El Cuarto de siglo

 

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Amar es quedarse quieto ante lo amado, es contemplarse y descubrir en el reflejo del otro, una incandescente mirada. Amar es describirse a sí mismo, en el destello del otro. Por eso Arcelia (Chelys) Ayup Silveti y Salvador Hernández Vélez se exploran el a

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Arcelia Ayup Silveti Salvador Hernández Vélez EL CUARTO de siglo

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Ayup Silveti, Arcelia Hernández Vélez, Salvador EL CUARTO de siglo / Ayup Silveti-Hernández Velez México: May, 2015. 176 p. ; 21 cm Primera edición 2015 © Arcelia Ayup Silveti www.arceliaayup.com © Salvador Hernández Vélez www.jshv.blogspot.mx D.R. © 2015. Diseño: Mago Soluciones Empresariales S.A. de C.V. www.magosoluciones.mx mago.empresariales@gmail.com Facebook: Mago Soluciones Impreso en México / Printed in Mexico.

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Prólogo Relatos de Arcelia I. El cuarto El cuarto de siglo Primer lustro Viesca Jimena Tomás Garrido Canabal De nuevo en Torreón Reencuentro con la historia II. La vela en vela Convicciones Presentación del libro Evocaciones del sabor y del alma Placeres gastronómicos en mi tierra Enraizador De latidos y biznagas en Matamoros Recortitos Ecos de De latidos y biznagas Doña Arcelia Silveti Mejía Ocho décadas Ensueños y verdades Jimena Catorce de julio La vela en vela Relatos de Salvador III. Nací en el semidesierto El semidesierto: un provocador de ausencias Viesca y Acacio en el semidesierto ardiente 27 de enero, un día para guardar en la memoria Tu ausencia, es tu presencia Mi afecto se agranda Hace 75 años ¿Dónde está mi mamá? Entrevista en GREM por Marcela Pámanes Recuerdos de la vida en Acacio Refranes Mi historia lectora Viesca, de oasis a páramo Presentación del libro El Movimiento Urbano Popular en La Laguna 1970-1980 Sabines a todas horas, en todas partes Algo de mi historia matemática 8 Índice EL CUARTO de siglo 11 15 16 20 22 24 26 28 30 33 34 38 42 44 50 52 60 72 78 80 82 88 93 94 100 108 110 114 116 118 122 142 146 148 154 160 164 170 9

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- Prólogo de una incandescente mirada - Amar es quedarse quieto ante lo amado, es contemplarse y descubrir en el reflejo del otro, una incandescente mirada. Amar es describirse a sí mismo, en el destello del otro. Por eso Arcelia (Chelys) Ayup Silveti y Salvador Hernández Vélez se exploran el alma al escribir sobre la arena del semidesierto su vida en común, sus afinidades, pero sobre todo, sus asombros: el placer de vivir. El cuarto...de siglo es más que un juego genial de las palabras, es la materialización de un espacio físico compartido y es también un intento de hojear el tiempo de la única forma humana que es posible: escribiéndolo. Para este cuarto de siglo, no se me ocurre una idea mejor que este regalo mutuo de descripciones nítidas en la que sus dos visiones se fusionan sobre el paisaje preñado de biznagas, flores de dama de medianoche y yucas. Pero sobre todo -sus visionesse entrelazan con el paisaje humano, al recorrerlo con acciones solidarias y con la congruencia que les caracteriza. 11

