Roberto Martínez Rodrigo

 

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ROBERTO MARTÍNEZ RODRIGO El mono de trabajo como camisa de fuerza SALA D’EXPOSICIONS CENTRE CÍVIC ANTIC SANATORI Del 14 d’octubre a l’11 de novembre de 2011

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El mono de trabajo como camisa de fuerza. La muerte vive una vida humana. Hegel. Diferentes pensadores, han incidido en el carácter alienador del trabajo dentro de la sociedad capitalista. Un trabajo que no permite la autorrealización del hombre, en cuanto a la actualización y proyección de sus potencialidades; que impide su autoconsciencia, su autodeterminación. A partir de la organización de la fábrica del siglo XIX, el obrero ha sido progresivamente privado de su condición humana. Alienado en su trabajo, es asimilado a la máquina, convirtiéndolo, al mismo tiempo, en una simple mercadería, es reducido a cosa. El mismo proceso deshumanizador se extenderá a toda la sociedad, valorándose a la persona sólo en base al concepto de utilidad, propio de las cosas. Se ha ido imponiendo una visión materialista del mundo y con ello una progresiva pérdida del sentido de la existencia, llegando a lo que se ha llamado: “oscurecimiento del ser”. Desde el arte, se ha venido también denunciando este sistema en el que el trabajo se convierte en una maldición bíblica, en lugar de erigirse como actividad constructiva, sugestiva y dignificante. Diferentes artistas comprometidos han denunciado todo aquello que oprime y hace infeliz al hombre, oponiéndose al discurso del poder, a ese cruel sistema inhumano y cosificador que convierte al individuo en objeto, destinado a producir y consumir objetos; ese mundo donde se ha reemplazado la idea de “ser”, por la de “tener”. Porque el arte, como manifestó Beuys, además de un medio de comunicar la experiencia vivida, es un instrumento de liberación social; porque el arte, es fundamental en la resistencia contra la alienación en el capitalismo (Marcuse); porque el artista, según la tradición romántica que se extiende hasta nuestros días, es, como señaló Daumier: “el prototipo del trabajador que no obedece a la iniciativa ni sirve los intereses de un patrono, que no se somete a la lógica de la máquina. Es, en suma, el tipo del trabajador libre, que alcanza la libertad en la praxis del trabajo mismo”. Es el ser desalienado, libre de esas redes de dominación que objetivizan incluso al tiempo; el hombre emancipado. Entre estos creadores activistas o “interiormente dirigidos”, como los llamaría David Riesman, que buscarán, en un momento que los modelos neoliberales están tocando fondo, redimir su entorno, se encuentra Roberto Martínez Rodrigo, como vemos en algunas de sus obras, como esta serie “El mono de trabajo como camisa de fuerza”, donde plantea una reflexión entorno al bestiario de la sociedad tecno-industrial. Porque el arte ha de ser un poder de resistencia contra esa reificación dominante (Adorno y Horkheimer), “un arma que permita reflexionar, que cuestione, que ponga en entredicho, que abra nuevos planteamientos contra esa cosificación”, como ha sugerido el mismo Roberto, que utiliza ese instrumento, a la manera del guerrillero schmittiano, para plasmar sus experiencias, sus vivencias, y encuentra en la instalación el formato ecléctico ideal para sus reflexiones. Un terreno privilegiado para activar conciencias y decodificar ideologías. En ella tratará de crear diferentes ambientes, “situaciones”, cargadas de ironía y simbolismo, con diferentes figuras y objetos; entornos de vivencia estética, emotivos, sensoriales, sensuales e intelectuales. El espacio de representación se convierte en un espacio ideológico y la escenificación escultórica adquiere un marcado carácter narrativo, distribuyendo las figuras en interacción, dentro de esas diferentes escenas interrelacionadas, invitando, a la vez, al espectador, a relacionarse con ellas, a dialogar e interactuar, a entrelazarse y formar parte de la obra. Así, en el primero de estos ambientes, que lleva por título “El mono de trabajo” el autor reflexiona sobre la difícil situación de muchos trabajadores, sobre todo, como consecuencia de la nueva crisis económica: la degradación de las actividades debido a los procesos de flexibilización laboral, la pérdida de los derechos sociales, la precariedad y ocasionalidad del empleo que hace de los empleados más temerosos y sumisos, menos beligerantes o conflictivos. También se plantea, entre otras cosas, las inferencias de los métodos coercitivos

