Nº 32 - Julio 2015 Supl Hist

 

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Nº 32 - Julio 2015 Supl Hist

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MADRE DEL PUEBLO 40 AÑOS Nuestra Historia Julio 2015 - Año 5 - N° 31 - Tel 41 39 04 02 - www.madredelpueblo.com.ar - parroquiamadredelpueblo.blogspot.com / Este ejemplar es de distribución gratuita.

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UNA CASA 40 ANIVERSARIO 2 EL DIARIO DE LA VIRGEN - SUPLEMENTO EN EL CIELO Y OTRA EN LA TIERRA E l 24 de Marzo de 1976 un golpe cívico militar tomaba el poder en la República Argentina. Comenzaba una de las épocas más oscuras de nuestra historia y el Bajo Flores, como tantas veces, volvería a estar entre los sectores más castigados de una sociedad que más iba a sufrir todo el terror. Mientras miles de personas eran secuestradas, torturadas, asesinadas y desaparecidas, la Villa 1-11-14 se encontraba en la mira de la Junta Militar para seguir el mismo camino. De la misma manera que sucedió con las demás villas de la ciudad, el intendente Osvaldo Cacciatore buscaba la erradicación total, que no quedara ni una casa en pie. De De noche y las topadoras arrasaban con las viviendas. “Se intima al ocupante de la vivienda a presentarse (con tarjeta de censo y documento de identidad) el día 4 del corriente, en el horario de 14 a 19 horas en la oficina Erradicación’ de la Comisión (…) De no presentarse en el plazo fijado, la vivienda será demolida”. Todo comenzaba con esta nota enviada a cada vecino por la Comisión Municipal de la Vivienda. Los ofrecimientos para que se retiraran del lugar eran poco claros y con una solución que demostraba que a la larga quedarían en una situación peor. A los que no querían arreglar les llegaba una intimación y, si seguían firmes, venían con la topadora a llevarse la casa puesta. Los traslados eran en camiones a los que se los fumigaba con todas las pertenecías de los vecinos. Así desapareció la Villa del Bajo Belgrano y tantas otras. En el Bajo Flores, las familias se acercaban a la parroquia para buscar una salida a tanto sufrimiento. Una vivienda digna La villa se iba vaciando. No había lugar ni para protestas. Tal como sucedió en la zona de las casas llamadas “medio caño”. Los vecinos mostraban los papeles de sus casas, pero el contrato tenía una trampa: decía que el terreno no era propio. “Llevensé las casas si quieren”, les decían a los vecinos que habían construido, embellecido y trabajado sobre la estructura original. Los curas villeros habían cambiado ciertos hábitos desde los primeros tiempos en los que decidieron compartir la vida con sus vecinos y vecinas. En un principio, ellos salían todas las mañanas a trabajar de la misma manera que lo hacía el barrio entero. El Padre Botán contó una vez que la gente les planteó un problema: mientras ellos se iban a trabajar las familias quedaban solas, a merced de los abusos de las

