difusión de la investigación científica. Cuenta con 3 áreas: Biofísica y Fisiología Molecular, Física Teórica y Glaciología y Cambio Climático. Hace unos años el científico Stephen Hawking honró con su presencia este centro. Unas palabras para el Metro de Santiago. Me parece admirable por su limpieza, con una frecuencia de escasos minutos, y sus letreros con normas de seguridad, de civismo. Sin embargo, en las horas punta se convierte en una lata de sardinas a presión. A lo largo del tramo de la zona central de la antigua Panamericana, hoy Ruta Sur, se mantienen los puestos que venden frutas tentando a los viajeros con esos productos directos del agricultor y sus desgastados letreros que anuncian la refrescante tentación del huesillo con mote (bebida o refresco -difícil de definir-, de melocotones secos y trigo hervido con ceniza que recibe el nombre de mote). A pesar de las mejoras de la pseudo autopista sin barreras continúan impertérritos estos puestos a pie de carretera. La gente en Chile, país en vías de desarrollo, mantiene todavía una actitud humanista que hace la vida agradable, a pesar de su mentalidad menos abierta, pero más confiada que en grandes países desarrollados.

[close]

Comments

no comments yet