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del capital; del aumento de la expropiación, el control y la explotación de los asalariados; de la desestructuración de su subjetividad, y la aniquilación de la consciencia de clase, ese amplio proceso de individuación y degradación al que están sometidos. En esta pieza nos encontramos entre una serie de figuras enigmáticas y ausentes, desconcertantes, en cuyos cuerpos se insinúan los bolsillos y la goma elástica característicos de un mono de trabajo; una prenda que uniformiza, homogeniza, serializa y disciplina; que se adhiere a su piel y se convierte en una especie de camisa de fuerza que les oprime, aísla y encarcela. Este ropaje que se sugiere sería como el traje de fieltro de Beuys, que simboliza la incomunicación, el aislamiento existencial, evidenciando así la dimensión metafórica, además de la práctica y procesual, de esos materiales que utiliza. Materias o sustancias que no son nunca neutras y que estarán siempre condicionadas por los fines. De esta forma, el aparato conceptual de su obra se impondrá al formal; la idea se antepondrá, en su poética, a la formalización plástica. Así, en el proceso de trabajo, será importante el uso de unos componentes plásticos que no son cómodos, ni “nobles”, ni “bellos”, con lo que consigue, además, poner en tela de juicio el carácter mercantilista del propio objeto artístico, un fenómeno, calificado por Baudrillard de obsceno y que, como ha señalado Uberquoi, no hace más que arrojar el arte a la deriva. Muestra aquí pues al trabajador cabizbajo, doblegado, sometido, perdido, meditabundo, completamente perturbado, ido, angustiado, sólo e incomunicado. Es la secuela de la creciente descolectivización del trabajo, de la superexplotación, del deterioro salarial, del desempleo y el subempleo. Es la consecuencia de unas relaciones laborales en las que se le somete a una intensa competencia y conflictividad, lo que conduce a la ruptura de la solidaridad. Es el resultado de unas nuevas formas de organización del trabajo, la producción o la contratación, que provocan la segmentación. Un trabajo que, en la época de lo que se ha llamado capitalismo tardío, mediatiza todas las parcelas de la vida del individuo: que organiza su cotidianidad, generando hábitos, costumbres u horarios; que le ubica socialmente; que, en definitiva, se convierte en su vida, que le “mata”. Le transmuta en un muerto viviente, en un “zombi” producto de esa alienación ideológica de la cultura consumista, capaz de adormecer las conciencias. El mono de trabajo, 2009 Arpillera, serrín, goma elástica e hilo. Medidas variables.

