Pedro Peralta

 
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Pedro Peralta

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Junio - julio de 2014 Museo Nacional de Artes Visuales

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INDICE Prólogo de Enrique Aguerre Pedro Peralta: de profesión pintor, por Stella Elizaga Pensar haciendo, por Clever Lara Pedro Peralta: una poética de exuberancias, por Alicia Haber PINTURA DIBUJO GRABADO Cronología Textos en inglés Créditos 7 9 11 15 33 49 59 77 83 98

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Basurarte endémico y reciclable y el artista contemporáneo Acrílico sobre lienzo, 150 x 200 cm (2011-2012) Colección privada, Punta del Este.

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Para el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) es una enorme satisfacción contar con la muestra antológica de Pedro Peralta en sus salas. La exposición consta de pinturas, dibujos y grabados que el artista ha producido en los últimos veintisiete años. Los personajes que habitan su obra provienen mayoritariamente del mundo del arte o, más precisamente, de la historia del arte; Carlotas, meninas, enanos, gauchos y monarcas, de renombrados artistas tanto locales como europeos, posibilitan no solamente guiñadas cómplices con el espectador sino nuevas lecturas a partir de un imaginario singular. Del encuentro entre un gaucho de Blanes y la duquesa de Alba de Goya en un barco de papel, no se vuelve indemne. Esta modalidad de cita y apropiación en la obra de Peralta —todo arte existente se origina en un arte anterior— suma nuevos significados al exhibirse en un museo de arte y, entre otras curiosidades, asistiremos a la convivencia de múltiples Carlotas en un mismo espacio. Hay plena conciencia por parte del artista de su pertenencia a un universo plástico que él mismo transita y, lo más importante, nos invita a todos nosotros a recorrerlo. Quiero agradecer especialmente a Pedro Peralta por su compromiso con la muestra y por la generosidad que implica proponer actividades paralelas —en este caso serán visitas guiadas con el artista—; a la curadora Alicia Haber por su exhaustiva investigación sobre las características más destacadas de la obra de Peralta y por su participación en la elección de las obras a ser exhibidas; a Clever Lara por compartir, desde su amistad con el artista, la trayectoria de Pichín Peralta desde sus inicios como creador; a Stella Elizaga de Fundación Itaú, quien acompañó el proyecto en forma entusiasta desde el comienzo, por su permanente apoyo al arte nacional; a Eloísa Ibarra por el diseño de esta publicación, y a todas y cada una de las personas que colaboraron en la presente exposición. 7 Enrique Aguerre Director del Museo Nacional de Artes Visuales

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8 Montebabel Acrílico sobre lienzo, 200 x 150 cm (2014) Colección José Brignoni, Montevideo.

