Revista Terral - Número 16

 

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Número 16 de la revista cultural Terral

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Estimados lectores y colaboradores En nombre del Equipo de Redacción y en el mío propio, presentamos el número 16, correspondiente al otoño, de la revista Terral. El diseño de portada es de Enrique Bodero, a partir de la obra Manhattan by Zaafra, del pintor y artista plástico: David Zaafra. Son cuatro años sucesivos, y dieciséis ejemplares publicados de la revista cultural y artística TERRAL, los que hemos hecho llegar hasta vosotros. Muchos colaboradores, escritores, artistas plásticos, pensadores, ilustradores, poetas… nos han hecho llegar sus obras desinteresadamente, con el fin de hacer posible esta publicación digital. Un trabajo y esfuerzo que valoramos mucho; gracias al cual nos es posible llegar a tantos lectores, a la vez que ayudamos a difundir sus obras. Nos es grato comunicaros que contamos con la colaboración de la Asociación ALAS, a través de su Presidenta Aurora Gámez Enríquez, que coordinará la sección de poesía, y a la que agradecemos su participación. Un saludo Lola Buendía López Directora de la Revista Terral - ISSN 2253-9018 www.revistaterral.com

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Revista Terral Número 16 ©Todos los derechos reservados ISSN 2253-9018 Colaboradores en este número: Edición: Lola Buendía López – Enrique Bodero Moral Equipo de redacción: Enrique Bodero – Lola Buendía – Ramón Alcaraz Erena Burattini Obra de portada: “Manhattan by Zaafra” –Collage, Óleo- mixta- del artista plástico, David Zaafra. ( Reportaje en la Sección Arte) Diseño de portada: Enrique Bodero Editorial: Lola Buendía Colaboradores Cine: Ramón Alcaraz: Cinexplicable Ángel Silvelo: El cónsul de Sodoma Opinión/ Reflexiones: Erena B. Burattini: Siglo a Siglo Pablo R. Guy: El erotismo Mar Solana: Carpe Diem…Tempus fugit Crítica literaria: Ricardo Guadalupe: “Última salida para Brooklyn” Ángel Silvelo: “Brooklyn Bridge: melodías sin ti” Poesía: Coordinación Poética: Aurora Gámez Enríquez (ALAS)

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Anna Rossell Ibern Fuensanta Martín Quero Inmaculada García Haro Mercedes Ridocci Gustavo M. Galliano Relatos: Emy Luna: El cajón J. Manuel Sánchez: La esperanza en algo Microrrelatos Gustavo M. Galliano: El dialogador Mar Solana: No me das suficiente Ser escritora: Mar Solana Flamenco: Rafael Silva Martínez: Fronteras flamencas Nicolasa García Larios: Lo Ferro- Murcia (El cante de las minas) Arte: Reportaje de David Zaafra: Pintor, Grabador, Ilustrador… José Manuel Velasco: Arte para recomendar El viajero: Lola Buendía: El embrujo Andalusí Pepa Jiménez Calero: Los refugios de la Guerra Civil en Almería. La otra realidad: Mariano J. Vázquez Alonso: La magia Diseño digital y Maquetación: Lola Buendía Diseño web: Ana García ~ 644 26 28 80

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CINEXPLICABLE (Ramón Alcaraz García. www.tallerliterario.net) ¿Sabías que el mcguffin es un elemento cinematográfico basado en algo que en realidad no existe? El llamado mcguffin es un elemento cinematográfico que en realidad es una abstracción, un recurso, pero que se convierte en fundamental para la tensión de una buena película. El término lo inventó el director Alfred Hitchcock, y es muy relevante en muchas de sus películas. El mcguffin es una excusa que permite avanzar la trama, pero también un elemento que genera una alta tensión en el espectador. Pondré un ejemplo sencillo. Si una película trata sobre terroristas, un primer plano sobre una maleta en un lugar concurrido va a generar una tremenda expectación sobre el espectador. Esa maleta sería un mcguffin, y probablemente será retirada sin problemas por su dueño y desaparecerá en un momento dado sin que volvamos a saber nada de ella ni sobre su contenido. También posiblemente esa atención generada sobre ese mcguffin (la maleta), haya permitido desviar la atención de los espectadores sobre algún elemento relevante de la trama, que permitirá sorprenderlos más adelante. Realmente el mcguffin es una ayuda, pero no interviene en la trama y carece de interés por sí mismo. Hay otro tipo de excusas argumentales en cine, y lo que caracteriza al mcguffin y lo diferencia del resto es que se puede cambiar por otros objetos o elementos en la misma historia sin que afecte a todo el resto. En una de las primeras películas de Hichtcock, 39 escalones, el mcguffin es la fórmula que memoriza el personaje, pero podría haber sido cualquier otra cosa. Igual que en muchas películas de delincuentes da igual si roban joyas, un banco o unos importantes documentos. Hitchcock habló sobre este término en el libro que escribió François Truffaut: El cine según Hitchcock. Así se lo explicó el director británico al francés:

