Voces en el Fénix Nº 42 - EL LABERINTO DEL FAUNO - Drogas

 

Embed or link this publication

Description

Voces en el Fénix Nº 42 - EL LABERINTO DEL FAUNO - Drogas

Popular Pages


p. 1

La revista del Plan Fénix año 6 número 42 marzo 2015 ISSN 1853-8819 La guerra contra las drogas fracasó. La matriz prohibicionista y punitivista asociada a esta doctrina generó en nuestra región mayores niveles de exclusión social, inestabilidad política y violaciones de los derechos humanos, además de facilitar la comisión de otros delitos como el lavado de activo en proporciones inimaginables. Es urgente cambiar la perspectiva y pensar en respuestas integrales que pongan nuevamente a las personas en el centro de las intervenciones. El laberinto del fauno

[close]

p. 2

sumario nº42 marzo 2015 editorial El socio oculto del capital Abraham Leonardo Gak Graciela Touzé Prefacio 6 Carlos Damín Consumo de sustancias psicoactivas: cuándo es un problema 10 María Pía Pawlowicz Ley de Salud Mental. Apuesta a un cambio de paradigma y oportunidades para una reforma en las políticas de drogas 20 Jorgelina Di Iorio De la advertencia a la prevención transformadora: abordar los usos problemáticos de drogas en adolescentes y jóvenes 28 Dênis Roberto da Silva Petuco y Rafael Gil Medeiros Escenarios Contemporáneos de la Reducción de Daños en Brasil 34 Paula Goltzman Notas sobre el trabajo en drogas desde el territorio 42 Fernando Buen Abad Dominguez Reinos Culturales del Crimen Organizado 50 Brígida Renoldi Droga, narcotráfico y seguridad: La disección de los monstruos 60 Juan Carlos Garzón VERGARA Duros contra los débiles, débiles frente a los duros. El impacto de la “guerra contra las drogas” en el accionar policial 68 José Sbatella La acción contra el narcotráfico y el lavado de activos 76 Alejandro Corda Criminalización de los usuarios de drogas en Argentina 84 Corina Giacomello Las mujeres en el debate internacional sobre políticas de drogas 92 Florencia Corbelle Activismo cannábico: nuevo actor social 102 Julio Calzada Mazzei Apuntes sobre la transición de las políticas de drogas en Uruguay 110

[close]

p. 3

Autoridades de la Facultad de Ciencias Económicas Decano José Luis Giusti Vicedecano José Luis Franza Secretario General Walter Guillermo Berardo Secretaria Académica María Teresa Casparri Secretario de Hacienda y Administración César Humberto Albornoz Secretario de Investigación y Doctorado Eduardo Rubén Scarano Secretario de Extensión Universitaria Carlos Eduardo Jara Secretario de Bienestar Estudiantil Federico Saravia Secretario de Graduados y Relaciones Institucionales Catalino Nuñez Secretario de Relaciones Académicas Internacionales Humberto Luis Pérez Van Morlegan Director Gral. de la Escuela de Estudios de Posgrado Catalino Nuñez Director Académico de la Escuela de Estudios de Posgrado Ricardo José María Pahlen Secretario de Innovación Tecnológica Juan Daniel Piorun Secretario de Transferencia de Gestión de Tecnologías Omar Quiroga Voces en el Fénix es una publicación del Plan Fénix ISSN 1853-8819 Registro de la propiedad intelectual en trámite. Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Económicas Claustro de Profesores Titulares José Luis Franza Juan Carlos Valentín Briano Walter Fabián Carnota Gerardo Fernando Beltramo Luis Alberto Beccaria Héctor Chyrikins Andrés Ernesto Di Pelino Pablo Cristóbal Rota Suplentes Domingo Macrini Heriberto Horacio Fernández Juan Carlos Aldo Propatto Javier Ignacio García Fronti Roberto Emilio Pasqualino Sandra Alicia Barrios Claustro de Graduados Titulares Luis Alberto Cowes Rubén Arena Fernando Franchi Álvaro Javier Iriarte Suplentes Daniel Roberto González Juan Carlos Jaite Claustro de Alumnos Titulares Mariela Coletta Juan Gabriel Leone María Laura Fernández Schwanek Florencia Hadida Suplentes Jonathan Barros Belén Cutulle César Agüero Guido Lapajufker Los artículos firmados expresan las opiniones de los autores y no reflejan necesariamente la opinión del Plan Fénix ni de la Universidad de Buenos Aires. staff DIRECTOR Abraham L. Gak COMITE EDITORIAL Eduardo Basualdo Aldo Ferrer Oscar Oszlak Fernando Porta Alejandro Rofman Federico Schuster COORDINACIÓN TEMÁTICA Graciela Touzé SECRETARIO DE REDACCIÓN Martín Fernández Nandín PRODUCCIÓN Paola Severino Erica Sermukslis Tomás Villar CORRECCIÓN Claudio M. Díaz FOTOGRAFÍA Sub [Cooperativa de Fotógrafos] DISEÑO EDITORIAL Mariana Martínez Desarrollo y Diseño deL SITIO Leandro M. Rossotti Carlos Pissaco Córdoba 2122, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Teléfono 4370-6135. www.vocesenelfenix.com / voces@vocesenelfenix.com