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Prólogo EL CUARTO de siglo A Chelys, mi contemporánea y condiscípula de preparatoria y de carrera profesional la conozco desde finales de la década de los ochenta. De ella siempre me ha maravillado su agudo sentido del humor. He compartido con ella la fascinación por la extraordinaria vida de la gente simple de nuestra entrañable Laguna, de donde no me he ido del todo, pese a residir desde hace veinticuatro años en Chihuahua. De Salvador conozco su integridad ideológica, su mano solidaria y el pragmatismo con el que transforma sueños en posibilidades y crecimiento para el prójimo. También conozco su amor por la naturaleza y el infinito asombro con el que navega por ese amplio mundo de ciencia. Este libro bilateral me sacudió el corazón y me aceitó las bisagras del alma, con el atractivo relato de dos seres que se encuentran y se contemplan a veinticinco años de vida en común, retornando, una y otra vez, al oasis de sus orígenes, a su amado semidesierto. Cada uno, a su modo, describe ese mundo que todos los que salimos físicamente de La Laguna, enterramos en el pecho. Fijan sus miradas en un mundo en el que las personas son más importantes que las cosas, en el que se encuentra la belleza en la escasez del paisaje y en donde aportan todo lo que tienen para hacer un mundo mejor. En fin, este texto es un reencuentro con lo mejor de nosotros mismos y con la certeza de que, aunque nos alejemos de nuestro terruño, siempre llevaremos en el corazón una extraña flor que se abre, bronceada de luna, una vez al año. Enrique Lomas Urista 12 13

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Relatos de Arcelia -IEl cuarto 14 15

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El cuarto EL CUARTO de siglo - El cuarto de siglo El cuarto de siglo ha sido increíblemente fugaz. Recuerdo muchas anécdotas como si no hubiese tal distancia, porque oteo un pasado inmediato. Pero el espejo nos regresa nuestra piel alejada de lozanía y una menor intensidad en nuestras miradas. Muchas veces lo ignoramos, porque no coincide la imagen reflejada con la fortaleza interna. Tenemos aún muchos sueños como pareja, como familia y como individuos. Hemos tenido la fortuna de haber forjado gran cantidad de ellos. Nos encontramos a través de la lectura. En 1988, ambos teníamos un propósito: el mío era contar con un trabajo después de obtener mi título profesional; el de Salvador, ganar la elección como Coordinador de la Unidad Torreón de la Universidad Autónoma de Coahuila. Sin conocernos, los dos trabajamos por esos objetivos desde nuestras respectivas trincheras. Me fue fácil colarme en la campaña, entre estudiantes y maestros para trabajar a favor del candidato. Para él, la campaña fue pan comido, ya que tenía gran experiencia como líder de los movimientos sociales en La Laguna. En ese tiempo, yo escribía algo 16 parecido a la poesía. Mi maestro y amigo Saúl Rosales, me invitó a colaborar con algunos poemas en el suplemento cultural de La Opinión, hoy Milenio Laguna, mismos que leyó Salvador. En el último grado de carrera universitaria llevé la materia de Análisis de medios, con Juan Noé Fernández Andrade. En ésta conocí las declaraciones de un tal Salvador Hernández Vélez. Se defendía de la prensa ante las acusaciones de ser comunista, al afirmar: “Si ser comunista es buscar que los compañeros puedan aspirar a tener un pedazo de tierra y luchar con ellos, sí soy comunista. Si ser comunista es ayudarles a los compañeros a que tengan agua y drenaje, sí, soy comunista. Si ser comunista es vivir con los compañeros en un jacal, sí, soy comunista.” Cuando supe de ese hombre, deseé uno como él para compartir mi vida. Fue precisamente Juan Noé quien nos presentó; Salvador había ganado la contienda y yo ya tenía un trabajo. En la primera reunión de trabajo, Salvador me preguntó si era la misma que escribía en La Opinión. Sonreí, asintiendo. Nunca imaginé que el mismo hombre que dibujé en mi mente, podría ser mi lector. A partir de entonces surgieron largas y amenas conversaciones literarias. Me regalaba libros de poesía, de Mario Benedetti, de Jaime Sabines, de Pablo Neruda y de quien se le atravesara por su camino. Para mí, nunca fueron obsequios planos, podían llevarme a conocer “nuevos canales interoceánicos”, a saber que “el amor es el silencio más puro”, y que “para mi corazón basta tu pecho, para tu libertad bastan mis alas”. Las oficinas de ambos estaban a seis cuadras de distancia. El edificio de la Coordinación, en la confluencia de bulevar Revolución y la calle Comonfort y Difusión Cultural en ésta última y en la avenida Abasolo. Pocas veces podía usar el coche de mi familia, por lo general viajaba en el camión rojo TorreónMatamoros. Me dejaba en la esquina de la Coordinación y 17

