El Morador - June 2015

 

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El Morador nº 0 Tamuz de 2545. Junio de 2015. Año I Revista del Santo Arco Real Supremo Gran Capítulo de España 1 El Morador nº 0

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El Morador Revista digital del Supremo Gran Capítulo de España de los Masones del Santo Arco Real de Jerusalén Junio de 2015 Editor Supremo Gran Capítulo de España Consejo de Redacción Óscar de Alfonso Ortega, Primer Gran Principal Lawrence Howard, Segundo Gran Principal John Mence, Tercer Gran Principal Ian Scambler Wilson, Gran Escriba E. Robert Leslie Munday, Gran Canciller Alberto Moreno Moreno, Gran Experto Director José Manuel Merello y Álvarez, Pasado Gran Experto Dirección electrónica: revistaelmorador@gmail.com Ilustración cubierta: Salomón, de Pedro Berruguete (1450-1503). Iglesia de Santa Eulalia en Paredes de Nava. Palencia. España. 2 El Morador nº 0

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ÍNDICE Editorial PÁG. 4 El calendario masónico y el Arco Real PÁG. 7 La ceremonia de Exaltación PÁG. 9 EL Pedestal Sagrado PÁG. 18 La joya del Compañero del Santo Arco Real PÁG. 21 Los cinco sólidos platónicos y la geometría sagrada PÁG. 27 Principales y Escribas PÁG. 34 Arroyo de Gihón, nuevo Capítulo PÁG. 39 El agua de Jerusalén PÁG. 41 Salomón, rey PÁG. 48 Noticias del Supremo Gran Capítulo de España - Consagración de Arroyo de Gihón 38 - Asamblea 2015. Málaga PÁG. 54 PÁG. 51 Bibliografía y colaboradores PÁG. 60 3 El Morador nº 0

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EDITORIAL Es importante estar familiarizados con los principios fundamentales que rigen la Masonería del Arco Real. Términos como Compañero, Capítulo, Consagración y Exaltación debemos saber qué significan realmente y en qué sentido están relacionados con nuestras creencias. Nuestros miembros se denominan Compañeros. El término tiene su origen en el latín y literalmente significa el que parte el pan con otro. Procede de los usos de la guerra, cuando la vida de cada hombre dependía literalmente de sus camaradas en la batalla, y el hombre con quien compartías el pan era aquel que se hallaba hombro con hombro contigo en el momento de hacer frente al enemigo. De hecho, hay una referencia al respecto en el Arco Real cuando se narra que los Sobrestantes (Moradores), con la paleta en una mano y la espada a su lado, estaban siempre dispuestos a defender la ciudad y el Sagrado Templo, y cada uno a su compañero, contra los ataques no Francisco de Goya. Tetragramatón hebreo en triángulo. Detalle del fresco La Adoración del Nombre de Dios, provocados de sus enemigos. conocido como La Gloria. 1772. Basílica del Pilar. Zaragoza. El término Compañero implica el más fuerte de los lazos, y exige lealtad y confianza desinteresada. Por estas razones implica también un lazo aún mayor que el de Hermano en la Masonería Simbólica, siendo un título del que, con justicia, nos sentimos orgullosos. Exige un alto patrón de conducta en nuestra vida personal, dado que este título nunca debe ser mancillado. 4 El Morador nº 0

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La palabra Capítulo se define como el cuerpo de gobierno de una orden religiosa o caballeresca. Del mismo modo, la Consagración significa la dedicación formal para un propósito religioso o divino. En Masonería se nos enseña que esta no es una orden religiosa, sino una orden firmemente anclada en el creencia de un Ser Supremo. No profesamos un credo concreto, sino que nos adherimos con firmeza a una creencia y filosofía que es la envidia del mundo, y por ello somos Compañeros de una Orden cuyas raíces se hunden profundamente en el deseo de felicidad espiritual del hombre. Un Capítulo se consagra para garantizar que sus miembros puedan expandir sus creencias, su beneficencia y su caridad en consonancia. La ceremonia de admisión al Grado de Masones del Arco Real se denomina Exaltación; pero, ¿por qué recibe este nombre?. Según el diccionario, el significado de la palabra exaltar es “alabar en grado sumo”, y el significado de exaltación es “la condición de encontrarse jubiloso o alborozado”. La Masonería del Arco Real pretende por ello provocar una condición de júbilo en el Candidato admitido a este Grado. En nuestra vida ordinaria, cuando algo perdido desde hace mucho tiempo es encontrado, experimentamos un sentimiento simultáneo de alegría y alivio, que depende del valor de aquella cosa perdida hacía mucho tiempo y que ha sido hallada. Si las circunstancias que conducen al descubrimiento de lo perdido son accidentales e inesperadas, el sentimiento de alegría es aún mayor. No es de extrañar, por ello, que la ceremonia de admisión a este Grado se denomine Exaltación. La Masonería del Arco Real es la base y piedra angular de nuestra estructura Masónica. Presenta una alegoría que nos muestra que, del mismo modo que nuestros antiguos Hermanos realizaron una serie de descubrimientos mientras preparaban el terreno para los cimientos del Segundo Templo, nosotros debemos reconocer el papel central de Dios en la vida y existencia humanas y meditar acerca de la naturaleza de Dios y nuestra relación personal con Él, independientemente de cuál sea nuestro credo. En este sentido, la pura y Antigua Masonería puede ser contemplada como un viaje de auto conocimiento y descubrimiento, con el Arco Real culminando las lecciones prácticas de la Masonería Simbólica por medio de una contemplación de la naturaleza espiritual del hombre, que no sustituye, sino que refuerza y apoya lo que ha aprendido de la religión. 5 El Morador nº 0