[close]

p. 4

El socio oculto del capital L a producción, el tráfico y el consumo de drogas acompañaron el desarrollo de la humanidad prácticamente desde sus inicios. Durante la fase de expansión del colonialismo y el comercio internacional, la producción representaba una parte significativa de los ingresos de los países de Oriente con su tráfico hacia Occidente. Este proceso de raíz económica ha ido derivando y creciendo hasta la actualidad, donde se ha consolidado como un negocio extremadamente importante y lucrativo. El origen de la proliferación y la creciente importancia del negocio de las sustancias psicoactivas en la economía mundial puede situarse en el momento del levantamiento de la Ley Seca en los Estados Unidos, que dejó inmensos capitales sin posibilidad de aplicación. Así, quienes estaban al frente de tamaña actividad ilegal, se vieron obligados a buscar otros “negocios”. Esto dio lugar a la aparición de centros de recepción de fondos alejados de los controles vigentes en materia de regulación financiera. En este contexto, el desarrollo de las comunicaciones facilitó enormemente la ampliación de escenarios y un creciente poder dentro del sistema financiero y político internacional. Sumado a esto, el proceso de producción de drogas también se ha visto notoriamente afectado en virtud de los nuevos conocimientos científicos –en especial los derivados de la química y la farmacología– que permiten generar mayores niveles de independencia y reducir los riesgos que supone el traslado de las sustancias a través de grandes distancias, que es, tal vez, el eslabón más débil y vulnerable de su cadena de producción. Por su parte, influidos por la política desarrollada en la materia por Estados Unidos, la mayoría de los gobiernos a nivel internacional eligieron sumarse a la “guerra contra las drogas”, basada en la persecución y represión de los últimos eslabones de la cadena (vendedores minoristas y consumidores), dejando muchas dudas sobre el accionar respecto de las organizaciones criminales que manejan hoy en día la parte más concentrada del negocio. Ahora bien, esta “guerra” ha fracasado a nivel mundial, dejando tras de sí mayores niveles de desigualdad, vulnerabilidad, desestabilización política y social, y muerte. Frente a esto, las comunidades intentan diversos mecanismos para reducir los efectos perniciosos del consumo y evitar la criminalización de los consumidores. Por ello, aparecen nuevos proyectos y propuestas de políticas destinadas a hacer eje en la reducción de la demanda y, al mismo tiempo, en la reducción de las penalidades de quienes las consumen, considerando a los usuarios como víctimas. Políticas como la reducción de daños, la despenalización de la tenencia para el consumo personal y el autocultivo fueron ganando espacio en los últimos años, generando un nuevo consenso en la materia, aunque lejos está todavía de afianzarse con la aplicación de una reforma integral. En esta línea, aparece una nueva mirada, que es la que tiende a trabajar sobre las causales que llevan a los individuos a requerir su uso. Esta nueva mirada se vincula directamente con la ampliación de los derechos humanos. De esta manera, se piensa en reducir el consumo mejorando las condiciones de vida y convivencia de los seres humanos, llegar al problema a partir de conocer las limitaciones que surgen en el propio territorio de reproducción de la vida. Mientras tanto, el negocio sigue floreciendo, y cada vez más se constituye en un socio oculto –pero en buena parte decisor– del sistema financiero internacional. Tarde o temprano, si queremos evitar alcanzar un punto sin retorno, deberá atacarse el tráfico de esos ingentes recursos que gozan de impunidad, amparados en los paraísos fiscales que les ofrecen la protección de un sistema que privilegia la rentabilidad de las inversiones financieras por encima de la vida de las personas. ABRAHAM LEONARDO GAK (DIRECTOR) 4 > www.vocesenelfenix.com

