Revista Terral - Número 20

 

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Número 20 de la revista cultural Terral

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Revista Terral nº 20 –Editorial-Indice- Editorial www.revistaterral.com Tenía preparado otro texto para la editorial de este número 20 de la Revista. Pero cómo escribir otra idea, otro deseo, otra reflexión, que en estos momentos solape los terribles hechos ocurridos el día trece de noviembre en París. Entre tantas noticias difundidas en todos los medios informativos, me han impactado varias: algunas trágicas, otras heroicas; personas milagrosamente salvadas, bien por el azar, bien por manos generosas…, Y me impresionó sobre manera que entre los terroristas se inmolara una joven, colocándose un explosivo en el cuerpo en nombre de no sé qué dios. Sin embargo, entre el enjambre de tanto despliegue informativo, hubo algo que me consternó en profundidad: la carta que escribió el periodista Antoine Leiris a su mujer, que murió asesinada en la sala de fiestas Bataclan, y que he conocido gracias a nuestra colaboradora habitual, Mar Solana. Os transcribo a continuación el párrafo que movió todos los cimientos de mi sentir: «El viernes me robasteis la vida de una persona excepcional, el amor de mi vida, la madre de mi hijo. Pero no tendréis mi odio. No sé quiénes sois y no quiero saberlo, sois almas muertas. No os haré ese regalo de odiaros. No responderé con odio y cólera. No tendré miedo, no dudaré de mis conciudadanos, no sacrificare mi libertad por la seguridad. Habéis perdido.»

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Revista Terral nº 20 –Editorial-Indice- Admiro la fuerza y determinación de tantas almas sacudidas por la barbarie y la sinrazón, como la de este periodista y la hermos a lección que quiere trasmitir a su hijo… Y siento una profunda tristeza por el mundo que nos está tocando vivir, de valores desterrados y tradiciones perdidas, carente de paz…, con el miedo y el pesimismo inoculándose en nuestros corazones. Concluyo esta triste editorial emplazando a los lectores de Terral a conocer la reflexión: «Almas Muertas: “La Paz ya está aquí”» de nuestra habitual colaboradora Mar Solana, y que podréis encontrar en la Sección Opinión-reflexiones. A mí me ha revuelto las entrañas, merece la pena que lo leáis. Un número más, doy las gracias a todas las «Almas Vivas», lectores y colaboradores, que hacéis que el Sueño de las Palabras sea posible y real. Lola Buendía López– Directora de la Revista Terral - ISSN 2253-9018 www.revistaterral.com

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Revista Terral nº 20 –Editorial-Indice- Revista Terral Número 20 ©Todos los derechos reservados - ISSN 2253-9018 Edición: Lola Buendía López – Enrique Bodero Moral Equipo de redacción: Ramón Alcaraz – Enrique Bodero – Lola Buendía – Erena Burattini Diseño de portada: Enrique Bodero. Imagen de portada: “La Voz”. Cuadro de Soledad Fernández (Asociación A.L.A.S.) Editorial y maquetación: Lola Buendía – Juan Canales Colaboradores en este número: Cine: Ramón Alcaraz – ¿Sabías que la actriz Maureen O’Hara fue llamada la Reina del Tecnicolor? Ricardo J. Gómez Tovar – El corneta que se negó a morir Opinión/ Reflexiones: Mar Solana: –Almas Muertas: «La Paz Ya Está Aquí» Erena B. Burattini – Símbolos Carmen Cantillo – La hipersexualización de niñas y princesas Crítica literaria: Ángel Silvelo – La princesita en el planeta B 612, de Noemí Trujillo Ricardo Guadalupe – Crematorio, de Rafael Chirbes

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Revista Terral nº 20 –Editorial-Indice- Poesía: Coordina: Aurora Gámez Enríquez (ALAS) Poetas: Emilio Río-Pilar Quiroga-Cheyrouzas -Mercedes Delclós- Antonio Porras-Pura Fernández-Víctor M. Pérez-Rebeca del Casal Relatos: Clara García Baños – Con la venia Antonio Porras – La semilla Andrés Ortiz – El que espera Ser escritora: Mar Solana – Los personajes de un escritor: Los Malos (II) Flamenco: Rafael Silva Martínez – Sobre el origen de la denominación “Flamenco” (IV) El viajero: Pepa J. Calero – Extremadura (II). La belleza de lo perdurable Arte: José Manuel Velasco - Arte para recomendar Inmaculada García – La impecable verosimilitud en la obra de Soledad Fernández. La otra realidad: Mariano J. Vázquez – Figuras históricas del esoterismo (II): “El enigmático conde de Saint – Germain” Diseño web: Juan Canales Molina

