Pregón de la Merced 2015

 

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Septiembre 2015

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PREGÓN A SANTA MARÍA DE LA MERCED MANUEL VALERA PÉREZ Córdoba 21 de septiembre de 2015

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PREGÓN A NUESTRA MADRE Y SEÑORA SANTA MARIA DE LA MERCED. UNA CONVERSACIÓN CON LA MADRE COMÚN. UNA ORACIÓN. Gracias, Manuel. Lo bueno de ser mi hijo es que parece más natural la habitual exageración del presentador hacia el pregonero y lo malo es que puede pensarse que claro, si es su hijo, ¿Qué va a decir?. Yo que conozco tu gran corazón como pocos me siento orgulloso y agradecido, por esto y por todo. Gracias. Este pregón también va dedicado a ti. Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de sabiduría: dame mirada y oído interior para que no me apegue a las cosas materiales, sino que busque siempre las realidades del Espíritu. Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de amor: haz que mi corazón siempre sea capaz de más caridad. Ven a mí, Espíritu Santo, Espíritu de verdad: concédeme llegar al conocimiento de la verdad en toda su plenitud. Ven a mí, Espíritu Santo, agua viva que lanza a la vida eterna: concédeme la gracia de llegar a contemplar el rostro del Padre en la vida y en la alegría sin fin. Amén. Pero sobre todo ven a mí, Espíritu Santo como en aquel Pentecostés primero, si no como viento impetuoso si como suave brisa del alma, Paráclito de dudas y confusiones que tranquilizó el espíritu de los apóstoles, que al igual que nosotros hoy, rodeaban a la madre de Nuestro Salvador, “La Reina de los apóstoles”, la Madre de todos desde entonces. 1

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Hoy necesito de Ti, de ese Maestro interior, que como nos recuerda nuestro Papa Francisco no es maestro de la doctrina sino de la vida. Y la vida, como inspiradamente nos dice, es conocimiento, saber, pero en el horizonte más amplio y armonioso de la existencia. Querido consiliario de nuestra hermandad, Reverendo Señor párroco de nuestra sede canónica iglesia parroquial de S. Antonio de Padua. Otros religiosos. Distinguidas autoridades. Presidente y representantes de la Agrupación de Cofradías de nuestra Córdoba del alma tan necesitada de olvidar egoísmos y aunar esfuerzos por un bien común. Hermano mayor y sin embargo amigo y compañero de fatigas de esta gran hermandad y miembros de nuestro cabildo de oficiales. Hermanos y cofrades de esta y de otras hermandades que es casi lo mismo. Familiares y amigos todos. He querido comenzar con la oración de San Agustín al Espíritu Santo, conocedor de mi gran limitación en la empresa que se me pide y consciente de que sin el pneuma divino, sin el soplo de Dios que para San Pablo era la inspiración el fracaso está más que garantizado. Espero que algún don de hablas, de la nuestra en particular, me sea concedido en esta noche tan especial para mí, y que algo del calor de lenguas de fuego me llegue, ya que sin inspiración poética, sin el necesario don de la oratoria, sin experiencia en estas lides me atrevo a cumplir con uno de los ritos más importantes para un hermano y devoto de nuestra Madre de la Merced como es ser su pregonero. Reconozco que hasta hace muy poco hubiera rechazado este regalo con la concluyente y auténtica razón de mi absoluta falta de capacitación para este menester, pero quiero pensar que algo ha cambiado en mí y no es 2