[close]

p. 5

Editorial > 5

[close]

p. 6

prefacio por Graciela Touzé Trabajadora social. Especialista en Ciencias Sociales y Salud. Presidenta de Intercambios Asociación Civil. Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires 6 > www.vocesenelfenix.com

[close]

p. 7

> 7 E n los últimos años se viene experimentando en el mundo todo un intenso proceso de debate sobre el problema de las drogas. Quizá por primera vez desde que se instalara el actual sistema de fiscalización internacional, voces diversas se suman para reclamar que se revise su matriz prohibicionista y la histórica prioridad dada a las respuestas punitivas. Y es desde América latina desde donde esas voces se alzan con particular energía, denunciando la insensatez de una “guerra contra las drogas” que ha sumado víctimas a lo largo y ancho del continente. Una “guerra contra las drogas” cuyo impacto en la reducción, tanto de la oferta como de la demanda de sustancias psicoactivas, ha sido mínimo, y que en cambio ha generado inestabilidad social y política y ha contribuido a flagrantes violaciones de derechos humanos. Es desde América latina desde donde no sólo se revelan las desdichadas consecuencias de la “guerra contra las drogas” sino que se exploran nuevos enfoques y se delinean políticas alternativas. Este movimiento de reforma –del que participan actores políticos, académicos y de la sociedad civil– está impulsando propuestas de transformación de los viejos paradigmas punitivos que han generado padecimiento subjetivo y colectivo así como mayor exclusión social. Este número de Voces en el Fénix reúne un conjunto de textos que representan posiciones frente al fenómeno de las drogas que ciertamente no han sido las hegemónicas en su definición como problema. Los autores ponen en cuestión los sentidos construidos alrededor del tema, los discursos y las prácticas dominantes, para abarcar desde una diversidad de perspectivas la complejidad del fenómeno. Discuten las posibilidades de intervención y los límites de los actores e instituciones comprometidos en la problemática e integran la mirada de sujetos tradicionalmente marginados del debate

[close]

