Revista Entorno Universitario Núm 40

 

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Revista publicada por la Preparatoria 16 de la UANL

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Una publicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León Dr. Jesús Ancer Rodríguez Rector Ing. Rogelio G. Garza Rivera Secretario General Dr. Juan M. Alcocer González Secretario Académico Lic. Rogelio Villarreal Elizondo Secretario de Extensión y Cultura Dr. Celso José Garza Acuña Director de Publicaciones M.C. Sandra Elizabeth del Río Muñoz Directora Preparatoria 16 M.L.E. Ernesto Castillo Ramírez Editor Responsable M.A. Brenda Arriaga Galarza M.E.C. Myrella Solís Pérez Luis Enrique Gómez Corrección de Estilo Lic. Jorge Adrián Villarreal Cantú Nallely Nohemy Castañeda Torres Diseño Entorno Universitario, Año 14, Núm. 40, enero - julio 2014. Fecha de publicación: 5 de marzo del 2014. Revista semestral, editada y publicada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Escuela Preparatoria 16. Domicilio de la publicación: Castilla y Santander, Fraccionamiento Iturbide s/n, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México, C.P. 66420. Teléfono 52 81 80420030. Fecha de terminación de impresión: 11 de marzo del 2014. Tiraje; 500 ejemplares. Distribuido por: Universidad Autónoma de Nuevo León, a través de la Escuela Preparatoria 16, Castilla y Santander, Fraccionamiento Iturbide s/n, San Nicolás de los Garza, Nuevo León, México, C.P. 66420. Número de reserva de derechos al uso exclusivo del título Entorno Universitario, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04 – 2009 – 111812454400-102 de fecha 18 de noviembre de 2009. Número de certificado de licitud de título y contenido: 14,928, de fecha 25 de agosto de 2010, concedido ante la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación. ISSN 20071604 Registro de marca ante el Instituto Mexicano de propiedad industrial: en trámite. Las opiniones y contenidos expresados en los artículos son responsabilidad exclusiva de los autores. Prohibida su reproducción total o parcial, en cualquier forma o medio, del contenido editorial de este número. Impreso en México Todos los derechos reservados ©Copyright 2014 entornoprepa16@gmail.com Índice Octavio Paz en su Centenario Jorge Pedraza Salinas Poemas amorosos de Octavio Paz Preparatoria16, 40 años de labor editorial, paradigma en el contexto universitario Leticia M. Hernández Martín del Campo Ernesto Castillo 2 12 14 19 20 21 22 26 29 32 33 34 37 Página 1 Laude: Julio Cortázar (1914-1984) Octavio Paz El laberinto de la soledad Octavio Paz (Fragmentos, FCE, 1950) Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe Octavio Paz (Fragmentos, FCE, 1982) “Productos notables” en la unidad de aprendizaje de Matemáticas I Pablo A. Meraz López Cines y teatros en la Calzada Madero Porfirio Rodríguez Los hermanos del Hierro y la vida en la frontera Antonio Guerrero Aguilar Declaración resignada Carlos Omar Villarreal Moreno Laberinto de Muerte: la batalla de Monterrey de 1846 de Eduardo Cázares Jesús Ávila El rock en Monterrey: el sonido de la libertad Andrés Mendoza Exposición plástica de Ramón Garza, “Catador de almas” Sergio Villarreal 50 Aniversario del STUANL: memoria y presencia contemporánea Ernesto Castillo Referencia de autores 38 40 Consulta en: http: //www.uanl.mx/publicaciones/entorno/ La foto de la portada fue tomada del libro: Octavio Paz, entre la imagen y el nombre de Rafael Vargas (2010).

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Octavio Paz en su Centenario Jorge Pedraza Salinas Octavio Paz (imagen tomada del libro Octavio Paz, entre la imagen y el nombre, de Rafael Vargas, CONACULTA, 2010). Existe una tradición mexicana que no ha sido debidamente estudiada, y conviene alimentar y crear conciencia de ella en quienes estudian en nuestras universidades. Ha sido tradición que los hombres y mujeres universitarios sean también personas ilustradas, intelectuales y humanistas. Al referirme a los universitarios, no excluyo a las mujeres, por supuesto. Digo universitarios englobando ambos géneros. Insisto, es deseable que los profesionistas también sean memoria de la cultura de su pueblo. Que velen por los valores e ideales que la sociedad ha forjado a lo largo de su historia. Estudiar a Octavio Paz en esta Universidad Autónoma de Nuevo León es importante, porque él era un intelectual, que a lo largo de su existencia reflexionó y expuso muchos temas de historia y de política en México. Él, que era poeta y ensayista, también dedicó incontables horas a estudiar su relación con la patria, y así lo establece cuando, en Posdata, dice: “El mexicano no es una esencia sino una historia”. En algunos de sus libros abordó muchos temas fundamentales en la discusión sobre el Estado mexicano, consciente de que para encontrar el remedio es necesario iniciar por el diagnóstico. Enunciaré a continuación algunos de estos temas: la demografía, la crítica del centralismo, el tradicionalismo guadalupano, la burocracia tricolor, la corrupción gubernamental y la reforma política. En El ogro filantrópico, Paz inicia el libro señalando al estado como el gran personaje del siglo XX. Dice textualmente: “La naturaleza del Estado es la pregunta central de nuestra época”. En Pasión Crítica propone que México se convierta en una verdadera democracia, al modificar tres realidades actuales. Una, el centralismo, dos, las soluciones autoritarias y a, tres, el PRI: “Ojalá –dice- y retome en su totalidad, es decir, sin olvidar al demócrata Madero, su herencia como partido de la Revolución Mexicana. Sería una vuelta a los orígenes”. La Revolución comenzó en 1910 como una inmensa aspiración democrática. Este libro data de 1985. Trece años más tarde hemos visto cómo aprende el PRI a convivir con otros partidos. ¿Cuándo viviremos una descentralización política, económica, administrativa y cultural? Página 2