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desde luego la milagrosa e instantánea adquisición de aptitudes para el difícil arte de pregonar, es algo más profundo, de esas cosas que sabemos sin saber. Por eso cuando recibí la para mí sorprendente propuesta de nuestra Junta de Gobierno, en mi fuero interno algo me decía que sí, que ya estaba preparado, que tengo la suficiente calma, que mi espíritu está tranquilo, que mis demonios interiores están bien amarrados, que ahora más que nunca tengo claro lo que importa, que no pienso malgastar más tiempo de mi vida en mirar atrás ni a otro lado, que voy aligerando mi equipaje….ahora si me creo capaz de, si qu iera esbozar, este intento de borrador de pregón, que más que pregón será oración y declaración de amor y fidelidad a la gran Madre celestial y “puerta del cielo” que nos cuida a todos. Será conversación, íntima aun con testigos pero conversación en fin con la Reina de nuestros corazones. Diálogo de amor correspondido con la “Causa de nuestra alegría”, con la sanadora de almas, con la que día tras día guía los pasos de esta hermandad, con la que fue sagrario vivo de vivo pan siendo, Ella misma, el agua para nuestra sed, mi Virgen de la Merced. Todos los cristianos somos conscientes de que Madre de Dios solo hay una, una sola “Madre del Creador”, pero el hecho de ser una mujer de carne y hueso la elegida por Dios para su plan redentor hace, que para el resto de mortales, su materia compartida por todos nosotros y distinta al resto de Personas de la Santísima Trinidad nos acerque más sentimentalmente a esa figura mediadora involucrada hasta la médula en una aventura salvífica, no querida, no planeada, pero asumida con la convicción ciega de la Fe, la única puerta al milagro y a la otra y auténtica realidad. Efectivamente los cofrades en particular, fieles custodios de esa religiosidad popular, de esa sabiduría ancestral, tan sospechosa a veces, tan mal llevada en muchas otras pero honda sabiduría al fin y al cabo, han sentido esa cercanía a Quien como nosotros nacida mortal, sin embargo, 3

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por amor y por decisión divina transcendió su propia humanidad. De esa predilección especial a las imágenes marianas la historia del arte da sobradas muestras desde poco tiempo después a los hechos históricos que rememoramos cada primavera, llegando incluso algunas leyendas a atribuir al apóstol San Lucas el primer retrato de la Virgen María. Tradición piadosa que ha interpretado en multitud de ocasiones el arte cristiano. Lo llevamos en la sangre, algo tiene esta tierra que ya estaba abonada para acoger la semilla de la fe en la Madre de Dios y en su papel de mediadora entre su historia carnal y su actualidad celestial. Dicen los estudiosos que si la diosa íbera, dicen que si la Astarté Fenicia, dicen que si los ritos sufíes y las procesiones de sus santos, pero eso nos debe dar igual, acaso contadas gotas del gran río azul que recorre Andalucía surgiendo de sus grutas y manantiales, desde Huelva hasta Almería. Vírgenes negras del color de la tierra y el misterio, Vírgenes icónicas que nos atan a nuestro pasado y nos proyectan al futuro en sucesión de continuidad. No hay que buscar heterodoxias postmodernas y culturalistas para constatar la gran cantidad de santuarios marianos que salpican nuestra geografía y que ya antes de la ruptura iconoclasta musulmana sembraban las bases, desde un catolicismo auténtico y sentido de nuestro sentimiento cofrade actual. Efectivamente esta tierra de María Santísima desde muy antiguo destacó por su definición marcadamente mariana, construyéndose los primeros templos dedicados a la Virgen María como atestigua la estela de Porcuna conservada en nuestro museo arqueológico. Hay pruebas históricas que confirman que en tierras visigóticas ya se le tributó a la Virgen María un culto superior a los mártires coetáneo a la primera basílica dedicada a la “Theotokos”, (Madre de Dios) construida en Roma por el papa Sixto III tras el concilio de Éfeso en el 431. Culto que el X concilio de Toledo en el 656 se encargó de generalizar con toda solemnidad. Por cierto que también recientemente se descubrió por tierras jiennenses, en la antigua Cástulo, la actual Linares, una patena de cristal que podría suponer una de las primeras representaciones cristianas de la península ibérica, en ella aparece Cristo en Majestad, con la cruz gemada en una mano, símbolo de la resurrección y los evangelios en la otra entre, 4

