Voces en el Fénix Nº 41 - LA VERDAD INCÓMODA - Salud

 

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Voces en el Fénix Nº 41 - LA VERDAD INCÓMODA - Salud

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La revista del Plan Fénix año 5 número 41 diciembre 2014 ISSN 1853-8819 La verdad incómoda Los sistemas de salud se corresponden con un modelo de sociedad. Así, cualquier proceso tendiente a la justicia social debería tener su correspondencia en el plano sanitario. Pensar desde esta perspectiva permite superar las desigualdades, situaciones de aislamiento y vulneración de derechos para alcanzar la equidad y autonomía de las personas. ¿Cuál es el rol del Estado? ¿Cuál es el rol de la sociedad?

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sumario nº41 diciembre 2014 editorial Vivir es el desafío Abraham Leonardo Gak Horacio Barri Prefacio 6 Gianni Tognoni ¿Las muertes y enfermedades como expresión moderna del genocidio? 10 Howard Waitzkin El componente histórico de la salud en el imperio 18 José Carlos Escudero Condicionantes supranacionales de la salud colectiva argentina 26 Florencia Cendali y Graciela Cohen Reflexiones sobre salud colectiva y justicia social 34 Héctor Seia Salud mental es política 42 Osvaldo Saidón Políticas de salud mental 48 Miryam Gorban Hablemos de soberanía alimentaria 58 Fernando Barri Soja, ambiente y salud: debates pendientes en relación al actual modelo de desarrollo para el campo argentino 70 Javier Mignone y John Harold Gómez Vargas Anas Wayuu - el éxito de una organización indígena de salud colombiana en medio de un sistema en crisis 78 Analía Sampaoli y Osvaldo Canelo El camino de la autonomía de las comunidades 86 Daniel Gollan El camino hacia la transformación sanitaria 92 Giglio S. Prado y Verónica González La medicina social y los desafíos impostergables en nuestra América 98 Mario Róvere La producción pública de medicamentos en la UNASUR 106 Horacio Barri ¿Salud legítima? 116 Mario Testa Ejes articuladores en el campo de la salud 124

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Autoridades de la Facultad de Ciencias Económicas Decano José Luis Giusti Vicedecano José Luis Franza Secretario General Walter Guillermo Berardo Secretaria Académica María Teresa Casparri Secretario de Hacienda y Administración César Humberto Albornoz Secretario de Investigación y Doctorado Eduardo Rubén Scarano Secretario de Extensión Universitaria Carlos Eduardo Jara Secretario de Bienestar Estudiantil Federico Saravia Secretario de Graduados y Relaciones Institucionales Catalino Nuñez Secretario de Relaciones Académicas Internacionales Humberto Luis Pérez Van Morlegan Director Gral. de la Escuela de Estudios de Posgrado Catalino Nuñez Director Académico de la Escuela de Estudios de Posgrado Ricardo José María Pahlen Secretario de Innovación Tecnológica Juan Daniel Piorun Secretario de Transferencia de Gestión de Tecnologías Omar Quiroga Voces en el Fénix es una publicación del Plan Fénix ISSN 1853-8819 Registro de la propiedad intelectual en trámite. LA REVISTA DEL PLAN FÉNIX AÑO 5 NÚMERO 41 DICIEMBRE 2014 ISSN 1853-8819 Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Económicas Claustro de Profesores Titulares José Luis Franza Juan Carlos Valentín Briano Walter Fabián Carnota Gerardo Fernando Beltramo Luis Alberto Beccaria Héctor Chyrikins Andrés Ernesto Di Pelino Pablo Cristóbal Rota Suplentes Domingo Macrini Heriberto Horacio Fernández Juan Carlos Aldo Propatto Javier Ignacio García Fronti Roberto Emilio Pasqualino Sandra Alicia Barrios Claustro de Graduados Titulares Luis Alberto Cowes Rubén Arena Fernando Franchi Álvaro Javier Iriarte Suplentes Daniel Roberto González Juan Carlos Jaite Claustro de Alumnos Titulares Mariela Coletta Juan Gabriel Leone María Laura Fernández Schwanek Florencia Hadida Suplentes Jonathan Barros Belén Cutulle César Agüero Guido Lapajufker LA VERDAD INCÓMODA Los artículos firmados expresan las opiniones de los autores y no reflejan necesariamente la opinión del Plan Fénix ni de la Universidad de Buenos Aires. LOS SISTEMAS DE SALUD SE CORRESPONDEN CON UN MODELO DE SOCIEDAD. ASÍ, CUALQUIER PROCESO TENDIENTE A LA JUSTICIA SOCIAL DEBERÍA TENER SU CORRESPONDENCIA EN EL PLANO SANITARIO. PENSAR DESDE ESTA PERSPECTIVA PERMITE SUPERAR LAS DESIGUALDADES, SITUACIONES DE AISLAMIENTO Y VULNERACIÓN DE DERECHOS PARA ALCANZAR LA EQUIDAD Y AUTONOMÍA DE LAS PERSONAS. ¿CUÁL ES EL ROL DEL ESTADO? ¿CUÁL ES EL ROL DE LA SOCIEDAD? staff DIRECTOR Abraham L. Gak COMITE EDITORIAL Eduardo Basualdo Aldo Ferrer Oscar Oszlak Fernando Porta Alejandro Rofman Federico Schuster COORDINACIÓN TEMÁTICA Horacio Barri SECRETARIO DE REDACCIÓN Martín Fernández Nandín PRODUCCIÓN Paola Severino Erica Sermukslis Tomás Villar CORRECCIÓN Claudio M. Díaz FOTOGRAFÍA Sub [Cooperativa de Fotógrafos] DISEÑO EDITORIAL Mariana Martínez Desarrollo y Diseño deL SITIO Leandro M. Rossotti Carlos Pissaco Córdoba 2122, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Teléfono 4370-6135. www.vocesenelfenix.com / voces@vocesenelfenix.com