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Pensador y poeta Pero, antes de llegar a su obra, quisiera hablar del pensador y poeta. Paz, aunque amaba la vida, nunca tuvo miedo a morir. “Es maravilloso”, dijo en una ocasión, “estar vivo, viendo de cara a la muerte”. Sostuvo siempre que la misión del poeta --como lo era él-- es cantar a la vida, y que le gustaría morir escribiendo poemas, porque la poesía es la celebración del mundo. Todavía en vísperas de su muerte, a sus 84 años --había nacido el 31 de marzo de 1914-- el Premio Nobel de Literatura mexicano sostenía que había escrito todo lo que había querido, aunque eso no significaba que hubiera agotado los temas, pues siempre queda algo por decir y por escribir. Octavio Paz ha sido uno de los más grandes pensadores y poetas mexicanos, sin detrimento de otros destacados representantes de la literatura nacional, tanto contemporáneos como de épocas ya idas. Alguien lo definió como “el intelectual fundamental de la literatura mexicana contemporánea y, a partir de México, latinoamericano y universal. Octavio Paz es un humanista que ha guiado en aspectos muy importantes la vida de México y ha tenido influencias determinantes en la cultura universal, fundamentalmente la mexicana”. Octavio Paz recibiendo el Premio Nobel en 1990. Datos biográficos México, la ciudad de los palacios y “la región más transparente del aire”, como la llamaba don Alfonso Reyes, fue el lugar donde nació Octavio Paz en el año de 1914. Su abuelo paterno, Irineo Paz, un intelectual liberal y masón, influyó de manera determinante en la inclinación de Octavio Página 3 hacia las letras, ya que en su biblioteca éste leyó obras de los grandes autores universales. Su padre, llamado también Octavio, fue un periodista revolucionario que simpatizaba con las ideas de Emiliano Zapata, y de hecho se unió a su movimiento, lo que le valió ir al exilio en Los Ángeles, con su mujer y el pequeño hijo de ambos. Una vez que la familia estuvo de regreso en México, Paz ingresó, en 1931, a la Escuela Nacional Preparatoria. Fue la época en que, a los 17 años y en unión de otros jóvenes inquietos, entre ellos el nuevoleonés José Alvarado, dio a la luz pública su primera revista: Barandal. Ese mismo año apareció su primer poema “Cabellera”, en el periódico El Nacional. Entre 1933 y 1934 publicó, también con esos jóvenes, la revista Cuadernos del Valle de México. Su primer libro de poemas, Luna silvestre, apareció en 1933. Fue el de 1934 un año muy difícil para el joven Paz, señalado lúgubremente por la muerte de su padre, bajo las ruedas de un tren. Lo recordó en forma escueta: “una tarde recogimos sus restos”. En 1937 abandonó los estudios de derecho que había iniciado, y se trasladó a Yucatán, donde fundó una escuela para trabajadores. “Raíz del Hombre”, que fue su primer poema importante, se publicó en 1937, y le abrió la posibilidad de integrarse al grupo más famoso de jóvenes de México, que constituían la primera generación después de la Revolución mexicana. Entre ellos figuraban personajes de la talla de Salvador Novo, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, Elías Nandino, José Gorostiza y Jaime Torres Bodet. Contrajo matrimonio, ese mismo año, con Elena Garro, la novelista autora de Los recuerdos del porvenir, de quien años después se divorciaría. Fruto de ese matrimonio es Helena, su única hija. Ambos viajaron por ese tiempo a España, para asistir a un congreso de intelectuales antifascistas en Valencia. Dicho viaje, que también hizo Carlos Pellicer, le brindó la oportunidad de conocer a algunos de los más importantes escritores a nivel internacional, como André Malraux, Luis Cernuda y Pablo Neruda. En colaboración con Rafael Solana y Efraín Huerta, fundó la revista Taller, que se publicó de 1938 a 1941, y en 1943 contribuyó a la fundación de El hijo pródigo. Octavio Paz escribió sobre todos los temas, --hasta le

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compuso a Jorge Negrete la letra de una canción-- y colaboró en diferentes periódicos; recibió la beca Guggenheim, y viajó a California. Tras su ingreso en 1945 al servicio diplomático mexicano, fue enviado a París, donde residió hasta 1952. Por ese tiempo --1950-- escribió El laberinto de la soledad. Después estaría en Nueva Delhi, Tokio y Ginebra, también en misión diplomática. Residió nuevamente en la Ciudad de México, de 1953 a 1958, pero en 1959 volvió a Francia. En ese país y en La India estuvo prácticamente diez años. Contrajo matrimonio con Marie José en 1964; en 1967 ingresó al Colegio Nacional, y en 1968, a raíz de los sangrientos acontecimientos del 2 de octubre en Tlatelolco, abandonó el servicio diplomático, por no estar de acuerdo con la actitud asumida por el gobierno mexicano ante el conflicto estudiantil. Bajo los auspicios del periódico Excélsior, en tiempos de Julio Scherer, fundó la revista Plural, en 1971. La publicación duró cinco años, y dejó de aparecer a raíz del conflicto en el “Periódico de la vida nacional”, que culminó con la salida de Scherer, por lo que Paz fundó la revista Vuelta. En 1994, en ocasión de cumplir 80 años de existencia, el Fondo de Cultura Económica editó sus Obras Completas. En 1996 se registró un incendio parcial en su departamento de la colonia Cuauhtémoc, en el Distrito Federal, por lo que se vio obligado a vivir en un hotel mientras se hacían las reparaciones al inmueble. A lo largo de 1997, dado su precario estado de salud, tuvo que ser hospitalizado en varias ocasiones, y el 17 de diciembre hizo su última aparición en público, durante la ceremonia inaugural de la Fundación que lleva su nombre. Bibliografía Una de sus obras trascendentes sobre la creación literaria. Su creación, integrada por más de una treintena de libros, se puede clasificar en cinco bloques: poesía, reflexiones sobre la poesía, reflexiones o estudios sobre literatura, reflexiones o estudios sobre arte, y reflexiones o estudios sobre historia, política y naturaleza del mexicano. Entre sus obras figuran: A la orilla del mundo, Águila o sol, El laberinto de la soledad, Libertad bajo palabra, No pasarán, El ogro filantrópico, Pasado en claro, Las peras del olmo, Piedra de sol, Poesía en movimiento, Posdata, Primeras letras (1931-1943), Puertas al campo, Semillas para un himno y Los signos de rotación y otros ensayos. ensayos, Pequeña crónica de grandes días, La otra voz: poesía de fin de siglo, Itinerario, La llama doble: amor y erotismo, y Un más allá del erótico Sade. Vinieron después sus creaciones: Hombres en su siglo y otros Escribió también: La fille de Rappaccini, El fuego de cada día, Cuadrivio, Entre la piedra y la flor, y La estación violenta. Una de sus obras trascendentes sobre la creación literaria. Premios y reconocimientos La obra literaria de Octavio Paz le hizo acreedor a numerosos premios y reconocimientos, el primero de los cuales fue la Beca de la Fundación Guggenheim, en 1943. Le siguieron, en una cadena que parecía interminable, el Premio Xavier Villaurrutia, en 1956; el Gran Premio Internacional de Poesía, de Bruselas, en 1963; la designación como Miembro Honorario de la American Academy of Arts and Letters, en 1972; la concesión Página 4 Antología, Apariencia desnuda, El arco y la lira, Bajo tu clara sombra, La búsqueda del comienzo, Claude LeviStrauss, Conjugaciones y disyunciones, Corriente alterna,