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posiblemente, San Pablo y San Pedro, enmarcada toda la escena por dos palmeras símbolo a su vez del más allá y del cielo. Siempre ha sido el sur lugar ajeno a la iconoclastia. Eso es Andalucía, esa es nuestra fe, no es la única, no es tal vez la más purista pero si purísima, esta es la tierra de María. De nues tra “Madre Inmaculada”. Todos nosotros sabemos que Madre de Dios solo hay una, que solo una mujer en la tierra fue la elegida para encarnar en su vientre al mismísimo hijo de Dios, haciéndose “Vaso espiritual”, “Vaso honorable”, “Vaso insigne de devoción”. Hecho trascendental y fundamento de nuestra fe, y que muchas veces hoy se pretende soslayar bajo el peso de la humanidad material e histórica de Cristo. Pero esa certeza no quita para que en el profundo sentir de nuestro pueblo llano a esa imagen de mujer y madre no le asocie inconscientemente su cotidiana experiencia de amor a sus mujeres y madres, que su profunda sabiduría ha intentado plasmar en los rostros de nuestras Vírgenes. Inspiración y modelos como única base conocida para intentar rozar esa otra dimensión tan ajena a nuestra materia, rasgar el velo para ver más allá y trascender esta realidad que nos encadena y que ante lo desconocido o quizás solo soñado nos es solo así permitido y nos da también las pautas para simbólicamente intuir lo que hay detrás. De esa manera de todos los rostros de mujeres reales que vemos cotidianamente buscamos el más bello pensando que es la mejor manera de representar a María, “Reina de las vírgenes”. Es por eso por lo que para mí, para todos nosotros la “Madre de la divina gracia” solo tiene una cara, y aunque sabemos que su cara está formada por los rasgos de todas las mujeres de la tierra, en ese millar de rostros nosotros distinguimos más claramente uno, un rostro que nosotros, hermanos mercedarios de esta particular hermandad vemos cada vez que le rezamos a La “Reina asunta al cielo”, Al “Refugio de los pecadores”, a La “Consoladora de los afligidos”, Al “Auxilio de los cristianos”. De lo particular a lo general y de lo general a lo particular. 5

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Un rostro que conocemos bien, que lo tenemos presente, que mira siempre de frente, buscando al Hijo que nunca está lejos, nosotros ”Madre admirable”, nosotros tus devotos hijos adoptivos, tus fieles cofrades mercedarios “Madre amable”, nosotros nos encargamos de que as í sea. Rostro de sufrir sereno, sufriendo pero tal vez intuyendo que esto no es el fin. Rostro celestial que vemos al cerrar los ojos, Rostro de morena dulzura de belleza andaluza y a la vez universal. Un rostro que sentimos e identificamos cada vez que rezamos una Salve o un Ave María, y no podemos evitar verte, en tu “trono de sabiduría” con esas mismas cinco lágrimas, sección aurea de Tus mejillas. Rostro sereno pero que lleva la pena en su aliento. Buiza buscó siempre tu cara, yo lo sé de buena tinta. He visto intentos por ahí hasta que te encontró a Ti. Ironías del destino que ese viejo cascarrabias hallara el mejor rostro que retratara a la Madre de Dios y “Madre de la Iglesia”. O quizás debe ser así, que esa azucena del campo preñada de aroma santo florezca de humilde campo y que un humilde jardinero, de recias maneras, de difícil trato, con mimo y con paciencia sembrara tan bella flor. Sus gubias se hicieron azada cavando en madera de cedro ya abonada con maestría, arte y mucho amor. Regando con óleo fino la flor tomó su color, de amapola, azucena y nardo, de las más bellas flores del campo se mezcló tu encarnación. El Guadalquivir te trajo, el río de Andalucía y en humilde maceta de barro se trasplantó. Ya en esta seca tierra, tus raíces se abrieron paso, enredadas en nuestros corazones que ya no laten sin Su fragancia. Hermanos, ¿no os habéis dado cuenta que en estas fechas no son nardos, rosas y claveles?, no es la celinda ni el lirio, ni la cera que de ellas crea la afanosa abeja, no, es Ella, “La Rosa Mística” de San Antonio la verdadera causa de tan embriagador olor. 6

