Voces en el Fénix Nº 49 - GRITO DE LIBERTAD- TEMÁTICA : LIBERTAD DE EXPRESIÓN

 

Embed or link this publication

Description

Voces en el Fénix Nº 49 - GRITO DE LIBERTAD- TEMÁTICA : LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Popular Pages


p. 1

La revista del Plan Fénix año 6 número 49 Octubre 2015 ISSN 1853-8819 El derecho a la comunicación, a la libertad de expresión y al acceso a la información son pilares fundamentales de las democracias modernas. El Estado, los medios de comunicación y la sociedad son los actores principales en un escenario atravesado por intereses. En este número especial, avances y retrocesos de una relación cada día más compleja. Grito de libertad

[close]

p. 2

sumario nº49 octubre 2015 editorial Libertad de expresión: un bien intrínseco a la democracia Abraham Leonardo Gak sobre pluralismo y diversidad en los servicios de comunicación audiovisual 10 Fernando Pérez Argentina Digital, un nuevo enfoque para las telecomunicaciones 18 Esteban Lescano Los intermediarios tecnológicos: aliados del derecho a la información en Internet 28 AndrÉs Gil DomÍnguez Internet, bloqueo y derecho al olvido 34 Luz Patricia Mejía Guerrero Cómo crecer libres de estereotipos y no morir en el intento… Libertad de expresión y derechos de la Convención de Belém do Pará 40 Gerardo Halpern y María José Guembe Niños, niñas y adolescentes y comunicación: Un diagnóstico de la cuestión 50 Wanda Fraiman Migrantes regionales en la Argentina: desafíos en el ejercicio efectivo de su derecho a la comunicación 58 Andrea Pochak El derecho a la verdad como presupuesto para el fortalecimiento de la democracia 64 José Nebbia y Miguel Palazzani Libertad de expresión y terrorismo de Estado: el caso La Nueva Provincia 72 Mercedes Calzado ¿Víctimas de quién? Medios de comunicación, sectores vulnerables y usos de las agendas de miedo 80 Washington Uranga Cuestiones éticas del periodismo. A la luz del principio 6 de la declaración de libertad de expresión de la CIDH 88 Stella Martini La construcción de la agenda de los medios. Efecto agenda-setting en los medios argentinos en el período 2003/2015 96 DamiÁn Loreti y Luis Lozano Prefacio 6 Diego De Charras Apuntes

[close]

p. 3

Autoridades de la Facultad de Ciencias Económicas Decano Dr. César Humberto Albornoz Vicedecano José Luis Franza Secretario General Walter Guillermo Berardo Secretaria Académica Dra. María Teresa Casparri Secretario de Hacienda y Administración Contadora Carolina Alessandro Secretario de Investigación y Doctorado Prof. Adrián Ramos Secretario de Extensión Universitaria Carlos Eduardo Jara Secretario de Bienestar Estudiantil Federico Saravia Secretario de Graduados y Relaciones Institucionales Catalino Nuñez Secretario de Relaciones Académicas Internacionales Humberto Luis Pérez Van Morlegan Voces en el Fénix es una publicación del Plan Fénix ISSN 1853-8819 Registro de la propiedad intelectual en trámite. Director Gral. de la Escuela de Estudios de Posgrado Catalino Nuñez Director Académico de la Escuela de Estudios de Posgrado Ricardo José María Pahlen Secretario de Innovación Tecnológica Juan Daniel Piorun Secretario de Transferencia de Gestión de Tecnologías Omar Quiroga Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Económicas Claustro de Profesores Titulares José Luis Franza Juan Carlos Valentín Briano Walter Fabián Carnota Gerardo Fernando Beltramo Luis Alberto Beccaria Héctor Chyrikins Andrés Ernesto Di Pelino Pablo Cristóbal Rota Suplentes Domingo Macrini Heriberto Horacio Fernández Juan Carlos Aldo Propatto Javier Ignacio García Fronti Roberto Emilio Pasqualino Sandra Alicia Barrios Claustro de Graduados Titulares Luis Alberto Cowes Rubén Arena Fernando Franchi Daniel Roberto González Suplentes Juan Carlos Jaite Álvaro Javier Iriarte Claustro de Alumnos Titulares Mariela Coletta Juan Gabriel Leone María Laura Fernández Schwanek Florencia Hadida Suplentes Jonathan Barros Belén Cutulle César Agüero Guido Lapajufker Los artículos firmados expresan las opiniones de los autores y no reflejan necesariamente la opinión del Plan Fénix ni de la Universidad de Buenos Aires. staff DIRECTOR Abraham L. Gak COMITE EDITORIAL Eduardo Basualdo Aldo Ferrer Oscar Oszlak Fernando Porta Alejandro Rofman Federico Schuster COORDINACIÓN TEMÁTICA Damián Loreti y Luis Lozano SECRETARIO DE REDACCIÓN Martín Fernández Nandín PRODUCCIÓN Paola Severino Erica Sermukslis Gaspar Herrero CORRECCIÓN Claudio M. Díaz DISEÑO EDITORIAL Mariana Martínez Desarrollo y Diseño deL SITIO Leandro M. Rossotti Carlos Pissaco Córdoba 2122, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Teléfono 4370-6135. www.vocesenelfenix.com / voces@vocesenelfenix.com