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Vivir es el desafío C omo hemos señalado en otras oportunidades, la insuficiencia en la provisión de bienes públicos es una falla estructural de la economía argentina. Cuando uno habla de provisión de bienes públicos surge de inmediato la preocupación por la salud, porque cuando hablamos de salud estamos hablando de la vida, derecho humano por excelencia. Hablar de salud implica asumir las variables que la afectan de manera directa, como el acceso a la educación, la vivienda, el hábitat y el ocio, y que marcan claramente las obligaciones que los gobiernos de turno no pueden desatender, más allá de las complejidades políticas, sociales y económicas que estos albergan en su seno. La constante ampliación del conocimiento científico nos permite prolongar la vida humana, hecho indiscutiblemente beneficioso; no obstante ello, sigue siendo un desafío que los avances que este conocimiento produce sean accesibles para aquellos sectores más vulnerables de la sociedad. Desde la mirada neoliberal, en la que los mercados prevalecen y el lucro es el centro de toda actividad, motor de su desarrollo y determinante de la forma de vivir, la salud es concebida como una mercancía más. Confrontar con esa forma de pensar y de vivir significa concebir la salud como un derecho; y es una responsabilidad indelegable por parte del Estado garantizar su satisfacción. Pero también es indispensable que la sociedad se involucre activamente en la concreción de este objetivo que es la salud colectiva. Si miramos la vida a través de este cristal, nos daremos cuenta de que las necesidades de los niños y los requerimientos de los adultos mayores, las condiciones de trabajo saludables, el acceso a los bienes materiales e inmateriales y la equidad en el goce de los frutos del trabajo colectivo requieren de la atención y el compromiso de todos/as para que redunden en beneficio compartido. Esta mirada transforma la concepción egoísta de la resolución individual de los problemas en una tarea colectiva en la que la solidaridad no es una excepción notable, sino una forma natural de la convivencia humana. Alcanzar elevados niveles de desarrollo en un país no es suficiente para lograr estos nobles objetivos. Las carencias y necesidades se extienden a través de nuestras fronteras, de modo que lo que sucede en países arrasados por epidemias y catástrofes evitables deja de ser una noticia para convertirse en un dolor y una vergüenza que alcanza a toda la humanidad. Por todo lo dicho, las actuales búsquedas de acuerdos supranacionales, sobre todo en nuestra región, deben dejar de ser un discurso misericordioso y transformarse en un desafío que nos obligue a todos a aportar nuestro grano de arena en esta transformación. Estamos, pues, abordando un mundo complejo con una mirada nueva, integradora del ser social; un mundo que debemos convertir en un sitio habitable no sólo para nosotros hoy, sino también para el futuro, es decir, para nuestras descendencias. En la consecución de ese objetivo, la salud comunitaria como construcción colectiva tiene un rol fundamental. ABRAHAM LEONARDO GAK (DIRECTOR) 4 > www.vocesenelfenix.com