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Gracias maestro por lo que nos diste, tú la sembraste en tu rudo huerto y ahora nosotros la mimamos, la regamos con nuestras lágrimas de fe, de cariño y de devoción. Ahora nosotros Cofrades mercedarios somos los agradecidos jardineros de este jardín de ensueño donde cuidamos a la más bella flor. Y este, tu convencido y alegre esclavo, siempre vio Tus bellos rasgos en esos Rostros Divinos que a lo largo de su carrera ha tenido la suerte de contemplar frente a frente. Le probé coronas de realeza a María, a “La Reina de todos los santos”, le hice símbolos de su pureza y siempre te vi a Ti, en la multicolor e indefinida profundidad de los ojos del Valle, en la dolida mueca malagueña de mis Penas. Te vi Pastora de un multitudinario rebaño. Te vi patrona, reina de pueblos enteros, dando consuelo e identidad a tantos lugares diezmados y víctimas del desarraigo de una sociedad especulativa e insensible, cada vez más separada de nuestra humana realidad. Que me perdone Dios si es pecado y me puedan disculpar tantos fieles devotos de sus imágenes pero Merced, tu rostro se superponía en confusión de rasgos, con tu Hijo en el regazo en castellana expresión, te vi de luto, te vi alegre antes del doloroso puñal, con el Niño Dios en brazos cuando eras solo madre, te vi ensalzada por multitudes enfervecidas, entre bullas que te aclamaban, y te vi abandonada, pálida, morena o rubia, esquematizada en primitivos intentos de acercarse a Ti…..porque siempre te coroné a Ti, siempre a Ti, solo una, Madre de Dios y Madre y Señora mía Santa María de la Merced. Hecho la vista atrás, desde la “Torre de David” de esta calma que me das, y aunque siempre fui muy celoso con mis recuerdos y soy consciente de que un pregón no es lugar para homenajes, no puedo evitar que me vengan a la memoria vivencias, imágenes que como fotos descoloridas de un anacrónico álbum caótico y subjetivo como toda memoria lo es hacen 7

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de garfios de restos de recuerdos asociados. Como esos álbumes familiares en que la calidad fotográfica era lo de menos, o mejor aún, esas latas de cola cao donde se iban acumulando recuerdos varios y fotografías que sin el orden estereotipado y preestablecido posibilitaban la magia de la sorpresa y la combinatoria casual y tan fecundamente humana. Por cierto que en esto como en otras muchas cosas, no en todas, salimos perdiendo con las innovaciones. No se puede comparar la nostalgia y los sentimientos que provoca en nosotros una antigua foto con su noble envejecimiento y las nuevas calidades que va adquiriendo ese añejo instante congelado en el tiempo, pero vivo a la vez, con un archivo digital viejo y estropeado. Verdaderamente el tiempo, tan sabio discriminador dictamina sin piedad y lo que era matización, pátina y armonía se convierte en horrible parche negro que amenaza y lucha por aniquilar nuestra memoria, a nosotros mismos. Pocas cosas hay más horrorosas que una foto con parte de la información digital dañada, es como si alguien censurara de pronto algo de nosotros mismos, como si un terrorífico telón concluyera parte de nuestra obra, parte de nuestra vida. Pero quedémonos con esa querida caja de recuerdos a la que recurrimos como remedio ante los ataques de nostalgia y que tanto bien nos hace. De esa caja de fotos de mi memoria mercedaria saco imágenes al azar, todas me producen un efecto inmediato, todas tocan una fibra sensible de mi ser. Me recreo en algunas dejándome llevar por una corriente de ideas y recuerdos asociados. Otras las vuelvo a guardar inmediatamente con un respingo de susto, algunas otras ni sabía que las guardara. Y llama mi atención de inmediato una un poco pajiza ya y con los bordes algo rasgados, en ella se ve a un grupo de hermanos preparar algo en el patio de la hermandad, si, son croquetas para la feria que antes se preparaban caseras, en esa instantánea una hermana le cura una herida en la mano a un torpe hermano, siempre lo fui para lo más simple, que se ha hecho manejando sillas metálicas. Si todos los que desde la presión dogmática, la fobia religiosa o la simple ignorancia y que critican tan alegremente nuestro sentir cofrade supieran los trabajos, algunos verdaderamente arriesgados que somos capaces de emprender por…¿porqué?, nosotros lo tenemos claro, por nuestra Madre de la Merced y por nuestro Señor de la 8