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¿Acaso no se excita la curiosidad del Maestro Masón en el momento de su Elevación y, posteriormente, cuando escucha al Venerable Maestro formular las preguntas: ¿Qué es lo que se ha perdido?, ¿Cómo se perdió? y ¿Dónde esperamos encontrarlo?. Estos genuinos secretos son descubiertos únicamente en la ceremonia de Exaltación, en la que se nos informa de que el Santo Arco Real no es un Cuarto Grado, sino la culminación del Grado de Maestro Masón. El Arco Real es el Grado más importante de la Masonería, con excepción de los Grados Simbólicos, y debemos animar a los Maestros Masones a ser exaltados y a que vengan a disfrutar y compartir el gozo y conocimiento que nosotros, como miembros de un Capítulo del Arco Real ya poseemos, pues supondrá no ya la contemplación, sino completar su Tercer Grado. Supremo Gran Capítulo de España Esta revista semestral (junio y diciembre) del Supremo Gran Capítulo de España nace para unir los trabajos de todos los miembros de la Orden del Santo Arco Real, y por tanto está abierta a la colaboración de todos los Compañeros, quienes podrán presentar a la Redacción trabajos sobre su personal visión del Arco Real, estudios o investigaciones, así como noticias de sus Capítulos. Recordad, Excelentes y Queridos Compañeros, que sólo todos juntos podremos construir una justa y perfecta cimentación y levantar el templo. La dirección electrónica de contacto: revistaelmorador@gmail.com 6 El Morador nº 0

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El calendario masónico y el Arco Real De la misma manera que se elaboró un alfabeto criptográfico, históricamente en Masonería se utilizó un modo diferente de computar el tiempo. Su razón fue diferenciarla de la utilizada por los profanos por discreción o seguridad. Pero este tipo de calendario masónico, que fue promovido por los altos Grados de diversos Ritos, ha ido perdiendo su vigor y en la actualidad está generalmente en desuso, bien por pereza o bien por ignorancia, sobre todo esto último. A pesar de ello, se suelen incluir, después de la fecha, las siglas (e.·. v.·.) (era vulgar), lo que es poco coherente. El más usado en Masonería es la datación de las Logias Simbólicas o Azules, anteponiendo a la fecha el Oriente o Valle (que no es lo mismo). La era masónica se obtiene sumando 4000 al año en curso. Así, 2015 es igual a 6015, agregando las abreviaturas (A.·. L.·.) (Año de la Luz) o bien (V.·. L.·.) (Verdadera Luz) o (A.·. D.·. V.·. L.·.) (Año de la Verdadera Luz). El año masónico comienza el 1 de marzo (primer mes) y finaliza el 28 de febrero (ó 29 de ser bisiesto) del siguiente año. Febrero es, pues, el duodécimo mes. La fecha masónica se obtiene según este ejemplo: 22 de diciembre de 2015 será 22 días del 10º mes de 6015. Pero esto nunca se cumple. En el Arco Real de Jerusalén se considera como año primero el de la reconstrucción del segundo Templo por Zorobabel en el año 530 a. C. Y es por ello por lo que se escribe la fecha sumando 530 a la era vulgar, utilizando la 7 El Morador nº 0