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PEDRO PERALTA: de profesión pintor Pedro Peralta presenta en el Museo Nacional de Artes Visuales una muestra de su trabajo que abarca un período de más de treinta años dedicados a la pintura. Por un lado, podemos encontrar en ella distintas etapas de la producción de este artista, lo que le da al espectador la posibilidad de ver lo prolífico y diverso de su trabajo. Por otro lado, la exposición también nos habla de la vigencia de su obra. A lo largo de este recorrido emerge un artista de finísimo oficio; basta con observar la riqueza de técnicas diferentes implementadas por él, con un estilo personal que no rehúye riesgos ni desafíos a la hora de presentar sus ideas y ejecutarlas. El tan manido debate sobre la vigencia o no de la pintura como lenguaje, sin ánimo de simplificar esta cuestión, parece perder sentido cuando nos enfrentamos al trabajo de Pedro Peralta. Si no valiera más la pena pintar desplegando el oficio de aquel cuya mano obedece perfectamente las órdenes de su cerebro, con la perfección compositiva y formal a la manera en que lo hacían los grandes maestros, ¿cómo es que este artista logra conmovernos con sus imágenes reflexionando permanentemente sobre temas sensibles que tuvieron relevancia en el pasado y no la han perdido en el presente? En esta muestra, una mención especial merecen sus grabados, concebidos sobre una matriz de madera, que nos permiten apreciar la capacidad de este artista para crear imágenes sofisticadísimas calando estas superficies con gubia que él utiliza con la ductilidad de un lápiz. Si bien la maestría y la audacia de sus líneas son el soporte de la obra, tanto en el dibujo como en el grabado y en la pintura, también es de destacar su uso expresivo del color que arranca muchas veces desde fondos muy oscuros para luego convertir las manchas en cielos luminosos y mares turbulentos. Logra así unas calidades de transparencias a partir de un trabajo de disposición en capas de pintura que dejan ver y esconden según las necesidades de la obra. La manera de pintar de Pedro Peralta nos recuerda —él mismo se encarga de traerlos a nuestra memoria sostenidos por la admiración que les profesa— a grandes maestros del Renacimiento y del Barroco. Da Vinci y Velázquez, por nombrar a dos referentes en su pintura. Lo mencionado hasta aquí describe el oficio y el carácter de Pedro, pero lo que termina de definir su personalidad y estilo pictórico es su original mirada sobre la realidad que lo involucra y alimenta su obra. Pedro revuelve en el pasado, en el propio y en el colectivo, hace memoria y nos presenta en sus obras reinterpretaciones de escenas míticas, grandiosas, y a veces mínimas e increíblemente cotidianas, donde con frecuencia mezcla la biblia con el calefón. A partir de los temas elegidos, con reflexiones sobre el pasado se proyecta hacia un futuro donde nos transmite su visión de lo sustancial en la vida: las emociones y sentimientos profundamente humanos. Así, la Carlota de Blanes es una mujer, quizá la mujer, linda y fea, desmedida y elegante a un mismo tiempo; el Palacio Salvo es una suerte de Babel a la uruguaya y el gaucho de Blanes comparte el barquito de papel con personajes de famosas obras de pintores románticos y realistas con la mirada puesta en el horizonte. La basura, otro tema tratado en una aproximación metafórica y filosófica a la forma de vida que nos identifica, sin dejar de reconocer el daño que ella significa para el alma humana y la naturaleza que habitamos. En este caso también alude al hecho de que la belleza va más allá de una mera percepción visual. Es necesario muchas veces desenterrar la belleza oculta bajo muchas capas de realidad o, como señala Pedro Peralta, de basura. Observando su obra, ante nuestros ojos aparecen personajes reales o inventados por momentos insólitos, entrañables casi siempre y muchas veces conocidos, a los que el artista resignifica situándolos en nuevos contextos que nos permiten renovadas lecturas de su lugar en la historia y su permanencia en el presente. La temática desarrollada en la obra de Pedro Peralta está cuajada de reflexiones políticas, sociales, sobre conductas humanas que nos recuerdan siempre qué tan responsables somos con respecto a nuestra propia existencia y cómo nuestra naturaleza frágil nos hace vulnerables frente a los embates del amor, del odio o de los siete pecados capitales. Pedro Peralta esgrime la pintura, y por extensión el arte, como una posible vía de redención para una humanidad hipócrita con muy poca propensión al perdón y a la comprensión del otro. Fundación Itaú agradece al Museo Nacional de Artes Visuales por albergar esta muestra, a Alicia Haber y Clever Lara por su dedicado trabajo en el desarrollo de los textos que acompañan esta exposición y, de forma muy especial, a Pedro Peralta por su extensa y magnífica obra. Disfrutemos entonces todos de su trabajo. Stella Elizaga Directora Programa Cultural Fundación Itaú 9

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10 El regreso del tío abuelo de Churchill (Mambrú) Acrílico sobre lienzo, 115 x 150 cm (1997) Colección Doro - Altan Sader, Punta del Este.