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Editorial > 5

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prefacio por Horacio Barri Médico sanitarista. Presidente del Movimiento por un Sistema Integral de Salud (MOSIS). Ex secretario de Salud de la Municipalidad de Córdoba. Docente de la Universidad Nacional de Córdoba 6 > www.vocesenelfenix.com

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> 7 E ste número de Voces en el Fénix es, como los anteriores, un compromiso con la vida, que es, como dijo un hombre sabio, nada más ni nada menos, lo único que tenemos. Todos los autores integran y expresan distintos lugares de la trinchera de este defender la continuidad de la misma para todos, hoy amenazada muy seriamente, y actúan, como corresponde para afianzarla, en una forma entrelazada de reflexión/acción, potenciándose mutuamente. Y son amigos, aunque algunos ni se conocen personalmente, porque como decía Baruch Spinoza, no hay amistad más fuerte que la de los que comparten el amor por la verdad. Y estos autores lo afirman en el día a día y con los otros, practicando en esa búsqueda las pasiones alegres, que no es poco. Y estas reflexiones en voz alta pretenden entender la complejidad de la trama en la que se apoyan las actitudes opuestas, las de la enfermedad como negocio, sustentada en las pasiones tristes. Basta para eso ver y comprender lo que pasa dentro de la olla, cuando todos los que reflexionan aquí levantan la tapa para ustedes. Se persigue no sólo la comprensión sino también la generación de actitudes que logren cambiar la situación en momentos tan críticos como los actuales, donde la naturaleza comienza a mostrar grandes señales de alerta ante la agresión de los grupos de poder humanos, que ponen en peligro la vida del planeta, la madre tierra, el hogar común, y entonces comprometen a cada uno de nosotros y de nuestros descendientes. Poco antes de morir, Floreal Ferrara me contó ese encuentro circunstancial, pero visto a la distancia muy significativo, con Ramón Carrillo, alrededor de 1950: “Yo estaba de visita en casa de un amigo enfermo en La Plata, recién recibido de médico, tendría 24 o 25 años, y en el medio de esa visita tocan el timbre: era el ministro de Salud de la Nación que venía a visitar a su amigo enfermo. Mi amigo me presentó y ellos se pusieron a charlar animadamente; yo permanecía callado, como correspondía. En eso el ministro se da vuelta y me dice:

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–¿Usted qué opina: la salud es una cuestión fundamentalmente del Estado o de la comunidad? Yo me quedé desconcertado, porque sentí como que el ministro me tomaba examen, y permanecí callado, entonces me reitera con una sonrisa: –Usted es un médico recién recibido y quiero conocer cómo piensan los jóvenes al respecto. Le contesté la verdad sobre mis sentimientos y le dije: –A mí me parece que a los dos. Él me contestó: –Yo pienso igual, y me parece que le he dado casi toda mi tarea sólo a incrementar el rol del Estado y en eso me equivoqué”. Yo en ese momento estaba más preocupado por tratar de medir la magnitud de su padecimiento, no me podía convencer de que estuviera grave alguien de esa vitalidad constante, ese ímpetu arrollador, esa pasión desbordante que eran sus características permanentes, y no me puse a profundizar el análisis de ese intercambio. Lo haría después y tiene que ver con el artículo que escribí en estas páginas. Pero sí quiero usarlo ahora para comentar cómo se expresa, en este armado de autores y temas, lo que a la larga me significó ese simple diálogo. Lo que entendí con el tiempo es que se referían ambos a los dos aspectos contradictorios, pero no necesariamente antagónicos, en que se desenvuelven los ámbitos de la gestión y de la política, donde se desarrollan lo legal y lo legítimo, que desarrollo en “Salud legítima”. Y puesto a coordinar este número con esas perspectivas, paso a la presentación de los autores que conforman esta publicación. Gianni Tognoni nos interpela con la definición tan fuerte de considerar a “las muertes y enfermedades como expresión moderna de genocidio” y preguntarnos: “Las muertes/ enfermedades que tocan a la mayoría del mundo son amplia y fácilmente evitables… Si año tras año esta no-evitabilidad se vuelve realidad una y otra vez, es lícito/obligatorio preguntarse sobre responsabilidades”. Howard Waitzkin está trabajando –como decía José Martí– desde el monstruo y mostrando sus entrañas, tarea que culmina en “La salud al final del imperio”, libro presentado en el reciente Congreso de ALAMES y del que nos envía el primer capítulo, a fin de ir generando un ida y vuelta entre compañeros de allí y de acá. Porque si bien las grietas en el imperio son cada vez más evidentes, los cambios –por su complejidad y segura violencia– son necesarios de prever conjuntamente. José Carlos Escudero y Florencia Cendali/Graciela Cohen coinciden, desde ángulos diferentes, en describir el uno los condicionantes estructurales de la salud (desde los de la biosfera, pasando por los supranacionales, los históricos, los del sistema socioeconómico en que estamos insertos, hasta los nacionales) y las otras en cómo incidieron las políticas públicas del último decenio en la salud colectiva y la justicia social. Y coinciden también en la justeza, profundidad y pasión que ponen en sus empeños. Producto de una “zapada” que hicieron en Córdoba hace pocos meses, Héctor Seia y Osvaldo Saidón, ante un público muy diverso, desde promotores de salud del norte rural y pobre de la provincia hasta profesionales de la salud que realizan juntos un seminario permanente de Epidemiología Comunitaria, surgió este “Salud mental es política. Políticas de salud mental”, donde la salud mental rompe con el ámbito específico de especialidad académica y se inserta en la vida cotidiana. También producto de un panel en la Universidad Nacional de Córdoba, Miryam Gorban y Fernando Barri coinciden en sus miradas, desde observatorios científicos diferentes –la Nutrición y la Biología–, en que salud, ambiente y soberanía alimentaria son cuestiones inseparables. Ambos se relacionan con lo que decía Jean Ziegler hace años desde 8 > por Horacio Barri