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abreviatura A. I. (Año de la Invención). Por tanto, 2015 (e. v.) será 2545 (A. I.). Y con los meses del calendario judío o hebreo: Enero: Shevat Febrero: Adar Marzo: Nisán Abril: Iyar Mayo: Siván Junio: Tamuz Julio: Av Agosto: Elul Septiembre: Tishrei Octubre: Jeshván Noviembre: Kislev Diciembre: Tevet Es decir: 20 de febrero de 2015 (e. v.) se escribirá en el Arco Real como vigésimo día de adar de 2545 (A. I.) 8 El Morador nº 0

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La ceremonia de Exaltación De nuevo el candidato se encuentra en estado de oscuridad. Pero la razón de esta oscuridad difiere totalmente de la que existía en el estadio de Aprendiz. Entonces no era sino un ignorante principiante en la búsqueda, realizando sus primeros esfuerzos irregulares y confusos hacia la Luz. Ahora ha pasado mucho más allá de ese estado; viene con toda la cualificación y el equipamiento del Maestro Masón. Hace ya mucho que vio la Luz por primera vez, y durante ese tiempo ésta ha dirigido sus pasos y nutrido su crecimiento. La falta de Luz inicial es la oscuridad del Tercer Grado que perdura hacia su experiencia posterior. Supone un momentáneo desconcierto ajustar su percepción a la nueva cualidad de la vida en la que se está adentrando, igual que un recién nacido es incapaz al principio de enfocar su vista a los objetos que se encuentran ante él. Durante unos instantes, pero tan sólo unos breves instantes, el candidato se encuentra en oscuridad; pero realmente está cegado por el exceso de luz, más que por la falta de ella. En esta condición acomete la apertura de un cierto lugar en el que se adentra y que procede a explorar, manteniéndose mientras tanto tocando a sus Compañeros por una cuerda o línea vital. 9 El Morador nº 0

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Los cuatro arquetipos simbólicos representados por el león, el buey, el hombre y el águila nos muestran entre otras cosas la historia de la evolución del alma y su progreso desde el estado de bestia salvaje, dominada por sus pasiones, hacia un estado en el que, siendo todavía sensual y animal, es dócil y disciplinado para el servicio, y de ahí pasa al estadio de la racionalidad humana, que finalmente desemboca en una espiritualidad que ansía elevarse. De forma similar, los estandartes de las doce tribus de Israel no son sino representaciones de sus prototipos, los doce signos del Zodíaco de esos cielos que podrían no existir o ser reconocibles para el ojo externo, pues son una realidad únicamente alcanzable por el ojo interno, ya que es una imagen que recoge en sí misma, no las tribus de una nación terrestre, sino las Tribus de Dios, las jerarquías celestiales que constituyen el dosel arquetípico o Arco Real que se eleva sobre la creación visible y que tamizan las influencias de todo ese Espíritu trino de Poder, Sabiduría y Amor en el que toda la compleja estructura vive, se mueve y tiene su ser. Recreación de un Capítulo «En el principio creó Dios el cielo y la tierra, y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas cubrían el abismo, pero el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas. Entonces dijo Dios: ¡Haya Luz!, y la Luz se hizo». Con estas palabras comienza la Sagrada Escritura, que es el don sacramental de esa Palabra Viva por quien todas las cosas fueron hechas, y están todavía siendo hechas, y cuya vida es la luz del hombre. 10 El Morador nº 0

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El candidato que recupera esa Palabra Perdida, en el sentido de recuperar la integración orgánica vital en ella y que, por lo tanto, es uno con su Vida y con su Luz, es capaz de verificar esta vieja historia de la creación en su aplicación personal a sí mismo. Él permanece en presencia de su propia Tierra, la cripta de roca o densa matriz de la que su más alto ser ha surgido, y de sus propios Cielos o cuerpo etéreo de sustancia radiante que (como la banda brillante de la Orden quiere significar) ahora le cubre con luz así como con paño. Es capaz de discernir que era él mismo quien al principio estaba «vacío y sin forma» y quien en virtud del «¡Hágase la Luz!» se ha transformado finalmente desde el caos y la inconsciencia a una forma tan perfecta y lúcida que es capaz de ser un vehículo consciente de la misma Sabiduría Divina. Con este logro simbólico de la Visión Beatífica en la restauración de la Luz, la parte efectiva de la ceremonia del Arco Real como rito iniciático concluye. Lo que sigue es anticlímax y una exposición alegórica de naturaleza similar a la historia tradicional en el grado de Maestro Masón. Esto adopta la forma de un mito o narración dramática a cargo de los tres Moradores (Sobrestantes) que describen su liberación desde la cautividad en Babilonia, su retorno a Jerusalén con la intención de ayudar en la reconstrucción del Templo destruido, su trabajo entre las ruinas y el descubrimiento de un antiguo e importante pergamino. Una mente perspicaz no fallará en percibir esta narración histórica, o casi histórica, como una alegoría del proceso espiritual que ha ido recorriendo el mismo candidato. Es él, como es toda alma humana, quien ha sufrido la atadura de Babilonia, la confusión de Babel en la existencia mundana, la tiranía de los intereses materiales y el caos de 11 El Morador nº 0