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El cuarto EL CUARTO de siglo caminaba a mi oficina, que consistía en un pequeño escritorio en un área común. Un día, al término de mi jornada laboral, cuando me dirigía a tomar el trasporte, observé un grupo de personas platicando en la banqueta de enfrente. Todos vestían de traje y rodeaban al coordinador en busca de su atención. Al verme, Salvador se separó de los hombres para acercarse más a la acera y sin más, gritó varias veces: “¡Arriba Matamoros!” Me dio mucha pena. Todos me observaban y solo atiné a decir: “Buenas tardes, ingeniero, ¿cómo está?”. Él sabía lo mucho que me gustaba escuchar la trova cubana, en especial a Pablo Milanés. Al enterarse de su presentación en Torreón compró tres boletos para los mejores lugares y fuimos con Mariel, una amiga y compañera de trabajo. Llegamos puntuales al Auditorio Municipal. Yo había cortado una rosa roja del jardín de mi casa para buscar el momento de entregársela a Pablo. A nuestra llegada, muchas personas saludaron al funcionario, quien llevaba mi flor en la mano. En ese espléndido concierto canturreamos sin pudor. En el turno de la canción “Yolanda”, casi la totalidad del público cantaba. Milanés calló por un momento. Dejaron un solitario reflector sobre el artista, entonces, me levanté para entregarle la rosa, el cubano la tomó y se la puso en la bolsa de la camisa. Nadie me vio, quienes saludaron al coordinador quizá pensaron que fue él quien le obsequió la flor al cantante. Con frecuencia la secretaria de Salvador me llamaba de parte de él para que fuera a su oficina. Tan pronto llegaba, ella me pasaba a la sala de juntas mientras él terminaba de atender el asunto que lo ocupara. Cuando terminaba, me llevaba algún libro y platicábamos largo rato. Después, seguía despachando la gran cantidad de personas que deseaban hablar con él. Las conversaciones literarias se tornaron cada vez más personales. Ambos pensamos que fue una causalidad y numerosas afinidades las que nos unieron como pareja. Salvador recibió una invitación para ser parte del equipo de Hugo Andrés Araujo de la Torre, quien era el Secretario General de la Confederación Nacional Campesina. Se fue a vivir a la Ciudad de México y durante ocho meses nos vimos solo los fines de semana. Llegaba el viernes por la tarde a Torreón y se regresaba en el primer vuelo cada lunes al Distrito Federal. 18 19

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El cuarto EL CUARTO de siglo - Primer lustro En la Cuidad de México conocimos a muchos amigos y vivimos con ellos innumerables anécdotas. Recuerdo, por ejemplo, que a pocos días de nuestra boda y de habernos instalado en el departamento en el que viviríamos, nos fuimos a cenar con un gran amigo de Salvador, quien después fue también entrañable amigo mío: Carlos “Carlitos” García Romo. Nos citó en el Fridays, de Insurgentes y Pilares, cerca del Parque Hundido. Yo llevaba puestos “unos zapatos de Cuauhtémoc”, que resultaban un verdadero martirio a mis pies, así que una vez en la mesa, procedí a despojarme de inmediato de tal tortura. Mis grandes pies, descansaron durante la amena charla con Carlitos, pero justo antes de retirarnos, empecé a buscar uno de mis zapatos y no lo encontré. Con discreción le dije a Salvador que me diera mi zapato, pero él gritó y buscó bajo la mesa, ¡no había tal! Ambos miramos a Carlitos, quien se declaró inocente. Ante nuestra inquietud, el mesero se acercó de inmediato a preguntar qué sucedía. Llamó al capitán de meseros quien acudió para preguntarme si estaba segura de que al llegar portaba ambos zapatos. Afirmé. Luego el mismo capitán buscó bajo la mesa, sin ningún resultado. Con mucha solemnidad se dirigió al resto de los comensales para contarles lo sucedido. Declaró que se veía obligado a cerrar las puertas hasta dar con el autor del delito. Mientras hablaba, un gran reflector proyectaba la luz sobre mí y luego sobre el otro zapato. Todos se declararon inocentes. El capitán nos dijo que lamentaba mucho lo sucedido, que trabajarían en ello para evitar me regresara a mi domicilio con un solo zapato. Momentos después la luz del reflector enfocaba hacia una larga fila de meseros, el primero de ellos presumía mi zapato en un gran cojín. Todos aplaudieron. Mientras vivíamos en el Distrito Federal, descubrimos una ciudad cosmopolita, a la cual fuimos por lo menos ocho veces: Nueva York. Durante nuestras visitas a la Gran Manzana, caminábamos casi todo el día, pues queríamos visitar la mayor cantidad de lugares posibles, pero ni así nos fue posible conocerla del todo. 20 21