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PREFACIO > 9 Este número de Voces en el Fénix es, como los anteriores, un compromiso con la vida, que es, como dijo un hombre sabio, nada más ni nada menos, lo único que tenemos. ONU: “La especulación sobre los alimentos básicos, aunque sea legal, es un crimen contra la humanidad, que los países democráticos deben impedir” (hace pocos días, encargado por Naciones Unidas de juzgar las propuestas de los fondos buitre, las calificó de genocidas...). El trío siguiente demuestra que se pueden correr los límites de las gestiones para ponerlos al servicio de las comunidades, o sea, desde lo legal acercarse a lo legítimo. Ellos son Javier Mignone y John Harold Gómez Vargas, que analizan el uso contrahegemónico de aspectos o elementos hegemónicos, como es la gerenciadora de una etnia indígena de Colombia, la Anas Wayuu, a la que le bastó ser fiel a su pueblo, dando provisión de servicios de salud efectivos, eficientes y culturalmente aceptados, prevención de enfermedades y promoción de la salud a nivel comunitario, respetando las culturas tradicionales. Paco Canelo y Analía Sampaoli muestran desde su trabajo en el PAMI Regional Córdoba que similares resultados se logran en el interior rural y pobre del norte cordobés, y en la ciudad capital, con la estrategia de la Epidemiología Comunitaria, donde la participación popular en la toma de decisiones –no sólo en las acciones– posibilita que el protagonismo solidario sea lo esencial y donde los “nadies” aparecen con sus nombres y apellidos, don Polo Herrera, doña Clarita Aguirre, doña Cleta Segovia, don Tito de Deán Funes, Doña Palmira de Bº Comercial y otros, recuperando la dignidad perdida, en este “camino de las comunidades”. Daniel Gollan es la buena noticia del año en el Ministerio de Salud de la Nación, y desde que asumió lleva a lo ancho y largo del país una propuesta, compleja y extensa, de la que extrajimos y publicamos algunos aspectos fundamentales, con el objetivo no de instalarla como verdad sino de ser discutida, analizada, modificada, para así ser parte de un protagonismo solidario y transformador. El planteo es que si se comparte este crear juntos la propuesta, no interesa la “camiseta” que se tenga, sino ponerse a trabajar juntos. Giglio Prado, médico y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Matanza, nos acerca un sentido análisis sobre la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES), con el derecho de haberse constituido en uno de los impulsores más fervientes de esta importante institución latinoamericana y nos aporta además la declaración final del XIII Congreso de ALAMES, realizado hace pocos días en El Salvador al cumplirse los 30 años de su fundación. Casi para el cierre llega otro gran amigo, Mario Róvere, que suma la dimensión regional a esta propuesta, nos habla de soberanía y nos introduce en la disputa entre Estados y empresas farmacéuticas como parte central del acceso real al derecho a la salud de las grandes mayorías. Finalmente, y para retomar las primeras reflexiones, intento acercarme a la discusión planteada recientemente en la Argentina en torno a la Justicia –legal o legítima– para extenderla al campo de la salud y pensar en sus alcances e implicancias. Para el cierre dejamos como postre un espacio especial para El Troesma. Don Mario Testa lo presenta y sólo se puede decir que tiene todos los sabores del mundo, por lo que recomiendo saborearlo con tiempo y dedicación.