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Revista Terral nº 20 -Cine- Cinexplicable Ramón Alcaraz García www.tallerliterario.net ¿Sabías que la actriz Maureen O’Hara fue llamada la Reina del Tecnicolor? Hoy 24 de octubre de 2015, acabo de conocer la noticia del fallecimiento de la actriz Maureen O’Hara (su verdadero nombre era Maureen FitzSimons), uno de los mitos del cine dorado de Hollywood y una de las actrices que asociamos a verdaderas joyas de la cinematografía. Pese a sus grandes interpretaciones y reconocimientos en grandísimas películas, solo le fue reconocido un Oscar, precisamente el honorífico el año pasado, en 2014, cuando la actriz ya contaba 94 años, lo que seguro la convirtió en la persona de más edad en ganar este premio. Irlandesa, siempre la recordaré con el calificativo de Michaleen Flynn en la maravillosa Un hombre tranquilo, cuando la calificó como “una pelirroja con todas sus consecuencias”. Nacida en Dublín, esta irlandesa ya demostró en su infancia dotes para el canto, la danza, las artes escénicas y los deportes, en especial el fútbol. Ingresó con 14 años en el prestigioso Teatro de la Abadía, en donde renunció a una oferta como cantante de ópera para irse a Londres para intentar ser actriz. Charles Laughton quedó cautivado por sus intensos ojos verdes y le firmó un contrato de 7 años con su productora. Su primer papel fue en La posada de Jamaica, con un todavía desconocido Alfred Hitchcock, que tras esa película iniciaría su paso a Hollywood. Casualmente, por separado, gracias a su buena interpretación, también ella dio su salto a América. En los círculos irlandeses de Hollywood es donde conoció a John Wayne. Una anécdota cuenta que, la primera vez que se vieron, Maureen tuvo que acompañar hasta su casa al actor en un estado de fuerte embriaguez, lo que supuso el inicio de

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Revista Terral nº 20 -Cine- una gran amistad que duraría hasta la muerte de Wayne. Ambos se convertirían en la pareja favorita del director John Ford, con quien actuaría en películas tan inolvidables como Qué verde era mi valle, El hombre tranquilo, Río Grande, o Escrito bajo el sol. Para su amigo Wayne siempre tuvo palabras de elogio: “Wayne fue realmente un verdadero hombre, denme un hombre como Wayne”. “He tenido el privilegio de conocer tres grandes hombres en mi vida: A mi padre, A John Wayne y a Charles Blair”; (Charles Blair fue su último marido, el amor de su vida). Sobre Maureen O´Hara recaen algunas interesantes anécdotas y curiosidades:  Fue la primera mujer irlandesa en obtener la nacionalidad estadounidense.  Superó tres diagnósticos de cáncer a lo largo de su vida, y además siendo diabética.  Fue casada a la fuerza a sus 19 años con un productor inglés de cine a bordo del Queen Mary. El matrimonio no se consumó y logró que fuera anulado dos años más tarde, por compulsión y coerción por parte del productor.  Una revista sensacionalista la acusó públicamente en sus páginas de haber sido descubierta manteniendo relaciones sexuales con un amante en un teatro y haber sido expulsados del mismo. Demostró con pruebas que en esa fecha ella se encontraba en España, y se convirtió en la primera mujer que ganó a la prensa del corazón una demanda por difamar su honor.  Fue la primera mujer gerente de una línea aérea de Estados Unidos.  Logró del Congreso norteamericano que fuera concedida una medalla conmemorativa en recuerdo de John Wayne.  En el año 2004 publicó su autobiografía, titulada Ella misma (‘Tis herself, a memoir). Sirva este artículo como homenaje a esta gran actriz, una de los últimos supervivientes de la llamada época dorada del cine, que tan buenos momentos nos ha hecho disfrutar. No diré la última, porque aún vive la famosa Olivia de Havilland, que el año que viene esperamos cumpla 100 años (nació el 1 de julio de 1916). Y también cumplirá 100 años Kirk Douglas (9 diciembre de 1916).