p. 8

para comprender sus lógicas. Un primer grupo de artículos nos interpela desde el campo de la salud pública subrayando la necesidad de respuestas integrales y de ponderar al sujeto como eje de las intervenciones. Carlos Damín nos trae su extensa experiencia en la clínica toxicológica para ampliar el universo de sustancias a las que habitualmente denominamos “drogas”; nos llama la atención sobre las distintas formas de consumo y sobre la necesidad de trabajar en promoción de la salud, señalando que “la articulación estrecha de conocimientos con otras ciencias y saberes es el camino adecuado”. No podíamos dejar de incluir en este número la referencia a la Ley Nacional de Salud Mental 26.657 y sus implicancias para la atención de los problemas asociados con las drogas. María Pía Pawlowicz analiza esta norma a la que define como un hito al concebir a las personas que usan drogas como sujetos de derecho y favorecer “abordajes interdisciplinarios e intersectoriales, de base comunitaria, que permiten un mayor acceso a las instituciones y una perspectiva integral de la cuestión”. La compleja relación entre adolescentes y adultos es abordada por Jorgelina Di Iorio, que revisa las intervenciones preventivas y nos propone superar las estrategias basadas en el discurso del miedo para avanzar hacia “regulaciones en clave de evitar riesgos, reducir daños y aumentar cuidados”. Desde Brasil, Dênis Roberto da Silva Petuco y Rafael Gil Medeiros profundizan la perspectiva de reducción de daños, describiendo el recorrido que tuvo en el vecino país desde su conflictivo inicio en 1989 hasta la actualidad. En coincidencia con debates que tienen lugar en nuestro medio, destacan a la reducción de daños no como “una mera técnica” sino como una visión del mundo que implica una postura ética y política. El abordaje territorial de los problemas de drogas aparece como una constante en las propuestas actuales de intervención. Paula Goltzman desmenuza esta categoría y la relaciona con dos variables: las respuestas tradicionales en el campo de la atención y la reorientación del Estado en la implementación de las políticas sociales. A partir de esto, sugiere algunas claves para pensar las intervenciones. Un segundo grupo de artículos aborda diferentes dinámicas ligadas a la condición de ilegalidad del mercado de sustancias ilícitas y al tipo de políticas aplicadas al control de la oferta de drogas. El filósofo mexicano Fernando Buen Abad Domínguez nos alerta acerca de la naturalización de lo que denomina “Narco-Cultura” y denuncia la funcionalidad de la relación entre crimen organizado y sistema capitalista. Por su parte, Brígida Renoldi nos invita a repensar el modo en que significamos términos como narcotráfico, crimen organizado, droga, seguridad, y concluye con una observación desafiante: “Gran parte del problema de la seguridad con relación a las drogas está en la frontera establecida por el Estado entre lo legal y lo ilegal, y en sus naturalizaciones morales”. La aplicación represiva de la política de drogas y sus impactos en las fuerzas policiales en América latina son analizados por el colombiano Juan Carlos Garzón Vergara, quien indica que la “guerra contra las drogas” ha distorsionado las responsabilidades de la institución policial, “influido negativamente en su relación con la ciudadanía, dispersado los limitados recursos del Estado y generado incentivos perversos”. A partir de este análisis, formula una serie de recomendaciones para contribuir a producir cambios en las fuerzas policiales. A su vez, José Alberto Sbattella aborda la problemática del lavado de activos y describe el marco jurídico e institucional con el que la Argentina responde ante este delito. Señala que en la actualidad la Unidad de Información Financiera colabora en 700 causas por narcotráfico y enumera algunos de los casos más resonantes. Los tres artículos siguientes ponen el foco en los sujetos que son el blanco de las políticas de control. Alejandro Corda resume la historia de las respuestas estatales sobre drogas en la Argentina y muestra que en gran medida estas se centraron en la criminalización de los consumidores. Advierte que, pese al creciente consenso para terminar con esta criminalización, “la 8 > por Graciela Touzé

[close]