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por Gianni Tognoni. Doctor en Filosofía y médico. Ex director del Instituto de Investigación en Farmacología Mario Negri de Milán, Italia. Secretario general del Tribunal Permanente de los Pueblos 1 0 > www.vocesenelfenix.com

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> 11 Gran parte de lo que pasa en la sanidad global puede ser calificado y entendido en términos de genocidio y/o de crimen contra la humanidad. Es responsabilidad de muchos actores, pero principalmente de los gobiernos, generar las condiciones para garantizar el pleno acceso a los derechos fundamentales en la sociedad. En las próximas líneas, una profunda reflexión al respecto. ¿Las muertes y enfermedades como expresión moderna del genocidio?

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Para una definición del signo de interrogación del título La palabra clave desde donde comenzar es “evitable”, que permite definir muy sintéticamente el problema. La salud, vivir, enfermarse, morir, no son hoy prevalentemente expresiones de un destino evolutivo “natural”: son productos medibles, previsibles, programables, de procesos de decisión de la sociedad. El “derecho humano” al disfrute de la salud se volvió cada vez más una variable dependiente de la manera en que la sanidad (la tecnología y la política que es competente en la gestión/implementación de lo que puede garantizar el derecho a la salud) es interpretada, decidida, administrada por la sociedad. Como cualquier otro ámbito de la economía, de la política, del mercado. Los hechos dicen, sin sombra de duda, que la gran mayoría de los problemas de salud-sanidad no tienen que ver con la falta de conocimiento, sino con problemas de acceso a soluciones absolutamente disponibles. Las muertes-enfermedades que tocan a la mayoría del mundo en definitiva son amplia y fácilmente “evitables”. Si año tras año esta evitabilidad no se vuelve realidad, es lícito, o es obligatorio, preguntarse ¿de quién es la responsabilidad? y ¿hay calificaciones apropiadas para esta responsabilidad que toca uno de los “derechos humanos”? Marco de referencia general La reflexión propuesta en esta nota apunta entonces a verificar: a) ¿Cuánto de lo que pasa en la sanidad global puede ser calificado y entendido en términos de genocidio y/o de crimen contra la humanidad? b) ¿Qué sentido e implicancias puede tener este ejercicio de verificar, tanto en la relación entre contenidos y prácticas sanitarias, como en principios y aplicaciones de una cultura y de una práctica de los derechos fundamentales en la sociedad? El marco doctrinal de referencia para la reflexión lo encontramos en la reactivación generalizada de interés que se ha producido alrededor de la calificación de genocidio en los últimos veinte años. Hubo una aceleración dramática en coincidencia con lo que sucedió en las situaciones de guerras no-convencionales, a menudo connotadas en términos de conflictos étnicos, en particular en Ruanda y en las naciones derivadas de la ex Yugoslavia. Luego se encontraron campos de aplicación en muchas otras situaciones, que han encontrado como protagonistas-víctimas grupos humanos no directamente involucrados en conflictos armados oficiales: desde los desaparecidos de Guatemala hasta a los indios de Amazonia, desde las desapariciones de Argentina hasta a las masas de poblaciones obligadas por las condiciones económicas y políticas a migraciones que les han cambiado radicalmente las condiciones de agregación social, de identidad, y a menudo la posibilidad misma de vivir. Para una profundización formal de los aspectos jurídicos de los cambios doctrinales y cómo aplicar las categorías de genocidio tal como fue formulada en la Convención para la Prevención y Los hechos dicen, sin sombra de duda, que la gran mayoría de los problemas de saludsanidad no tienen que ver con la falta de conocimiento, sino con problemas de acceso a soluciones absolutamente disponibles. Las muertes-enfermedades que tocan a la mayoría del mundo en definitiva son amplia y fácilmente “evitables”. 1 2 > por Gianni Tognoni