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Seguidor de Reyes Al igual que el argentino Jorge Luis Borges, Octavio Paz fue seguidor de la obra de don Alfonso Reyes. Siempre tuvo palabras de reconocimiento para el regiomontano ilustre, el mexicano universal, cuya obra era ya reconocida en México y en otros países cuando el Premio Nobel apenas se iniciaba en el mundo de las letras. Y, de hecho, Reyes y Paz tuvieron, a lo largo de 20 años, un interesante intercambio epistolar. Ochenta y cuatro cartas de ambos han sido integradas en un libro que, coincidentemente, salió a la luz pública unos cuantos días antes de la desaparición física de nuestro pensador y poeta. Don Alfonso Reyes figuró como candidato al máximo reconocimiento literario universal, que desafortunadamente nunca se le otorgó. Pese a ello --nobleza obliga-- Paz reconocía la enorme valía del regiomontano, por lo que llegó a decir: "me siento deudor de un escritor del norte de México, del gran Alfonso Reyes, un poeta y prosista mal leído y que deberíamos leer con mayor atención y mayor devoción". Las visitas de Paz en Monterrey Octavio Paz estuvo en Monterrey por lo menos en tres ocasiones. En 1955 participó en eventos de la Escuela de Verano y de los Cursos de Invierno de la entonces Universidad de Nuevo León. Por lo que respecta a los segundos, dictó una serie de conferencias, la primera de ellas el 14 de febrero sobre el tema: “La creación poética”. Ocupaba la Rectoría por aquel entonces el siempre añorado maestro don Raúl Rangel Frías, a quien cupo el honor de presentar al poeta ante el expectante auditorio universitario. Expresó Paz en esa ocasión que “el poema es tan antiguo como la existencia misma del hombre. Apenas habla y hace poemas. A lo largo de la historia del hombre, la poesía parece acompañarlo siempre. Si no es fácil conocerla, sí lo es reconocerla. Sin mostrarse se revela. Es una presencia antigua que regresa siempre y siempre se fuga”. “Esta persistencia de la poesía --agregó--, no ha dejado de inquietar a los filósofos. Para algunos de ellos, la poesía ha sido una de las expresiones más altas del hombre. Para Homero, la poesía es una educadora del alma. Hesíodo la considera como reveladora del origen del hombre. Platón piensa que es una actividad peligrosa que hay que desterrar de la ciudad. Éste mismo dice que la poesía es de rango inferior, porque la considera como una copia de la copia de la idea, porque la misión de la poesía es imitar lo que ven los ojos, que no es sino una copia de una copia de las ideas, de las esencias. Estas últimas opiniones o conceptos de la poesía contienen ideas contradictorias”. La obra El laberinto de la soledad, de Paz forma parte de un conjunto de estudios en los cuales se describe la personalidad del mexicano. del Doctorado Honoris Causa, de la Universidad de Boston, en 1973. En 1977 recibió el Premio Jerusalem, de Israel; el Premio Nacional de Letras, de México, y el Premio de la Crítica, en Barcelona; en 1979, el Gran Águila de Oro, del Festival del Libro, en Niza, y el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional Autónoma de México; en 1980, el Premio Ollin Yolliztli y el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Harvard; en 1981, el Premio Miguel de Cervantes; en 1982, el Premio Internacional Neustadt, de la Universidad de Oklahoma; en 1984, el Premio de la Paz, en Frankfurt, y en 1985, el Premio Mazatlán, el Premio Oslo de Poesía y el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Nueva York. Se hizo acreedor, en 1986, al Premio Internacional Alfonso Reyes, de México, y a la Cruz de Alfonso X, El Sabio, de Madrid; recibió en 1987 el Premio Menéndez Pelayo, en Santander; el Premio T. S. Elliot, de la Enciclopedia Británica, y el Premio American Express, de Miami; en 1989, el Premio Alexis de Tocqueville, de Francia, y el Premio Mondale, de Italia. En 1990 recibió el Premio Nobel de Literatura. Página 5