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Revista Terral nº 20 -Cine- Cine EL CORNETA QUE SE NEGÓ A MORIR Ricardo J. Gómez Tovar http://www.ricardogomeztovar.blogspot.com/ La celebración de fiestas es una constante que vertebra la filmografía de Blake Edwards a la manera de una espina dorsal risueña, una corriente de felicidad cinematográfica que fluye, sin perder un ápice de su joie de vivre, desde el concurrido apartamento neoyorquino de Holly Golightly en Desayuno con diamantes hasta la localidad siciliana que celebra con desenfreno mediterráneo el desembarco aliado en ¿Qué hiciste en la guerra, papi?, pasando por el ágape de saloon al más puro estilo Far West que los habitantes del villorrio de Borracho ofrecen al Gran Leslie (Tony Curtis) y sus acompañantes (la reportera feminista Maggie Dubois-Natalie Wood y el fiel asistente de Curtis, Hezekiah, al que encarna Keenan Wynn) en La carrera del siglo. En el título que acapara estas líneas, producido en 1968 por el habitual Ken Wales para The Mirisch Corporation, la fiesta constituye el hilo argumental y el vehículo en torno al cual se desarrollan algunos de los acontecimientos más divertidos de la Historia del Cine, todo ello subrayado a la perfección por los sedosos compases de la música de Henry Mancini, pilar básico de la película, quien compone una espectacular banda sonora integrada por 12 temas e interpretada por artistas de la talla de Shelly Manne, Jimmie Rowles o Bill Plummer.

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Revista Terral nº 20 -Cine- Tras su fructífera colaboración en las dos primeras entregas de la saga de La pantera rosa, parece ser que ni Edwards ni Sellers estaban deseando volver a trabajar juntos (lo que ciertamente no deja de extrañar a quienes hemos disfrutado como niños viendo las chispas de celuloide de alto voltaje que producían sus talentos combinados). Afortunadamente, y acuciados por la necesidad de afianzar un nuevo éxito de taquilla, ambos olvidaron momentáneamente sus diferencias para crear esta brillante sucesión de slapstick en la que Richard Henry Sellers, nombre completo del inolvidable actor de Southsea, Hampshire, contó con abundante libertad de improvisación por parte del director. La película es visiblemente deudora de la comicidad de Jacques Tati, que había rodado su espléndida Playtime un año antes, si bien a Edwards no le interesa tanto denunciar las estructuras de incomunicación que asfixiaban al ser humano en la segunda mitad del siglo XX, sino más bien retratar con su estilo inimitablemente cool la hipocresía que rodeaba la industria cinematográfica (contra la que volvería a arremeter posteriormente en S.O.B. (1981), esta vez con el protagonismo crepuscular de William Holden) mientras nos lleva de carcajada en carcajada de la mano de un trasunto del inspector Clouseau que hace gala de un acento todavía más chirriante que aquel. Uno de los escasos diálogos de esta extraordinaria comedia, que contó con un guión exiguo de apenas 68 páginas durante su filmación, afirma que “ En India no creemos que somos. Sabemos lo que somos”. Tanto Edwards como Peter Sellers sabían perfectamente lo que eran y el tipo de película que podía resultar de su unión creativa. Sólo alguien como Blake Edwards podía convertir una lujosa residencia de Beverly Hills o Bel Air en una gigantesca piscina jabonosa donde los músicos contratados para la ocasión siguen tocando sus acordes de sofisticado jazz a pesar de quedar casi totalmente cubiertos por la espuma. Y es que, para el director oriundo de Oklahoma, son precisamente los retoños del dueño de la mansión en la que sitúa su historia (el bigotudo coronel Clutterbuck, interpretado con genial understatement por J. Edward McKinley), jóvenes de la Nueva Era que preconizaba ese año 68, quienes propician la purificación de la villa donde se dan cita sus invitados. El artífice de este baño con espuma pacifista no es otro que el inefable Hrundi V. Bashi, agraviado por la ofensa que constituye para su cultura el que un elefante sea pintarrajeado, por muy loables