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Coronación de Espinas, pero podemos resumir que lo hacemos por Dios. Nos hacemos acróbatas para engrandecer sus cultos además de carpinteros, fontaneros, albañiles y camareros, eso mucho ¿verdad?. Y todavía piensan por ahí que disfrutamos con ello, que nos gusta el cachondeo, que dedicamos infinitas horas a la hermandad porque estamos aburridos, porque en esta sociedad utilitarista es inconcebible trabajar altruistamente. Escojo otra foto al azar, alguien muy familiar aparece en ella cambiando las velillas de los lampareros, ahí aparece alguien que confusamente puedo identificar conmigo mismo que ayuda a ese señor con bigote en tan rutinario menester. En otra pegada a esta se le ve dándole de comer a unos gatos. No sé bien como han llegado ahí algunas fotos, como conservo unas y otras las perdí, en definitiva las fotografías de nuestros recuerdos están sujetas a otra lógica distinta que no sabemos muy bien cómo funciona. Acontecimientos y experiencias que pensando con lógica fría estarían perfectamente enmarcadas en nuestra galería resulta que no están en nuestra querida caja y sin embargo el caprichoso azar, que quizás no lo sea tanto, conserva esas aparentemente sencillas vivencias a las que nos aferramos sin saber muy bien porque pero que algo muy al fondo de nosotros nos alerta de su mayor trascendencia. Hay más, la caja está repleta, saco otra en la que se ven varios hermanos subidos a los hierros de la caseta de feria sujetándola ante unas rachas de viento que amenazan con echar todo a volar y con cara mitad de miedo mitad divertida. En otra foto cercana a esta otros compañeros sacan agua con cepillos del interior de la caseta. Esta foto vuelve inmediatamente a la caja. Prefiero recrearme en unas pocas en la que aparecemos con buen ambiente, o junto a los niños de la Cruz blanca o de Promi. Revolviendo en la caja salen varias fotos de nuestras cuadrillas, ahí estamos muchos compañeros y amigos. Son típicas fotografías de costaleros, de esas que gusta ver siempre y de las que más pozo de nostalgia dejan, sobre todo cuando uno hace el involuntario ejercicio de comprobar quien está y quién no sujeto todavía a las leyes de la física. 9

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Muchas fotos cofrades abultan esa lata, cultos, convivencias, abrazos, esfuerzos y alegrías. Capirotes doblados por la lluvia, rachear de pies, oraciones, candelerías rotas….uf, a esta le doy la vuelta rápido y busco otra inmediatamente, que sé que la tengo, en la que aparece un hermano con una edad ya, de porte elegante y espigada hechura sentado en la peana de Nuestra Señora colocando con su proverbial plomada y con mimo infinito los cirios de su Virgen de la Merced, sembrándole la luz de nuestro amor a “La Estrella de la mañana”. Cuantas veces me acordé después de lo que Rafael me decía cuando lo requeríamos para cualquier trabajo de los que la hermandad nunca es deficitaria, cogía el teléfono y con su voz que siempre me sonó con cierto deje irónico contestaba: “bueno, que le vamos a hacer, si la hermandad me pide ayuda no tengo más remedio que decirle que sí, pero si no me llama mejor, trabajo que me ahorro”. Palabras que para mí siempre han encerrado la esencia de la disposición ideal que un fiel devoto de Nuestros Titulares debe tener. Encuentro un sobre entre tantas fotos sueltas en el que se agrupan unas pocas atadas con una goma, ésta todavía mantiene su elasticidad, aún no está pegajosa como le solía pasar a esos amarillentos atados con el tiempo, por lo tanto puedo retirarla sin romperla. En ellas suelo salir casi siempre con traje, vestido de romano como solíamos decir. Las guardo con cariño, y con agradecimiento a esos hermanos que suelen aparecer conmigo en casi todas ellas y que supieron fajarse en una situación difícil para nuestra querida Hermandad y lejos de cualquier tipo de gratificación de las llamadas “cofrades” que yo siempre pensé que más bien son egoísmos camuflados. Todo lo que sin dinero se podía hacer lo hicimos. Estoy convencido de que también lo quiso Ella, la Reina de todo lo vivo, que como solemos decir mueve los hilos porque realmente esa es su misión, mover nuestros hilos y movernos hacia Él, hacia Su Hijo, cuando testarudamente seguimos sordos y ciegos en esta caverna y un mensaje aparentemente tan sencillo de amor nos parece el más ignoto de los lenguajes cifrados. Si, Ella quiso que diera un paso al frente y lo volveré a hacer cada vez que intuya que me lo pide, como ahora, sin preparación, sin habilidades apropiadas pero convencido. Guardo las últimas imágenes que quedan fuera de la lata, más cultos, la capilla remozada, ahí estoy con una hermana que más que por hermana está por compañera y madre. 10