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Las figuras se mueven en un escenario desolador, como en un ambiente carcelario, como encerradas en una prisión, en algo similar a lo que Max Weber llamaría una “Jaula de hierro”; como esa gélida reclusión Kafkiana de los laberintos burocráticos. Esa jaula espacial, sería como la cárcel invisible de la llamada sociedad moderna. Ese ambiente de inexorable pesadilla, que funciona como espacio emocional de lo reprimido, parece denunciar también el contexto opresor de la “sociedad de control” de la que hablan Foucault o Deleuze. El maltrato al que es sometido el individuo se manifiesta aquí en unas imágenes ajadas, sucias, desgarradas, pisoteadas, vejadas. Por otra parte, su fragilidad, su inconsistencia es remarcada por la deformidad y la blandura de sus cuerpos, que son como almohadones que patentizan un espíritu adormecido, aturdido, acomodado, resignado o dócil; que no son más que sacos vulgares y rellenos de serrín, pesados, pero, sin contenido, trasluciendo así al sujeto vacío, que no puede ser colmado por la subjetivación, por el yo. Son fardos que muestran al ser sin conciencia; al ser hecho objeto, hecho mercancía; un fardo envuelto en una arpillera, en una camisa de fuerza. Son pertrechos, monigotes ramplones, groseros, que aparentan moverse torpemente, con lentitud y titubeantes, en un escenario desolador; que parecen soportar a duras penas la pesada carga de la existencia. Así pues, su insignificancia, su elementalidad es acentuada por la simplificación formal. Destaca aquí nuestro artista la realidad del hombre como animal incompleto, como criatura en devenir en el cual sólo se intuye la posibilidad de ser, como organismo imperfecto, como ser carencial y artificial, como herramienta, como artefacto, como producto. Además de esas formas primarias, su tamaño, menor del natural, tampoco es casual. Serán entes empequeñecidos, mermados, menoscabados. Esta escasa longitud se une a la laxitud del material con el que están hechos y del que hemos hablado, para recalcar esa vulnerabilidad propiciada por la ansiedad, el estrés, la angustia, el miedo, en definitiva; esa emoción contagiosa, que según Kierkegaard es una “enfermedad mortal” y que genera una sociedad desesperanzada, terrorífica. El miedo ya patológico al fracaso, a la pérdida de identidad y de la certeza, al rechazo, al hastío, al aislamiento, al ridículo o al cambio. El temor a los otros, en un mundo convertido en un lugar de amenazas, en una sociedad histérica que somete a una vivencia angustiante precisamente al animal más miedoso, al hombre, condenado a mantenerse a flote en una ciénaga de incertidumbre. Por otra parte, esa inestabilidad, el desequilibrio de las propias figuras grotescas, de pies desmedidos, ridículos, irrisorios, alude a la precariedad de su incierta existencia. El tambaleo, la vacilación, evidencian la indecisión en la búsqueda de un camino, de una salida, y esa sensación es trasladada hábilmente al espectador. Al obligarlo, en un juego intrigante, a moverse entre las figuras, a sortearlas, le hace partícipe de esa dificultad, de esa lucha, para impulsarse libremente, convirtiéndolo en una figura más que vaga absurdamente por el sinsentido. Además el juego, el diálogo, se hace más interesante cuando espontáneamente alguna de esas figuras, premeditadamente, cae al suelo, pues obliga a ese sujeto pasivo a tomar partido. Se le da la opción de levantar o no al cuerpo, de actuar solidaria o temerosamente; de responsabilizarse, de comprometerse, o no. Pone en cuestión el actual conformismo social, la actitud pasiva del individuo ante las iniquidades e injusticias de un sistema perverso, ante el enloquecimiento del mundo. Esa pasividad, que denunció Huizinga, al detectar que se imponía sobre la condición activa del hombre, convertido en resignado, vago y enfermo contemplador, en lugar de en un inconformista y dinámico actor. Reivindica, de esta manera, un nuevo emisor emergente que rompa las barreras del espacio avasallador, para resquebrajar la estructura del discurso dominador. Sitúa pues, al espectador, en un espacio de disyuntiva, donde se le obliga a desentrañar alusiones y descodificar mensajes, a buscar respuestas. Así reclama el autor la intervención del juego que, como el arte al que está unido estrechamente, es capaz de potenciar el valor

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de la sensibilidad; también, como señaló Marcuse, de cancelar las formas represivas de la explotación del trabajo y del tiempo libre, de propiciar la libertad, gracias a esa significación ética y existencial que ya intuyó Schiller en esta actividad primigenia. Las esculturas de Martínez, nos hablarán pues de una persona transformada en autómata perturbado, extraviado, degradado, corrompido, prostituido, inmolado; en otro pelele esperpéntico, sin facciones, anónimo, ignorado; otra mercancía seriada, hipotecada, vendida; otra cosa. Así, sus figuras monocromáticas, ganan en discreción, en universalidad por su falta de particularización, pero esa ausencia de individualidad nos cuestiona y, tal vez, hasta incomoda. Esa alusión a una ausencia de identidad se ve reforzada por la paradójica falta de rostro en cada personaje. Otro recurso irónico para subrayar esa desidentificación, la eliminación del sujeto; también para subrayar la existencia de una máscara en el ente posmoderno, que no es sino esa personalidad construida por y para el capital tecnológico. El hombre-individuo se transforma en algo similar al hombre-masa del que habló Ortega, ese que no tiene rumbo, que carece de dirección, en los tiempos de la confusión donde el poder material ha vencido al espiritual y el capitalismo ha empobrecido su conciencia moral. El individuo-masa modelado por el poder, transformado en una cifra, un dato, un porcentaje. Es una crítica brutal a la deshumanización, a la cosificación, como la que hace todavía más explícitamente en su próximo ambiente titulado “Espacio de trabajo”. Espacio de trabajo, 2009 Arpillera, serrín, goma elástica e hilo. Medidas variables. En esta segunda obra, complementaria a la anterior, nos encontramos ante un palé repleto de figuras que representan al trabajador, al cual se vuelve a aludir mediante la insinuación del mono de trabajo. Se observa al peón apilado, oprimido, asfixiado por su monótona tarea; empaquetado y precintado como mero producto listo para comercializar. Un proletario preso de su labor, como sugiere el precinto que lo amarra y embala y el palé que lo apresa y lo aprisiona (otra vez la jaula), que sirve para apilarlo. El productor es producido, el comprador es