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“Y según el concepto moderno, la poesía es obra de seres soñadores que no afectan a las cosas ni el destino de los hombres Pero, a pesar de juicios tan distintos, claramente percibimos, en la poesía, algo extraordinario: su persistencia. El poema es un fenómeno que se manifiesta en toda sociedad humana. Y aun en aquéllas en que se le ha juzgado como algo inútil, la poesía se ha dejado sentir en mil formas. No sería ahora ocioso preguntar si hay un decir poético, algo que solamente la poesía pueda decir; si tiene un valor tan importante o carece de significación. Así como hay un decir de los filósofos, de los físicos, de los matemáticos, etc..., así debemos saber si lo que dice el poeta con imágenes y motivos se puede expresar de otra forma. Recordemos entonces los distintos conceptos de la poesía, del poema”. “Bécquer ha dicho que poesía es la mujer amada. Si confrontamos este concepto con el de Platón, vendría un conflicto irreductible. Aristóteles expresa que es una reproducción imitativa de la naturaleza. Freud, en su Psicoanálisis, alude a la poesía como una expresión sublimada de los deseos de los sueños del hombre, que de otro modo se expresaría en neurosis. Para Marx, sólo es una superestructura”. “Si intentáramos armonizar todas estas concepciones contradictorias, produciríamos un fantasma. Serían muchas ideas, y es muy posible que todas ellas sean ciertas parcialmente, ya que corresponden a una experiencia de la poesía. Puesto que cada sistema tiene sus características, si los uniésemos en uno solo, el método ecléctico estaría condenado al fracaso”. “Todos ellos han partido de una experiencia personal. Nuestro análisis, en consecuencia, partirá, como el de ellos, del poema. El poema es la forma de cristalización de la poesía. Y al preguntarle al poema por el ser de la poesía, ¿no confundiríamos arbitrariamente poesía y poema? Ya Aristóteles decía que nada hay de común, excepto la métrica, entre Homero y Empédocles; y por esto, con justicia, se llama poeta al primero y fisiólogo al segundo. No todo poema o, para ser exactos, no toda obra constituida bajo las leyes del metro contiene poesía. ¿Pero esas obras métricas, nos preguntamos, son verdaderos poemas o artefactos retóricos? Un soneto no es un poema, sino una forma literaria, excepto cuando ese mecanismo retórico –estrofas, metro y rimas— ha sido tocado por la poesía. Por otra parte, hay poesía sin poemas”. “Ortega y Gasset nos dice que no debemos abusar del lenguaje; que nada autoriza a señalar con el mismo nombre a los poemas homéricos, los Upanishad, los sonetos de Quevedo, las fábulas de Iriarte y el Cántico Espiritual. Esta diversidad se ofrece a primera vista como hija de la Historia. Cada lengua y cada nación engendran la poesía que el momento y su genio particular les dicta. El hombre es un ser histórico, pero es algo más. Ese algo más le permite tener conciencia de su historicidad, y así trascenderla. La historia nos esclarece el sentido general de una tendencia hasta desentrañar el porqué y el cómo de un poema. Pero nunca podrá decirnos qué es un poema. En realidad, solamente constituye un auxiliar de la literatura. Como toda creación, el poema trasciende lo histórico. De aquí que la historia no pueda darnos la clave para penetrar en el centro del poema. En cambio, la poesía sí nos abre las puertas de la comprensión histórica. Es el testimonio de una época, y al propio tiempo es algo más: algo irreductible, solitario y único”. “López Velarde y Alfonso Reyes viven la misma época, y en cambio su poesía es muy distinta. Existe la lucha interna de la personalidad. Además, las obras de cada creador tienen vida propia. Y aun en la obra de un mismo autor encontramos diversidades. Los poemas son obras hechas por los hombres y tienen su característica propia. No es una obra técnica capaz de repetición. Si perdemos una obra poética, lo perderemos todo. Los distintos estilos nacen y mueren, pero las obras las leemos trascendiendo su estilo, su lenguaje. En consecuencia, cada obra representa una totalidad singular que no se puede reducir a otra. Lo único que en común tiene toda obra poética y toda obra técnica es que son obras del hombre, creadas por él. Pero la obra técnica se mueve en la historia, mientras la creación poética parece, por lo contrario, estar fuera del tiempo. Entonces, sí es lícito preguntar al poema por el ser de la poesía, ya que Ortega y Gasset parece estar equivocado en su opinión historicista”. Hasta aquí, una parte de la conferencia dictada por Octavio Paz. Merece mención el hecho de que a partir de esa visita a Monterrey y de sus conferencias ante la comunidad universitaria, se fortaleció la relación ya existente entre Paz y Rangel Frías, y se estableció entre ellos un interesante intercambio epistolar. Paz admiró la obra de Rangel Frías como rector y como gobernador. Esto último quedó plasmado en la carta que, desde París, dirigió a don Raúl el 8 de diciembre de 1961, recién terminado el mandato de éste al frente de los destinos de Nuevo León. Dice la epístola: “Sr. Lic. Raúl Rangel Frías, c/o Los Laureles, San Pedro Garza García, N. L. “Muy querido Raúl: “Gracias por tu carta del 22 de noviembre. No he recibido aún las dos publicaciones de que me hablas. Cuando me lleguen, las leeré con mucho interés. Tu obra como gobernador ha sido, a mi juicio, ejemplar. Lo que has hecho por la Universidad de tu estado, por sabido se calla”. “Recibí, hace unos días, tu Discurso Final, pronunciado ante Página 6