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¿Las muertes y enfermedades como expresión moderna del genocidio? > 1 3 la Represión del Delito de Genocidio, del 9 de diciembre de 1948, se puede hacer referencia a tres líneas de documentación y de reflexión: a) Las actas del Coloquio sobre redefinición de genocidio organizado por la Fundación Lelio Basso en Nápoles, en 1993, que terminaron con un Proyecto de protocolos adicionales a la Convención de 1948. b) La labor del grupo de trabajo internacional sobre el genocidio, lo que dio lugar a los materiales publicados específicamente al cierre del Coloquio de Buenos Aires de 2007, con las contribuciones que han tocado la calificación por un lado de los delitos cometidos durante la dictadura militar argentina (1976-1983), por el otro de la imputabilidad de las reales “masacres” causadas en grupos humanos marginales por la crisis socioeconómica que siguió a los gobiernos Menem-De la Rúa. c) Las sentencias del Tribunal Permanente de los Pueblos, específicamente sobre Guatemala, Amazonia, Timor Este, el Genocidio Armenio; la formación de las categorías de derecho internacional después de la Conquista de las Américas, las Sesiones sobre el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, sobre la ex Yugoslavia, sobre los derechos violados de los niños, sobre Colombia. Sin poder evidentemente profundizar todos los aspectos de esta evolución doctrinal, es útil y pertinente retomar algunos temas principales y sobre los cuales se ha formado un consenso, que es estrechamente coherente con una interpretación (rigurosa, pero atenta a las evoluciones de la historia de los pueblos) de los criterios fundantes de la Convención de 1948. 1. Cualquier atentado a la identidad, a la sobrevivencia, a la libre expresión, al derecho por un futuro de un grupo humano, también cuando no se llega a su destrucción más o menos completa, puede caer en la categoría de genocidio, aun si no está motivada por las clásicas razones “étnicas, raciales o religiosas”. 2. La intención de este ataque no tiene que estar necesariamente declarada de manera explícita y formal. La represión-intención genocida aprendió lenguajes dobles: es muy raro que la intención sea expresada con una claridad tan cegadora y ciega como aquella reconocible en el Holocausto. La existencia misma de la Convención de 1948 impuso modalidades implícitas en la planificación y realización de la eliminación de grupos humanos, y/o la transmisión de las identidades y de las formas de vida. 3. Cada vez es más evidente que la responsabilidad-imputabilidad no se puede atribuir a personas físicas individuales, a las cuales aplicar sanciones penales. Procesos colectivos y anónimos que producen los mismos resultados tienen que ser reconocidos como causas directas de un crimen. Y es menos importante la persecución penal concreta (a menudo formalmente imposible y/o no practicable con los actuales instrumentos jurídicos y los equilibrios/desequilibrios de poder a nivel nacional e internacional) que el reconocimiento explícito de que “la destrucción de grupos humanos tiene una significación propia e independiente, y empobrece doblemente la humanidad: por el lado de los autores del crimen es expresión de un delirio del cual la humanidad no puede no tener vergüenza; por el lado de las víctimas hace desaparecer una riqueza cultural y moral que era parte del patrimonio universal”.