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comprado, en la era del hombre-mercancía. En el universo helado de las mercaderías, donde reinan las cosas, el individuo se convierte también en cosa, su conciencia, como señala Adorno, se cosifica, como se reifica todo lo vivo; como lo hace una sociedad cada vez más frustrante. Para Lukacks, el termino reificación significa una forma de alienación resultado del fetichismo de la mercadería de las modernas relaciones de mercado. Somos aplastados y cegados por la fuerza reificante del capital. Somos artículos vendibles intentando captar la atención, ofreciendo nuestra fuerza de trabajo al mejor postor. Luchamos por cotizarnos más, porque se nos reconozca, pues, como ha desvelado Bauman, en la sociedad de consumidores nadie puede convertirse en sujeto sin antes convertirse en producto, y nadie puede preservar ese carácter, si no se ocupa de resucitar y realimentar en sí mismo las cualidades que se requieren en todo producto de consumo. Por otra parte, el palé, el embalaje, nos remite a la idea del comercio, del traslado, del transporte, de la exportación del producto, haciendo alusión a la movilidad del mercado laboral, de las empresas, de la demanda, del beneficio, de la inversión, de la especulación u otros factores que aumentan la vulnerabilidad de un trabajador que se encuentra en una balsa Espacio de trabajo, 2010 Arpillera, serrín, goma elástica, hilo, madera y precinto. 80 x 100 x 90 cm.

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a la deriva, a merced del oleaje un mercado voluble, inestable, tempestuoso. El autor pretende hacernos reflexionar sobre la problemática actual que tanto le afecta, sobre la globalización y los cambios sociales, culturales y económicos que conlleva. También sobre los movimientos migratorios, la deslocalización, el poder de las grandes compañías multinacionales o la fluctuación de precios y cotizaciones, entre otras cuestiones que pueden afectar al hombre-mercancía, seriado y con fecha de caducidad, que ha hecho de su vida una mera operación de compra-venta. Otra pila de artículos humanos, esta vez, preparados decorativamente para ser expuestos en el escaparate la vemos en la tercera de las obras de esta serie: “Enxaneta”, una propuesta también íntima y conceptualmente relacionada con las anteriores. En este caso, la obra plantea una reflexión entorno a la terrible competencia a la que nos aboca el sistema, a la constante lucha que cada trabajador debe afrontar para tratar, no solo de ascender, sino simplemente para mantenerse en pie en un mundo laboral cada vez más competitivo y complicado. Así, el autor nos sitúa ante un montón de cajas de muñecos (idénticos formalmente a los descritos anteriormente, aunque parcialmente coloreados) cuidadosamente apiladas, como las que podemos encontrar cualquiera de esos “no-lugares” llamados centros comerciales. Una frágil construcción que se eleva fluctuante como un castillo de naipes que muestra la dificultad del individuo por cambiar de nivel, de categoría social, por subir un escalón más dentro de su escalafón profesional, por alcanzar la cima de la pirámide social, tan traicionera como la fraudulenta pirámide de ventas y su tramposo mercadeo multinivel; tan cuestionable como la pirámide de necesidades de Maslow, en la cual la exigencia de autorrealización y de creación ocupan el último peldaño del podium. Esta pila alude a esos castillos humanos que se desarrollan en numerosas poblaciones (entre ellas la localidad natal del artista), en las cuales los participantes parecen trepar frenéticamente, sin dudar en poner el pie, en pisar sin escrúpulos a quien sea, a toda costa, para alcanzar la mayor altura. En ellas la persona se encuentra inmerso en una lucha y esfuerzo constante por mantenerse en pie; en un efusivo baile de tensiones y de difíciles equilibrios, para no caer. La fragilidad del hombre, su indefensión, viene remarcada por la disposición del muñeco, encerrado en una metafórica y débil caja de cartón y plástico, que más que protegerlo lo aísla y lo recluye. Además aparece atado de pies y manos, amordazado, expuesto, cual vulgar juguete, débil, insensible e inerte, a los caprichos del destino. Enxaneta, 2010 Cartón, acetato, arpillera, serrín, goma elástica,y alambre. Dimensiones variables.