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PENSAR HACIENDO por Clever Lara Podría ser el lema de Pedro Peralta. Este artista no se suma, por lo tanto, al desdén aristocrático por lo artesanal, fundado en el pensamiento platónico y continuado en la distinción medieval entre artes liberales y artes mecánicas. Cuando en el llamado arte objetual la materia trascendida es portadora de contenidos que transforman esa materia en arte, entre esos contenidos hay ideas. Estaríamos frente a un proceso parecido a la liberación de la energía albergada en la materia. Hay quienes pueden liberar esa energía en mayor o menor grado, y quienes solo realizan manipulaciones sobre la materia sin transformarla, sin incorporarle los valores expresivos que la vuelven lenguaje. Así también es posible que en el mundo del puro concepto nos quedemos con las manos vacías, sin objeto ni ideas. Peralta opta por un hacer que en él es un hacer voraz. Ya en el pasado la ejecución compulsiva se enfrentó a la especulación meditativa. Encontramos esa polaridad reeditada una y otra vez a lo largo del tiempo. Ejemplos de ello son Miguel Ángel y Leonardo, Bernini y Borromini, y en el siglo XX, Picasso y Duchamp. Lo antes mencionado no implica juicio valorativo alguno, solo apunta a distinguir modos de ser y de sentir el acto creativo. Pichín (que es el modo en que lo conocemos todos) llegó a mi taller a comienzos de la segunda mitad de los ochenta. Venía ya con un bagaje vital y visual respirado desde su niñez en su hogar de padres artistas. Junto a su contagioso entusiasmo y a la transparencia de su personalidad, ya tenía lo que con los años se acentuó: una extraordinaria capacidad de trabajo. En su obra aparecen recurrentemente la paleta y el pincel como pilares que lo han sostenido. Un vector señalando hacia delante y una disposición a enfrentar cualquier desafío, parecen ser sus señas de identidad. Todos éramos muy jóvenes entonces y me tocó tener el privilegio de ver de cerca ese tramo de su camino. Por eso a pedido suyo accedo gustoso a evocar esos años. En cuanto a mí, volvía de Nueva York, donde había permanecido un año en usufructo de la Beca Guggenheim. Decir que transcurría el año 1985 me exime de explicar las ganas de volver a mi país. Las circunstancias hicieron que junto a mi deseo de trabajar aquí se reuniera en mi taller, en el mismo momento, gente con mucho talento. Junto con Gustavo Fernández, Álvaro Amengual, Álvaro Zinno, José María Pelayo y Juan Fuentes, estaba Pedro Peralta. Pronto decidimos emprender algunos proyectos en común. Así participamos en el año 1988, si mal no recuerdo, en la Feria Nacional de Libros y Grabados de Nancy Bacelo con carpetas conteniendo obra gráfica. Se plantearon varias líneas de trabajo con ese fin. Una de ellas, en especial, contemplaba el posmodernista problema de las citas. Versiones y diversiones, parodiando a Octavio Paz, fue el título que la identificó. 11

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Pensamos dialogar con pinturas, constituidas, por tanto, en las víctimas de nuestra atención. Había obras de la tradición occidental que incluían, como no podría ser de otro modo, a nuestro país. Esos «buques insignia» debían pertenecer a un universo de imágenes fácilmente identificables para un público medio interesado en la pintura. Curiosamente, La Mona Lisa, tal vez por el desgaste de las desacralizaciones sufridas durante el siglo XX, no contó con nuestro interés, pero se propuso una sustituta criolla: Carlota Ferreira. Este ícono del arte nacional ya había sido «versionado» por otros artistas. El caso de Vicente Martín es el que inmediatamente me viene a la memoria. Puede ser que el «enamoramiento» con esa imagen, la fijación en el interés de Peralta, provenga de aquellas épocas. Si ya estaba, estoy seguro de que lo estimuló en grado sumo. Además de Blanes otros autores y obras fueron considerados. Recuerdo a Picasso y su Guernica, a Velázquez con sus meninas y los retratos ecuestres de Felipe IV y el conde duque de Olivares, a El Bosco con sus pecados capitales y su nave de los locos, a Brueghel con sus grandes pescados voladores llevando a algún personaje a cuestas, y sus torres de Babel, entre otros artistas y obras. Viendo su obra actual compruebo que las citas se han ampliado en lo referente a los autores señalados y que se han agregado algunos otros. También se da la sustitución de Carlota, como primera figura en la obra de Blanes, por uno de sus gauchos. Este se ha transformado en representante de lo autóctono, pues la mayoría de las veces convive en el cuadro o grabado con personajes de otras épocas y lugares. 12 Grupo Prisma: Álvaro Amengual, Juan Fuentes, Pedro Peralta, Clever Lara, Gustavo Fernández, José María Pelayo y Álvaro Zinno (1987)