[close]

p. 4

Libertad de expresión: un bien intrínseco a la democracia L as democracias modernas no pueden pensarse sin un efectivo goce del derecho a la comunicación y un respeto irrestricto a la libertad de expresión y al acceso a la información. Sin embargo, la realidad no siempre nos muestra su mejor cara. Muchas veces, cuando hablamos de libertad de expresión y acceso a la información, se piensa únicamente desde el punto de vista del emisor del mensaje y no del receptor; pero esto no hace otra cosa que cercenar el derecho que tiene toda la población a informarse por los más diversos medios y por las más variadas fuentes. Perder esto de vista es entrar en un juego maniqueo en el cual todo se reduce, en última instancia, a una lógica de lucro en la cual las personas quedan presas de la desinformación y víctimas de la ignorancia. Entendiendo esto, podemos pensar que hay tres actores clave en el ejercicio del derecho a la comunicación: el Estado, los medios de comunicación y la sociedad, en su doble rol de productora y receptora de la información. El Estado, como organizador de la sociedad, tiene una serie de obligaciones que cumplir, entre ellas, garantizar a la población el acceso a la información, la diversidad de la misma y, subsidiariamente, el acceso a la verdad histórica (única manera que tiene una sociedad para conocer su historia y no repetir lo peor de su pasado). La intervención estatal es fundamental para garantizar un reparto equitativo de los medios y preservar la diversidad de las manifestaciones culturales. En cuanto a los medios de comunicación, mantienen hoy un papel central al momento de influir en la población, creando agenda y sentando posición en los principales temas de la vida cotidiana. Esto se expresa claramente al momento de favorecer o entorpecer el acceso a la información, el derecho a la comunicación y a la variedad de fuentes. Lo mismo puede decirse al momento de avanzar en el acceso a la verdad histórica –el caso del periódico La Nueva Provincia es un claro ejemplo de esto– y al momento de crear estereotipos e instalar miedos, basándose en una supuesta autoridad moral. Por último, en esta tríada aparece la población o la audiencia que únicamente a través de su rol activo podrá garantizar la existencia de medios de comunicación responsables, diversos y con calidad. Asimismo, deberá organizarse (proceso ya avanzado en varios sectores) para convertirse en productora de información y conocimiento. La LSCA es una buena herramienta para avanzar en esta línea. Las complejidades son muchas, no solo las derivadas de los intereses contrapuestos de los actores enunciados, sino también las que se desprenden del desarrollo tecnológico y la lógica complejización de la sociedad. Como lo son las nuevas plataformas de comunicación (computadoras, teléfonos, Internet, redes sociales), y la diversidad de contenidos y problemáticas específicas para los distintos sectores de la población (niños, niñas y adolescentes, mujeres, adultos mayores, migrantes). Esta es la situación actual, compleja, pero con grandes avances respecto de quince años atrás. Hoy la sociedad debate y ejerce un mayor control sobre la información que recibe y sobre quién se la proporciona. Estamos todavía lejos del ideal, pero la rueda está girando, solo es cuestión de mantenerla en movimiento. ABRAHAM LEONARDO GAK (DIRECTOR) 4 > www.vocesenelfenix.com