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los universitarios de Monterrey. Entre todo lo que dices, destaco una frase que me hace recordar nuestra juventud: Nuestros maestros son los jóvenes. Eso es lo que se olvida con mucha frecuencia en México –y en todas partes”. “Un abrazo afectuoso”. “Octavio Paz” El poeta volvió a Monterrey en varias ocasiones, una de ellas en 1994, para dictar una conferencia sobre "Cómo y por qué escribí El laberinto de la soledad, en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, con motivo de los 50 años de existencia de esa casa de cultura. Por esas fechas, el suscrito había dicho: "todo indica que todavía tendremos Paz para rato. Esto nos da mucho gusto por él, por sus amigos, por su Patria y por nosotros. Ha llegado a este momento rodeado del reconocimiento de sus contemporáneos y con una obra de la que cualquier escritor, de cualquier época y de cualquier país podría sentirse orgulloso. Pero lo más importante de todo es que aún tiene mucho que aportar y el aliento para hacerlo". Tiempo después Paz falleció. Murió en 1998 –el 19 de abril, a las 22:35 horas-, en la capital de la república. El mundo de las letras, el mundo de la cultura sufrió una gran pérdida. Su desaparición física, no por esperada –llevaba ya varios meses agobiado por una enfermedad, que al fin cobró su cuota—deja de ser dolorosa. A Paz lo llora México y lo llora el mundo entero. Nos ha quedado, sí, su obra y, a través de ella, su presencia perdurable. De su creación literaria Y precisamente de su obra he entresacado algunos textos que nos dan una idea de su calidad como escritor y de su capacidad analítica y crítica. “A todos, en algún momento –escribe sobre “El Pachuco”, en El laberinto de la soledad— se nos ha revelado nuestra existencia Página 7 como algo particular, intransferible y precioso. Casi siempre esta revelación se sitúa en la adolescencia. El descubrimiento de nosotros mismos se manifiesta como un sabernos solos; pero niños y adultos pueden trascender su soledad y olvidarse de sí mismos a través de juego o trabajo. En cambio, el adolescente, vacilante entre la infancia y la juventud, queda suspenso un instante ante la infinita riqueza del mundo. El adolescente se asombra de ser. Y al pasmo sucede la reflexión: inclinado sobre el río de su conciencia se pregunta si ese rostro que aflora lentamente del fondo, deformado por el agua, es el suyo...” “Al iniciar mi vida en los Estados Unidos residí algún tiempo en Los Ángeles, ciudad habitada por más de un millón de personas de origen mexicano. A primera vista sorprende al viajero -–además de la pureza del cielo y de la fealdad de las dispersas y ostentosas construcciones— la atmósfera vagamente mexicana de la ciudad, imposible de apresar con palabras o conceptos. Esta mexicanidad -–gusto por los adornos, descuido y fausto, negligencia, pasión y reserva— flota en el aire. Y digo que flota porque no se mezcla ni se funde con el otro mundo, el mundo norteamericano, hecho de precisión y eficacia. Flota, pero no se opone; se balancea, impulsada por el viento, a veces desgarrada como una nube, otras erguida como un cohete que asciende. Se arrastra, se pliega, se expande, se contrae, duerme o sueña, hermosura harapienta. Flota: no acaba de ser, no acaba de desaparecer”. “Algo semejante ocurre con los mexicanos que uno encuentra en la calle. Aunque tengan muchos años de vivir allí, usen la misma ropa, hablen el mismo idioma y sientan vergüenza de su origen, nadie los confundiría con los norteamericanos auténticos. Y no se crea que los rasgos físicos son tan determinantes como vulgarmente se piensa. Lo que me parece distinguirlos del resto de la población es su aire furtivo e inquieto, de seres que se disfrazan, de seres que temen la mirada ajena, capaz de desnudarlos y dejarlos en cueros. Cuando se habla con ellos se advierte que su sensibilidad se parece a la del péndulo, un péndulo que ha perdido la razón y que oscila con violencia y sin compás. Este estado de espíritu –o de ausencia de espíritu— ha engendrado lo que ha dado en llamar el ‘pachuco’. Como es sabido, los ‘pachucos’ son bandas de jóvenes, generalmente de origen mexicano, que viven en las ciudades del Sur y que se singularizan tanto por su vestimenta como por su conducta y lenguaje. Rebeldes instintivos, contra ellos se ha cebado más de una vez el racismo norteamericano. Pero los ‘pachucos no reivindican su raza ni la nacionalidad de sus antepasados. A pesar de que su actitud revela una obstinada y casi fanática voluntad de ser, esa voluntad no afirma nada concreto sino la decisión –ambigua, como se verá-- de no ser como los otros que los rodean. El ‘pachuco’ no quiere volver a su origen mexicano; tampoco --al menos en apariencia— desea fundirse a la vida norteamericana. Todo en él es impulso que se niega a sí mismo, nudo de contradicciones, enigma. Y el primer enigma es su nombre mismo: ‘pachuco’, vocablo de incierta filiación, que dice nada y dice todo. ¡Extraña palabra, que no tiene significado preciso o que, más exactamente, está cargada, como todas las creaciones populares, de una pluralidad de significados! Queramos o no, estos seres son mexicanos, uno de los extremos a que puede llegar el mexicano”. “Cárdenas –corresponde este texto a otro capítulo de El laberinto de la soledad—abrió las puertas a los vencidos de la guerra de España. Entre ellos venían escritores, poetas, profesores. A ellos se debe en parte el renacimiento de la