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su propia naturaleza desordenada. Es él quién, al revolverse contra todo ello, en momentos de reflexión se ha «sentado y llorado junto a las aguas de Babilonia», el flujo transitorio de cosas temporales, y «recordó a Sión», en un anhelo de libertad interior y permanente paz de corazón. Es él quien encuentra el templo de su antigua naturaleza sin valor y en ruinas, y se percata de que sobre ese terreno debe construir uno distinto y de mayor valor. De su interior surge el impulso del Señor interior (Kiros), el cual, tras la máscara del rey Ciro, promueve el fin de su cautividad y la marcha a su verdadero país de origen para erigir la Casa del Señor. Es él mismo quien descubre entre los escombros de su antiguo ser los planos y los materiales para la nueva estructura. Y finalmente, cuando esa estructura está completada y el hombre natural se ha reorganizado en hombre espiritual, es él quien será capaz de percibir las maravillas de su propio estado, de contemplar su propia Tierra y sus propios Cielos, ahora fusionados en una unidad de la que tanto su naturaleza material como su naturaleza espiritual fueron componentes necesarios. La constitución del Capítulo tal y como es revelada al candidato es, por lo tanto, el símbolo de su organismo perfeccionado. El candidato ve que el capítulo está polarizado a Este y Oeste; el Este, ocupado por los tres Principales, representa el polo espiritual; el Oeste, por los tres Sobrestantes (Moradores), el polo físico y material, siendo cada tríada reflejo de la otra, a pesar de constituir cada tríada una unidad orgánica por sí misma. San Juan así lo testifica (y el rito de la ceremonia está elaborado conforme a las enseñanzas de este gran Iniciado) cuando escribe: «Porque son tres los que dan testimonio en el Cielo, y estos tres son uno. Y hay tres que dan testimonio en la tierra, y estos tres concuerdan». El significado de esta afirmación metafísica es que, al igual que un rayo de luz blanca se descompone, como en el arco iris, en tres colores primarios que todavía persisten orgánicamente unidos, así ambos, el espíritu de conocimiento del hombre y su naturaleza física, aun mónadas esencialmente, pueden disociarse por un prisma en una trinidad. El espíritu del hombre en sus tres aspectos es, por lo tanto, apropiadamente plasmado por los tres Principales. Representan los tres altos atributos del espíritu: Santidad, Supremacía Real y Potencia Funcional, a los que también se alude en el título de la Orden: Santo, Arco, Real. El término medio y neutral de estos tres debe ser considerado como descomponiéndose a sí mismos en un aspecto activo y uno pasivo, o uno positivo y otro negativo, aunque los tres actúan orgánicamente como uno (tal y como sucede con los tres Principales de un Capítulo). Estos tres aspectos de un Espíritu monista son personificados como Ageo (pasivo) y Josué (activo), con Zorobabel como 12 El Morador nº 0

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término medio del que surgen los otros dos y en el cual se fusionan, pues la majestad central es en uno de sus aspectos silenciosa y retirada y en el otro funcionalmente activa y compulsiva. Igualmente sucede con la tríada de Sobrestantes (Moradores) en el otro polo. Ellos representan el ego humano unitario o personalidad también en su triple aspecto. Son la antítesis encarnada o reflejo físico del espíritu humano no encarnado. Por ello se denominan Moradores (Sobrestantes), por no ser sino peregrinos itinerantes o caminantes sobre un plano de no permanencia, en contraste con la vida duradera del espíritu inmortal, del que son proyección sobre este mundo menor. Psicológicamente, la personalidad humana está distribuida entre una subconsciencia pasiva y negativa y una inteligencia activa y positiva, conectadas por un principio central coordinador. Los tres combinados constituyen la individualidad unitaria del hombre. Mi ego con su fuerza de voluntad central y directriz es mi Morador principal; mi subconsciente, con su capacidad pasiva e intuitiva, y mi inteligencia práctica con sus poderes conectores y activos, que son el pensamiento y la comprensión, son mis Moradores auxiliares. Dejadme matizar que, al igual que sus representantes simbólicos, ellos están vestidos de blanco para ser capaces de reflejar y reaccionar a sus correspondientes en el polo Este o espiritual de mi ser. El nexo o medio conector entre los polos espiritual y material del hombre está representado por una tríada 13 El Morador nº 0