[close]

p. 5

Editorial > 5 sub.coop

[close]

p. 6

El ejercicio de la libertad de expresión resulta inseparable del goce de otros derechos fundamentales, como el derecho a la participación, a las identidades, a la no discriminación, o al uso del espacio público. Si bien esto hoy se da por descontado, la realidad nos muestra situaciones muy variadas a lo largo de nuestra región. En las próximas páginas, una invitación a recorrer debates y desafíos pendientes. prefacio por Damian Loreti Director de la Maestría en Estudios Interdisciplinarios sobre Servicios de Comunicación Audiovisual, UBA. Secretario del CELS. por luis Lozano Docente e investigador. Integrante de la Cátedra de Derecho a la Información, UBA. Dirección de Comunicación Institucional de la Procuración General de la Nación. 6 > www.vocesenelfenix.com

[close]

p. 7

l marco jurídico, los principios y la jurisprudencia provistos por el Sistema Interamericano de protección de los Derechos Humanos lo consagran como el más generoso en materia de libertad de expresión. Al reconocer la doble dimensión de este derecho –individual y social–, la Corte Interamericana de Derechos Humanos sostuvo que es tan importante el conocimiento de la opinión ajena o la información de que disponen otras personas, como el derecho a difundir las propias creencias o informaciones y reafirmó que cada acto de comunicación implica simultáneamente las dos dimensiones. Esta concepción de la libertad de expresión implica garantizar la realización individual en la elección de un proyecto de vida y la satisfacción personal en el desarrollo de actividades ligadas al arte, la cultura, la ciencia y la educación, entre otras. Pero también es fundamental el rol que cumple la libertad de expresión en tanto “piedra angular” de la vida democrática, al punto que el grado de su respeto funciona como un verdadero baremo del estado de derecho. En este sentido, el ejercicio de la libertad de expresión resulta E > 7 inseparable del goce de otros derechos fundamentales, como el derecho a la participación, a las identidades (étnicas, sexuales, lingüísticas, religiosas), a la no discriminación, al uso del espacio público. A la vez, este derecho –en su faz vinculada al acceso a la información– debe ser visto como una herramienta de suma trascendencia en la protección y concreción de derechos económicos, sociales y culturales. Se puede verificar su valor –la casuística es rica en tal sentido– en cuestiones de información ambiental, acceso a la vivienda, a la justicia, a la salud (incluyendo la sexual y reproductiva), a peticionar, a la libertad sindical y a la información para la protección de los derechos de las personas migrantes y de pueblos originarios, entre otros. Debe hacerse un especial énfasis cuando la información se vincula con el ejercicio del derecho a la información sobre violaciones a derechos humanos. En tal caso, la prevalencia debe ser absoluta. El ocultamiento y la obstrucción al derecho a la verdad no debe admitirse ni siquiera invocando el cumplimiento de deberes de preservación de confidencialidad bajo ningún supuesto. sub.coop

[close]