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Es patente, otra vez, la crítica a la sociedad de consumo, a la sociedad de la imagen, incluso lanza, a través de esta obra, una advertencia contra la publicidad comercial, convertida en propaganda política tras la fusión de negocios y política, contra el papel de los medios de comunicación (a los que García Calvo denomina medios de formación de masas), que han convertido la información en orientación al consumo, que conforman nuestra realidad, que nos moldean y modelan. Así pues, intenta potenciar ese planteamiento del hombre transformado en un voraz consumidor que pretende satisfacer las constantes fantasías impuestas socialmente, que intenta adquirir bienes y experiencias organizadas, prefabricas y codificadas; del ente que sólo vive para consumir y que a la vez se ha convertido en mercancía. Pura mercadería será también el trabajo, mero valor de cambio; incluso su tiempo libre, su ocio, que como dice José María Parreño, no es más que trabajo disimulado que dedicamos a consumir. El capitalismo genera el deseo de comprar, y ese deseo se transformará en una necesidad que producirá las constantes tensiones que muestra esta obra, la lucha cruel por la promoción social. Por otro lado, el título de la obra, es también significativo. “Enxaneta” es el nombre que se da a la niña que trepa a lo más alto de esa torre viviente popular, aquella a la que se le educa, se le entrena para ascender, apoyándose en los demás, a lo más alto. La criatura que arriesga su vida, animada y empujada por la masa, para elevarse sobre el resto; dispuesta a todo, por hacerse visible, por alcanzar los laureles del triunfo. Así el creador nos remite a la idea de la educación como instrumento de dominación y control social. Una enseñanza que se empeña en formar a líderes, más que a personas; que antepone el logro, el fin, al medio. Un proyecto educativo que consolida esquemas de explotación, que fomenta lo material y reifica la imaginación; en el cual se prioriza el dato y el número, para que seamos simples notas y cifras, piezas adocenadas y disciplinadas por el sistema, dispuestas a trabajar ciegamente por él. Somos códigos de barras (líneas como las que insinúan los colores de los trajes que Enxaneta, 2010 Cartón, acetato, arpillera, serrín, goma elástica,y alambre. Dimensiones variables.

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visten los personajes), decodificadores de datos y códigos que facilitan su rápida identificación y comercialización. En una sociedad cuya ideología dominante es el consumo, como escribe Baudrillard, consumo de mercancía y consumo de signo es equivalente, la lucha de las fuerzas políticas se dará, sobre todo, en el código cultural de representación, más que en el ámbito de los medios de producción. Así, instituciones como la escuela o los medios de comunicación, como hemos insinuado, asegurarán el sometimiento cultural, la pervivencia del sistema, del modo de producción. Éstos ejercerán el control, como diría Foucault, decisivo para disciplinar nuestros comportamientos, nuestros cuerpos, estructurando materialmente nuestra vida. Como Lukács, Roberto vuelve a cuestionar la desacertada actitud del hombre, la supuesta racionalidad de nuestra forma de vida. Pero no es sólo negativo el mensaje que se desprende de la lectura de esta pieza. Por una parte, la idea de ascensión, también deja entrever una esperanza, así como el hecho de que sean las únicas figuras coloreadas y parezca que la pátina azul y grana, así como el verde, disimulado en la parte trasera (tres colores con un simbolismo político evidente). Pese a que las figuras de esta pieza parezcan todas iguales no lo son en realidad; aquí el juego o trampa estriba en que los colores se cambian de izquierda a derecha y al contrario. De esta forma, el creador quiere hacer alusión a ese bipartidismo en que nos encontramos inmersos, así como a la sensación que tiene gran parte de la sociedad de que tanto “uno” como “otro” son todos iguales. El uso del color también podría deberse a la intención de hacer las figuras más atractivas y, por lo tanto, vendibles o, incluso, para evocarnos alguna de esas collas de danzantes que construyen esas torres humanas en territorio valenciano. No obstante lo que aquí parece un pequeño guiño a la esperanza, el color, si será más explícito en la última de las obras que forman esta serie: “Al calor de la luz”. Aquí, en la cuarta de sus propuestas, se servirá del precinto industrial para aludir a ese aspecto fabril patente en esta propuesta. Así pues, con la utilización del precinto transparente se pretende evidenciar, otra vez, ese carácter opresivo del trabajo y la transformación del empleado en un vulgar artículo o pertrecho. Por otro lado, con la reducción del tamaño de las figuras, de dimensiones muy inferiores a la escala humana, el artista pretende incidir, aún más, en ese aspecto de inferioridad, de indefensión, de sometimiento del trabajador. Una fragilidad e invisibilidad que resalta el propio material empleado, inconsistente y transparente; imperceptible como el propio individuo y su problemática existencial. Sin embargo ese mismo elemento que lo envuelve y lo aprisiona, deja pasar la luz, esa luz esperanzadora que está representada por una serie de bombillas (un elemento también industrial y tratado Al calor de la luz, 2010 Precinto y bombillas, Dimensiones variables.