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Todos deberíamos de enmarcar y ponerle velas a estas fotos en las que aparece la familia sufriendo nuestra pasión. Nuestra “Reina de la familia” seguro que los sabrá gratificar. Carteles, boletines, (que bonitos), muchas recogidas de alimentos, un vía Crucis inolvidable y muchos abrazos, con miembros de las bandas, de las cuadrillas, risas y enfados, como la vida misma, como todas las familias que en definitiva es lo que somos. Fotos de jóvenes mercedarios, que ya no lo son tanto, de sacerdotes que quiero porque te quieren y porque son valientes por su fe. Esas fotos son también mi vida, son mi sangre y mi esqueleto, en ellas veo a Tu gente y con ellos fui tus pies, con ellos te alumbré “Virgen clemente”, con ellos quise tocarte la más hermosa melodía que pudiera de algún modo consolarte, con ellos te acompañé en lunes ensoñadores de olor a cera y jazmín, juntos nos embriagamos de nardos venticuatroseptiambrados, con ellos me embelesé mirando tu cara divina, con ellos te di mi vida y lo volvería a hacer. Esta es tu gente Merced, con sus virtudes y sus defectos, sus aciertos y torpezas que vienen a rezarte, a pedirte, a implorarte, yo quise ser uno de ellos para alegrarnos juntos, yo quise ser como ellos para sufrir por ti. Yo quise ser mercedario desde el día que te vi. Yo he sido uno de ellos que te defendió a muerte, yo he sido uno de ellos que no cambiaría su suerte porque suerte es el tenerte y tenerte es mi bien. Yo soy uno de ellos Madre para seguir siempre tus pasos, para lo que haga falta porque tu devoción me vasta, y porque madre no hay más que una y nunca podría rezar a dos. Yo, siempre seré uno de ellos, hasta mi último aliento, para morir contento por ti Merced, merced, Merced. 11

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Comencé proponiéndome firmemente no escribir un pregón de auto homenajes ni vivencial, pero a estas alturas me temo ir cayendo por esos barrancos que aconsejaba no rondar y es que ahora me doy cuenta de lo difícil que es aislar nuestras vivencias personales de las compartidas con los hermanos de nuestra común devoción, con el tiempo va tejiéndose una misma urdimbre alrededor de ella. Esa urdimbre a la que los entendidos llaman “antropología” o “sociología” y que mezclada con las firmes fibras de la fe católica han creado este maravilloso y rico tejido, hecho a mano, aquí en el sur que son nuestras hermandades y cofradías a las que ahora más que nunca tenemos que defender. Es en ese marco de convivencia en el que vivimos nuestra religiosidad y nuestra más directa relación con Dios y sus vías de acercamiento. Esa es creo yo la principal función y objetivo de nuestras hermandades, vivir agrupadamente nuestra fe común y esto no puede ser sino subjetivamente, es por eso que ahora entiendo esos rodeos en los que solemos caer los cofrades a la hora de hablar de Dios, de nuestro Redentor y de su Divina Madre, “Madre castísima”, “Madre intacta” ya desde el primer acercamiento que supone hacer Titulares de un grupo de devotos a alguna de las personas del Verbo y la importancia de la convivencia alrededor de Ellos. Son los pregones claro ejemplo de esto y es por ello que solemos hablar de nosotros mismos y de nuestros más cercanos en esa convivencia cuando queremos hablar de Dios, de Jesucristo o de la Virgen María. Como dijimos,el pueblo andaluz en su profundo saber, hondura que dicen los flamencos, sabe que no sabe, que no puede saber lo que está al otro lado pero que sin saber intuye y la única manera de que dispone para acercarse al misterio es la sublimación de su experiencia en la vida de este lado. Esa piedad popular que conociendo el dolor por la muerte de un hijo se imagina lo infinitamente insufrible que debe ser ver morir a Dios mismo, se compadece con el dolor de María porque ha conocido a muchas Marías pero en escala humana y para intentar su consuelo la mecen, le regalan 12