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Dos viajeros hablan en un tren. “¿Qué es ese paquete que hay en el maletero que tiene sobre su cabeza?”. El otro contesta: “Ah, eso es un McGuffin”. El primero insiste: “¿Qué es un McGuffin?”, y su compañero de viaje le responde “Un McGuffin es un aparato para cazar leones en Escocia”. “Pero si en los Escocia no hay leones”, le espeta el primer hombre. “Entonces eso de ahí no es un McGuffin”, le responde el otro. La extraña explicación de don Alfred viene a decirnos que cualquier cosa puede ser un mcguffin, y que la podemos cambiar según las circunstancias y según nos interese. Otra frase del director lo definía de manera mucho más simple: «En historias de rufianes siempre es un collar y en historias de espías siempre son los documentos». En su película La muerte en los talones, el mcguffin es la idea en torno a secretos de estado, pero nada se sabe sobre esos secretos ni tienen más trascendencia, simplemente son la “excusa” argumental en torno a la cual se mueven los personajes. Por supuesto, Hichtcock no ha sido el único en utilizar este elemento, cuyo uso es más habitual de lo que pensamos. En la película El halcón maltés es muy significativo su uso, ya que todo gira en torno a ese objeto del título del que nada se sabe, y que podría haber sido cualquier otro. En Ciudadano Kane encontramos el que se considera mcguffin por excelencia del cine; toda la historia gira en torno a las palabras pronunciadas al inicio: Rosebud. Aunque al final se desvela lo que significaba esa palabra, realmente ese significado es irrelevante y solo ha servido para mantener la atención durante todo el largometraje (aunque la verdad es que rosebud guarda un secreto importante fuera de la película, del que en otro día hablaré). Y otra muestra más: en Pulp Fiction aparece un maletín del que nunca se conoce el contenido. Y por último, un ejemplo muy reciente lo tenemos en el final de la serie “Breaking Bad” (y no voy a desvelar nada sobre el desenlace); los guionistas convierten en mcguffin unas simples llaves para elevar al máximo la tensión.

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Cine Ángel Silvelo Gabriel EL CÓNSUL DE SODOMA DE SIGFRID MONLEÓN: “EL SEMBLANTE DE LA DECADENCIA CONSCIENTE” Dejadme solo ante la vida y no esperéis que sacrifique mi alma delante de vuestras interrogantes miradas. Ya no salen lágrimas de mis ojos con las que bañar con desdén mi alma, porque el transcurrir de los días lo ha querido así. La vida es para vivirla intensamente, bien es cierto, aunque a mí se me olvidó vivirla sin lastres, despojándola de los temores que nos acechan cuando cae la noche. Noche perversa y malcriada que con nada se conforma y que todo lo quiere como una amante insaciable. ¿Dónde vivo cuando transito fuera de mí, sino en un afluente de la noche, en el que la pasión yace a la espera de que llegue su hora? Aquí quiero descansar para siempre, en los límites donde la poesía no necesita de más metáforas que la propia experiencia. Romántico a la fuerza, por más que mi figura sea una sombra que solo proyecta el semblante de la decadencia consciente. Para que quiero más, si solo la eterna juventud, acompañada del amor, y de las más bajas pasiones, han sido el anhelo de toda mi vida. La eternidad del instante en el que se dibuja la finitud de la felicidad que se marcha lejos, muy lejos, con cada una de nuestras pulsiones. Arriba o abajo, a derecha o a izquierda, solo somos el dibujo de la más triste de las nadas; nadas inconscientes que se disipan al amanecer para siempre. Quisiera vivir una vida apuñalada por los más intensos instantes, el resto nada importa, y menos cuando ya apenas nos queda tiempo, ni siquiera para recordar la belleza de las retiradas a casa bajo el rocío de la mañana. Vida inversa la de la pasión y el trabajo que, sin embargo, se tocan cada nuevo día. Allí donde acaba la nostalgia de los deseos comienza la realidad de las cargas y las obligaciones. ¿Cuándo terminaré por acostumbrarme a las lamentaciones de las pasiones?, quizá cuando sea capaz