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en esta pieza de forma tosca, burda, sin ningún tratamiento estético, como simple elemento fabril) a las que se acerca en busca de calor, de energía, de iluminación, de esclarecimiento. Es la luz del valor que conduce a la salida de nuestro íntimo infierno, que guía a un futuro mejor, a una posible escapatoria. Una luz que se convierte en lumbre que reconforta y regenera, como si se tratase de ese fuego purificador, mitológico, alrededor del cual han danzado los humanos, desde tiempos remotos, en ritos ígneos, para renovar los ciclos vitales. Ese fuego espiritual que vuelve a poner en comunicación al hombre con la naturaleza, con su propia naturaleza, que vivifica su ser. La elección de estos objetos tampoco es casual, muestra la relación entre lo humano y lo artificial, denuncia la identificación de las máquinas al cuerpo humano, la necesidad de la tecnología, de lo material, de lo objetivado, para ser, para proyectarse. La ansiada “luz” no será más que el deseo de felicidad que cada sujeto persigue y trata de alcanzar de distinta forma. Así, el entramado de bombillas y cableados simbolizarán la gran variedad de posibilidades que se le presentan al personaje, debiendo elegir en cada momento cual es su camino a seguir. Evidencian sus posibilidades de elección, introduciendo un claro mensaje de salvación; aunque ésta no es siempre posible, como deja de manifiesto el hecho de que hayan menos bombillas que figuras. No todo es pesimismo, pues, en su mensaje, también en su existencialismo, como en el de Mounier abre una puerta a la esperanza: “después de todo, queda el hombre, la conciencia humana. De alguna manera el hombre “es ahí” y tiene capacidad para reaccionar; incluso con su desesperación expresa la posibilidad de dotar de valor al mundo carente de significado”. Uno de los personajes de Camus señala: “Cuando comprendemos que con cada elección y acto no sólo nos hacemos a nosotros mismos, sino que dotamos a todo el universo del valor que tiene, descubrimos la dignidad de ser humano”. Así, su postura, como la de Sartre en su día, no será pues una rebelión existencial impotente o desesperanzada, pues constituye un momento de reflexión, de aceptación, de afirmación del hombre, de fe en él; una apuesta por su libertad. También por su responsabilidad de cara a la construcción de unos valores morales y de la búsqueda de un sentido, de un porvenir. Será pues optimismo velado o, como diría el mismo Sartre, un “crudo optimismo”. Esto significará, pues, invención, creación, acción y, por lo tanto, vida. El artista existencial pese a su desesperanza, estará erigiendo esperanza; pese al tono grisáceo de su visión, estará encendiendo la vela de la vida, en un claro compromiso con la humanidad. Para Kierkegaard tanto la desesperación como la angustia son necesarias en el hombre ya que son Al calor de la luz, 2010 Precinto y bombillas Dimensiones variables.