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flores y le interpretan sus mejores melodías y la visten con nuestra mejores galas y la coronan como a la mejor de las mujeres, que otra cosa podemos hacer. Esa gente sin nombre sufre al soberbio Caifás, al político Pilatos y conocen la traición diaria de tantos Judas de medio pelo. Ese bagaje inconsciente de la vida sabe que suele pagar siempre el justo la infamia de nuestros pecados, así ha sido siempre y así suele ser. A mí me pasa igual como sospecho que le pasa al común de los mortales por muy duchos en teología o liturgia que se esté, por muchos estudios o interés que se ponga, por mucho que busquemos y por muy lejos que andemos eso no nos acercará más a Dios. En definitiva esa búsqueda, algunas veces común y otras muchas más en solitario, por caminos interiores y místicos es una de mis mayores motivaciones y a la que no es ajena mi dedicación profesional que hoy, que es buen día para ese tipo de confesiones, ante Ella “Reina de los confesores”, confieso digo que siempre pensé que comenzó con lo que sentí como algo que tiraba de mí, que era yo, era mi voluntad pero al mismo tiempo no lo era. Santo Tomás nos lo recordó acertadamente: ”Dios mueve a las causas seg ún su naturaleza, a las necesarias las mueve necesariamente, a las libres libremente.” Por supuesto en mi caso es absolutamente innecesario, nada importante se perdería por mi opción en uno u otro sentido, pero aun así siento muchas veces que me empujan hacia un lado más que otro. Por supuesto esta sensación es común a todos nosotros y que solo la muchas veces loca, precipitada y agobiante vida que esta actualidad nos impone hace que no estemos atentos a las señales y que quizás un temperamento artístico sienta más. Creo que es un poco como la fe, tener fe en algo, en alguien, en Dios, exige más de quien la tiene que del objeto de esa fe, ¿Qué merito tendría si no?. Es nuestro entendimiento el que saca las conclusiones adecuadas en un momento dado por unos datos, unos sentimientos quizás no objetivos pero más auténticos si cabe y solo hay que decir sí. Recién acabada la por entonces llamada “E.G.B.” recibimos un día a unas monjitas de la cruz que venían a visitar a mi abuela materna que vivía por aquel entonces con nosotros. Esos ángeles en la tierra hacían de la asistencia a los más necesitados su principal misión en este mundo, en 13

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esto también los cofrades fieles guardianes de nuestra ancestral religiosidad popular hemos sentido esa hermandad sentimental, profunda y consecuentemente evangélica, de buscar a Dios con nuestros sentidos aquí en la tierra, bien sabida es la relación de las órdenes religiosas con nuestras hermandades y cofradías, mayoritariamente fundadas con su propio patrocinio y vinculadas históricamente a sus distintos carismas. Nosotros orgullosos herederos de esa originaria piedad popular que es la estructura profunda de la religiosidad del sur también sentimos esa cercanía, afinidad y simpatía por las que sentimos nuestras hermanas, asimismo ángeles adoradores del Colodro o los santos sin necesidad de decreto de la cruz blanca o, no orden pero algo parecido de la pastoral penitenciaria. Por cierto, buen año el próximo declarado de la misericordia por nuestro Santo Padre para cumplir con ese sueño compartido con ellos durante estos últimos años. En ellos volcamos sin saberlo esa tradicional relación significativa de las hermandades con los mensajeros de Dios en la tierra. No puede ser de otra manera ya que Ella es “Salud de los enfermos” y nosotros sus fieles seguidores. Estas monjitas piadosas, tal y como su santa madre fundadora hacía en vida llevando ese consuelo de Dios a las casas más necesitadas de El me vieron dibujando e interesándose por mi trabajo me dieron la mejor lección que nunca me llegó a dar el mejor de mis maestros, y los he tenido buenos. Simple y llanamente, con la permanente, beatífica sonrisa en sus bocas me dijeron: -Solo déjate llevar, siente y confía y verás cómo Él te marca el camino. Desde ese día y en contra de las más simples y extendidas normas del sentido común el corazón es mi mayor consejero y el que en un determinado momento me decía que no era perder el tiempo el quitarlo de un trabajo no del todo mal remunerado para volcarlo en una afición, una pasión que suponía no dedicar mis habilidades, mi don, como todos tenemos a nuestros iguales o no tan iguales, a quién pudiera pagarlo. Decidí que no era ni mucho menos perder el tiempo dedicar lo mejor de mi arte, bueno o malo, a la mayor gloria de Dios. 14

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