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de encontrar ese lugar del bosque donde solo se cobijan los cachorros de la noche. Este podría ser uno de los monólogos que, en la película, en forma de versos (los del propio Gil de Biedma), nos iluminan esa especie de oscuridad y tinieblas en las que se desarrolló la vida del poeta catalán con profundas raíces castellanas. Es en esa soledad de la noche, donde Jaime Gil de Biedma explora la vida, y donde también, es consciente que LA VIDA IBA EN SERIO, a pesar de que él nos diga que lo empezó a comprender tarde, demasiado tarde, cabría añadir, porque El cónsul de Sodoma es un biopic que, al tratar de ser ambicioso tanto el metraje (ciento veinte minutos) como en el alcance de la vida del poeta, peca en ocasiones de demasiado naif, sobre todo, en la parte final del film, donde parece que la proximidad a la época actual sea menos interesante o retratable por la cercanía de la vida de los personajes y los acontecimientos. Aunque por encima de ese matiz, hay que resaltar la valentía de Monleón a la hora de retratar esa doble vida del poeta impregnada de luces y sombras, aciertos y contradicciones, a los que añade esos tics, altamente recomendables, de sus poemas que, como transiciones de ánimo y de vida, son memorables, y donde quizá una vez vistos los documentales sobre Gil de Biedma y habiendo escuchado su potente voz, se nos haga un tanto extraño oír la voz más suave de Jordi Mollá que, sin embargo, a medida que avanza la película, eso sí, se apodera del personaje ya sin fisuras, y no nos podemos imaginar a otro Gil de Biedma que no sea él, con esa mirada de ojos azules perdida en el infinito de la nada, a lo que sin duda ayuda la banda sonora y el acierto en la elección de los diálogos y los retazos de la vida del poeta que, en la mayoría de las ocasiones, están muy bien traídos, a pesar de su sutilidad, pues aquellos que conozcan un poco los acontecimientos biográficos de Jaime, sabrán apreciar e interpretar la importancia de esas elecciones. Jaime Gil de Biedma, como él mismo dijo, quizá fue el último de los románticos, pues desde siempre afrontó su vida con el riesgo de aquel que es prisionero de las más grandes de las temeridades, esa que busca a cada instante apoderarse de la esencia de la vida, como si cada minuto de la misma fuese el último de su existencia, sin importarle lo que le deparase el nuevo día. En esa temeridad consciente fue donde se sumergió para vivir el amor, entender y componer la poesía, y en definitiva, su vida.

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Opinión Erena B. Burattini Siglo a siglo Sorprenden los cambios que se producen con cada nuevo siglo en Occidente. Pareciera que cada siglo fuese una serie que cuenta el devenir histórico en capítulos muy diferenciados. Es cierto que los cambios no se producen de la noche a la mañana, se van gestando de forma velada hasta que de pronto la vida diaria se pone del revés. Por una curiosidad mía que quiero compartir, expongo a continuación una visión somera de algunos siglos, en un intento por desvelar lo que nos deparará el siglo actual. Comienzo con el siglo XV que va dejando atrás la época medieval. El mundo comienza a expandirse con el descubrimiento de las Américas, que no solo será relevante para España. Gutenberg inventa la imprenta. Es el siglo llamado de las innovaciones. El camino está preparado para entrar en una nueva etapa, el siglo XVI, la época Moderna en Occidente. Siglo XVI: La visión del mundo se amplía y la nueva cultura humanista, antropocéntrica queda reflejada en la arquitectura renacentista que se inicia el siglo anterior en Italia. La invención de la imprenta ayuda a difundirla por toda Europa. El mundo conocido hasta ahora sigue ampliando sus fronteras de manos de los valientes navegantes, expandiendo el comercio. De los señores feudales con sus ciervos y vasallos se pasa en lo político a las monarquías autoritarias y el pueblo queda dividido en tres estamentos: clero, nobleza y estado llano. Es un cambio sustancial, y el futuro parece más prometedor Siglo XVII, llamado la Era de la Razón; es el siglo de Descartes con su famoso pensamiento “pienso, luego existo”. Se intentó establecer una filosofía basada en el axioma y el absolutismo como bases para el conocimiento y la estabilidad, en contra de las nociones de fe y misticismo. Merece recordarse que a mediados de este siglo se firma al fin la paz de Westfalia (lucha entre católicos y protestantes). La obra Ética de Spinoza sirvió de base para la Ilustración que en ciertos países de Europa se inicia en este siglo. El siglo XVIII, llamado de la Ilustración, está marcado por la influencia de los conocidos pensadores franceses, por la Revolución Industrial y la Revolución Francesa. Esta última desemboca por el abuso excesivo, los privilegios de la monarquía, y alentada por los pensadores