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Revista Terral nº 20 -Cine- que sean los lemas que luzca en su lomo. Ni corto ni perezoso, enfundado en un pijama de color butano y con la ayuda de una aspirante a actriz vestida con la ropa de un niño, este actor indio en paro, atraído magnéticamente hacia los prohibidos mandos de iluminación y sistemas de control de la vivienda, transformará el suntuoso hábitat hollywoodiense en una piscina omnipresente a la que irán cayendo, sucesivamente, todos los asistentes al guateque, incluida la delegación de músicos rusos (tal vez un divertido guiño a la Guerra Fría por parte de Edwards). Tal como rezaba uno de los lemas publicitarios de la pelícu la, “Si usted ha asistido a una fiesta más desmelenada que ésta, queda arrestado ”. El film de Edwards está plagado de momentos impregnados de un hilarante desmelenamiento a los que es difícil sustraerse, gran parte de ellos propiciados por el desbordante virtuosismo de Peter Sellers, el hombre de las mil caras: el zapato de Bakshi flotando en la piscina; el asiento ridículo que se le asigna durante la cena; el pollo que va a parar al postizo de la actriz; el camarero que se tambalea con la bandeja de un lado para otro (prodigiosa composición mímica de Steve Franken) mientras apura progresivamente las copas que rehúsan los comensales; las cómicas escenas de antagonismo entre el jefe de cocina y el camarero que se vislumbran en la cocina, al entreabrirse las puertas batientes; las posturas imposibles que adopta el bueno de Hrundi para contener su urgencia fisiológica ante los interminables acordes de la canción Nothing To Lose que entona la simpática starlet francesa Michelle (Claudine Longet) o la pistola espacial de sonido descacharrante con la que nuestro héroe desbarata el bisoñé del director de la película que ha echado a perder antes de acudir al evento (interpretado por el futuro capitán Stubing de la serie Vacaciones en el mar, Gavin McLeod, quien ya había destacado anteriormente como el marinero tatuado de Operación Pacífico , excelente comedia militar rodada casi una década antes por Edwards), así como sus libidinosos planes. Al final, el pretendido gafe, ese ser marginal no tanto por el color de su piel sino por sus continuos tropiezos con la rigidez almidonada de quienes le han invitado a gozar de sus privilegios, ese paria de guateque a quien el rechazo visceral de casi todos los invitados no consigue apagar el brillo de su bondadosa sonrisa, pasará a ser el alma de la fiesta y a conquistar las simpatías unánimes del público que aplaude

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Revista Terral nº 20 -Cine- abiertamente sus meteduras de pata, logro que obtendrá tras subvertir el orden establecido volviendo del revés la mansión del productor que le ha añadido a su black list particular, firmando con ello la orden de derribo de su propia casa. El corneta miope que se negó a sucumbir en los estertores de la Gran Bretaña colonial, dinamitando por accidente el fuerte construido en exteriores para la funesta película El hijo de Gunga Din, ha alcanzado el mayor protagonismo de su carrera sin necesidad de aprenderse el guion. Nos alegramos mucho por ti, Hrundi V. Bakshi, y prometemos aprender a chapurrear hindustaní en el próximo guateque al que estés invitado, siempre y cuando no te acerques demasiado a la piscina…

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Revista Terral nº 20 -Reflexiones- Reflexiones Por Mar Solana Almas Muertas: «La Paz Ya Está Aquí» No conocía a Antoine Leiris. Pero el otro día me llegó una cadena-petición a través del whatsApp que me acercó a la historia de este periodista francés que perdió a su mujer en la masacre terrorista, en los crueles atentados perpetrados en París la noche del pasado viernes trece de noviembre. Hélène y Antoine llevaban doce años casados y tenían un bebé de diecisiete meses. Hélène murió asesinada en el tiroteo de la sala de conciertos parisina Bataclan. Antoine esperó hasta el lunes, comiéndose su agonía durante todo el fin de semana, a que su amada esposa no estuviera entre las víctimas. Por desgracia, lo llamaron para identificar el cuerpo. Antoine ha publicado una emotiva carta en su muro personal del Facebook que se ha hecho viral. En ella asegura a los asesinos de su mujer que no cuenten con su odio, porque sería ceder a la misma ignorancia que les ha convertido a ellos en lo que son: almas muertas. Las palabras de este valiente periodista, compartidas por más de ochenta mil personas, subrayan importantes cuestiones que Occidente pone ahora en duda y sobre las que los políticos debaten. A estas alturas, muchos de los lectores y amigos de Terral ya habrán leído la carta de Antoine, pero este artículo no estaría completo si no la transcribiera a continuación: «El viernes me robasteis la vida de una persona excepcional, el amor de mi vida, la madre de mi hijo. Pero no tendréis mi odio. No sé quiénes sois y no quiero saberlo, sois almas muertas. No os haré ese regalo de odiaros. No responderé con odio y cólera. No tendré miedo, no dudaré de mis conciudadanos, no sacrificaré mi libertad por la seguridad. Habéis perdido.