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Sanidad-genocidio: ¿por qué, y con qué fin? Los principales elementos que justifican la legitimidad de la hipótesis y de las preguntas sobre las cuales se abrió esta reflexión se pueden encontrar en el conjunto de tres contribuciones que han sido propuestas sobre sanidad-salud como indicadores privilegiados de los mecanismos y la extensión de la actual violación de los derechos (“Salud-sanidad: como indicador privilegiado”); sobre la relación entre salud y economía (“Relaciones entre Salud/Derecho/Economía”), y sobre el rol de los fármacos como modelo de la ambivalencia de las tecnologías sanitarias (“Los fármacos y el mercado”). El recuadro que adjuntamos propone por otro lado un marco sintético de datos que documentan cuanti-cualitativamente (con informaciones tomadas de una vasta literatura epidemiológica más reciente, disponible en informes oficiales de las agencias internacionales y en las más importantes publicaciones científicas) de cómo y cuánto las poblaciones y grupos humanos son privados de su derecho a la vida y al futuro. Más allá de los comentarios a los datos –que califican las características de esta destrucción sistemática, prevista, no-evitada, provocada– es posible reconocer en ellos la simetría dramática de cuanto se ha propuesto en la primera parte de esta reflexión. 1. Existen causas directas y bien reconocidas de los excesos de mortalidad y de condiciones humanas degradantes que, año tras año, se prevén y se confirman sobre cifras que son del orden de millones: equivalentes anuales de los genocidios históricamente documentados y citados como ejemplares también por su calificación jurídica. 2. El riesgo –y la concreta realización– de estas destrucciones son absolutamente conocidos por la comunidad internacional (como también por las autoridades nacionales de los países y de las regiones involucradas). El “hallazgo” sin embargo no implica intervenciones proporcionales para evitarlo, o corregir la masacre y los sufrimientos asociados, humanamente degradantes, fácilmente atribuibles a verdaderas torturas prolongadas hasta la pérdida de la vida. 3. Las víctimas más frecuentes son niños y mujeres que reconducen dramáticamente a una de las características más subrayadas del genocidio: el ataque y la cancelación del derecho al futuro y de transmitir el sentido del derecho a la vida a las siguientes generaciones. 4. La no-evitabilidad de lo que pasa es debido a la no-voluntad y la no disponibilidad a cambiar comportamientos sociales y económicos que apuntan a mantener los privilegios y los intereses de unas minorías que se atribuyen el poder no juzgable de decidir cuáles son las vidas que tienen el derecho a ser vividas y defendidas indefinidamente, declarando así explícitamente que existen grupos humanos inferiores, no-humanos, no sujetos al derecho fundamental a la vida y a la dignidad. 5. La constatación pública y repetida de este destino de inferioridad y de no-derecho a la vida contribuye a hacerlo considerar como un fenómeno “natural”, del cual nadie puede ser considerado explícitamente responsable, y representa un ataque permanente y eficaz contra la formación de una cultura de los derechos fundamentales, que como hemos recordado arriba es una de las características más dramáticas e intolerables del genocidio. 1 4 > por Gianni Tognoni

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¿Las muertes y enfermedades como expresión moderna del genocidio? > 1 5 Existen causas directas y bien reconocidas de los excesos de mortalidad y de condiciones humanas degradantes que, año tras año, se prevén y se confirman sobre cifras que son del orden de millones: equivalentes anuales de los genocidios históricamente documentados y citados como ejemplares también por su calificación jurídica. En la búsqueda de un sentido La salud-sanidad es uno de los nombres de la vida. Vivir con la conciencia-constatación de que la salud-sanidad es uno de los indicadores de la capacidad de la sociedad de discriminar quién puede y quién no puede disfrutar del derecho a la dignidad y a la vida es una pregunta abierta para todos, de la misma calidad y gravedad de los interrogantes que todos los genocidios han instalado: “¿Cómo es posible que esto haya pasado?”. La pregunta que surge de las estadísticas y documentaciones parecidas a las citadas como “ejemplos” en el esquema está sin embargo hecha no en el pasado, sino en el presente y el futuro. No hay responsables personales. O mejor dicho: se pueden identificar muchos: gobiernos, políticas económicas, legislaciones responsables de crímenes por omisión y por acción directa (como la de las multinacionales cuando imponen, con la connivencia de las autoridades públicas, reglas que no permiten el acceso a intervenciones salva-vidas). No hay lugares e instrumentos conocidos de derecho internacional capaces de prevenir-condenar penalmente de manera eficaz. Cláusulas como las de Doha, que afirma la posible prioridad de la salud pública sobre licencias-patentes, así como los códigos de autocertificación de eticidad de las multinacionales, son remedios muy parciales, instrumentos a menudo más de fachada que sustanciales. Cuando el genocidio es parte “normal” de la historia, está claro que hemos vuelto a un tiempo anterior a la Convención de 1948. O bien, 60 años después, a un tiempo que necesita de una nueva cultura del derecho, es decir, de la vida. Pero este no es un problema interno solamente de la sanidad, más bien lo es de una sociedad que ha puesto de nuevo la guerra (de baja o alta intensidad) como un modo normal, no-punible, para decidir sobre la vida de las personas, de los grupos, de las poblaciones. Consecuente expresión –no menor– de esta corrupción de las categorías mismas de referencia de valor ha sido la transformación de la sanidad-salud desde lugar-ámbito-instrumento-símbolo de la defensa-promoción-disfrute pleno de la vida, en indicador de su “evitabilidad” selectiva, negación humanamente degradante.

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