p. 9

PREFACIO > 9 Quizá por primera vez desde que se instalara el actual sistema de fiscalización internacional, voces diversas se suman para reclamar que se revise su matriz prohibicionista y la histórica prioridad dada a las respuestas punitivas. reforma no se termina de concretar, las resistencias persisten, y ciertas alternativas que se proponen parecen reproducir las mismas concepciones que alimentaron las respuestas estatales respecto de los usuarios de drogas durante el siglo XX”. Corina Giacomello introduce la perspectiva de género y señala que en las últimas décadas “el número de mujeres en prisión por delitos relacionados con drogas ha aumentado exponencialmente”. Al analizar el impacto de las políticas de drogas sobre las mujeres encarceladas, identifica tres puntos: la desproporcionalidad de las penas, la falta de alternativas al encarcelamiento y la prisión preventiva, y la situación de los niños y niñas con referentes adultos encarcelados. Por su parte, el texto de Florencia Corbelle nos presenta el proceso de organización y creciente visibilidad de un colectivo al que caracteriza como nuevo actor social y político: los activistas cannábicos. Como señala la autora, este proceso implicó el pasaje de la clandestinidad al protagonismo en el debate parlamentario e incorporó el concepto de “usuario responsable”, como estrategia clave para desmontar el estereotipo estigmatizante del “adicto”. Dejamos para el final el artículo de Julio Calzada Mazzei sobre la transición de las políticas de drogas en Uruguay. Calzada –que condujo la política uruguaya de drogas durante el gobierno de José Mujica– explica los condicionantes que llevaron a la propuesta de regulación estatal de la cadena de plantación, producción, distribución y dispensación del cannabis, actualmente en ejecución en el Uruguay, en lo que constituye la apuesta más fuerte realizada hasta la fecha para revertir las nefastas consecuencias del régimen prohibicionista. Estamos en un momento clave para profundizar el debate. En abril de 2016 tendrá lugar la Sesión Especial sobre Drogas de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Será la oportunidad para que la comunidad internacional asuma el fracaso de las políticas vigentes y plantee un cambio profundo en el régimen internacional de drogas. Esperamos que este número de Voces en el Fénix sume su aporte para que el debate se extienda a todo el entramado social.

[close]

p. 10

1 0 > www.vocesenelfenix.com

[close]

p. 11

> 11 por Carlos DamíN. Doctor en Medicina, especialista en Toxicología y Salud Pública. Jefe de Toxicología del Hospital Fernández. Profesor de Toxicología de la Facultad de Medicina de la UBA. Director de FundarTox Tenemos una sociedad que consume sustancias todo el tiempo. Todos los años se registra un aumento en el número de intoxicaciones agudas por drogas lícitas e ilícitas en nuestros hospitales mientras se fomenta el consumo a través de la publicidad de bebidas alcohólicas y de medicamentos. Si bien el problema de las adicciones es tratable, son necesarias más acciones de prevención y promoción de la salud para poder así elaborar y construir las estrategias de intervención más convenientes. Consumo de sustancias psicoactivas: cuándo es un problema

[close]

p. 12

C uando hablamos de consumo problemático lo hacemos desde el convencimiento de que hay también un consumo no problemático de sustancias. Desarrollaremos las distintas formas de consumo para poder determinar cuál es problemático y cuál no lo es. Esto no siempre es fácil de diagnosticar ni de encuadrar, puesto que también hay zonas grises. Por eso, quienes trabajamos en la División Toxicología del Hospital Fernández y/o en Fundartox lo hacemos de forma interdisciplinaria para poder hacer, desde el abordaje de distintas disciplinas y profesiones (médicos, psicólogos, trabajadores sociales), un diagnóstico adecuado de cada persona y así entender si consume problemáticamente o no, si está enferma o no; y si está enferma poder hacer el diagnóstico correcto. Es importante aclarar por qué “sustancias psicoactivas” y no “drogas”. Al hablar de sustancias psicoactivas estamos hablando de todas aquellas sustancias que, incorporadas al organismo, producen algún tipo de alteración del estado psíquico y del estado de conciencia. Y es que sucede que al hablar de “drogas”, la gente solamente piensa en las ilegales como la cocaína, marihuana, éxtasis o el paco, y en algunos casos algunos hasta incluyen en la idea de droga al pegamento. Cuando se habla de las drogas legales, normalmente hablamos de sustancias que tienen una tolerancia social y una aceptación que no están discutidas. Hoy, pensar que el alcohol es una droga es algo no fácilmente aceptado; y sin embargo, junto con los psicofármacos, son las sustancias que más problemas nos generan. La toxicodependencia como hecho social implica un cambio antropológico que modifica la mirada y la significación del uso de las drogas, significación que no se encuentra en ellas, sino en nuestra cultura. Remite al paradigma central de la articulación entre el lazo social y la libertad individual. Se puede aseverar que no existe una causa única a la que pueda responsabilizarse sino que son tres los ámbitos concurrentes, necesarios y “obligatorios” para que pueda desarrollarse el consumo problemático: un contexto social, una persona con disposición y una o más sustancias. PERSONA (CON DISPOSICIÓN BIOLÓGICA Y PSICOLÓGICA) SUSTANCIA PSICOACTIVA CONTEXTO SOCIAL 1 2 > por Carlos DamíN