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De paso señalo el sincretismo y la recurrencia como características centrales de su modo de trabajar. Con relación a la segunda, el gaucho de Blanes, la botella, la lata de pintura roja y blanca, Felipe IV, Olivares, las meninas, el carro de madera, la balanza, las vastas superficies de cielo, la Carlota, la ventana abierta, gente volando, los pecados capitales, los barcos o aviones de papel aparecen una y otra vez en diferentes contextos. La llegada de David Finkbeiner, a fines de los 80, con el propósito de dar un curso de grabado en metal en el Museo Nacional de Artes Visuales, amplió las posibilidades expresivas y técnicas de varios artistas nacionales, en especial de Pedro Peralta. Como algo gratificante recuerdo a don Alfredo Testoni ya veterano compartiendo ese aprendizaje con artistas en su mayoría jóvenes. Pienso que ese momento propició la aparición de uno de los grandes grabadores nacionales. El conjunto de grabados que se puede apreciar en esta exposición es la prueba fehaciente de ello. La sensibilidad de Peralta se adapta a cada técnica abordada y puede ir de la síntesis xilográfica, donde se respira alusiones a antecedentes medievalistas, al virtuosismo casi infinitesimal de sus grabados en metal. En estos últimos, aguafuertes, puntas secas y aguatintas, campea el mundo expresivo y temático goyesco. Su dominio del dibujo y su idoneidad técnica explican esta versatilidad. En este punto, Pedro nos muestra otra faceta de su temperamento. La ejecución del grabado, y por sobre todo del grabado en metal, constituye un conjunto de operaciones mediatizadas. El resultado se construye pasando por muchas etapas. Cada una de ellas, si fracasa, hace fracasar el resultado final. Por lo tanto no es recomendable para un temperamento ansioso. Compruebo, entonces, que su empuje y energía conviven con el aplomo y la previsión, condiciones imprescindibles para un grabador. Se inscribe así Peralta en una gran tradición de artistas pintores y a la vez grabadores que tiene sus picos más altos en Durero, Rembrandt, Goya y Picasso. Por esa época tiene contacto directo con el querido maestro Luis Solari, de quien recibe influencias notorias pero con el que mantiene también en su obra diferencias profundas. En estas breves consideraciones hay que señalar el virtuosismo técnico adquirido por Peralta en el espectro que abarca el conjunto de su obra. Tampoco puedo pasar por alto su humor, su interés por el presente sobre el que opina una y otra vez y su «imaginación combinatoria». En relación con lo primero se podría elegir casi al azar una obra que avala lo dicho. Por ejemplo, su grabado titulado Tempestad en el Museo de Pueblo Garzón. Sobre su constante alusión al presente son también muchos los ejemplos elegibles: la Torre de Babel rematada por el Palacio Salvo atravesado por un avión de papel reúne el mito, la contemporaneidad global en relación con las Torres Gemelas y nuestro Montevideo. El Salvo aquí cumple la función del gaucho de Blanes para otras de sus obras. En cuanto a su «imaginación combinatoria», diría que se inscribe en la veta fantástica creadora del minotauro, el centauro, las sirenas, los faunos y un largo etc., procedentes del mundo griego que a través de los bestiarios medievales nos conducen a El Bosco y a Brueghel para llegar a Max Ernst, Dalí y los demás surrealistas del siglo XX. De lo dicho hasta aquí se desprende que el mundo visual que nos ofrece Peralta es como un río que recibe muchos afluentes, a veces apaciguado y a veces torrentoso que arrastra materiales viejos junto a otros recientes, ofreciéndonos un espectáculo de una antigua actualidad. 13

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14 Tempestad en el Museo Garzón Acrílico sobre lienzo, 200 x 150 cm (2006) Colección William Hernández, Puerto Rico.