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Al calor de la luz, 2010 Precinto y bombillas. Dimensiones variables el camino para la fe y la liberación; lejos de ser vías de resignación o consolación, serán fundamento de la acción comprometida. Así pues, en eso consistirá la misión del artista, el “buscador de la verdad” (como la llama Herbert Read), subrayar la ignominia humana para agitar las conciencias, sembrar la duda, para propiciar la reflexión, la imaginación, la mejora social. Lo siniestro, lo trágico, se convierte, paradójicamente, a través de la ironía, en un esclarecedor juego de razonamiento y especulación, artificio de verdad y emancipación. Su búsqueda ética, más que en pesimismo inoperante, se tornará pues en descontento, inconformismo, indignación, rechazo y subversión. Mediante esta obra el artista apuesta por el cambio social, a través de la modificación de los discursos dominadores. Apuesta por la reflexión, por la necesidad de encontrar una alternativa a la brutal crisis de un sistema esquizofrénico que el mismo vive en sus carnes, y la superación de un mundo y de un ser humano cosificados, para conseguir un futuro no violento, solidario y constructivo. Ubica al ser humano como valor central para que éste cobre categoría de tal y así reemplazarlo por el hombre productor-consumidor, el hombre-mercancía. Como manifestó Alexis Carrel: “Es preciso humanizar al hombre”. Así, su existencialismo se hace hoy necesario, ante la eliminación del sujeto, propuesta por un posmodernismo (Barthes, Lacan, Derrida, Althusser, ….) al servicio del sistema, como ha denunciado Zerzan. Apuesta por el hombre, reivindicando al arte como un auténtico “acto de resistencia”. La creatividad es el verdadero capital de la humanidad. Beuys. Juan Carrión Miró

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CURRICULUM Roberto Martínez Rodrigo  Chiva, Valencia 1985 Vive y trabaja en Madrid FORMACIÓN En la actualidad realizo estudios de Doctorado de Arte: producción e investigación en la Universidad Politécnica de Valencia. 2010 Título de especialista profesional en diseño de espacios escénicos y publicitarios. Master en Producción Artística, Universidad Politécnica de Valencia. Taller Internacional de Paisaje de Blanca, impartido por Antoni Miralda. Murcia. 2009 2008 Certificado de aptitud pedagógica. Instituto de Ciencias de la Educación U.P.V. Taller de artista de Dara Birnbaum en IVAM, Valencia. Taller Internacional de Paisaje de Blanca, impartido por Concha Jerez. Murcia. Jornadas de Investigación. Arte contemporáneo y público. ¿Una relación Imposible?. MUVIM, Valencia. Taller de artista de Matt Mullican en IVAM, Valencia. 3º Seminario de diálogos con el arte. La voz en la mirada. U.P.Valencia. Licenciado en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia. Taller Internacional de Paisaje de Blanca, impartido por Francesc Torres. Murcia. Taller de artista de Christian Boltanski en IVAM, Valencia. 2005 Alumno del seminario “Distintos sistemas de representación en el Arte contemporáneo. Universidad de Valencia. BECAS Y PREMIOS 2010 Primer premio, II Certamen de pintura Nules-Jove. Castellón. Beca Taller Internacional de Paisaje de Blanca, Espacio de Artes Visuales. Murcia. 2009 Premio, III Bienal de las Artes de Buñol. Valencia. Beca Taller Internacional de Paisaje de Blanca, Espacio de A.V. Murcia. 2008 Certamen Nacional de Arte Joven Pancho Cossio. Santander, Cantábria. Premio XII Bienal de escultura y obra en tres dimensiones “Vila de Mislata”. Valencia. Beca Taller Internacional de Paisaje de Blanca, Espacio de Artes Visuales. Murcia. 2007 XXI premios de Pintura Villa de Paterna. Paterna, Valencia. 2006 III premio en el Iª concurso de Pintura al aire libre Pobla De Farnals. Valencia. EXPOSICIONES INDIVIDUALES 2011 2010 2009 2008 2007 El mono de trabajo como camisa de fuerza. Centre Civic Antic Sanatori. Sagunt. (*) El mono. Sala de exposiciones del Ayuntamiento de Alfara de la Baronía. Valencia. (*) Todo va como la seda. Centro cultural de Patraix. Valencia. La Casa de Es Cultura. Casa de Cultura de Chiva, Valencia. (*) Sensaciones. Casa Cultura de Cheste, Valencia. (*) Divertimentos. Centro Social la Cañada. Paterna, Valencia.