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liberales (D’Alembert, Diderot, Voltaire, etc.) que querían erradicar la ignorancia educando a la sociedad para que no siguiera siendo dominada. Por medio de la razón se podía establecer un sistema autoritario ético. Esta revolución marca un antes y un después, dando inicio a la Época Contemporánea. En cuanto a la Revolución Industrial que se inicia a fines de este siglo en Inglaterra traerá fuertes cambios estructurales en el siguiente. Otro punto de inflexión fue la independencia de los Estados Unidos de América. Se crea un estado federal basado en los principios de igualdad y libertad de los liberales franceses. Es la primera carta magna que recoge los principios del liberalismo político. El siglo XIX recoge los frutos de la revolución industrial iniciada en el siglo anterior; se suceden dos más en éste. A pesar de toda la problemática de este siglo (guerras que marcan nuevas fronteras y poderes, independencia de los países latinoamericanos siguiendo el éxito de U.S.A.), estas revoluciones traen consigo el cambio más importante desde el neolítico. De una sociedad preferentemente rural se pasa a una economía urbana, industrial y mecanizada. La burguesía se fortalece dando lugar a la revolución burguesa con sus sistema industrial e imperialista. Se inicia el sufragio universal. El aumento de la actividad industrial trae consigo el hacinamiento de trabajadores en las ciudades, y con ello enfermedades contagiosas. Se implanta la salud pública. También en este siglo, se da comienzo a la colonización de África, y la mayor parte del continente africano pasó a incorporarse al flujo de la historia global en sólo tres generaciones. La ocupación europea fue extraordinariamente rápida. Muchos avances tecnológicos y la rotura de los cánones establecidos se ven también reflejados en el arte: impresionismo, etc. Siglo XX – Siglo que se inicia con guerras de poder para irse decantando en una sociedad de bienestar en las últimas décadas. Es la época del despuntar de la cibernética y al mismo tiempo se van creando fortunas inconmensurables que cambian el rumbo, una vez más.. Reyes y gobernantes dejan de tener la palabra, son las finanzas las que comienzan a fijar las reglas del juego. Se impone la globalización. Estos factores, en el siglo siguiente, harán irreconocible la vida como se concebía hasta entonces. Siglo XXI – Con lo anteriormente expuesto no queda más que preguntarse ¿adónde nos llevará esta carrera? Está visto que los grandes avances, que significan cambios estructurales, traen consigo descompensaciones. ¿Seremos capaces de poner orden en este desenfreno? ¿Cómo nos catalogarán los del siglo XXII? He aquí las cuestiones.

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Reflexiones Mar Solana Ilustración: Estefanía López Carpe Diem… Tempus Fugit: Reflexiones sobre el tiempo «El tiempo es la hoguera en la que ardemos». Esta frase tan contundente constituye el hilo conductor de una de mis películas preferidas de ciencia ficción: «StarTrek: Generations».En realidad, esa expresión tan rotunda se la ensarta el doctor Soran(Malcolm McDowell) a mi héroe de ficción favorito, mi admirado capitán Jean-LucPicard (Patrick Stewart), haciendo blanco perfecto en sus recién vulnerados sentimientos por la pérdida de un joven sobrino. La Enterprise D, nave estelar de Picard, rescata al obsesionado doctor TolianSoran de un ataque extraterrestre de los klingon. El científico lleva años obsesionado con el Nexus, una distorsión gravimétrica o cinturón de energíaque si te alcanza, te traslada a un lugaren donde puedes vivir ad eternum dentro de la realidad de tus sueños (deseos) o de aquello que hayas dejado sin concluir en tu vida; el tiempo allí no es un mezquino espadachín de crueles manecillas rebanadoras de minutos. Sin embargo, existe una curiosa peculiaridad:el Nexus debe tocarte o inundarte con su energía, porque si uno intenta llegar hasta él, lo destruirá de forma inexorable. Por eso, el taimado doctor Soran contempla entre sus planes la destrucción de una estrellapara jugar con las fuerzas cósmicas y atraer de nuevoal codiciado Nexus: su objetivo es reencontrase con su familia, muerta en otro ataque extraterrestre. Como podréis imaginar, tras algunos peligrosos forcejeos, mi intrépido capitán Picard, con la ayuda de otro héroe trekkie del pasado, que por error de cálculo también vivía su sueño en el Nexus, el capitán James T. Kirk, logra parar los destructivos planes del maquiavélico y egocéntrico doctor Soran. La peli termina con una jugosa conversación entre Picard y su primer oficial, el comandante William T. Riker. Picard le dice a Riker que ya no siente el tiempo como un depredador acechante que siempre nos recuerda la garra de la Parca.