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Revista Terral nº 20 -Reflexiones- La he visto esta mañana, por fin, después de noches de espera. Estaba tan guapa como cuando se fue, el viernes, tan bella como cuando me enamoré perdidamente de ella, hace más de doce años. Por supuesto que estoy devastado por el dolor. Os concedo esa pequeña victoria, pero dudará poco. Se que ella nos acompañará todos los días y que nos encontraremos en el paraíso de las almas libres al que nunca podréis acceder. Somos dos, mi hijo y yo, pero somos más fuertes que todos los ejércitos del mundo. Ya no tengo más tiempo para vosotros, tengo que despertar a Melvil de su siesta. Sólo tiene 17 meses. Va a merendar, como todos los días, después jugaremos como todos los días y toda su vida este niño luchará para ser feliz y libre. Tampoco tendréis su odio.» Hay muchas historias imbricadas en torno a la masacre de París. La del primer policía que entró en la sala para reducir a los terroristas y habló de «el infierno de Dante»… La de aquel superviviente solidario que, olvidando su terror unos segundos, tendió su mano a una mujer embarazada para evitar que cayera al vacío desde una de las ventanas de la sala de conciertos, a la que se había encaramado para intentar salvar su vida y la de su bebé… O la escalofriante vivencia de aquel hombre que se hizo el muerto mientras recibía varias patadas de uno de los terroristas para asegurarse de que no tenía que rematarlo... Y aquel padre que le dijo a su hijo de unos tres años de edad: «Ellos tienen armas pero nosotros tenemos flores…» Sin embargo, después de leer la carta del joven periodista francés…, Mon Dieu, lloré con idéntico desconsuelo que cuando me enteré de cómo asesinaron a mi tío, Juan Cano Solana, en los prolegómenos de nuestra Guerra «In-civil». Con aquellas terribles imágenes de fondo tuve que meterme en su piel y escribir su historia. El siguiente párrafo, que algunos lectores ya conocerán, contiene las primeras palabras que prologaron el libro y las que reposan en mi corazón sobre un lecho mudo de

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Revista Terral nº 20 -Reflexiones- sombra, dolor y desconcierto; quizás un sentimiento muy parecido al de Antoine cuando llama a los asesinos de su esposa «almas muertas»: «Muchas veces me he preguntado sobre el por qué o el para qué de la crueldad y el odio entre los seres humanos. Y casi siempre alcanzo la misma conclusión: una persona capaz de poner fin a la vida de otra, de truncar vilmente su destino y oportunidades de desarrollo y evolución como ser humano, tan sólo es persona en cuerpo y apariencia..., su alma es la de un títere a merced de oscuras fuerzas que, desde el principio de los tiempos, están batallando en contra de la humanidad...» Ghandi descubrió en su propia carne cómo la violencia era la forma de expresar el miedo hacia los ideales del prójimo, que nada tienen que ver con fanatismos políticos o religiosos, o con los prejuicios morales, tan extendidos en la humanidad (por desgracia para nuestra estirpe).Las siguientes palabras forman parte del Epílogo del libro «Un Poeta en Tiempos de Guerra»: «Los verdaderos ideales del ser humano se tejen en aquellas honduras del alma donde reposan nuestros sentimientos más nobles y sirven para nuestro provecho y enriquecimiento, no para matar o morir por ellos. Los auténticos y más genuinos ideales no entienden de bandos políticos, sentires patrios o enarbolamientos de bandera, pertenecen al Amor Universal. Además las ideas son, por naturaleza, siempre libres. Aquellas que no lo son, ya no son ideas, se convierten en creencias o ideologías. Y las creencias no se propagan como los granos de polen sobre las alas de una abeja, se imponen sobre las almas a culatazos de fusil. «¡Los ideales son para vivir no para morir!», escuché como le decía un padre a su hijo a la salida del cine, tras finalizar una película sobre nuestra Guerra Civil.» Los seres humanos somos poseedores de algo que fluctúa a lo largo y ancho de nuestra condición, in sécula seculorum: la DUALIDAD, ese pensamiento-emociónrealidad por el que caminamos igual que sobre el filo de una navaja. Y mientras

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Revista Terral nº 20 -Reflexiones- nuestras mentes sean incapaces de integrar, y no dividir, seguiremos conviviendo con nuestra suerte mezquina y rasposa que, sin embargo, también es capaz de portar luz a raudales. La Oscuridad parece ahora lamer todos los rincones, aunque siempre hemos contado con la posibilidad de encender un candil que la destierre para siempre. Quizás las generaciones más jóvenes sepan buscar la claridad del sol entre estos densos jirones de niebla, pero nosotros podemos ir prendiendo nuestros propios fanales. La increíble fuerza del Pensar Vivo, cuando traspasa el umbral de nuestros corazones, es capaz de alimentarse de la Energía más poderosa que existe en el mundo: el Amor.

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