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EL DIARIO DE LA VIRGEN - SUPLEMENTO 3 fuerzas de seguridad militares. Por eso les pidieron que se quedaran allí todo el día. Los curas aceptaron y desde ese momento decidieron poner todo el cuerpo durante las 24 horas en la villa. Siguiendo las palabras del Monseñor Enrique Angelelli, decidieron escuchar “con un oído puesto en el Evangelio y otro en el pueblo”. Y nuestro barrio imploraba por el derecho a la vivienda. Así fue que las palabras de Jorge Vernazza quedaron inmortalizadas: “Queremos una casa en el cielo y otra en la tierra”. La consigna era simple y clara: es imposible pensar en la casa del cielo si no se vive en una casa durante nuestra existencia. Así fue que se buscaron dos formas de encarar el atropello. Resistir en el barrio y dar solución a otras familias más allá de los límites territoriales. parroquia. Era parar un tren con la mano, querer detener las topadoras que arrasaban con el barrio. Se necesitaba tiempo. Se requerían ganas. Fue así que nació la propuesta: pedir que dejen en paz a los vecinos e ir construyendo casas con la creación de la Cooperativa Madre del Pueblo. El bautismo de fuego fue en el barrio de San Justo, donde luego de conseguir un predio a bajo precio, se empezó a construir el barrio. Eran jornadas largas en donde el barrio se trasladaba los fines de semana para construir sus nuevas casas. A la vuelta, cansados, volvían a la dura realidad de ver un lugar que parecía estar bombardeado. Cada vez más escombros, cada vez menos casas. Y en medio de esas casas, una ermita que mostraba algo que permanecía inalterable: la fe y la compañía de la Virgen. Como se puede ver en las fotos en las que el barrio peregrinaba a su nuevo territorio, Ricciardelli y Vernazza caminaban en medio de la gente, un lugar elegido a propósito, tal como lo dijo alguna vez Rodol- EN SU MEMORIA Entre los desaparecidos del barrio se encuentran la mayoría de militantes que trabajaban en la Escuelita de Belén. La lista completa de vecinos y vecinas es María Vázquez, César Lugones, Mónica Mignone, Beatriz Carbonell de Weiss, Miguel Mansilla, Norberto Morresi, Jorge Villar, Emilio Lorenzo, Daniel Vázquez, Horacio Weiss, Mónica Quinteiro, Miguel Ángel Sosa, María Esther Loruso, Rita Estévez, Marcelo Cerviño, Ángela María Aieta de Gullo, Jorge Gullo, Manuel Frago, María del Carmen Sabino. Es importante saber que la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), denunció que la dictadura militar desapareció a màs de 120 religiosos/as entre los que se encontraban obispos, sacerdotes, seminaristas, laicos, católicos y protestantes. La resistencia y el éxodo Fueron cientos de familias las que encontraron respuesta formando una cooperativa de trabajo con la

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4 EL DIARIO DE LA VIRGEN - SUPLEMENTO 40 ANIVERSARIO fo: “Ni adelante ni atrás, siempre junto al Pueblo. Si vas atrás hacés que la cara la pongan otros, si vas adelante corrés el riesgo de decidir vos por los demás. Ahora, si vas a la par, nunca te vas a equivocar”. Y así fueron apareciendo otros terrenos. Pero la respuesta no era para todos y a la lucha por la vivienda se habían ido sumando las desapariciones de sacerdotes, monjas, militantes, vecinos y vecinas. El dolor era infinito, pero los que quedaban no bajaron los brazos. Una demostración de esa situación la dio el Padre Rodolfo Ricciardelli dando misa con un monaguillo, ellos dos solos, haciendo caso a lo que dijo Jesús: “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” Esa resistencia fue incansable. El emblema que hoy todos podemos cuidar es “todas las villas a Luján”. Esa costumbre que nació de una vecina que le propuso a Vernazza que los niños y niñas tomasen la segunda comunión en la Basílica nunca dejó de hacerse gracias a unos pocos. Es que un año, cuando todo parecía casi perdido, Ricciardelli reunió a un puñado de niños que habían tomado la comunión y se fue con ellos en micro a los pies de nuestra Madre. De miles de personas a unas pocas decenas, ellos fueron con la fe a cuestas a pesar de todo. Hoy, cada año que celebramos esa costumbre, es nuestro deber recordarlos. De 5600 casas que habían sido censadas quedaban sólo 17 junto a la Parroquia Madre del Pueblo. Parecía que todo terminaba, que ya no habría más barrio. Pero Dios y la voluntad de quienes jamás se entregaron generarían el milagro… “Se intima al ocupante de la vivienda a presentarse (con tarjeta de censo y documento de identidad) el día 4 del corriente, en el horario de 14 a 19 horas en la oficina Erradicación’ de la Comisión (…) De no presentarse en el plazo fijado, la vivienda será demolida”. Todo comenzaba con esta nota enviada a cada vecino por la Comisión Municipal de la Vivienda. Los ofrecimientos para que se retiraran del lugar eran poco claros y con una solución que demostraba que a la larga quedarían en una situación peor. A los que no querían arreglar les llegaba una intimación y, si seguían firmes, venían con la topadora a llevarse la casa puesta.

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