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El cuarto EL CUARTO de siglo - Viesca Desde el inicio de nuestro matrimonio tuvimos la vida entre la Ciudad de México y Torreón; después entre Saltillo y Torreón, en esa transición compramos una casa en Viesca a solicitud inicial de mi suegra doña Manuela Vélez Adriano. De manera que pasábamos unos días en Saltillo, para cumplir con los horarios laborales de Salvador y míos, y escolares de Jimena. Mi suegra disfrutaba enormemente estar en Viesca en compañía de sus hijos con sus respectivas familias, yo creo que a todos nos agradaba y nos sigue agradando. Los fines de semana los repartíamos entre Torreón y Viesca. Posteriormente, tuvimos que quedarnos de planta en Torreón, aunque Salvador iba a Saltillo algunos días, pues entonces era diputado local. La primera vez que participé de tiempo completo en una campaña política fue precisamente en la candidatura de mi esposo para diputado federal, en 1994. Realicé proselitismo a su favor en casi todo el distrito. Organizaba pequeñas reuniones con familias y colonos, en las cuales les daba a conocer la trayectoria de mi marido así como su plataforma política. Dedicaba doce horas al día durante todo el proceso electoral, que entonces era de hasta tres meses. Las campañas se llevan a cabo en primavera, con temperaturas de más de cuarenta y dos grados a la sombra. También colaboré en la campaña de Salvador para diputado local en 1996. En esa ocasión la victoria no fue como la habíamos imaginado, porque el resto de los candidatos no ganaron. Perdimos la presidencia de 22 Torreón y los demás distritos. Durante ese periodo legislativo nos fuimos a vivir a Saltillo. Hemos sido nómadas, así nació Jimena, con la vida en varios escenarios. En este cuarto de siglo han sido once casas en las cuales hemos vivido. En 2008 Salvador participó como candidato a diputado local por el Onceavo Distrito de Coahuila. Trabajé nuevamente en la campaña con el equipo. En las tres contiendas en las que ha sido candidato, por fortuna, en todas le favoreció el voto. 23

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El cuarto EL CUARTO de siglo - Jimena Después de ocho años de matrimonio, nació Jimena en Saltillo, en 1998. Nuestra hija aprendió desde que era bebé a cambiar de ambiente y de ciudad constantemente, a convivir con muchas personas de diferentes edades, estratos, profesiones y oficios, lo cual le ayudó a ser adaptable a muchas circunstancias. En 2003 le pidieron a Salvador que coordinara en Torreón la campaña de Laura Reyes Retana. Jimena cursaba la preprimaria y durante los cuatro meses que él debía estar en la comarca nos trasladamos a Torreón e inscribimos a Jimena en un colegio de esa ciudad. Al término de las elecciones regresamos a Saltillo. Los tres hemos ido construyendo amistades de estos sitios. Entre lo que más hemos disfrutado juntos está ir a Viesca. A mí en particular me gusta muchísimo el sabor de campo. Tenemos seguridad y libertad de no estar al pendiente de cerrar las puertas con llave cada vez que entramos, Jimena podía andar libremente en la calle, sin las preocupaciones propias de la ciudad. Hace años, ella y yo nos desplazábamos en bicicletas para ir a visitar a las primas de Salvador y ahora me pasea en una cuatrimoto. También me agradaba que mi hija tuviese contacto con elementos sencillos de la naturaleza. En nuestra casa de Viesca conoció cómo las gallinas y otras aves ponen sus huevos; cómo germinan las nueces, las uvas o el azafrán y cómo crecen los nopales y los chiles. También observó cómo crecían, semana a semana, los chivos y se asombraba con la extraordinaria belleza y altivez de los pavorreales. Año tras año recolectábamos las moras de los árboles vecinos y nos sentábamos en el zaguán a disfrutarlas. En Semana Santa, recogíamos tronadores en la plaza, es un arbusto cuyo pequeño fruto alargado parece estar seco, pero al contacto con la humedad estalla y emite un leve sonido explosivo. Nos los metíamos a la boca o les poníamos 24 agua para verlos reventarse. Llevábamos a Saltillo y a Torreón para hacer bromas con ellos. Jimena estaba aún en preprimaria cuando “Chavol”, el hijo de Salvador, vino a vivir con nosotros a Saltillo. La convivencia diaria durante cinco años estrechó el lazo familiar entre los hermanos. Se defienden entre ellos ante el resto de sus hermanos o ante otras personas. Los cuatro juntos tuvimos la oportunidad de viajar. Fuimos a Manzanillo, a Morelia, al Salto, a la Sierra de Órganos y por supuesto, cada viernes a Viesca. Desde pequeña, nuestra hija ha sentido gran atracción por los perros. Realizó una campaña de varios años para tener uno en la casa. Chavol me ayudó a conseguirle la mejor compañía: Oliver, un hermoso pug, al que quise tan pronto lo vi. Ella también se enamoró desde que lo sacó de la caja de regalo que le envió “Santa”. 25