p. 8

Ampliar la agenda Los primeros desarrollos teóricos y jurídicos en torno al concepto de democratización de las comunicaciones se remontan a fines de los años setenta y resultan inseparables del hito que implicó la publicación en 1980 del informe “Un solo mundo, voces múltiples”, realizado por la comisión presidida por el irlandés Sean MacBride, por encargo de la UNESCO. Desde entonces las cuestiones en debate han ido variando, y se generaron diversas corrientes de pensamiento y discusión sobre el rol de los medios en las sociedades democráticas. Este proceso tuvo lugar en simultáneo con múltiples factores que lo atravesaron de manera directa, entre ellos, cuestiones ligadas al contexto político global, como la caída del mundo bipolar y el apogeo de los gobiernos neoliberales en la región durante la década de 1990. En simultáneo, tuvo lugar la constitución de megacorporaciones periodísticas con intereses fuera de la actividad específica y la proliferación de cadenas internacionales que hoy aparecen como grupos globalizados. Todo esto de la mano del desarrollo masivo de la industria de las telecomunicaciones, Internet y la expansión de las redes sociales. También se produjeron cambios de relevancia asociados con la consolidación de ciertos foros internacionales y sus agendas, en particular la conformación de las Relatorías de Libertad de Expresión de Naciones Unidas (ONU), de la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y la Unión Africana (UA), el reconocimiento de la diversidad cultural a partir de instrumentos internacionales de derechos humanos y la profundización de los llamados “estudios culturales”. La contracara de este fenómeno fue la creciente influencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre la circulación de bienes simbólicos y la irrupción de nuevas políticas destinadas a regular las industrias culturales desde el paradigma del libre comercio. Todos estos factores se combinaron en la mayoría de los países de América latina con el advenimiento de gobiernos progresistas en los inicios del siglo XXI, frente a los cuales los grupos económico-mediáticos fijaron posición y llegaron a prohijar movimientos contra la vigencia del estado de derecho, cuando no a participar activamente en ellos. Si revisáramos qué era lo que se planteaba tres décadas atrás en torno a los estudios sobre libertad de expresión, más allá de la experiencia fundacional pero aislada que constituyó la elaboración del Informe MacBride, sería difícil hallar algo más que las miradas de la llamada tradición clásica. A la vez, dejando de lado circunstancias y autores puntuales, no sorprendería encontrar que el pluralismo, la diversidad, la universalidad del derecho a la comunicación y el acceso a la información eran temas que se encontraban fuera de la agenda, con la sola excepción de lo que ocurría en las aulas de algunas universidades públicas, sindicatos y organizaciones de la sociedad civil. Un desafío actual En la actualidad, en cualquiera de los países de nuestra región, las cuestiones vinculadas con el derecho a la comunicación y la libertad de expresión generan vibrantes discusiones cotidianas en todos los ámbitos de la sociedad, incluidos los propios medios de comunicación. La caída de la imagen sacra de objetividad de la información difundida, la develación de que –además de ideologías y líneas editoriales– los negocios intra y extramediáticos tienen incidencia en los dichos y las omisiones, y la pelea por la universalización de este derecho que nació como rebeldía frente al poder estatal y hoy puede sucumbir tanto por la acción de este como por el obrar de actores no estatales, mediáticos o que pesen sobre ellos, es un paisaje en que las empresas de medios no son más esos viejos editores que enseñaban a sus hijos y discípulos el oficio periodístico. En este contexto, analizar el estado del ejercicio de la libertad de expresión en la región permite verificar situaciones muy variadas. Siguen ocurriendo asesinatos, agresiones y amenazas a periodistas. También a ciudadanos que no ejercen ese oficio pero participan del debate público en distintas dimensiones, en especial en las ciudades más pequeñas. Persisten también los casos de censura judicial y administrativa, penalización y Es fundamental el rol que cumple la libertad de expresión en tanto “piedra angular” de la vida democrática, al punto que el grado de su respeto funciona como un verdadero baremo del estado de derecho. 8 > por Damian Loreti y luis Lozano

[close]

p. 9

PREFACIO > 9 El ejercicio de la libertad de expresión resulta inseparable del goce de otros derechos fundamentales, como el derecho a la participación, a las identidades (étnicas, sexuales, lingüísticas, religiosas), a la no discriminación, al uso del espacio público. A la vez, este derecho –en su faz vinculada al acceso a la información– debe ser visto como una herramienta de suma trascendencia en la protección y concreción de derechos económicos, sociales y culturales. condenas económicas con efecto intimidatorio. Subsisten además las barreras y obstáculos al acceso a la información, particularmente en relación al acceso a la verdad en los países que reconstruyen sus historias en contexto de procesos de memoria y justicia transicional. Al mismo tiempo, enfrentamos desafíos como el espionaje y las intromisiones a la privacidad y al actuar de los medios de comunicación; la reproducción de prácticas y discursos discriminatorios asociados en particular al crecimiento de los procesos migratorios; el acceso universal a Internet; la alfabetización y el estrechamiento de la brecha digital; los procesos de convergencia y transición a los medios digitales; la multiplicación de las pantallas y los productores y los retos que ello implica para el pluralismo y la sustentabilidad; la promoción de medios comunitarios y públicos; el rol y conformación de autoridades de aplicación; la irrupción de nuevos medios y las redes sociales y la necesidad de generar mecanismos para asegurar su reconocimiento y protección, expandiendo la doctrina clásica de la libertad de expresión. Entre las alternativas concretas para hacer frente a estos desafíos aparecen, entre otras, cuestiones como: ▶ La promoción de leyes antimonopólicas, tanto en materia de propiedad como en reglas de acceso a derechos de exhibición de interés relevante, como plantea la Directiva Europea de Servicios de Comunicación Audiovisual que inspiró la regulación al respecto consagrada en la Argentina a través de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA). ▶ La remoción de restricciones de potencia, frecuencias, acceso a recursos económicos legítimos y temáticas para medios comunitarios, las cuales continúan presentes en las regulaciones de diversos países de la región. ▶ La adopción de reglas transparentes de subsidio al pluralismo sin confundir esta instancia con publicidad oficial. ▶ La introducción de condiciones de “must carry” y “must offer”, que obliguen a los dueños de las redes a garantizar su utilización tránsito en condiciones de equidad, para evitar consolidaciones de posiciones dominantes por control excluyente de ductos o contenidos. ▶ Acceso a facilidades esenciales como papel y circuitos de distribución para medios pequeños. A lo largo de los artículos que conforman este número, esos debates y desafíos pendientes aparecen representados en sus distintas facetas y analizados por autores que –desde una perspectiva multidisciplinaria– amplían la agenda de cuestiones a discutir en torno al ejercicio de este derecho humano. Trabajar con ellos, compilar sus aportes y sus miradas especializadas ha sido un trabajo enriquecedor. Confiamos en que también lo será su lectura.