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Después de todo lo vivido, de presenciar la muerte del glorioso capitán Kirk para abortar los siniestros planes de un ególatra científico, Picard habla ahora del tiempo como de un compañero sabio en nuestros caminos, alguien que viaja a tu lado para recordarte que vivas cada instante conel brío de un niño, pues cada uno constituye un momento únicoque jamás se repetirá: «más importante que el pasado es cómo hayas vivido tu vida…», le dice Picard a su primer oficial. Acude ahora a mis recuerdos otra estupenda peli que también tiene como protagonistala muerte y la obsesión humana con el paso del tiempo: El bosque mágico de Tuck o El manantial de la eterna juventud: «¿te imaginas poder vivir eternamente?, ¿te imaginas poder hacer todo lo que siempre soñaste?» Es curioso, pero la protagonista también expresa algo muy parecido a lo que dice el capitán Picard: «No temas a la muerte, sino a la vida no vivida… no tienes que vivir eternamente, solo vivir…» Existen otra metáforas que representan el fin de una época y el principio de otra; y que describen tal momento como un lapso en el que la ilusión por el futuro se convierte en la frustración o el naufragio del pasado después de haber sido efímero presente. Y si uno reflexiona y medita sobre tales alegorías, podrá percatarse de que este pensamiento es más que un tropo:en realidad, es la vida misma cuando vivimos bajo la ilusión de unos acontecimientos y una rutina continuos y recurrentes. Ya nos advirtió John Lennon que «La vida es aquello que nos sucede mientras nos empeñamos en hacer otros planes». Si os detenéis a pensarlo, siempre estamos con aquello de «voy a hacer esto y lo de más allá… tengo planeado… estoy con uno de mis proyectos… las próximas vacaciones… ». Y mientras nos llenamos la boca con este hipotético futuro que, algunas veces, aterriza en el presente según lo previsto, la vida pasa a nuestro lado, de puntillas, pero somos incapaces de desplegar la suficiente sensibilidad para valorar las caricias de esas sutilezas «no planificadas», esas que no necesitan la escalerilla del avión para pisar tierra. Nos concentramos en ese viaje que tenemos por delante, en esa cita que nos deparará algún beneficio profesional, en lo que vamos a comer mañana; sin embargo, no prestamos la suficiente

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atención a esa cazuela que ya está en marcha para la comida y con la que podríamos disfrutar de lo lindo, ya que albergamos un montón de planes que continúan orbitando sobre nuestro ánimo como nubosidad variable. Permanecemos proyectados, casi todo el tiempo, en lo siguiente que queremos o debemos hacer. Muchas personas ya han tenido la oportunidad de comprobar que laenfermedad tiene un lado positivo de aprendizaje. Por ejemplo, un profundo estado depresivo, a pesar de la fuerte adicción que provoca con el pasado, nos mostrará los beneficios de «aparcarnos» en el presente, en el ahora. Nos enseñará que es más saludable apreciar el poder que se oculta detrás de los pequeños detalles que seguir corriendo hacia «no se sabe dónde», sin valorar lo que siempre viaja al lado de uno. Lo cierto es que todos conocemos esa sensación que a veces, si lo pensamos con sosiego, nos embarga cuando sentimos que los días se han transformado en un tren de alta velocidad; el paisaje de nuestra vida se sucede como un borrónque va difuminándose delante de nuestras narices sin que podamos advertir los contornos que nos rodean. Otros perciben el tiempo igual que si intentaran llenar de agua un cesto de mimbre o retener un millar de granos de arena entre los dedos… «Preparadme la paleta, los colores, mis herramientas queridas de trabajo… Sed diligentes que el tiempo es mensajero de terribles urgencias». Este es el imperativo que sustenta la escultura que rinde homenaje a Enrique Gran, extraordinario pintor cántabro, y que logró ponerme la carne de gallina cuando lo leí por primera vez, en la emblemática Avenida Reina Victoria de Santander. No sé si fue la cercanía del mar o la sensibilidad de aquellos momentos, pero no he podido olvidar esa sensación que me inundó al percibir la vida como un inmenso regalo, un viaje de ida con un minutero que en lugar de angustiarnos, como dijo el capitán Picard, debería recordarnos que cada instante que logramos sentirúnico e irrepetible es una verdadera bendición. Y quizás sea la mejor forma de valorar nuestro presente como se merece, sin enredarnos en quimeras imposibles, planes no realizados o fruslerías materialistas. «Aprovecha el día… el tiempo se escapa de forma irreparable.»