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encarnada por los dos Escribas y el Guarda Templo. El más importante de estos Escribas está adscrito al polo Este, como si fuera su emisario hacia el Oeste; el otro al Oeste, siendo sus actividades dirigidas en dirección Este; y el Guardatemplo es el punto de contacto con el mundo exterior. En uno de sus muchos significados ellos tipifican el término medio entre Espíritu y Materia, el medio astral o puente psíquico, en virtud del cual es posible el contacto entre ellos. Sumamente velada bajo la liturgia de un concilio del Sanedrín hebreo, la ceremonia del Arco Real exhibe por lo tanto de una manera sumamente gráfica el fundamento psicológico de la etapa final de regeneración. Para aquel que realiza una interpretación literal de los textos sagrados y no es consciente de que, tanto en las Sagradas Escrituras como en los Misterios, la apariencia superficial siempre debe ser leída en clave de valores espirituales y los personajes cuasi históricos deben ser entendidos como representación de principios filosóficos, supondrá alguna dificultad el preguntarse o traducir la cuasi historicidad del texto ceremonial en la interpretación espiritual aquí ofrecida. La educación e iluminación de la comprensión es, en cualquier caso, una de las intenciones explícitas de los ritos iniciáticos, y hasta que la mente es capaz de elevarse sobre los hechos meramente materiales y se habitúa a trabajar en el verdadero reino de las ideas que se materializan en hechos y los hacen posibles, hay escasa probabilidad de aprovechar ritos como los de la Masonería, que serían de valor despreciable de no ser por la fuerza espiritual y energía vivificante de sus ideas inherentes. Por lo tanto, puede ser útil, así como una corroboración de lo dicho anteriormente, escrutar los nombres hebreos de los oficiales de un Capítulo; lo que se desprenda de su análisis demostrará que esos oficiales encarnan ideas más que representan personas. Aquí damos por finalizado nuestro examen del verdadero significado y propósito de la ceremonia del Arco Real. Teniendo que ver, como es el caso, con una suprema experiencia humana que nadie puede apreciar sin someterse a ella, resulta ser el rito más grande y más crucial de la Masonería, y nadie que lo estudie comprendiéndolo debidamente y entendiendo su contenido sacramental ocultará su admiración por el profundo conocimiento e introspección del místico, hoy desconocido, que lo concibió, así como por la habilidad con que compiló y plasmó su conocimiento en expresión ritual. Lo lamentable es que aquellos que practican el rito no realizan esfuerzo alguno para penetrar en su significado y están satisfechos con la nada iluminada y 14 El Morador nº 0

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superficial representación de un ritual que incluso exotéricamente es llamativo, hermoso y sugestivo. La más nimia reflexión sobre el ritual sugerirá que aquí la Masonería no trata con el trabajo de construcción de una estructura visible, sino con la reconstrucción del templo caído y en ruinas del alma humana. Y que incluso asumiendo que el ritual incluya algunos acontecimientos históricos pasados, esos hechos son actualmente irrelevantes y no justifican que una elaborada Orden los perpetúe. Pero si esos acontecimientos y este rito simbolizan algo más profundo e íntimo, si son sacramentos que contienen verdades eternamente válidas y susceptibles de tener lugar en este momento en aquellos que las renuevan en el ceremonial, entonces reclaman una atención mayor y más seria que la habitual. Más aún, si el Arco Real es la representación simbólica de una experiencia suprema alcanzada y alcanzable únicamente en santidad y por el purificado, se deduce que los tres primeros grados simbólicos de la masonería que conducen y preparan para ello tienen un sentido mucho más profundo que el que comúnmente se les atribuye, y deben ser contemplados como solemnes instrucciones en la preparación previa para esa condición regenerada. El trabajo en logia simbólica queda inconcluso si no es completado en el Arco Real. A cambio, ese objetivo no puede cumplirse sin la disciplina de los trabajos previos, la purificación de la mente y el deseo, y esa crucifixión hasta la muerte del yo que es la medida del mérito que cualifica para entrar en esa Jerusalén que no ocupa lugar geográfico y que es denominada la Ciudad de la Paz porque implica el descanso consciente del alma en Dios. Para muchos, la sugerencia de que alcanzar tal condición es posible o concebible mientras seguimos prisioneros de la carne puede resultar sorprendente o incluso increíble. Pero esa duda no está justificada, y la doctrina masónica la niega. Como se ha demostrado al contrario, esta doctrina postula, no ya que la ausencia sea necesaria, sino que la posesión de 15 El Morador nº 0

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