[close]

p. 10

por Diego De Charras. Director de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. Docente e investigador en grado y posgrado en UBA y UNLP. Miembro de la mesa coordinadora de la Coalición por una Comunicación Democrática 1 0 > www.vocesenelfenix.com

[close]

p. 11

> 11 La intervención del Estado es imprescindible para garantizar un reparto equitativo de los medios y preservar la diversidad de las manifestaciones culturales. Sin embargo, para lograr una efectiva pluralidad y ampliar el acceso y el uso social de los medios de comunicación es fundamental el rol de las audiencias y la sociedad civil al momento de exigir medios responsables, diversos y con calidad. Apuntes sobre pluralismo y diversidad en los servicios de comunicación audiovisual

[close]

p. 12

L os planteos clásicos acerca de la libertad de expresión la entienden como una libertad negativa de carácter individual que requiere para su ejercicio pleno privar al Estado de cualquier posibilidad de injerencia. Es decir, su existencia sólo se ve asegurada en la mera abstención de censura de parte del Estado. No obstante, concebir al “derecho humano inalienable de expresar, recibir, difundir e investigar informaciones, ideas y opiniones” desde un enfoque de derechos humanos como lo plantea la ley 26.622 de servicios de comunicación audiovisual requiere su consideración como una libertad positiva, de faz individual y colectiva, donde, a su vez, el Estado debe adoptar una acción afirmativa para resguardar el ejercicio de dicho derecho. No se trata de un fenómeno aislado de nuestro país, ni acaso exclusivo de las cuestiones vinculadas a libertad de información, expresión y comunicación, sino que se enmarca en el largo y complejo proceso de desarrollo del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. En palabras de Víctor Abramovich, “en los últimos años, el cuerpo de principios, reglas y estándares que componen el derecho internacional de los derechos humanos ha fijado con mayor claridad no sólo aquello que el Estado no debe hacer, sino también un cúmulo de obligaciones positivas. Esto significa (…) aquello que debe hacer en orden a lograr la plena realización de los derechos civiles, políticos, y también económicos, sociales y culturales”. Esto involucra, sin dudas, la libertad de expresión en todas sus formas. En un sentido similar pero ya más definido, para Damián Loreti y Luis Lozano resulta notorio que el rol del Estado ha dejado de limitarse a las obligaciones de abstención y exige a las autorida- des el cumplimiento de obligaciones de prestación destinadas a garantizar pluralismo, diversidad y desconcentración frente a las tendencias o prácticas monopólicas que pueden cercenar la presencia de distintas voces. Es claro que la potencial restricción a la libertad de expresarse, hoy por hoy, está también depositada en los grandes grupos mediáticos y su capacidad para bloquear el ingreso de nuevos actores al sistema y de homogeneizar contenidos y líneas editoriales. Para los autores, la protección efectiva del derecho a la información prevista por el Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH) apunta a construir sistemas de medios que garanticen el derecho del público a recibir la máxima diversidad posible de información, a resguardo tanto de la intervención gubernamental como de los intereses comerciales de las empresas del sector. “La intervención de los Estados se torna, por lo tanto, imprescindible para garantizar un reparto equitativo de los medios y preservar la diversidad de las manifestaciones culturales”. Esta obligación de intervención de parte del Estado difiere de una obligación histórica instituida a principios del siglo XX y que refería estrictamente a la tarea de los Estados nacionales de administrar el espectro radioeléctrico. En la actualidad, y según el fallo de la Corte de Suprema de Justicia de la Nación de 2013, se considera que “la política regulatoria del Estado puede recaer sobre licencias de cualquier naturaleza, ya sea que estas utilicen el espectro radioeléctrico o no. Ello es así, pues el fundamento de la regulación no reside en la naturaleza limitada del espectro como bien público, sino, fundamentalmente, en garantizar la pluralidad y diversidad de voces que el sistema democrático exi- 1 2 > por Diego De Charras