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El cuarto EL CUARTO de siglo - Tomás Garrido Canabal Nos hicimos ejidatarios de Tomas Garrido Canabal. Durante cinco años iban Salvador, su papá, sus hermanos y Chavol a cercar el rancho. A pico y pala jalaban todo el sábado y mediodía del domingo. Eran jornadas de ocho o diez horas, con cuarenta y cuatro grados de temperatura. En el ejido solo hay lo que la naturaleza dejó. Plantamos nopal y no se nos logró, Jimena y yo cubrimos nuestra cuota al plantar cien pencas bajo el inclemente sol. Después de haber vivido nueve años seguidos en Saltillo como base, de nueva cuenta nos tuvimos que mudar a Torreón. Cuando le dimos la noticia a Jimena, nos dijo: “Pero yo toda mi vida he vivido en Saltillo”. Tenía ocho años. En una semana hice el cambio de mudanza y de escuela de mi hija, a mitad del año escolar. En el Colegio Bilingüe de La Laguna cursó de segundo de primaria hasta segundo de secundaria. Durante esta última etapa, el director del colegio pidió a Jimena su intervención para que repararan el alumbrado público o el pavimento de afuera del colegio. Su gestor fue Miguel Riquelme, quien siempre atendió de manera rápida sus solicitudes. Ya desde ese tiempo viajamos por lo menos un par de veces al año a la Ciudad de México, a visitar a nuestros amigos, a los lugares de interés y a nuestros restaurantes favoritos. Con anticipación hacemos la agenda. Alto, fuerte, erguido, de pasos firmes, de mirada perspicaz y penetrante, producto de unos ojos verdes de vivacidad reveladora de un grande y recio carácter; inconmovible, por lo general en sus decisiones, leal en el compromiso, macho en la paz y en la guerra; jugador decidido a la política, independiente en sus dominios, desde donde jamás, reconoció sino a un solo jefe. Combatiente tenaz contra la adversidad propia, fiel a la amistad hondamente fincada; así era Tomás Garrido Canabal. Frío en la represión, constante en el rencor y el odio, tozudo en sus decisiones negativas; incrédulo ante la amenaza del desprestigio, violento en el castigo y la venganza, igual que su medio y su época; desconfiado ante la luz ajena, egocentrista, absoluto, desdeñoso de la cultura en su más amplio sentido; escaso en su información sociológica, audaz en sus pretensiones de creador; de ideas explosivas altanero en su papel de jefe; así era Tomás Garrido Canabal. 1 1 26 El garridismo, esplendor y fin. Gobierno del Estado de Tabasco. (http://www.tabasco.gob.mx/content/el-garridismo-esplendor-y-fin) 27

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