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PEDRO PERALTA: una poética de exuberancias por Alicia Haber Pedro Peralta se define como un homo faber. Lo que más le da placer es sumergirse en el proceso creativo. Cuando comienza a crear sus pinturas, grabados y dibujos no parte de ideas preconcebidas. Pero inevitablemente plasma en ellos su mundo interior, su concepción de la vida y del ser humano y ciertas temáticas que viene desarrollando desde hace años. Ese mundo está formado de múltiples facetas: su admiración por las grandes obras de arte del Renacimiento y de los siglos XVII y XVIII, su mirada irónica a la realidad, su sentido del humor, el bagaje cultural que le aportaron sus vivencias en la niñez y juventud en el interior del país (San Carlos), sus contactos tempranos con el mundo del arte (a través de su padre Aldo Peralta y su madre Lacy Duarte), la ideología política en la que estuvo inmerso en sus años formativos (ambos progenitores fueron comunistas) y las ilusiones y desilusiones que esa ideología y su praxis supusieron y su visión crítica de la condición humana. Pedro Peralta se nutre (y lo vierte en sus obras), asimismo, de las riquezas culturales de la realidad criolla, y las riquezas de las herencias europeas que forjan el sincretismo cultural uruguayo y latinoamericano al que siempre está atento. El escritor mexicano Carlos Fuentes expresó que así como los mexicanos descienden de los aztecas y los peruanos de los incas, los argentinos descienden de los barcos. Por extensión se generó la expresión «los uruguayos descendemos de los barcos». La composición demográfica formada por corrientes inmigratorias en diversas oleadas desde las épocas coloniales hasta mediados del siglo XX forjó el imaginario de un Uruguay europeizado, aunque en realidad la cultura uruguaya se construye de componentes muy heterogéneos: inmigrantes europeos, afrodescendientes, pueblos indígenas nativos e inmigrantes fronterizos. Pero el bagaje europeo es intenso, sobre todo en lo que se refiere a la Historia del Arte, y a él le rinde homenaje Pedro Peralta sin descuidar las miradas a la cultura local. Pedro Peralta dibuja y pinta desde niño, expone desde 1983 pero consolida su lenguaje desde 1993 con la exposición Barroco Terraja en el Cabildo de Montevideo y desde 1999 en la exposición en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires. Hasta el año 2002 tuvo un lenguaje pictórico característico en el que predominaba una paleta más baja y a partir del año 2006 inició una nueva vertiente. Una tela, Tempestad en el Museo Garzón, marca el comienzo de esta nueva serie en la que se imponen los cielos, predomina una paleta mucho más luminosa y clara que en años anteriores, el paisaje adquiere protagonismo, los homenajes, citas e intertextualidades aumentan y toman un lugar evidente, y los vuelos se incrementan. También la tersura, el empleo de veladuras, el dibujo preciso y los colores planos de tipo clásico, las cualidades atmosféricas, los pasajes de luz, las características sedosas y el virtuosismo adquieren una evidente predominancia. En Tempestad en el Museo Garzón la tranquilidad de un pequeño pueblo del interior del Uruguay (Garzón) se ve trastornada al recibir una sorprendente lluvia. Desde un cielo azul, nada amenazante, las cataratas del cielo se han abierto y de ellas descienden reproducciones de pinturas de Rembrandt, Rafael, Goya, Leonardo, Blanes, Velázquez y Vermeer. Numerosos cuadros sin marco interrumpen la gran siesta criolla y contrastan con la apacibilidad de Garzón. Es un aguacero de pinturas. Lápices hipertrofiados fuera de la escala naturalista intervienen el paisaje mientras en plena calle un caballito de juguete muy grande lleva un extraño personaje. Así, en Tempestad en el Museo Garzón se expresa el poder fabulador de Pedro Peralta en una clave relativamente nueva dentro de su producción. «A pesar de mí, el arte me cayó a la cabeza», dice con humor Pedro Peralta, quien de adolescente pensaba dedicarse a la educación física.1 El artista configura un paisaje que reúne realidad y fantasía, la calle pueblerina, la arquitectura añeja y la vegetación propia del lugar. 15

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