[close]

p. 13

Apuntes sobre pluralismo y diversidad en los servicios de comunicación audiovisual > 1 3 Según el informe de 2014 “Tendencias mundiales en libertad de expresión y desarrollo de los medios” para la UNESCO, “la mayor disponibilidad de información no siempre equivale al acceso o representación de una mayor diversidad de fuentes en los medios dominantes. La tendencia a la concentración de los medios tradicionales se extiende, hasta cierto punto, hacia los medios en línea, a través del continuo predominio de los principales medios y sus contenidos, incluso en los blogs y las redes sociales”. ge, que se manifiestan tanto en los medios que usan el espectro como en aquellos cuyas tecnologías no utilizan tal espacio”. Ahora bien: ¿de qué hablamos cuando hablamos de pluralismo y diversidad? Sobre ninguno de los dos conceptos pueden hallarse definiciones unívocas. Intentaremos, de todos modos, recuperar algunas de los abordajes más salientes. Para Ferrán Tomás Olalla, “el pluralismo aplicado a los medios de comunicación audiovisual se manifiesta en la posibilidad de todo ciudadano por acceder de manera equitativa al máximo de opiniones, ideas e informaciones; el pluralismo es un valor que asegura a los ciudadanos la diversidad informativa. Esta no se refiere exclusivamente a las informaciones políticas sino a todo tipo de programas y contenidos, ya que son todos estos en su conjunto los que construyen la imagen de la sociedad que los medios devuelven a sus ciudadanos, imagen que les permitirá forjarse una opinión y asimilar determinados valores. La calidad de la democracia se medirá por la pluralidad y libertad en que se desarrolle este proceso”. De alguna manera, lo que aparece fuertemente es la idea de reflejo en los medios de toda la diversidad social, involucrando aquí no sólo lo político, sino también lo cultural, lingüístico, ético, étnico, religioso, etc. En este sentido, para Juan Carlos de Miguel, “la pluralidad –que es lo que caracteriza a lo social– hace referencia a los factores presentes en una determinada sociedad, que deben ser fomentados como mecanismo básico para la constitución de una democracia. El pluralismo se refiere a los medios de comunicación como instrumento para asegurar dicha pluralidad. Es decir que la pluralidad de los medios es lo que puede denominarse pluralismo. En determinados casos pueden aparecer ciertos impedimentos que dificulten dicho reflejo (…) El pluralismo es perfectible. Como mínimo debe mantenerse el nivel actual, siendo deseable que sea promovido de cara a ser incrementado”. Es decir, el incremento de pluralismo aparece entonces como algo permanentemente deseable o buscado y la idea de diversidad como el mecanismo –aunque no el único ni bajo una lógica causal– que con mayores resultados permite avanzar en esa dirección. Sin embargo, vale señalar que el pluralismo no se agota o constituye plenamente en los medios de comunicación. Por el contrario, el pluralismo desborda los contenidos de los medios de comunicación tanto como la noción de espacio público, con la cual está íntimamente ligado, desborda la idea de espacio mediático. A pesar de esta idea del pluralismo como algo que excede lo mediático, se consolidó de la mano del Consejo de Europa una tesitura que ya se ha vuelto clásica y que reconoce que “el pluralismo puede ser interno, a través de una amplia gama de valores, opiniones, informaciones e intereses que encuentran un

[close]