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cultura mexicana, sobre todo en el campo de la filosofía. Un español al que los mexicanos debemos gratitud es José Gaos, el maestro de la joven ‘inteligencia’. La nueva generación está en aptitud de manejar los instrumentos que toda empresa intelectual requiere. Por primera vez desde la época de la Independencia, la ‘inteligencia’ mexicana no necesita formarse fuera de las aulas. Los nuevos maestros no ofrecen a los jóvenes una filosofía, sino los medios y las posibilidades para crearla. Tal es, precisamente, la misión del maestro”. claridad y transparencia. Al enseñarnos a decir, nos enseña a pensar. De ahí la importancia de sus reflexiones sobre la inteligencia americana y sobre las responsabilidades del intelectual y del escritor de nuestro tiempo”. Página 8 “El primer deber del escritor, nos dice, estriba en su fidelidad al lenguaje. El escritor es un hombre que no tiene más instrumento que las palabras. A diferencia de los útiles del artesano, del pintor y del músico, las palabras están henchidas de significaciones ambiguas y hasta contrarias. Usarlas quiere decir esclarecerlas, purifi“Un nuevo elemento carlas, hacerlas de de estímulo es la verdad instrumentos presencia de Alfonso de nuestro pensar Reyes. Su obra, y no máscaras o que ahora podemos aproximaciones. empezar a contemplar Escribir implica una en sus verdaderas profesión de fe y dimensiones,es una actitud que una invitación al trasciende al retórico rigor y a la coherencia. y al pragmático; las El clasicismo de raíces de las palaReyes, equidistante bras se confunden del academismo con las de la moral: de Ramírez y del la crítica del lenguaje romanticismo de es una crítica históSierra, no parte de rica y moral. Todo las formas ya hechas. estilo es algo más En lugar de ser que una manera de mera imitación o hablar: es una manera adaptación de formas de pensar y, por lo universales, es un tanto, un juicio implícito clasicismo que se o explícito sobre la busca y se modela Alfonso Reyes, obra plástica del pintor Sergio Villarreal. realidad que nos cira sí mismo, espejo y fuente, simultáneamente, en los que el hombre se reconoce, cunda. Entre el lenguaje, ser por naturaleza social, y el escritor, sí, pero también se sobrepasa”. que sólo engendra en la soledad, se establece así una relación muy extraña: gracias al escritor, el lenguaje amorfo, horizontal, “Reyes es un hombre para quien la literatura es algo más que se yergue e individualiza; gracias al lenguaje, el escritor moderno, una vocación o un destino: una religión. Escritor cabal para rotas las otras vías de comunicación con su pueblo y su quien el lenguaje es todo lo que puede ser el lenguaje: sonido tiempo, participa en la vida de la Ciudad”. y signo, trazo inanimado y magia, organismo de relojería y ser vivo. Poeta, crítico y ensayista, es el literato: el minero, el artífice, “De la obra de Alfonso Reyes se puede extraer no solamente el peón, el jardinero, el amante y el sacerdote de las palabras. una crítica sino una filosofía y una ética del lenguaje. Por tal Su obra es historia y poesía, reflexión y creación. Si reyes es razón no es un azar que, al mismo tiempo que defiende la un grupo de escritores, su obra es una literatura. ¿Lección de transparencia del vocablo y la universalidad de su significado, forma? No, lección de expresión. En un mundo de retóricos predique una misión. Pues aparte de esa radical fidelidad al elocuentes o de reconcentrados silenciosos, Reyes nos advierte lenguaje que define a todo escritor, el mexicano tiene algunos de los peligros y de las responsabilidades del lenguaje. Se le deberes específicos. El primero de todos consiste en expresar acusa de no habernos dado una filosofía o una orientación. lo nuestro. O para emplear las palabras de Reyes, ‘buscar el Aparte de que quienes lo acusan olvidan buena parte de sus alma nacional’”. escritos, destinados a esclarecer muchas situaciones que la historia de América nos plantea, me parece que la importancia En una más de sus obras: Las trampas de la fe, Octavio Paz de Reyes reside sobre todo en que leerlo es una lección de hace alusión a otro autor regiomontano -–si no por nacimien-

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to, sí por adopción—, el presbítero Aureliano Tapia Méndez. Con el título de “Sor Juana: testigo de cargo”, escribe en el apéndice: “El enigma de sor Juana Inés de la Cruz, dije en el prólogo de este libro, es muchos enigmas: los de su vida y los de su obra. Entre todos ellos ninguno ha encendido más controversias que el de sus relaciones con la jerarquía eclesiástica. Es una discusión que empezó hace trescientos años. Un descubrimiento reciente ha puesto fin al proceso. Me refiero al pequeño libro del padre Aureliano Tapia Méndez: Autodefensa espiritual de Sor Juana (Monterrey, N. L., 1981). Es un opúsculo publicado por la Universidad de Nuevo León, que contiene una carta de sor Juana a su confesor, el padre Antonio Núñez de Miranda, precedida por un prólogo de Raúl Rangel Frías y seguida por un extenso y convincente estudio de Tapia Méndez. En las primeras páginas el descubridor relata las circunstancias de su hallazgo: en un tomo en cuarto mayor que pertenece a la Biblioteca del Seminario Arquidiocesano de Monterrey, titulado Varios Ynformes y que contiene impresos y manuscritos del siglo XVIII, la mayoría de la Ciudad de México, encontró un documento de cinco páginas y media, con este título: Carta de la Madre Juana Inés de la Cruz escrita al R. P. M. Antonio Núñez de la Compañía de Jesús. La grafía es de comienzos del siglo XVIII y la carta aparece sin fecha. Es raro que el copista haya omitido la fecha aunque esta circunstancia no basta para tachar de invalidez al documento”. “Debo decir algo del estilo y del lenguaje de la carta. El párrafo de sor Juana es largo y sinuoso, empedrado de citas y alusiones, abundante en desviaciones y cláusulas subordinadas, pero la concordancia casi nunca se rompe y el lector llega sano y salvo al final, aunque un poco mareado. El amor por las ondulaciones y circunvoluciones, así como por las figuras lógicas y los razonamientos, no viene sólo de la prosa barroca, sino de la influencia de la literatura jurídica y de la teología. Sor Juana tenía una irrefrenable propensión a razonar, argüir, reargüir y demostrar. El estilo de la carta a Núñez de Miranda es un ejemplo de estas peculiaridades intelectuales y estilísticas. Las frases son largas, más largas a veces que las de la “Respuesta a sor Filotea de la Cruz”, pero ni se rompe la concordancia ni se atenta contra la lógica. Tampoco encuentro en el vocabulario, aunque más descuidado que el de la Respuesta, nada que me haga pensar en una falsificación. A lo largo del documento reconozco no sólo casi todos los temas que figuran en la Respuesta, sino también muchas de las expresiones características de su prosa, como decir más por además. ¿Mi juicio es definitivo? En estas materias ninguno lo es. Hablo de mis impresiones y mis opiniones. Lo único que puedo decir es que el lenguaje y las peculiaridades del estilo son de sor Juana o de alguien que se apropió de su forma de escribir y de pensar. Si lo segundo: ¿por qué y para qué?”. “La carta parece, a ratos, un borrador de la “Respuesta a sor Filotea de la Cruz”. En mi primera lectura encontré sospechosas estas semejanzas: ¿cómo era posible tan perfecta y total correspondencia entre uno y otro escrito si están separados por un intervalo de más de diez años? Mi duda no era muy fundada. La continuidad entre los temas de la Carta a Núñez de Miranda y los de la Respuesta al obispo de Puebla es la de la vida misma de sor Juana. Hay correspondencia entre los dos documentos porque, a la distancia de diez años, son momentos del mismo conflicto: uno, la carta a Núñez, pertenece al comienzo y el otro, la Respuesta a Fernández de Santa Cruz, al momento culminante y final. El documento descubierto por Tapia Méndez confirma que las dificultades de sor Juana con varios altos dignatarios de la Iglesia son anteriores al lío de la “Carta Atenagórica” (1690) y deben haber comenzado hacia 1680”. “Ya señalé que, a veces, se advierten imperfecciones y descuidos. En un pasaje dice: ‘La materia, pues, de este enojo de V. R. no ha sido otra que la de estos negros versos de que el cielo tan contra la voluntad de V. R. me dotó”. Es claro que el cielo la había dotado no con ‘negros versos’, sino con la facultad de componerlos. La frase siguiente también me sorprende: ‘Éstos he rehusado sumamente el hacerlos...’. Hay otros dos o tres ejemplos más de estos descuidos e incorrecciones. Pero debemos pensar que leemos una carta particular y casi íntima (tal vez un simple borrador), escrita con no oculta impaciencia y enojo ante las habladurías y recriminaciones del padre Núñez de Miranda. Los descuidos se explican”. “El hallazgo ha sido capital no sólo por tratarse de un escrito desconocido de Sor Juana, sino porque posee un alto valor biográfico comparable al de la “Respuesta a sor Filotea de la Cruz”. En primer término nos informa sobre uno de los hechos decisivos de su vida: el rompimiento con Núñez de Miranda. Es un tema sobre el que la mayoría de sus contemporáneos guardaron silencio y del que si no hubiera sido por una indiscreción de Oviedo, el biógrafo del padre Núñez, no tendríamos siquiera noticia. Por la carta nos enteramos de que esta grave decisión fue adoptada no por Núñez, como dice Oviedo, sino por la misma sor Juana. ‘Y así le suplico a V. R. que si no gusta ni es ya servido favorecerme (que eso es voluntario) no se acuerde de mí, que aunque sentiré tánta pérdida mucho, nunca podré quejarme, que Dios que me crió y redimió, y que usa conmigo tantas misericordias, proveerá con remedio para mi alma, que espera en su bondad no se perderá, aunque le falte la dirección de V. R., que del cielo hacen muchas llaves y no se estrechó a un solo dictamen, sino que hay en él infinidad de mansiones para diversos genios, y en el mundo hay muchos teólogos, y cuando faltaran, en querer más que en saber consiste el salvarse y esto más estará en mí que en el confesor’. Estas precisas palabras nos iluminan, además, sobre la razón de haber escogido como confesor, después del Página 9