[close]

p. 13

Consumo de sustancias psicoactivas: cuándo es un problema > 1 3 Las sustancias psicoactivas Las sustancias psicoactivas producen sensaciones psíquicas además de efectos físicos, dependiendo de su pertenencia a distintos grupos: ▶ Psicoanalépticos (estimulantes). ▶ Psicolépticos (depresores). ▶ Psicodislépticos (alucinógenos). ▶ Cannabinoides. Psicoanalépticos. Se denominan así a las sustancias que estimulan la actividad mental y nerviosa, aumentan los niveles de actividad motriz y cognitiva, refuerzan la vigilia, el estado de alerta y la atención; en este grupo se encuentran las anfetaminas, las metanfetaminas, los derivados metanfetamínicos, la cocaína, el “paco”. Psicolépticos. Sustancias que determinan relajación y depresión de la actividad mental. Incluyen los derivados naturales y sintéticos del opio, los hipnóticos, sedantes o ansiolíticos, los neurolépticos o antipsicóticos, los solventes volátiles (usados en pegamentos) y el alcohol. Psicodislépticos. Sustancias químicas capaces de producir fenómenos mentales no ordinarios, como alteraciones de la sensopercepción, del humor y de la conciencia. Incluyen el cornezuelo del centeno y sus respectivos alcaloides (LSD, mezcalina, psilocina y psilocibina), la ayahuasca, el peyote y los hongos psicoactivos. Entre los alucinógenos propiamente dichos se encuentran las solanáceas psicoactivas: la belladona, el beleño, la mandrágora, el toloache y las brugmansias ( floripondio). Cannabinoides. Son sustancias presentes en las plantas can- nabináceas con capacidad estimulante, depresora y alucinógena. Están contenidos en la marihuana y el hachís. Todas poseen además propiedades de refuerzo, entendidas como la capacidad de producir efectos que despiertan, en el que las utiliza, el deseo imperioso de consumirlas otra vez, en la búsqueda de efectos similares. Las sustancias psicoactivas modifican la síntesis, la degradación o la liberación de neurotransmisores y neuropéptidos cerebrales. Son sustancias químicamente muy diversas, que se unen a distintos sitios iniciales en el cerebro y la periferia, generando una combinación diferente de efectos fisiológicos y conductuales luego de su administración. A pesar de estar involucrados distintos mecanismos de acción y efectos toxicológicos, todas poseen ciertos efectos en común. Promueven la reexperimentación de la gratificación (reward) y en sujetos vulnerables con contextos facilitadores, conducen a la adicción. Todas producen luego de su retiro estados emocionales negativos. La adicción se relaciona con los fenómenos de neuroplasticidad de los mecanismos celulares, de la organización sináptica. La drogadependencia no está definida por la dependencia física, sino por el “comportamiento de búsqueda de droga”. Muy frecuentemente tiende a identificarse al consumidor de sustancias como “adicto” y sin embargo hay diferentes tipos de vínculos de las personas con las sustancias sin ser todos ellos adicciones, ni necesariamente consumos problemáticos. Del universo de personas que consumen sustancias, una inmensa mayoría no incurrirá en consumos problemáticos. Por el contrario, en un grupo relativamente pequeño en proporción al