p. 14

La fuerte presencia de los medios tradicionales, en particular de la televisión, en la construcción de la agenda de temas socialmente problematizados, hace preciso que no se pierda de vista la necesidad de avanzar en el sentido de pluralizar para fortalecer la democracia en el acceso y el uso social de los medios de comunicación. vehículo de expresión en el seno de un actor determinado del sector de los medios o bien externo a través de un cierto número de estos actores, cada uno de ellos expresando un punto de vista particular”. Lo habitual entonces es que el pluralismo interno se regule a partir de ciertos requisitos de contenido –cuotas de origen de programación, protección al menor, límites publicitarios, etc.– y luego admita un grado de autonomía que habilite la autorregulación periodística e informativa, mientras que el pluralismo externo supone los límites a la propiedad de los medios de comunicación. Es cierto que no puede suponerse una relación causal lineal entre alta concentración y bajos niveles de pluralismo. Sin dudas hay que considerar otros factores como el tamaño del mercado, los recursos disponibles, la estructura del sistema mediático y las capacidades competitivas de los diferentes actores, entre otros. Por eso, Carles Llorens plantea que “las medidas que pueden promocionar el pluralismo no deben limitarse a las que afectan a las concentraciones de propiedad, porque si no se cae en un reduccionismo peligroso: identificar pluralismo con pluralidad. El concepto de pluralidad arrastra la carga semántica del número, de la cantidad: mientras que el término pluralismo se asocia más a la diversidad entendida como variedad”. No obstante, lo que es claro es que a mayor número de actores en el sistema mayor es la probabilidad de que existan diferentes contenidos y puntos de vista. En tal sentido, para el máximo tribunal de la Argentina “en la sociedad actual, los medios de comunicación masiva, como la televisión, radio y prensa, tienen un innegable poder en la formación cultural, política, religiosa, etc., de todos los habitantes. Si estos medios son controlados por un reducido número de individuos, o bien por sólo uno, se está, de hecho, creando una sociedad en donde un reducido número de personas ejercen el control sobre la información, y directa o indirectamente, la opinión que recibe el resto de las personas. Esta carencia de pluralidad en la información es un serio obstáculo para el funcionamiento de la democracia. La democracia necesita del enfrentamiento de ideas, del debate, de la discusión. Cuando este debate no existe o está debilitado debido a que las fuentes de información son limitadas, se ataca directamente el pilar principal del funcionamiento democrático”, y continúa: “Una de la formas que el Estado podría elegir para asegurar el debate libre y robusto sería la de dejar librado al mercado el funcionamiento de los medios de comunicación (…) la otra 1 4 > por Diego De Charras

[close]

p. 15

Apuntes sobre pluralismo y diversidad en los servicios de comunicación audiovisual > 1 5 forma que tiene el Estado de asegurar el mayor pluralismo en la expresión de ideas es a través de la sanción de normas que a priori organicen y distribuyan de manera equitativa el acceso de los ciudadanos a los medios masivos de comunicación”. Aunque es claro, y la oferta del cable o de la televisión satelital con sus decenas de señales comerciales similares así lo demuestran, que un gran número de señales no garantizan per se un avance hacia el pluralismo, y es allí donde empieza a tallar la idea de diversidad. Muchas veces los conceptos de pluralismo, pluralidad y diversidad se entrecruzan y confunden. Pretendemos retomar aquí la idea de la diversidad como la herramienta en la búsqueda del pluralismo. Desde esta perspectiva, la diversidad aparece como para David McQuail como “la variabilidad massmediática ( fuentes, canales, mensajes y audiencias) de acuerdo con las diferencias relevantes en la sociedad (políticas, geográficas, socioculturales, etc.)”. Una parte sustancial de la diversidad aparece en el tipo de prestador. De acuerdo con la Declaración Conjunta sobre Diversidad en la Radiodifusión de 2007, denominada “Mecanismos internacionales para la promoción de la libertad de expresión”, se concibe que “la naturaleza compleja de la diversidad incluye la diversidad de medios de comunicación (tipos de medios) y de fuentes (propiedad de los medios), así como la diversidad de contenido (producto de los medios)” y resultan entonces cardinales “los variados aportes que efectúan a la diversidad los diferentes tipos de medios de comunicación –comerciales, de servicio público y comunitarios– así como los que tienen diferente alcance –local, nacional, regional e internacional–”. Luego es posible identificar otras definiciones de la diversidad como horizontal y vertical. En el primer caso hablamos del número o tipos de programas diferentes disponibles para la audiencia en un momento determinado, lo que daría cuenta de la diversificación del sistema. En el segundo, lo que se observa son los diferentes programas o productos de un medio (o canal) a lo largo de toda la programación. Ahora bien, al momento de categorizar la diversidad dentro de la programación de un medio aparecen otras complejidades. En ese aspecto, Giuseppe Richeri y María Cristina Lasagni, en un importante trabajo sobre la calidad televisiva, proponen descomponerla en siete dimensiones: 1) Diversidad sustancial: refiere a los distintos temas, opiniones,

[close]

Comments

no comments yet