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la participación de Núñez de Miranda en la profesión de sor Juana; en su biografía del jesuita, Oviedo da a entender que él había conseguido la dote (tres mil pesos). Sor Juana dice lo contrario: ‘lo tocante a la dote, mucho antes de conocer yo a V. R. lo tenía aprestado mi padrino el capitán D. Pedro Velázquez de la Cadena’. En cambio, agrega, ‘no niego deberle a V. R. otros cariños y agasajos muchos que reconoceré eternamente, como el de pagarme maestro...’. ¿Maestro de qué? Probablemente de teología. No sin gracia rehusa a la santidad forzada a que quiere obligarla Núñez: ‘¿Soy por ventura hereje? Y si lo fuera, ¿habría de ser santa a pura fuerza? Ojalá y la santidad fuera cosa que se pudiera mandar, que con eso la tuviera yo segura; pero yo juzgo que se persuade, no se manda...’. Estas expresiones son más osadas y desenvueltas que las similares de la Respuesta. La índole íntima de una carta disculpa la aspereza de las expresiones. Además y sobre todo: la carta a Núñez de Miranda fue escrita en el mediodía de su privanza con la condesa de Paredes. Se sentía fuerte y segura”. “El descubrimiento de Tapia Méndez, lo repito, es capital. Destaco tres puntos que juzgó esenciales. El primero: confirma que no ha sido una fantasía de los críticos liberales el conflicto que ensombreció los últimos años de la vida de Sor Juana. Ese conflicto la opuso, primero, a su confesor y director espiritual, el padre Antonio Núñez de Miranda; después a su antiguo amigo y protector, el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz. En esa lucha fue decisiva la participación nefasta del misógino arzobispo de México, Francisco Aguiar y Seijas, ejemplo de furor religioso. El segundo punto: la causa del conflicto –al menos la aparente: ¿qué sabemos de las cábalas e intrigas que se anudaban y desanudaban en el palacio virreinal, en los claustros y en las sacristías?— fue la contradicción que los altos prelados veían entre su condición de religiosa y sus aficiones literarias. Le reprochaban sobre todo la funesta manía de escribir versos; también su continua comunicación con el mundo y el descuido de sus deberes religiosos. La contradicción entre religión y literatura, vida monástica y vida intelectual, era real pero la Iglesia había sido menos severa en otros casos y había perdonado a los infractores. En la crítica de los prelados era visible una pasión político-religiosa que sólo nosotros, contemporáneos de otras persecuciones ideológicas, podemos comprender cabalmente. Hay que agregar la inquina contra la mujer: los prelados compartían las ideas de su tiempo y no podían ver sino con malevolencia la excelencia femenina. Por último, la rivalidad política. Sor Juana pudo enfrentarse a sus censores porque contaba con el apoyo del palacio virreinal. Con extraordinaria sagacidad aprovechó su privanza con los condes de Paredes para dar la cara a sus enemigos y callarlos. Su lucha puede verse como un episodio de las relaciones, con frecuencia tormentosas, entre el palacio virreinal y el arzobispado”. “El tercer punto es, quizá, el central. Todos los que, en la época moderna, Nuestro historiador Aureliano Tapia también fue un estudioso de la “primer poeta americana”. teólogo Núñez de Miranda, al extático Arellano: el querer vale más que el saber. Sor Juan continúa: ‘¿Qué precisión hay en que esta salvación mía sea por medio de V. R? ¿No podrá ser por otro? ¿Restringióse y limitóse la misericordia de Dios a un hombre, aunque sea tan discreto, tan docto y tan santo como V. R?’. Es difícil decir más en tan pocas líneas. Con unas cuantas frases, aparecidas tres siglos después de su muerte, Juana Inés de la Cruza deshace un edificio de mentiras piadosas”. “La carta, además, nos da noticias explícitas sobre asuntos que habían sido motivo de meras conjeturas. Por ejemplo, al hablar del Arco Triunfal de 1680 (“Neptuno alegórico”) corrobora lo que yo había supuesto: el encargo del Cabildo se debió a una indicación del virrey-arzobispo fray Payo de Ribera. Es conocida Página 10