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REFLEXIONES EN ZAPATILLAS DE ESTAR POR CASA Reflexiones, políticamente incorrectas, sobre la vida, el arte, la política, la sociedad, etc. etc. EL EROTISMO Pablo Rodríguez Guy El erotismo es el sol de la mañana, que despierta todas las partes de nuestro cuerpo y hace que sientas ese cálido y estimulante vibrar en cada centímetro de tu piel y del interior de tu cuerpo. El erotismo es la emoción de los sentidos que te invade y celebra la vida que hay en ti. El erotismo, la sensualidad, el sexo, el amor, son la guinda del pastel de la vida. El sexo y el erotismo son como ese solecito en una recacha en las tardes de otoño e invierno, o como un manantial de agua fresca, con sus helechos y su musgo, en el verano. Es vida. Es la más perfecta práctica de la divinidad. Es un chapuzón directo a las entrañas de nuestro ser más íntimo. El entregarte, el fundirte en ese magma indefinible y sublime. Me cuesta pensar que haya personas que no entiendan esto, y me da pena que no sean capaces de sentirlo, incluso sin la práctica sexual, solo con la sensualidad que nos permite todo nuestro cuerpo, el único templo sagrado que realmente existe. Además la palabra sexo proviene de sex, osea seis. Seis es la suma de tres más tres. Tres planos de cada persona: plano físico, plano emocional y plano espiritual. La unión de los dos grupos de tres planos, produce la más grande explosión de felicidad sagrada, en el sagrado templo que es el cuerpo humano. Dice así este poema de un monje tibetano del siglo XV. El sexo de una mujer Es la primera boca, y no dice palabra. La rodea un espléndido montículo de pelo. Allí puede perderse cualquier hombre sensible. Es la cuna de todos los Budas de mil mundos. IKKYU SOJUN 1394-1481. Trad. por Aurelio Asiain. O este otro traducido del catalán, de mi amigo Joan Vilalta: “El sexo es un caminito para pasearse descalzo”.

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Crítica literaria Ricardo Guadalupe Última salida para Brooklyn, de Hubert Selby Jr. Me imagino que conoceréis la sensación de contemplar los estantes rebosantes de una biblioteca o librería y saber que ni en una vida entera daría tiempo a leer todos esos libros. A uno le viene la preocupación de no elegir bien, de dejar escapar alguno que pudiera ser importante, de los que provocan reacciones del tipo: ¡cómo pude vivir sin conocerlo! En fin, el caso es que escondido entre los estantes estaba para mí el libro de Hubert Selby Jr., uno entre tantos, pero lo elegí, quizás dando de lado otros igualmente interesantes y que nunca volverán a estar al alcance de mi mano, y sin embargo me alegro de la elección, aunque alegría no sea precisamente la impresión que me ha causado, se trata de un libro peligroso, abrir sus páginas es verle las fauces, andar con cuidado para no convertirte en su presa. Su campo de batalla es el Brooklyn de los años 50. Su principal personaje: la brutalidad pura y dura, representada por seres –cuesta darles el calificativo de personas– que no saben lo que es la piedad, seguramente porque nadie se lo ha enseñado. Cuando te quieres dar cuenta estás inmerso en un agujero de maldad, aparentemente natural, incluso inocente, de lo básica y salvaje que es. En esa jungla el coqueteo con la muerte es continuo. La gente está condenada a malvivir o a vivir poco. Los sueños se han apagado y hace frío. Atrás quedaron los sentimientos, si alguna vez los hubo, encallecidos por la necesidad y la barbarie. El sexo se practica de manera convulsiva. No existe salvación para ellos, ni otra realidad más amable, a no ser engañándose a sí mismos. La espiral de degeneración y deshumanización no tiene fin. Tampoco el sin vivir de la mala vida. Y ahí estás tú, osado lector, permitiendo que el autor te muestre la oscuridad, no desde

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