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EXPOSICIONES COLECTIVAS 2011 Sala de exposiciones. Metro Colón Valencia. / El Tolito. Colectivo la Tejedora. Valencia. 2010 XI Encuentros de Arte Contemporáneo. Universidad de Alicante. (*) / IV convocatoria Misterpink otros creadores. Galeria Misterpink, Valencia. / II Feria de Arte libre. Cáceres Extremadura. / XXII Bienal de pintura Eusebio Sempere. Onil, Alicante. (*) / II de pintura Nules-Jove. Nules, Castellón. (*) / X Mostra d´Art Jove “font d´Art”. Ontinyent, Valencia. XI Bienal de pintura de Meliana. Valencia. / III Certamen Coll Alas de Artes Plásticas. Gandía, Valencia. (*) / Real sociedad valenciana de agricultura y deportes. Valencia. (*) II Certamen de Artes Plásticas de Riba-Roja. Valencia. / XXXIX Concurso de Artes Plásticas, Quart de Poblet. Valencia. 2009 Galería Multiespacio Valencia. / Sala Borrón. Oviedo, Asturias. (*) / IV Certamen de mini cuadros Muz-Martínez. Galería San Vicente. Alicante. / XIX Premios Otoño Villa de Chiva. Valencia. (*) / IV Bienal de escultura de Benetusser. Valencia. / II Muestra de arte Villa de Bejis. / Castellón. (*) / III Bienal de las Artes de Buñol. Valencia. / V Bienal de pintura Manuel Leonor. Almassera, Valencia. / Emprendien vuelo: El Arte en la Hola de Buñol-Chiva. / Valencia. (*) / Fivars. Pego, Alicante. (*) / Imagina San Javier. Murcia. (*) II Muestra de arte “Villa de Bejis”. Castellón. (*) 2008 2007 Certamen Nacional de Arte Joven Pancho Cossío. Santander, Cantabria. (*) / Primer encuentro de arte universitario IKAS-ART. Stand de la Facultad de Bellas Artes de Valencia. Güeñes, Bilbao (*) / XII Bienal de Escultura y obra en tres dimensiones Villa de Mislata,Valencia. (*) / Premios Fivars. Pego, Alicante. (*) / Masivamente, Valencia. (*) XXXVII Concurs d`arts Plastiques Quart de Poblet, Valencia. (*)Certamen Nacional de Pintura “Ciudad de Daimiel ”. Ciudad Real. (*) Festival de Arte Público de Alginet “Efimer”. Valencia. (*) / “Ciudadano Sade“. Teatro Los manantiales, Valencia. / I festival de cortos Cheste Spanta . Cheste, Valencia. / Premios Fivars. Pego, Alicante. (*) / XXV Certamen Nacional de Pintura “Ciudad de Daimiel ”. Ciudad Real. (*) / Juan Olvido, miradas a la desmemoria. Valencia. (*) 2006 “VIDI festival“:festival internacional De videoarte de Valencia. (*) / XXI premios de pintura Villa de Paterna, Valencia. (*) / Intervención. Día Internacional de la lucha contra el SIDA, Valencia. (*) / Festival “Ver visiones“. Alginet, Valencia. 2005 Proyecto Lovely Shanghay Music; Promovido por John Armleder, Alemania. / XVI Premios Otoño Villa de Chiva. Chiva, Valencia. (*) / II premio de pintura rápida Godella y el seu entorn. Godella, Valencia. / I Concurso de Pintura al Aire libre Pobla De Farnals. Valencia. / Encuentro de arte de acción Performance hispano-portugués. Lisboa, Portugal. 2004 Dial Art, Gata de Gorgos, Alicante. (*) (*)  Catálogo. OBRA EN INSTITUCIONES Y AYUNTAMIENTOS Ayuntamiento de Nules, Castellón. Ayuntamiento de Buñol, Valencia. Ayuntamiento de Santander, Cantabria. Ayuntamiento de Chiva, Valencia. Ayuntamiento de Mislata, Valencia. Ayuntamiento de Paterna, Valencia. Ayuntamiendo de la Pobla de Farnals, Valencia.

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