[close]

p. 14

Se puede aseverar que no existe una causa única a la que pueda responsabilizarse sino que son tres los ámbitos concurrentes, necesarios y “obligatorios” para que pueda desarrollarse el consumo problemático: un contexto social, una persona con disposición y una o más sustancias. universo de consumidores el uso adquiere características problemáticas. Por ello es muy importante hacer una diferenciación entre lo que es el uso –que incluye el uso recreativo, el peligroso–, el abuso y la dependencia a sustancias psicoactivas, considerándose a los dos últimos conceptos como patológicos (consumo problemático), aunque aún no se da por concluida la delimitación precisa de ellos. Se puede definir el uso de una sustancia como un consumo aislado, episódico, ocasional, sin tolerancia ni dependencia. Claro está que un único episodio de consumo puede ser fatal, en caso de intoxicación aguda, o dañino cuando una mujer embarazada consume alcohol, o peligroso cuando se consume marihuana y luego se conduce un vehículo. El abuso es un uso inadecuado por su cuantía, frecuencia o finalidad. Conlleva un deterioro clínico significativo, que da lugar al incumplimiento de las tareas habituales y/o alteraciones en las relaciones interpersonales sean sociales o familiares. Incluye tomar un medicamento no recetado o en dosis superiores a las indicadas, intoxicación etílica, usar drogas de diseño para bailar, entre otras. Existe dependencia de una sustancia cuando se tiene la necesidad inevitable de consumirla y se depende física y/o psíquicamente de ella. Aparece una necesidad de cantidades marcadamente crecientes de la misma para conseguir el efecto deseado (tolerancia), consumiendo en muchos casos para aliviar o evitar los síntomas de abstinencia. Intoxicaciones agudas por abuso de sustancias El ingreso a unidades asistenciales de urgencia es una modalidad de presentación de estos cuadros, de frecuencia cada vez más creciente, por cuadros cada vez más graves y a más temprana edad de los pacientes que consultan. Tienen una relación casi lineal con cualquier evento relacionado con la reunión de pares, salidas de fines de semana, fiestas de graduación, recitales, competencias o prendas de “fondo blanco”, preparación “previa” antes del ingreso a algún local o fiesta bailable, celebraciones religiosas tradicionales, reservadas inicialmente para ciertas comunidades, que fueron extendiendo su ámbito auspiciadas por la promoción de las principales marcas de bebidas alcohólicas, e incluso medicamentos. Así, el consumo de bebidas alcohólicas en exceso se transformó en “normalidad” en la adolescencia y en grupos de adultos jóvenes, donde el objetivo en muchos casos es “perder el control”, para lo que es “necesario” intoxicarse. Y además, en estos grupos, “no beber” significa quedar afuera, ser excluido del grupo de pertenencia. 1 4 > por Carlos DamíN

[close]

p. 15

Consumo de sustancias psicoactivas: cuándo es un problema > 1 5 Las causas de ingreso a los dispositivos sanitarios de urgencia son múltiples: intoxicación aguda, pérdida de conocimiento, estados de inconciencia, alteración de la conducta, agitación psicomotriz, lesiones por caídas, lesiones por riña, accidentes de tránsito; todas situaciones de gran riesgo personal y graves implicancias médicas. Todos los años vemos con preocupación y casi sin reacción cómo aumenta el número de intoxicaciones agudas por drogas lícitas e ilícitas en nuestros hospitales y también vemos cómo nuestra sociedad fomenta el consumo de sustancias a través de la publicidad de bebidas alcohólicas y de medicamentos como si estos fueran objetos de consumo que como tales se compran en los quioscos o supermercados, o simplemente con las prácticas de automedicación que los hijos asimilan de sus padres. Pasivamente asistimos a la promoción de malos hábitos alimentarios, extensamente publicitados, para aumentar las ventas de un medicamento que supuestamente contrarresta los efectos displacenteros de una ingesta inapropiada. La inducción a la conducta de la inmediatez en la instalación de un tratamiento según los síntomas, da resultados: todo puede solucionarse con un comprimido y hasta algunos suplementos dietarios se prefieren comercializar como medicamentos porque “aumentan su venta”. Pero esta actitud tiene sus costos: cuando a un adolescente le ofrecen un “comprimido” de éxtasis, con la promesa de bienestar y placer, es utópico pensar que podría decir que “no”. Esta problemática se manifiesta de forma aguda y crónica y de ambas maneras debe ser atendida desde la órbita de lo sanitario, porque es tratable y su recuperación es posible.

[close]

Comments

no comments yet