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han estudiado a sor Juana han pensado que el rompimiento con Núñez de Miranda coincide con la crisis de 1690, es decir, con el escándalo que provocó la publicación de su crítica al Sermón del Mandato del padre Vieyra. En este libro he aventurado otra hipótesis: ‘Desde 1680 se vio claro que sor Juana, lejos de consagrarse a la teología o a la vida ascética, estaba decidida a participar más y más en la vida literaria y sus agitaciones. Entre 1680 y 1690 su vida literaria y mundana alcanza la máxima intensidad: la tertulia de San Jerónimo, la amistad con María Luisa, las comedias y las loas, los poemas cortesanos y los eróticos, la incesante correspondencia con colegas y admiradores de Madrid, Sevilla, Lima, Quito. Tal vez Núñez de Miranda se retiró durante esta época’’ (p. 553). La carta de Sor Juana ha corroborado mi suposición”. “En su erudito y perspicaz análisis de la misiva, el padre Tapia Méndez afirma que la fecha probable de redacción fue el año de 1681. Por mi parte, dudo entre 1681 y 1682. Sor Juana menciona algunos de sus ‘escritos públicos’ y se refiere expresamente al Arco, es decir al “Neptuno alegórico” (noviembre de 1680) y a dos loas a los años del Rey, una ordenada por fray Payo (anterior a 1680) y otra mandada por la condesa de Paredes (según Méndez Plancarte debe fecharse el 6 de noviembre de 1681 u 82). En cambio, no menciona el certamen poético de la Universidad (“Triunfo parténico”) en el que obtuvo dos premios. Así pues, la carta fue escrita antes del certamen. Ahora bien, en realidad hubo dos certámenes: uno en 1682 y otro en 1683. Sor Juana fue premiada en el segundo certamen. Es razonable pensar que la carta se escribió después del 6 de noviembre de 1681 y antes de 1863. La ruptura con Núñez de Miranda duró un poco más de diez años. Durante todo ese tiempo su confesor fue, quizá, el padre Pedro Arellano, conocido ‘extático’. ¿Cómo pudo sor Juana hacer frente por más de diez años al poderoso Núñez de Miranda? En primer lugar, por el apoyo del palacio virreinal. Además, aprovechó la rivalidad entre los altos dignatarios y muy probablemente el obispo de Puebla la protegió hasta 1690”. “Las luchas y el fin de Juana Inés de la Cruz son un capítulo impresionante de la historia entre la libertad intelectual y el poder. La significación de este conflicto había sido oscurecida por la pasión doctrinaria de varios críticos católicos, algunos de ellos en verdad eminentes, como el padre Méndez Plancarte. Sólo hasta ahora, al final de este siglo que ha conocido persecuciones ideológicas en una escala superior a la padecida por Sor Juana, podemos comprender su vida y su sacrificio. Comprender es algo más que entender: significa abrazar, en el sentido físico y también en el espiritual”. De los textos anteriormente citados, así como del repaso de su obra, salta a la vista que estudiar la historia de su propio país fue para Paz una vuelta a sus propios orígenes, un re-conocimiento de sí mismo. Invitó a los jóvenes a velar por los valores e ideales que la sociedad ha forjado a lo largo de su historia, para mejorar como estudiantes universitarios y al mismo tiempo, crecer como seres humanos. Paz: estudioso de la cultura mexicana (imagen: Rafael Vargas). Página 11

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Poemas amorosos de Octavio Paz Tu nombre Nace de mí, de mi sombra, amanece por mi piel alba de luz somnolienta. Paloma brava tu nombre, tímida sobre mi hombro. Tus ojos Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima, silencio que habla, tempestades sin viento, mar sin olas, pájaros presos, doradas fieras adormecidas, topacios impíos como la verdad, otoño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro de un árbol y son pájaros todas las hojas, playa que la mañana encuentra constelada de ojos, cesta de frutos de fuego, mentira que alimenta, espejos de este mundo, puertas del más allá, pulsación tranquila del mar a mediodía, absoluto que parpadea, páramo. Primer día, 1935 El girasol, 1948 Dos cuerpos Dos cuerpos frente a frente son a veces dos olas y la noche es océano. Dos cuerpos frente a frente son a veces dos piedras y la noche desierto. Dos cuerpos frente a frente son a veces raíces en la noche enlazadas. Dos cuerpos frente a frente son a veces navajas y la noche relámpago. Dos cuerpos frente a frente son dos astros que caen en un cielo vacío. Piedra de sol (fragmento) Voy por tu cuerpo como por el mundo, tu vientre es una plaza soleada, tus pechos dos iglesias donde oficia la sangre sus misterios paralelos, mis miradas te cubren como yedra, eres una ciudad que el mar asedia, una muralla que la luz divide en dos miradas de color durazno, un paraje de sal, rocas y pájaros bajo la ley del mediodía absorto, La estación violenta, 1957 Condición de nube, 1944 Página 12

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Movimiento (fragmento) Si tú eres la yegua de ámbar yo soy el camino de sangre Si tú eres la primera nevada yo soy el que enciende el brasero del alba Si tú eres la torre de la noche yo soy el clavo ardiendo en tu frente Si tú eres la marea matutina yo soy el grito del primer pájaro Si tú eres la cesta de naranjas yo soy el cuchillo de sol Si tú eres el altar de piedra yo soy la mano sacrílega Coda Tal vez amar es aprender a caminar por este mundo. Aprender a quedarnos quietos como el tilo y la encina de la fábula. Aprender a mirar. Tu mirada es sembradora. Plantó un árbol. Yo hablo porque tú meces los follajes. Homenaje y profanaciones, 1960 Dos es uno Baja desnuda Árbol adentro, 1988 (Selección poética de Ernesto Castillo) la luna por el pozo la mujer por mis ojos Vuelta, 1975 Antonio Canova, escultor del siglo XIX, reflejó el tema amoroso en sus obras a partir de una concepción clásica grecolatina del arte. Página 13

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